VII · Lo que habita

Lo que anda bajo tierra

La antorcha alumbra diez pasos y se ve desde cien.
La antorcha alumbra diez pasos y se ve desde cien.

Debajo no hay luz, y todo lo que vive debajo lo sabe mejor que quien baja. El que enciende es el que anuncia: una antorcha se ve desde diez veces más lejos de lo que alumbra, y en una galería lo que hay dentro te ha visto llegar mucho antes de que tú veas nada. Bajo tierra, además, están los muertos, y no todos se quedan quietos.

Bajar con luz es avisar. Bajar sin luz es no ver. Los enanos, que ven sin luz y no ven el color, llevan las dos cosas: bajan a oscuras y encienden al llegar.

Lo que vive en galería

La rata gigante
Poca cosa sola. Trae fiebre. Y en enjambre es otra cosa: no se le pega, se le quema.
El enjambre de insectos
Dentro de él no se ve y no se respira bien. Se deshace con humo o con fuego.
El hongo gritón
No ataca. Grita, y trae lo que haya cerca. En una mina, pisar uno es peor que tropezar con un oso.
El Dragón de Tierra
De minas abandonadas y galerías que excava él. Ciego arriba y perfecto abajo, con un aliento que disuelve la roca. Está en los dragones que no son dioses.
El Dragón de Roca
No vive bajo tierra, pero se tumba encima de las minas porque come mineral. Cuando pasa, se cierra la mina.
El troll de caverna
De los cinco linajes, uno de los más raros: unos cincuenta en el mundo. Regenera como todos, y sólo el fuego lo para. En una galería no hay dónde huir de él.
El elemental de tierra
Atraviesa la roca como si no estuviera, y es muy lento. Está atado a algo, como todos los de su clase.
El murciélago de cueva
Miles en el techo, y por sí solos no hacen nada. Lo que hacen es levantarse todos a la vez cuando algo entra por el otro lado, y una columna que corre en lo oscuro con murciélagos encima se rompe sola. Los enanos leen la hora por ellos: salen al anochecer, y si salen a media tarde es que alguien viene detrás.
El cieno
Un charco que no está donde estaba ayer. Come lo que toca y no come piedra, así que el suelo por donde ha pasado está limpio y raspado, que es la única señal que da. La antorcha lo aparta; la mano no.
La araña de pozo
No teje en el paso como la del bosque: teje encima, en la clave de la bóveda, y baja. En los pozos viejos de Méleni se echa un cubo antes de bajar a nadie, y lo que sube en el cubo dice si se baja.
El pez ciego
Blanco, sin ojos, en las balsas de galería profunda. Es comida y es reloj: donde hay peces ciegos el agua lleva quieta mucho tiempo y es potable, y donde aparecen muertos alguien ha abierto una veta arriba.
El ciempiés de veta
Un metro, plano, y va por la grieta más estrecha. Busca calor, y el calor de una galería es la gente. Pica dormido y se va, y el picado amanece con el brazo negro y sin saber por qué.

Y hay una regla de los enanos que no es de este libro y vale para cualquiera que baje: no se cava en una cordillera donde se hayan visto trolls de montaña en los últimos cinco años. Lleva seis siglos salvando vidas.

Lo que no se queda muerto

Un cadáver que se levanta y sigue haciendo cosas da un miedo distinto del de un oso, y quien no vive de la guerra o de enterrar gente lo nota en las piernas. En Dágata levantar a un muerto sin su consentimiento en vida es delito, no herejía; y nadie se queda sin enterrar, porque para eso están los de Zarthax y los hitos negros a la puerta de cada cementerio.

QuéLo que hay que saber
EsqueletoSe deshace con un buen golpe de maza
ZombiLento, y no cae hasta que no queda nada que caiga
GulCome muertos, y sus garras aturden
AparecidoRepite la noche en que murió. Se le puede hablar, y a veces es lo único que hace falta
SombraDonde está se apaga la luz
EspectroSu toque es frío y se lleva algo más que calor
Momia de AventharaVendas secas que arden como yesca. Y una maldición para el que abre la tumba
Caballero sepulcralLleva armadura de verdad y cumple un juramento viejo, y sabe cuál
VampiroSe cierra solo. Al sol, no
LicheUn hechicero que no quiso irse. Se le mata destruyendo lo que guarda su nombre
Señor sepulcral del asedioDe la Época Oscura. Manda a todos los muertos que lo ven

Todos tienen dos cosas en común: no huyen nunca, y lo sagrado los quema. Los incorpóreos, además, no se dejan cortar: el acero corriente los atraviesa, y sólo les hace daño lo rúnico, lo sagrado, lo encantado y la plata.

Lo que alguien dejó hecho

Bajo tierra se guarda lo que no se quiere que se lleve nadie, y lo que se guarda suele tener guardián.

El autómata rúnico enano
La palabra de parada va grabada en la nuca, en enano antiguo. Hay que saber leerla, y hay que llegar a la nuca.
El gólem de piedra
La palabra va en la base.
El guardián de umbral
No persigue. No sale nunca de su puerta, y ahí está su derrota: basta con no pasar por ella.
El coloso de la Época Oscura
Quedan pocos, y ninguno debería andar. Tienen un sello en el pecho.

Lo que tienen en común es lo que tiene todo lo hecho: hacen lo que se les dijo y ni un paso más. Un guardián con orden de no dejar pasar no persigue al que huye. Eso se aprovecha, y aprovecharlo es la gracia.

Lo que salió del Torrente mal cerrado

Al fondo de las cosas, donde alguien hizo un hechizo que no cerró, hay criaturas que no deberían existir. Se llaman aberraciones, y no se miran. Aquí están las que se encuentra quien baja; las dos fuentes de las que salen, y las que no salen de abajo, están en lo que no es de aquí.

El Engendro del Réquiem
Fue alguien. Todavía dice su nombre.
La Cosa del Torrente mal cerrado
No tiene la misma forma dos veces seguidas.
El Devorador de recuerdos
Lo que te quita no es sangre.
Lo que mira desde el pliegue
Se le vence diciendo su nombre verdadero. Nadie lo sabe.
El que ofrece
No pelea si puede hablar. Sabe lo que te falta y puede dártelo, y lo que se firma con él deja marca. Se le vence diciéndole que no dos veces seguidas, que es más difícil de lo que parece.

Lo que no se sabe

Qué guardan los colosos. Son de la Época Oscura, y todos los que se han encontrado estaban delante de algo. Nadie ha pasado del coloso para ver qué era.

Dónde está el pliegue. «Lo que mira desde el pliegue» mira desde algún sitio, y una de las tres teorías sobre la urna de Cynara habla de un pedazo de Eleina plegado fuera del mapa. Nadie ha juntado las dos cosas en voz alta.

Y cuántos señores sepulcrales hay. Son de la Época Oscura y mandan a los muertos que los ven. Si hay uno por cada asedio de la Gran Invasión, hay muchos, y la mayoría no se ha encontrado.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
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