V · El Atlas

Ignarok

En Ignarok el fuego es gratis y el aire se paga. Debajo hay calor de sobra: grietas que cuecen, chimeneas de vapor, lava a media vara del suelo. Lo que no hay es nada que respirar donde se trabaja, y de eso vive la única institución del continente. No hay reinos, no hay ley y no hay nadie que haya nacido aquí y se haya quedado por gusto: hay seis sitios con nombre, doce mil personas repartidas en el mayor de ellos, y casi todas llegaron debiendo el pasaje.

Fuego abajo · ceniza arriba · una estirpe partida en dos Unos rojos cayeron con Cynara. Otros siguen a Fyrar. Los dos bandos viven en el mismo continente y en lo único que están de acuerdo es en dónde está la raya.
Dónde
Al norte de Valdrinia, pasado el mar. Puerto Ceniza es la única rada y mira al sur
Cómo es
Desierto frío de ceniza, campos de lava, volcanes activos y aire que huele a azufre
Quién
Dragones rojos, sus proles, y unos veintidós mil forasteros que viven de lo que el fuego deja
Gobierno
Ninguno. Manda quien vende el aire, quien compra la carga y, en los campamentos, el Corro
Le falta
Comida, agua potable, madera y tela. Entra todo por mar, de Valdrinia
Estirpe
Roja, del signo de Pernás. Es su signo y no su lecho: Pernás duerme en el Volcán Caído, en Umbrosia

La tierra

La ceniza cae todo el año y tapa el sol, y por eso Ignarok es frío aunque tenga fuego debajo. Se vive entre el frío de arriba y el calor de abajo: en grietas donde la tierra da calor, en cuevas de lava enfriada, junto a fuentes que hierven. Los campos de lava nueva son negros y brillan; los viejos son grises y se cruzan, si se sabe dónde pisar. El aire malo mata más que los dragones, y no avisa: no huele peor que el aire corriente de aquí, que ya huele mal.

Los rojos partidos

La estirpe roja está partida desde la Traición. Una parte cayó con Cynara y la otra sigue a Fyrar, el Hijo que se desterró antes que ayudarla. Los dos bandos viven aquí y se evitan, y cuando no se evitan el cielo se pone rojo de noche y la ceniza cae más espesa. Desde la costa de Valdrinia se ha visto dos o tres veces en un siglo, y los pescadores lo cuentan.

Del norte, por encima del mar, salió en SEL 400 el Rojo que Buscó, el que dejó el Erial en lo que hoy es Dágata y volvió por donde había venido. Ninguno de los dos bandos lo reclama como suyo y ninguno lo niega. En 812 d.F.Ll. un hombre de Parls desembarcó en Puerto Ceniza con dinero para preguntarlo, llegó hasta La Raya, que es donde llega todo el mundo, y volvió a embarcar cinco meses después sin nada más que el nombre con que en Galendria le llaman.

Los seis sitios

No hay reinos. Hay seis sitios con nombre donde un forastero puede llegar, dormir y comprar, y los nombres los pusieron los que cavaron, en westeran, sin darle muchas vueltas.

SitioQué esGente
Puerto CenizaLa única rada, la que mira a Valdrinia. Grúas, tinglados, y el factor que compra todo lo que baja del interior. Se desembarca debiendo el pasaje4.000 · 9.000 en temporada
CuarentaLa única ciudad de verdad, metida en un tubo de lava de nueve kilómetros. Se llama así por la boca número cuarenta del viejo padrón de azufre. Calles, tabernas, dos herreros y un cementerio que ya no cabe12.000
Las Bocas AmarillasEl campo de azufre: seis bocas que se trabajan por turno y se dejan descansar. Los campamentos se montan y se levantan con la boca2.500 repartidos
VahoOnce fundiciones sobre chimeneas de vapor. El calor es gratis y el agua no: sube en cuba desde Cuarenta3.000
Nueve GrietasDonde se coge la costra. Nueve fisuras en un kilómetro, una cuadrilla por fisura, y ninguna deja bajar a otra400
La RayaEl último sitio hacia el norte. Cuatro casas de piedra seca y un poste. De ahí para arriba es de los rojos60

Se desembarca debiendo

El pasaje de Parls o de Cands a Puerto Ceniza cuesta dos marcos y casi nadie lo lleva encima. Lo adelanta el factor a cambio de la firma, y la firma dice que el que la pone vende lo que saque, durante tres temporadas, al que le pagó el viaje. Un azufrero de primera temporada gana cuatro ruedas al mes en las Bocas Amarillas; se le descuentan dos. Son dos años antes de que lo que gane sea suyo, y por eso la mitad de Cuarenta lleva más tiempo aquí del que pensaba quedarse.

Lo que come, además, lo compra caro. Una fanega de harina que en Parls vale un cuarto, en Cuarenta vale dos ruedas: ocho veces. El agua de Vaho sube en cuba desde Cuarenta y se paga a rueda el barril, cuando en Cuarenta el mismo barril sale de la fuente por nada. Nadie ha escrito esas tarifas y nadie las discute, porque la alternativa es andar cuatro días.

