VII · Lo que habita

Lo que vuela

Nadie en Eleina tiene un catalejo. Desde la torre más alta de Llágata se ven cuatro leguas de llano y ni una más, y una columna puede estar a un día de marcha sin que el conde lo sepa. El que ve desde arriba se entera medio día antes que los demás, y esa media jornada es lo que se compra cuando se compra un pájaro. Las monturas que vuelan están en lo que se monta; aquí va lo demás.

Un halcón hecho son tres años · un cóndor no se ha amansado nunca · cetrero de gremio en Ságata desde SEL 1103 Un ave amaestrada no pasa en la herencia con la casa: se lega aparte, con nombre, y se pleitea por ella.

Las del puño

Tres años de trabajo caben en un guante, una caperuza y dos pihuelas.
Tres años de trabajo caben en un guante, una caperuza y dos pihuelas.

Cuatro rapaces se llevan en guante en Valdrinia, y la diferencia entre ellas no es lo que cazan: es quién tiene derecho a llevarlas.

El azor de soto
Ala corta, vuelo entre rama. Caza liebre y perdiz en cerrado, donde el halcón no entra. Ave de hidalgo corto y de montero: da de comer, y en cetrería eso se dice como un insulto.
El cernícalo
El único que un aldeano puede tener sin que nadie le diga nada. Se queda clavado en el aire sobre un rastrojo. Los chicos de los molinos del Sagaria los crían y los sueltan, y ningún gremio se ha molestado en prohibirlo.
El águila real
Dos metros y medio de ala. Se lleva corderos en la sierra de Méleni, y algún perro. Amaestrada come lo que una familia. En Dágata constan nueve, y siete son de enanos, que la usan contra el lobo y no contra la perdiz.

El halcón de puño

Se saca del nido con veinte días y se trabaja tres años antes de que sirva. Quien lo tiene no tiene un animal: tiene un cetrero en casa, carne fresca cada día y un pleito pendiente. En la mesa de un conde el halcón entra encapirotado en el puño de su dueño y se queda ahí toda la comida, y los presentes saben qué se les dice.

Qué es
Rapaz de ala larga, poco más de un kilo, que mata en picado sobre campo abierto. Fuera de la caza vale por lo que ve: desde su altura se distinguen humo, vado y jinetes antes que desde el suelo.
Dónde
Cortados del Sagaria, farallones de La Muralla, costa de Parls. Los nidos del alto Sagaria son del Rey por ordenanza desde SEL 1103.
Qué quiere
La ración justa y volver al puño. No hay lealtad: hay hambre medida al día y una costumbre de tres años.
Cómo se nota
Por el silencio. Un rastrojo con perdices se queda mudo y luego se levanta entero; después se oyen los cascabeles. Sobre una aldea quiere decir que hay gente de casa grande cerca.
Qué deja
Plumas de muda, guardadas y numeradas en una caja para injertarlas cuando el ave rompa una en vuelo. Robar esa caja es delito perseguido.
Lo que falla
Creer que el pájaro vuelve porque quiere. A un halcón al que alguien de buena fe da de comer de más se le pierden tres años en una tarde.

Las que comen de lo muerto

Nadie las cría y todo el mundo las mira. Una columna de carroñeras sobre un cerro se lee desde cuatro leguas, y se lee igual desde el otro bando.

El buitre de cumbre
Tres metros de ala. Cría en Khel-Drun y baja al llano cuando el sol ha calentado la piedra, nunca de madrugada. Tres girando es una res muerta de más de un día; treinta, que hubo batalla. Los pastores les dejan la res a propósito, para que no se acostumbren a mirar las vivas.
El cuervo gigante
Un metro de largo y sin miedo a un hombre solo. Abre zurrones, se lleva lo que brilla y sigue a una columna durante semanas. Distinto del cuervo del bosque, que es pequeño y va a los ojos: éste espera a que te duermas.

El cóndor del Erial

El borde norte del Erial Rojo es cerro quemado y roca desnuda, y a mediodía el aire que sube de la tierra muerta sostiene a un bicho de cuatro metros de ala sin que dé un aletazo en toda la tarde. Lo que come sale del Erial andando y se cae antes de llegar al borde.

