Capitulum Primum · I

Crónica de Dragones

El Lore de Eleina

Los relatos antiguos y los hilos que conectan a Eleina con sus dragones divinos. Aquí yace la verdad que los sacerdotes susurran y los bardos cantan.

La Forja del Mundo

«Cuando no había nada que mirara, las cosas no necesitaban verse. Cuando nada nombraba, los nombres dormían dentro de sus huesos sin huesos.»— Apertura del Libro de las Cenizas Primeras, atribuido a los primeros sacerdotes de Arcazet

Antes del Principio

Antes de que Eleina tuviera forma, antes de que el tiempo tuviera dirección, existía el Aliento Sin Forma. No era nada — pero contenía la posibilidad de todo. Los Altos Elfos lo llaman Yshilar (vacío de los nombres dormidos); los Enanos lo llaman Karak-Vor (la cantera de lo que no ha sido aún); los Esfixies, en su lengua corrupta, lo llaman simplemente el Velo y dicen que nunca se ha rasgado del todo.

De aquel Aliento brotaron los Siete Dragones Dioses, uno tras otro, como pensamientos que aprendían a pensarse a sí mismos. No nacieron de un padre ni de una madre — surgieron del propio Aliento, cada uno con una intuición distinta de lo que el mundo podía ser.

El orden del despertar (cuando aún no había tiempo, pero ya había secuencia):

  1. Arcazet fue el primero — abrió los ojos blancos en el vacío y descubrió que podía mirar. Con la mirada nació la primera distinción: lo visto y lo no visto. La magia, por tanto, antecede al mundo.
  2. Aedith vino segundo — su despertar trajo la primera luz. La oscuridad anterior no era oscuridad: era simplemente la ausencia de comparación. Aedith hizo posible la oscuridad al inventar lo dorado.
  3. Murnos despertó tercero — con él vino el primer peso. La existencia, hasta entonces, era una posibilidad sin gravedad. Murnos ancló el mundo. Es por eso que los enanos lo llaman el Primer Padre del Suelo.
  4. Eminta cuarta — y con ella el primer movimiento. Si Murnos dio peso, Eminta dio fluidez. Hasta su despertar, nada se movía; con ella, todo aprendió a fluir.
  5. Zehena quinta — el primer ciclo. Antes de ella, lo creado podía ser pero no renovarse. Zehena introdujo la muerte que vuelve a la vida.
  6. Pernás sexto — el primer ardor. Su despertar fue violento; cuentan que arrancó parte del Aliento Sin Forma para encender la primera llama. Esa herida en el Aliento, dicen las sectas oscuras, nunca se cerró del todo.
  7. Nucro séptimo y último — y con él, la primera ausencia consciente. Antes de Nucro, lo que no estaba simplemente no estaba; tras Nucro, lo que falta tiene voz propia. Los sacerdotes de Morr antiguos lo llaman el Hermano que se Sabe a Sí Mismo.
Nota al Narrador El orden del despertar no es canon absoluto. Cada cultura lo cuenta a su modo: los Altos Elfos juran que Arcazet fue primero; los enanos defienden a Murnos. La verdad puede ser cualquiera — o todas a la vez. Útil como puente de discusiones teológicas entre PJs.

El Primer Concilio

Los Siete decidieron, en el primer concilio que existió, crear. No por necesidad — los dioses no necesitan — sino por curiosidad. Querían ver qué pasaba cuando siete intuiciones distintas se cruzaban en un mismo lugar. Cada uno aportó un aliento al fuelle común. La Crónica los nombra así:

DragónAliento aportadoLo que dio a Eleina
Murnos · PlateadoEl Aliento SólidoLas montañas, los huesos de la tierra, las cordilleras eternas. La gravedad.
Eminta · AzulEl Aliento FluidoLos océanos, los ríos, las nubes. Las mareas. El primer rumor.
Aedith · DoradoEl Aliento CálidoEl sol y la luz diurna. Los amaneceres. La calidez que cura.
Zehena · VerdeEl Aliento VivoLos bosques, las hierbas, las criaturas que respiran. La savia.
Arcazet · BlancoEl Aliento TejedorLa magia que cruza todas las cosas. El Torrente Arcano que une los demás alientos.
Pernás · RojoEl Aliento ArdienteEl fuego, la pasión, el calor que destruye y forja. La estrella interna del mundo.
Nucro · NegroEl Aliento QuietoLa noche, las sombras, los lugares donde la luz no entra. El descanso necesario.

