El Mundo de los Dragones
Siete dragones forjaron la tierra. Uno de ellos la quemó. Lo que quedó es tuyo.
Puerta primera
Rol por escrito, con la contabilidad hecha.
Cada jugador entra con su nombre, forja su personaje y escribe. La mesa se encarga de lo demás: tira los dados, aplica el daño, descuenta la Esencia y guarda la crónica escena a escena. Nadie discute una resta.
Puerta segunda
Un dado, dos números, cuatro respuestas.
Tiras 1d12 + Atributo + Oficio contra un Umbral: 6, 9, 12, 15, 18 o 21. La diferencia entre lo que sacas y lo que pedía la tarea es toda la regla. No hay tablas que consultar ni modificadores que recordar.
Puerta tercera
Un personaje entero, sin cuenta y sin guardar nada.
Nueve pasos y sales con la ficha hecha: pueblo, Camino, los ocho puntos, tus Oficios escritos con tus palabras, la dote, el alineamiento, lo que llevas encima. La Forja hace las cuentas y no te deja terminar si algo no cuadra.
Puerta cuarta
El mundo, y ni una sola regla dentro.
Siete libros sobre de qué está hecha Eleina: de dónde sale la magia, qué come la gente, cómo se juzga a un ladrón y qué duerme debajo de las montañas. Las reglas viven aparte, en Umbral. Aquí no se tira nada.
Puerta quinta
La versión anterior, la que se jugó veinte años.
El códice con el que se jugó hasta este año, con sus reglas de d100 dentro. Lo que cuenta de Dágata lo corrige el Libro de Eleina, pero aquí sigue lo demás tal como se escribió: la crónica del mundo, el panteón y las razas.
El fuego que forjó la tierra sigue durmiendo debajo.Crónica de Dragones · § I
Por dónde empezar
Entra en la Mesa, forja un personaje y deja que el sistema haga las cuentas. Se aprende jugando.
La Mesa →El reglamento entero y abierto: grados, combate, magia por escalones, armas y el libro de la mesa en directo con tablero.
El reglamento →Nueve pasos y sales con la ficha hecha, en papel o en un archivo que se abre en Roll20. Sin cuenta y sin guardar nada.
La Forja →Siete libros sobre de qué está hecha Eleina, de los dioses que duermen a lo que se paga por cruzar un puente. Sin una regla dentro.
El Libro de Eleina →