Qué es
El ave más grande que se ve sobre Dágata, y carroñera entera: no mata.
Dónde
El borde y los primeros cuarenta kilómetros del Erial. Las vigías del Humo y la Esperanza los llevan apuntados, y cóndores bajando en el cuadrante tercero es motivo de patrulla.
Qué quiere
Aire caliente y algo muerto, en ese orden. Si no hay térmica no cruza, aunque el llano esté lleno de carroña.
Cómo se nota
Por la sombra, que cruza el suelo antes de que nadie mire arriba, y porque no hace ruido ninguno. Las cabalgaduras sí lo notan y se paran.
Qué deja
Egagrópilas del tamaño de un puño, con hueso y a veces una astilla de piedra morada del tamaño de una uña, agrietada por el buche y sin valor para tallar runa. Se vende como abalorio en la feria de Parls, y el que la busca así se ahorra entrar y gana lo justo para comer.
Lo que falla
Leerlos como señal de muerto reciente. Un cóndor gira donde sube el aire, y hay partidas que han andado media jornada hacia una piedra caliente.

El año se lee en el cielo

El calendario de la Corona son seis estaciones de sesenta días, escrito en un libro que la aldea no lee. El que usa el campo tiene plumas, y se equivoca menos.

La cigüeña
Llega en los primeros días de la Estación I y se va en la V, y cría sobre el campanario o la chimenea de quien la deje. Se siembra cuando llega. La ordenanza de Cands castiga tirar un nido, y la multa se cobra.
La golondrina
Vuela baja antes de la lluvia porque baja el mosquito. El aldeano no sabe lo del mosquito y acierta igual. Cría en el establo y nadie la echa.
El ánsar de paso
Cruza el Sagaria en bandas de cientos al final de la Estación V, siempre por el mismo collado, de noche y gritando. Detrás viene la helada, con ocho o diez días de margen. El derecho a poner red allí es de tres familias.
El pájaro de las voces
Del Bosque del Sur, pardo, del tamaño de un mirlo. Repite voces humanas que oyó semanas antes, y las repite bien: nombres, risas, una orden. A los leñadores les ha costado más de una batida, porque a veces repite a alguien pidiendo ayuda que ya no está.
La paloma de posta
Vuelve a su palomar y a ningún otro sitio. De ciento cincuenta kilómetros vuelve la mayoría; de trescientos, media. Quien quiere cortar la noticia no persigue a la paloma: quema el palomar.

Por eso el correo del Reino va a caballo. Para escribir desde Ciudad Delta a Ságata hay que haber llevado antes a Ciudad Delta, en jaula y por carretera, palomas nacidas en Ságata: la red no es de pájaros, es de jaulas que alguien movió primero, y sólo sirve en un sentido. Un halcón ajeno o una tormenta borran el aviso sin que el que lo mandó se entere. Al jinete se le pregunta qué vio.

De noche, y lo que no es ave

Media hora entre el último sol y la noche cerrada, y el aire cambia de dueño.

El búho cornudo del bosque viejo
Metro ochenta de ala y vuelo sin ruido. Vive en las arboledas de Zehena y en los rodales que nadie tala. Se lleva un gato, una liebre, un cabrito. Y se lleva halcones: por eso el cetrero recoge el ave antes del crepúsculo y no discute la hora.
El murciélago de campanario
Colonias de miles en torres, minas viejas y bodegas. En Ciudad Delta los protege una ordenanza por las fiebres de la Estación III. Quien conoce una colonia conoce sus horas: si salen por dos sitios a la vez, la cueva tiene dos bocas.
La avispa gigante
Del largo de un dedo. El peligro no es el bicho suelto: es el nido, una bola de papel del tamaño de un barril en el alero de un pajar, que se descubre tarde y casi siempre segando, en la Estación IV. Se quema de noche y con el aire en contra, y aun así alguien acaba en cama.
La libélula de marisma
Medio metro de punta a punta y ni un peligro: come mosquito todo el día. Los junqueros del Erradia las cuentan. Cuando se van de un canal, la fiebre llega a ese canal en días.

Lo que no se sabe

Si el pájaro de las voces entiende algo. Repite con la entonación puesta: no repite palabras sueltas, repite el miedo con el que se dijeron.

De dónde bajan los ánsares. Cruzan el Sagaria hacia el sur cada Estación V y vuelven en la I, y nadie los ha seguido más allá del norte de Valdrinia. Qué comen allí arriba cuatro meses no lo saben ni los cazadores del collado.

Y dónde cría el cóndor. Se les ven los adultos a diario desde dos vigías con orden de anotarlo todo, y nadie ha encontrado nunca un nido, un huevo ni un pollo. En Parls dicen que crían dentro del Erial, que es una manera cómoda de no saberlo.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
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