Los siete alientos se mezclaron en una hoguera invisible que ardió durante un periodo que no puede medirse. Cuando se apagó, donde antes no había nada, había Eleina: un mundo redondo, con tres continentes mayores y archipiélagos menores, surcado por ríos y ceñido por mares.

El Pacto del Primer Velo

Antes de retirarse a observar lo creado, los siete sellaron un pacto. Nadie sabe sus términos completos, pero las dos cláusulas que han llegado hasta los mortales son:

  1. Ningún Dragón Dios actuará sobre Eleina sin el consentimiento de los demás seis. (Cláusula del Concilio.)
  2. Lo que se cree no se destruye sin precio. (Cláusula de la Conservación.)
«Tejimos juntos lo que ninguno habría tejido solo. Eleina no es de uno: es lo que pasa cuando siete distintos se ponen de acuerdo. Por eso vivirá mientras al menos dos sigan despiertos.»— Fragmento atribuido a Arcazet, conservado en los Archivos de Elvandor

La Era de Armonía

Durante los primeros milenios tras la Forja, los Siete Dragones Dioses gobernaron en concilio.

No había razas mortales aún — solo los dioses, sus hijos por venir, y la geografía recién hecha aprendiendo a tener clima. Cada Dragón Dios engendró dos Hijos: dioses menores que heredaron parte de su esencia pero con sus propias personalidades, dominios y voluntades. El Capítulo VII (Panteón) los detalla con precisión litúrgica; aquí basta resumir las personalidades que la Crónica conserva.

Estirpe Plateada · Murnos

  • Kalindra, la Dragona de Bronce — la guerrera. Llevó el primer escudo. Domina el coraje y la defensa de los pequeños frente a los grandes. En la Era de Armonía actuaba como árbitro de disputas entre clanes de criaturas.
  • Tirian, el Dragón de Cobre — el artesano. Aprendió de su padre el oficio del peso y le añadió la mano del que trabaja. Bendice a herreros, pintores y sanadores.

Estirpe Azul · Eminta

  • Vandar, el Dragón de Hierro — el guardián de la costa. Hijo paradójico: nacido del agua pero forjó la primera espada. Defiende los puertos.
  • Zelthar, el Dragón de Latón — el navegante del viento. Más libre que su hermano, prefiere los vientos altos a las profundidades. Guía a marineros y exploradores.

Estirpe Dorada · Aedith

  • Therad, el Dragón de Ópalo — el erudito. Lee la luz como otros leen libros. Patrón de las bibliotecas y de la memoria escrita.
  • Quarion, el Dragón de Diamante — el juez. Aedith puso en su corazón la balanza. No perdona, pero tampoco condena sin escuchar. Su nombre se invoca en los juicios graves.

Estirpe Verde · Zehena

  • Sylvara, la Dragona de Jade — la guardiana del bosque. Tiene voz suave incluso cuando reprende. Los Elfos Silvanos la consideran madre adoptiva.
  • Vormoth, el Dragón de Turquesa — el ciclo. Patrón de granjeros, cosechas y lluvias de temporada. Su lentitud es proverbial.

Estirpe Negra · Nucro (estirpe sombría — no maligna por sí misma)

  • Orphos, el Dragón de Cobalto — el guardián del secreto. Domina los venenos y los conocimientos prohibidos. No malvado, pero peligroso: sabe demasiado.
  • Zarthax, el Dragón de Ónix — el administrador de la muerte. Más cercano al Morr humano que a un dios oscuro. Recibe a los muertos con dignidad. Su culto es tolerado incluso en los reinos benévolos.

Estirpe Roja · Pernás (estirpe ardiente — devino oscura tras la Gran Traición)

  • Cynara, la Dragona de Amatista — la brillante. En la Era de Armonía fue célebre por su belleza y por el dominio del cristal: hacía esculturas de luz coloreada que cantaban. Era amada. Era admirada. Era ambiciosa.
  • Fyrar, el Dragón Esmeralda — el guerrero del volcán. Hermano de Cynara, leal a su padre. Tras la traición de su hermana, eligió quedarse del lado de los hijos benévolos. Hoy vive en exilio voluntario.