Al que se muere se le cobra también. En Cuarenta el cementerio no cabe desde hace treinta años y los muertos entran en un ramal frío del tubo, por tres ruedas, que cobra la misma compañía que vende el aire.

Quién manda

Manda quien tiene el aire. El tubo de Cuarenta se ventila con fuelles de rueda que mueve el vapor de abajo, y los lleva la Compañía del Aire: ocho ruedas al mes por ramal de galería, que las paga la cuadrilla entera, y si te cortan el ramal tu galería se llena de aire malo en dos días y te marchas por tu pie. Ondra Vezal lleva la Compañía desde hace once años y no ha necesitado un solo hombre armado.

En Puerto Ceniza manda el que compra, que es el maestre Haldo, factor de tres casas de Valdrinia a la vez: el que no le vende no embarca, y embarcar es la única manera de irse. Y en los campamentos manda el Corro, que son los que llevan allí más de una Estación; se juntan, oyen y deciden, y lo decidido se cumple porque al que no lo cumple lo dejan sin cuadrilla, y solo, en Ignarok, no se dura una caída. No hay tribunal, no hay carcelero y no hay nadie a quien denunciar una muerte. Cuando muere alguien y la Compañía pierde un par de manos, la Compañía pregunta. Cuando no, no pregunta nadie.

A Pernás aquí se le paga como en las fraguas de Dágata: con la primera colada, con la primera piedra de azufre, con lo primero. Rezarle es otra cosa, y lo hacen pocos.

Cómo se cuenta el tiempo

Las Estaciones no sirven: el cielo está tapado todo el año y no hay a qué mirar. Se cuenta por caídas. Una caída es una ceniza gorda, de las que tapan una puerta en una noche; cuando pasa se hace una muesca en el poste del campamento y se empieza otra vez. «Llevo tres caídas» son cuatro años y pico, más o menos, porque entre una y otra pasan de catorce a veinte meses y nadie se fía de la media. De Puerto Ceniza a La Raya hay una fila de humos: nueve puestos que encienden brea cuando el suelo empieza a calentarse, y el de al lado la ve y enciende la suya. Da entre seis y treinta horas de aviso. A veces no da ninguna.

Lo que sale

Azufre, piedra de lava para moler, obsidiana, y todo lo que resiste o provoca el fuego: la flor de grieta, que protege también del fuego mágico, y la uña de fundición, que no mata a nadie y hace que una espada se parta en el segundo golpe. La costra, una hierba de las grietas que deja a quien la toma una escena entera sin que el fuego le haga nada, es la más cara del mundo: en Bisak una dosis se paga a dos marcos y medio, que es un año de soldada de legionario, y la cogen cuatrocientas personas en nueve fisuras.

Y dos cosas que no se consiguen en otro sitio. El fuego de Vaho: las chimeneas dan un calor parejo que el carbón no da, y hay aleaciones que sólo cuajan allí. Los enanos de Skal-Vor compran lingote de Vaho teniendo fundición propia, y no les gusta que se diga. Y la ceniza que fragua bajo el agua: amasada con cal endurece mojada, y con ella están hechos el muelle de Ombría y medio rompeolas de Lorathia. Sale de las Bocas Amarillas en sacos de cuarenta kilos, se paga en el puerto antes de cargarla y no ha bajado de precio en sesenta años.

La Raya se mueve

La Raya la ponen los rojos, y es lo único en que los dos bandos están de acuerdo: al norte del poste no sube nadie. Los que lo han intentado no han vuelto, y ninguno de los dos bandos ha dicho nunca cuál de ellos los paró.

Lo que en Ignarok se sabe y no se habla es que el poste se ha movido tres veces en sesenta años y las tres hacia el sur. Lo mueven los sesenta de La Raya, de noche, sin que nadie les vea hacerlo y sin que ninguno diga quién se lo mandó. Son cuarenta kilómetros en total. Nueve Grietas estaba a once días del poste cuando se abrió la primera fisura y hoy está a cuatro, y el día que el poste pase de las fisuras se acaba la costra para todo el mundo. En sesenta años el precio en Bisak se ha multiplicado por tres. En el oeste lo notaron antes de que aquí nadie contara los pasos.

Lo que no se sabe

De qué bando era el Rojo que Buscó. Si era de los de Cynara, buscaba a su señora. Si era de los de Fyrar, la buscaba por otra razón, y ésa sería la historia más interesante del mundo.

Dónde están las Cumbres Ardientes, donde Fyrar vela en un volcán pequeño y quien lo encuentra lo encuentra llorando. Unos las ponen aquí y otros junto al Volcán Caído de su padre, y los que dicen haber estado no se ponen de acuerdo ni en el continente.

Por qué baja el poste. Los dos bandos lo respetan, los dos lo han visto bajar y ninguno lo ha subido. O uno de los dos está cediendo terreno al otro, o los dos están cediéndolo a algo que no es ninguno de ellos.

Y qué pasa si Pernás muere dormido. Ignarok es su signo. Los azufreros dicen que los volcanes lo sabrán antes que nadie.

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