V · El Atlas

Tyrondir, el estaño

Colinas, minas y enanos. Tyrondir no tiene rey: lo gobierna una mesa de once compañías mineras, seis humanas y cinco enanas, que se reúne cuatro veces al año y que en la práctica es una tabla de precios. Tiene lo que a Dágata le falta, y Dágata todavía no se ha dado cuenta de lo que eso significa: el estaño.

11 compañías · 6 humanas · 5 enanas · 1 metal que nadie más tiene cerca Sin estaño no hay bronce, y Dágata cobra sus portazgos y mide sus pesos en bronce.
Dónde
Al sur de Galendria, tierra adentro y sin costa, en colinas de mina. Aldoram al sur
Gobierno
La Mesa de las Once. Ninguna capital: se reúne en Karn Tyrond
Vive de
Estaño, cobre, plata, y lo que se hace con ellos
Templo mayor
La Fragua Larga, a Vandar: una nave con treinta forjas encendidas
Con Dágata
El Tratado del Hierro y la Plata, que en realidad es un contrato de suministro con doscientos años de renovaciones
Se llega
Desde Dágata, por debajo: la Ruta Subterránea, cuarenta jornadas sin ver el cielo desde Méleni

La tierra

Colinas redondas y peladas que se van levantando hacia el suroeste hasta hacerse sierra, con las bocas de las minas abiertas en las laderas como una fila de ojos. Donde no hay mina hay pasto corto y humo, porque en Tyrondir todo se funde donde se saca: el carbón viene de los bosques de Galendria y de Aldoram, y los hornos están al pie de la bocamina. De lejos, Tyrondir es una tierra que humea.

Los humanos y los enanos trabajan juntos aquí desde antes de que existiera Dágata, y Tyrondir es el único sitio del mundo donde eso es lo normal y no una excepción. Khazadorn queda lejos, al otro lado de Dágata y del mar, y las cinco compañías enanas le responden igual.

La Mesa de las Once

Once compañías, que en Tyrondir quiere decir a la vez una empresa y una familia: se entra por nacimiento o por matrimonio y se sale muerto o echado. Seis son humanas y cinco enanas, y cada una es dueña de sus galerías y de lo que hay debajo de ellas, hasta donde llegue la galería.

La Mesa se reúne cuatro veces al año, una por cada Estación de trabajo, en Karn Tyrond, la vieja fortaleza del centro, y decide tres cosas: el precio del estaño, el del cobre y quién cava dónde. Todo lo demás lo decide cada compañía en lo suyo. Un pleito entre dos compañías por una veta que se cruza bajo tierra lo resuelven los Pesadores, tres viejos —dos de un pueblo y uno del otro, alternando— que bajan a la galería, miden y no se equivocan nunca porque nadie se atreve a decirles que se han equivocado.

Los sitios

Karn Tyrond
La fortaleza del centro, más vieja que la Mesa. Humanos arriba, enanos abajo, y una sala a media altura donde se reúnen los once. Lo más parecido a una capital que hay.
Brasmora
La ciudad de la Fragua Larga, el templo de Vandar: treinta forjas encendidas en una sola nave, que ordena a los fundidores de medio continente. Los templos de Parls y de Vento, en Dágata, que llevan un siglo peleándose por quién ordena a los suyos, miran a Brasmora con antipatía.
Las Bocas del Estaño
La ladera donde está el estaño bueno, al suroeste, con diecinueve bocaminas en fila. Es lo más valioso de Tyrondir y lo más vigilado.
Salida Honda
Donde sale a la luz la Ruta Subterránea que viene de Méleni. Un pueblo pequeño con los ojos acostumbrados a la oscuridad y una posada que no tiene ventanas.

Cómo se vive

Se vive poco y se trabaja mucho. El metal en el aire se come a los mineros por dentro, y en Tyrondir se toma todos los días, como quien toma pan, la del estaño, una hierba que no cura el ataque pero impide que el metal vaya comiendo. Es lo que exporta a Khazadorn a cambio de la sal de vena enana, que cura el ataque y no lo previene, y entre las dos cosas un minero de Tyrondir llega a viejo.

Los humanos de Tyrondir hablan común occidental con palabras de khaz del mercado dentro, cuentan como los enanos y no silban en una galería. Los enanos de Tyrondir son los únicos de todo el mundo que llaman compañero a un humano en su lengua, y no es cortesía: es un término de contrato.

El estaño

Aquí está lo que importa y nadie ha dicho en voz alta en el Salón de los Siete Tronos. Dágata no tiene estaño: ni una vena. Lo compra en Tyrondir, por Méleni, y no tiene otra fuente. Sin estaño no hay bronce, y el portazgo de Dágata se paga en bronce, las campanas son de bronce, los morteros y los patrones de peso son de bronce. El metal con que Dágata cobra y mide viene de fuera y de un solo sitio.

La Mesa de las Once no lo ha usado nunca como palanca. La Ruta Subterránea, además, no cruza ninguna raya ducal ni es calzada, y es la única ruta comercial de Dágata que no paga portazgo a nadie: por ella entra todo el estaño y sale parte del acero de Méleni. Durnok lo sabe desde el primer día.

Lo que hay en el monte

Trolls. Tyrondir está pegado a las cordilleras donde viven los de montaña, y la regla de oficio de los enanos vale aquí como en las Vetas del Sur: no se cava donde se hayan visto trolls de montaña en los últimos cinco años. Una compañía que la rompe puede ganar una veta y perder una cuadrilla, y la Mesa no la protege. Hay cazatrolls que viven de Tyrondir y en ningún otro sitio cobran tanto.

Lo que no se sabe

Qué pasará el día que alguien en la Mesa se dé cuenta de lo del bronce. Una subida del estaño en Tyrondir es una ley de Portes que no está en el orden del día de Dágata, y cinco de las once compañías son enanas y responden, al final, a Khazadorn.

Cuánto estaño queda. Las Bocas del Estaño llevan siglos abiertas. Los Pesadores lo saben, y las compañías que lo saben no lo dicen.

Y por qué la Ruta Subterránea no se ha hundido nunca. Son galerías viejas cosidas por tramos nuevos, con dueño cada tramo, y lleva generaciones sin un derrumbe. Los enanos dicen que es porque está bien hecha. Los humanos de Salida Honda dicen que es porque alguien la cuida por dentro.

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