Estirpe Blanca · Arcazet

  • Lodrah, el Dragón de Amatista — el mensajero entre mundos. Patrono de videntes, sacerdotes y de los puentes que cruzan lo divino y lo mortal. Su templo en Elvandor sigue activo.
  • Brumath, el Dragón de Zafiro — el equilibrio. Como Quarion, pero menos severo: pesa intenciones, no actos. Su balanza no se inclina nunca al primer empujón.
Coincidencia o pista Tanto Cynara (hija de Pernás) como Lodrah (hijo de Arcazet) llevan el sello de la amatista. Algunos místicos creen que es una pista: que la traición no fue del todo voluntaria, que algo en la propia piedra de la corona de Cynara la enfermó. Otros lo desestiman como casualidad mística. Material narrativo abierto.

En la Era de Armonía, los Hijos a su vez engendraron — no por reproducción carnal, sino por insuflar parte de su aliento en formas que habitaban Eleina. De ahí nacieron las estirpes dragontinas no divinas (ver § III) y las criaturas mágicas asociadas a cada dominio: grifos para Vandar, lechuzas-mensajeras para Lodrah, ciervos blancos para Sylvara, salamandras de obsidiana para Pernás. Hubo paz. No fue idílica — ya había disputas — pero las disputas se resolvían en concilio.

«Los dioses, cuando todavía se hablaban, escribían cartas en la piel de las nubes y se contestaban con auroras. Las auroras del norte de Khazadorn son las últimas respuestas que quedaron sin abrir.»Saber Popular Enano, recopilado por el cronista Holvar Markrein

Las Estirpes Dragontinas

Los Hijos crearon a los dragones no divinos — criaturas inmortales-pero-mortales (mueren si los matan; no mueren de viejas) que hoy son las descendientes vivas de las antiguas eras. Cada estirpe tiene rasgos físicos, dominio y temperamento distintos. No deben confundirse con los Dragones Dioses, dormidos, ni con sus Hijos, despiertos.

EstirpeColorHábitatTemperamentoEstado actual
PlateadosBlanco-plata, ojos azulesCumbres de Murnos en Khazadorn y la Cordillera de los Tres VientosNobles, lentos, fieles. Pocos pero longevos.Aliados de Khazadorn. Defensores de pasos altos.
AzulesAzul cobalto a turquesaCostas occidentales, archipiélagos de EmintaCambiantes como el mar. Algunos aliados, otros piratas.Activos. Algunos pilotan barcos enanos por contrato.
DoradosOro brillanteAurania y desiertos del surJustos, severos, ceremoniales. Casi extintos.Tres ejemplares conocidos hoy. Uno custodia el Templo de Aedith.
NegrosNegro mate, ojos amarillosUmbrosia, cuevas profundas, simasSolitarios, peligrosos.Activos. Amenaza creciente en Umbrosia.
VerdesVerde musgo a verde-bronceBosques de Eldoria, marismas del VerilReservados, conservadores. Casi nunca atacan primero.Aliados ocasionales de los Elfos Silvanos.
RojosRojo encendido, escamas reflejantesVolcanes del sur, las Cumbres ArdientesApasionados, impredecibles. Algunos cayeron con Cynara, otros se redimieron.Divididos. Una facción fiel a Fyrar, otra dispersa.
BlancosBlanco azulado, casi traslúcidosCordilleras altas y campos de hielo del extremo norteMísticos, distantes. Hablan poco.Muy escasos. Conexión directa con el Torrente Arcano.

Algunos dragones de las Estirpes hablan el idioma de su Dragón Dios padre (lengua dragontina específica por color). Otros han aprendido lenguas mortales. Hablar con un dragón requiere casi siempre un mediador — un mortal que conozca el idioma dragontino o un sacerdote del Hijo correspondiente.

Nota Las Estirpes Dragontinas se desarrollan en profundidad en el Bestiario (Tomo II · Almas y Colmillos). Esta tabla es solo el resumen necesario para entender la Crónica.

La Sombra Antes del Quiebro

La Gran Traición no fue un acto súbito. Fue un proceso de varios siglos en los que tres dioses se alejaron del concilio y los demás no lo vieron a tiempo.

El descontento de Pernás

Pernás siempre fue el más volátil del concilio. Su aliento — el ardor — no se prestaba al consenso. Donde Murnos pesaba y Eminta fluía, Pernás quería. Aedith intentó hacerle de hermana mayor, calmar su impulso con luz cálida; Murnos le ofreció el papel de defensor del concilio cuando hubiera que actuar con firmeza. Pernás aceptó por un tiempo. Pero el rol no le ajustaba.

Hay un episodio que la Crónica conserva: durante un concilio para decidir si crear o no la muerte definitiva (no la muerte de Zehena, que renueva, sino la muerte de Nucro, que termina), Pernás propuso quemar a las primeras criaturas defectuosas y empezar de nuevo. El concilio se opuso. Pernás se retiró tres décadas a su volcán. Cuando volvió, parecía calmado. No lo estaba.

Las visitas de Nucro

Nucro, el séptimo y último despierto, había sido siempre el más solitario. Su dominio — el aliento quieto, las sombras, los lugares donde nada pasa — lo apartaba naturalmente del bullicio del concilio. Durante el retiro de Pernás, Nucro lo visitó. Nadie sabe qué se dijeron. Las profecías oscuras hablan de un pacto bajo el volcán: Nucro le habría ofrecido a Pernás algo que el concilio no podía dar. Algunos dicen que era el conocimiento del Octavo Aliento, el que el Aliento Sin Forma se guardó para sí. Otros dicen que era simplemente la promesa de no ser solo.

Lo que sí está documentado: tras la última visita de Nucro a Pernás, Cynara empezó a cambiar.

Cynara y la amatista enferma

Cynara, hija brillante de Pernás, había sido siempre celebrada. Sus esculturas de cristal coloreado eran admiradas por los siete dioses. Hubo una en particular — una corona de amatista del tamaño de una catedral pequeña, construida durante doscientos años para honrar a su padre — que se considera su obra maestra. Esa corona empezó a cantar en algún momento. Cantos que nadie podía oír al principio. Después, cantos que solo Cynara podía oír. Después, palabras.

«No fue Cynara quien quiso matar. Fue Cynara quien empezó a obedecer a una voz que vivía en su propia obra. La cosa más triste es que ella creyó que era la suya.»Comentario sobre la Crónica, atribuido al Heresíarca Madre Veladorn (texto fragmentario, traducido del Umbralin)

Los Heresíarcas del Velo (sacerdotes de Nucro entre los Elfos Oscuros) sostienen que la corona contenía un fragmento del Octavo Aliento que Nucro había robado al Aliento Sin Forma. Los sacerdotes de Arcazet lo niegan oficialmente — pero el templo de Lodrah en Elvandor guarda en sus archivos profundos un pergamino del que solo se conoce el título: «Si la corona seguía cantando, ¿de quién era la voz?»

Los Hijos eligen

Cuando se hizo evidente que algo iba mal, los Hijos tuvieron que tomar partido. Fyrar, hermano de Cynara, fue el primero en darse cuenta. La confrontó en el volcán de Pernás. Hubo un enfrentamiento — el primero del que se tiene registro entre Hijos. Cynara venció, pero no mató a Fyrar; lo dejó ir, dándole una elección: unirse o desaparecer. Fyrar desapareció. Sigue vivo, en exilio voluntario. Cuentan algunos que en las Cumbres Ardientes hay un volcán pequeño donde Fyrar vela — y que si lo encuentras, lo encuentras llorando.

Los Hijos de Nucro — Orphos y Zarthax — recibieron también la oferta. Zarthax la rechazó: el administrador de la muerte sabe lo que es romper el orden, y no quiso parte. Orphos la consideró largamente. La Crónica no dice claramente qué eligió. Hoy se sospecha que Orphos lleva siglos jugando un doble juego: nominalmente del lado de su padre, en la práctica conservando la independencia.

La Gran Traición y la Gran Guerra de los Dioses

La Crónica oficial dice que Cynara, Nucro y Pernás crearon a los Esfixies, y que después los dioses combatieron y se retiraron a un letargo eterno. La realidad documentada en los pergaminos de Lodrah es más precisa, más larga y más siniestra.

El ritual

Cynara, Nucro y Pernás se reunieron en una caverna bajo Umbrosia (que aún no se llamaba Umbrosia — era una región sin nombre, virgen, recién terminada de moldear). Trajeron con ellos:

  1. Un fragmento del Aliento Sin Forma — sustraído por Nucro en algún momento del primer despertar; el Octavo Aliento que nunca debería haber sido tocado.
  2. Sangre del primer Alto Elfo creado por Arcazet — Cynara la obtuvo bajo engaño durante una visita amistosa, hiriendo al Alto Elfo «por accidente» y guardando la herida.
  3. Una llama del corazón de Pernás — ofrecida voluntariamente. Pernás se quemó en este sacrificio; nunca volvió a tener el ardor pleno que tuvo antes.

La caverna fue sellada con runas que Cynara grabó en cristales de amatista. Durante siete noches los tres tejieron. Al amanecer del octavo día, los Esfixies salieron de la caverna — altos, musculosos, de piel oscura, ojos con resplandor siniestro. Sin recuerdo de creación, sin alma propia: solo voluntad de consumir luz y vida.

El motivo declarado

Cynara no se molestó en ocultarlo del todo. Cuando los otros cuatro Dragones Dioses la confrontaron, dijo lo siguiente — registrado por Arcazet en los archivos profundos:

«Lo que tejimos juntos los siete no me bastó. Lo que se decide en concilio no es lo que yo quiero. Si he de obedecer al consenso, prefiero no obedecer en absoluto. He hecho a los Esfixies porque puedo. Porque puedo. Porque puedo.»— Cynara, ante el concilio

Tres veces dijo «porque puedo». Los teólogos modernos llaman a esa frase el Triple Pecado.

La sorpresa de Nucro

Lo que las crónicas oficiales esconden — pero los Heresíarcas del Velo afirman — es que Nucro no esperaba que los Esfixies salieran así. Su plan era distinto: un pueblo independiente, sí, pero no necesariamente consumidor. La voluntad de la corona-de-amatista (Cynara) y la furia herida de Pernás distorsionaron el ritual. Los Esfixies se hicieron a sí mismos, en cierto modo, en el momento de cruzar el umbral de la caverna. Esto explica por qué Nucro, aun siendo cómplice formal de la creación, mantiene una relación ambigua con los Esfixies hoy: algunos lo veneran como padre; otros lo desprecian como debilitado.

La Guerra · Bandos

Tras la confrontación, no hubo arreglo. El concilio se rompió. La guerra duró, según los cálculos de Lodrah, un año y un día, y dejó cicatrices físicas en Eleina que aún se ven.

  • Los Cuatro Defensores: Arcazet, Aedith, Murnos, Eminta. Coordinados por Arcazet, mando táctico de Murnos.
  • La Cuarta Posición: Zehena. La Dragona Verde no quería pelear. Defendía a su pueblo y sus bosques, pero rehusó atacar a Pernás (a quien quería). Mantuvo neutralidad agresiva hasta el último día.
  • Los Tres Traidores: Cynara, Nucro, Pernás. Apoyados por la primera generación de Esfixies, algunos Hijos rebeldes (Orphos, aparentemente) y los dragones de la Estirpe Negra y la mitad de la Estirpe Roja.

Los frentes

Frente del Norte — el Cielo Roto. Aedith y Pernás se enfrentaron en lo que hoy es la Cordillera del Cielo Roto (al norte de Aurania). Pernás, herido por el ritual de los Esfixies, no estaba en su pico. Aun así, el combate duró cien días. Aedith venció — pero recibió heridas en el ala dorada que aún no han cicatrizado. La aurora boreal del extremo norte es, en algunas teologías, la sangre de Aedith aún chorreando.

Frente del Sur — el Mar que Bebió Fuego. Eminta hundió tres flotas de Esfixies en lo que hoy se llama el Golfo Hervido. El agua de ese golfo está caliente hasta las profundidades, no por geotermia sino por las heridas de Pernás que cayeron al mar tras su retirada.

Frente Central — Umbrosia. Murnos y Arcazet asaltaron Umbrosia juntos. El asalto duró seis meses. Cynara los rechazó por una combinación de Esfixies, terreno (Umbrosia tiene cavernas profundas que favorecen a los defensores) y una traición interna entre los Cuatro Defensores que un agente de Cynara intentó sembrar, pero falló.

El Día del Acuerdo Doloroso

Tras un año de guerra, los Cuatro Defensores habían ganado terreno pero no podían entrar en Umbrosia profunda sin destruir tanto del continente que el daño sería irreversible. Cynara estaba acorralada pero no derrotada. Pernás estaba herido pero no muerto. Nucro no había salido de su caverna. Arcazet convocó concilio — el último concilio completo. Asistieron los seis dragones aún en pie (Zehena se sumó al final). Cynara fue invitada como prisionera. Lo que se decidió no se sabe por completo. Lo que se cumplió, en el llamado Día del Acuerdo Doloroso:

  • Cynara fue sellada — no muerta — en una urna de cristal hecha de su propia obra. La urna está oculta en un lugar que solo los cuatro Defensores conocían (los cuatro están dormidos hoy; el secreto está perdido).
  • Pernás se entregó a un letargo voluntario — no por castigo, sino para no convertirse en algo peor. Sus heridas, según se dice, sanarán o lo matarán mientras duerma.
  • Nucro fue eximido del castigo — Arcazet declaró que un dios despierto sin dominio puede ser más útil que un dios dormido con dominio. Nucro aceptó quedar despierto pero confinado a Umbrosia, sin actuar sobre el resto de Eleina.
  • Los Cuatro Defensores se retiraron también a letargo voluntario — no por debilidad, sino para asegurar que ningún dios despierto pudiera desequilibrar a los demás. La guerra había sido posible porque tres dioses despiertos habían superado a cuatro.
  • Los Hijos quedaron como guardianes — despiertos, capaces de bendecir y guiar, pero no de actuar a la escala de sus padres.
«No nos retiramos porque hubiéramos perdido. Nos retiramos porque, ganando, descubrimos que nuestro despertar es ahora el mayor peligro. Si volvemos, volveremos juntos — o no.»Última declaración de Arcazet, conservada en el Templo de Lodrah

El Gran Letargo

Cada Dragón Dios eligió un lugar de retiro. Sus hijos permanecen despiertos, vigilando Eleina y guiando a sus respectivas estirpes. Nucro, sin embargo, es la excepción: permanece despierto en Umbrosia, vinculado por el pacto a no actuar sobre el resto del mundo. Estos son los seis lugares conocidos (el séptimo, el de Cynara, es secreto):

DragónLugar de letargoEstadoQuién lo custodia
ArcazetBajo Elvandor, en la Sima Blanca — caverna inmensa sellada por nueve runas vivasDormido. Su sueño irradia magia: el Torrente Arcano de Eleina mana de su respiración.Los Altos Elfos. Solo el Concilio de Elvandor conoce las nueve runas.
AedithEn las Cumbres del Sol Tendido, este de Aurania — un valle inundado de luz dorada que nunca se apagaDormido. Su ala herida sigue sangrando aurora boreal.El reino de Aurania y los Caballeros del Sol Llameante.
MurnosEn el Yunque Plateado, montaña-corazón de KhazadornDormido. Su pulso lento marca el ritmo de los terremotos benignos de Khazadorn.Los enanos. Su rey debe visitar el Yunque una vez por reinado.
EmintaEn el Abismo Azul, fosa marítima al oeste de ZephyriaDormida. Su sueño produce las mareas.Los marineros de Zephyria por tradición. Ninguna fuerza la vigila físicamente.
ZehenaEn el Corazón de Eldoria, el árbol-madre del centro del bosque silvanoDormida. Los árboles del bosque silvano son sus venas.Los Elfos Silvanos. El árbol-madre no se toca jamás.
PernásEn el Volcán Caído, al sur de Umbrosia — su cuerpo está dentro, sanandoDormido. Inestable: en ocasiones el volcán despierta brevemente.Nadie. Los Esfixies lo respetan pero no lo veneran.
NucroEn la Cueva del Velo Quieto, profundo de UmbrosiaDESPIERTO, pero vinculado por el pacto a no actuar fuera de Umbrosia.Los Heresíarcas Madre del Trinomio del Velo.

Cynara

El séptimo lugar — donde la urna de cristal contiene a Cynara sellada — es secreto incluso para los Hijos. Los Cuatro Defensores se lo llevaron a su letargo. Hay tres teorías:

  1. Bajo el Mar de Eminta, en una corriente abisal donde la presión mantiene la urna intacta.
  2. En las raíces más profundas de Zehena, entrelazada con el árbol-madre — esto explicaría por qué los Elfos Silvanos prohíben tan estrictamente excavar bajo el bosque.
  3. En un fragmento de Eleina que ya no está en Eleina — una región del mapa que los Defensores literalmente plegaron fuera de la geografía visible. Significaría que Cynara puede aún oír, pero desde un sitio al que nadie puede llegar.
Ganchos de campaña Cualquiera de las tres teorías es jugable. La opción 3 (el lugar plegado) es la más rica narrativamente — implica que el mapa de Eleina tiene una pieza secreta accesible solo mediante magia perdida.

Profecías y Reliquias

Profecías mayores

El Despertar de los Cinco. No los Siete — los Cinco. La profecía dice que cuando cinco de los Dragones Dioses despierten al mismo tiempo, el mundo conocerá una segunda creación. Tres ya están técnicamente vinculados a despertar (Nucro despierto, Pernás semi-despierto en su sueño volcánico, Cynara consciente desde su urna). Faltan dos. La profecía no especifica si la segunda creación es buena o catastrófica.

El Eclipse Permanente. Profecía de los Elfos Oscuros: cuando la luna invertida cubra al sol para siempre, los pactos del concilio se romperán. Se interpreta como un evento futuro lejano — pero los cálculos astronómicos de la Casa Vrakhar sugieren que un eclipse total durará 19 horas en un cierto año del próximo milenio.

La Niña que Cayó del Cielo Blanco. Profecía silvana y oscura simultáneamente: una niña sin nombre cargará el último velo. Posible referencia a un linaje específico — los Heresíarcas vigilan los nacimientos de Semielfos buscando candidata.

El Hijo entre Razas. Conectada con la anterior. La frase exacta: «Habrá un hijo entre razas con sangre élfica y sangre no élfica que cargará el último velo. No será nuestro — pero hablará en nuestra lengua.»

El Cierre de la Era Oscura. Profecía conservada en los archivos del Templo de Lodrah, fragmentaria: «Cuando la sombra que nació en la caverna toque por última vez la luz, no caerá por hueste, ni por rey, ni por ejército. Caerá por unos pocos. Y los pocos no sabrán, hasta el último día, que eran ellos.»

Las Tres Reliquias del Concilio

Tres de las reliquias del concilio original han llegado hasta el presente. Son las más potentes que se conocen en Eleina.

El Cristal de Vínculo Etéreo Astilla del primer concilio de los Siete — un fragmento solidificado de la hoguera invisible donde se mezclaron los siete alientos. Concebido por Arcazet, lleva en su interior la huella del Torrente Arcano original.
  • Poder básico: Comunicación telepática entre los portadores y otros aliados marcados con su energía, a cualquier distancia dentro del continente.
  • Poder avanzado (nivel máximo): Teletransportación instantánea a cualquier lugar conocido de Eleina. Para activarlo, los usuarios deben sincronizarse en armonía y visualizar claramente el destino.
La Esfera de Custodia Vital Lágrima de Eminta, sólida y pulsante. La Dragona Azul lloró una sola vez — el día que las flotas de Esfixies se hundieron en el Golfo Hervido — y de una de aquellas lágrimas se forjó esta reliquia, recordatorio de que la guerra cuesta incluso a quien la gana.
  • Poder básico: Aura protectora que reduce el daño recibido por los aliados en un radio de 15 yardas. También purifica áreas afectadas por corrupción menor.
  • Poder avanzado (nivel máximo): Escudo de energía impenetrable alrededor del grupo durante un breve periodo. Además, cura heridas graves y revierte ciertos efectos oscuros o necrománticos.
La Llama de la Verdad Infinita Aliento de Aedith condensado por Lodrah durante la Era de Armonía, «para cuando los hijos de Eleina ya no nos puedan ver a nosotros».
  • Poder básico: Revela mentiras y engaños en un radio de 10 yardas, mostrando la verdad de cualquier situación. Ilumina áreas de oscuridad mágica.
  • Poder avanzado (nivel máximo): Convoca una manifestación espectral que revela secretos olvidados, vislumbra futuros posibles y expone traiciones ocultas. Su energía también disipa ilusiones poderosas.

Otras reliquias conocidas

ReliquiaOrigenEstadoUbicación
El Yunque PlateadoYunque de la primera forja de Murnos. Bendice toda arma forjada sobre él.Activo, custodiadoKhazadorn, montaña-corazón
La Corona CantoraLa obra maestra de Cynara. Su canto inició la traición.Destruida en la Gran Guerra. Algunos fragmentos podrían existir.Desconocida
El Bastón de LodrahEl báculo con que el mensajero entre mundos tocó a Arcazet por última vez.Sellado en el Templo de LodrahElvandor
El Velo PrimeroEl primer velo apartado en la historia. Concepto, no objeto — pero los Heresíarcas creen que existe como objeto físico oculto.Mítico, no verificadoPosible, en Umbrosia profunda
«Las reliquias no son herramientas. Son testigos. Los Defensores las dejaron para que nos recordaran qué se hizo aquí, no para que las usáramos a la ligera.»Brumath, el Dragón de Zafiro, registrada por la abadía de la Doncella Negra

Línea Temporal de Eleina

La historia de Eleina, desde los primeros alientos del mundo hasta el tiempo presente.

Antes del Principio
— (no medible)

El Aliento Sin Forma. Despertar de los Siete Dragones Dioses.

Prehistoria
~3.000.000 años

La Forja del Mundo. Concilio del Primer Velo. La Era de Armonía: nacen los Hijos, las Estirpes Dragontinas y las primeras criaturas mágicas. Sin razas inteligentes mortales.

Edad del Surgimiento
~50.000 años

Arcazet y Aedith crean a los Altos Elfos. Murnos y los suyos crean a los Enanos. Cisma élfico: nacen los Elfos Oscuros. Aventureros élficos descubren Eldoria y devienen Elfos Silvanos. Aparecen los primeros Humanos.

Primera Edad de la Luz
~8.000 años

Desarrollo cultural. Humanos y Medianos se asientan en Valdrinia. Cynara, Nucro y Pernás crean a los Esfixies en Umbrosia. La traición se completa y comienza el preludio de la Gran Guerra.

La Gran Traición y la Gran Guerra
1 año y 1 día

Cuatro Defensores contra tres traidores. Tres frentes mayores. Día del Acuerdo Doloroso: sello de Cynara y letargo voluntario de seis dragones.

Era del Silencio Mayor
~1.500 años

Sin guerras divinas. Los Hijos gobiernan. Los mortales construyen. Las Estirpes Dragontinas se asientan en sus regiones.

Edad Oscura
~75 años — 1.700 antes del presente

Los Esfixies, recompuestos, invadieron desde Umbrosia. Conquistaron Valdrinia parcialmente, asediaron Khazadorn, llegaron a las costas de Elvandor. Se sabe que, hacia el final de la era, los Esfixies fueron expulsados y la Edad Oscura llegó a su cierre — pero cómo ocurrió exactamente es algo que el Apócrifo todavía no narra en detalle. → Aquí transcurre la campaña activa.

Segunda Edad de la Luz
~1.615 años — Tiempo presente

Recuperación. Fundación de Aurania. Vigilancia permanente sobre Umbrosia. Los reinos se reorganizan. Este Apócrifo se redacta desde aquí.

Sistema de fechado Los reinos no se ponen de acuerdo en sistemas de fechado. Aurania usa PEL («Primera Edad de la Luz», contado desde la Gran Guerra de los Dioses — la campaña activa transcurre en el año 8020 PEL, todavía dentro de la Edad Oscura). Khazadorn usa AGY («Después del Gran Yunque», del Día del Yunque tras el letargo de Murnos). Elvandor usa un calendario lunar propio que solo los Altos Elfos pueden interpretar. Los Esfixies usan el suyo, basado en eclipses. Los traductores son una profesión bien pagada.
Perspectiva del Apócrifo Este texto se compila en la Segunda Edad de la Luz, ~1.700 años después del cierre de la Edad Oscura. Que la era terminó y que los Esfixies fueron expulsados es historia documentada desde la perspectiva del compilador; el relato detallado de cómo se cerró, en cambio, el Apócrifo lo reserva — pues, para quien juega, ese desenlace es todavía el presente vivido y está por escribirse.

Tweaks

Ajustes del Códice