Elfos Silvanos


Altos Elfos que se fueron y no volvieron. Al final de la Edad del Surgimiento, un grupo joven y curioso zarpó de Elvandor en doce naves, perdió siete en el cruce y encontró Eldoria. Se quedaron con Zehena, y dejaron de ser lo que eran: el Consejo de Elvandor los reconoció como pueblo aparte. Ya no Altos: Silvanos.
Inmortales que casi nunca lo son Pueden vivir para siempre como sus parientes y la mayoría elige no hacerlo. Muy pocos pasan de los seiscientos años.- Vienen de
- Los Altos Elfos, por el mar
- Viven
- Eldoria, el bosque silvano de Valdrinia, y cuatro Claros fuera de él
- Cuánto
- Lo que quieran. Casi ninguno quiere más de seiscientos años
- Talla
- Ellos, de 1,77 a 1,95 metros; ellas, de 1,72 a 1,90
- Lengua
- Talindrel
- Dioses
- La Tríada del Bosque: Zehena, Sylvara y Vormoth
El cruce
Duró ciento veinte días. Cinco naves se hundieron y dos se perdieron a la deriva; las cinco que quedaban tocaron la costa de Valdrinia y hallaron el bosque donde Zehena tenía su lecho. El primero en pisar tierra fue Aerenion el Primer Hijo.
Ciento veinte días sin un árbol al que cantar. El agua no responde a la voz. Aerenion fue el primero en darse cuenta y dejar de hablar.
Con Zehena, que entonces estaba despierta como todos los Mayores, firmaron el Pacto de las Tres Hojas, cantado hasta que cayeron juntas tres hojas: proteger el sueño de Zehena, danzar en sus despertares y devolver el cuerpo al bosque al morir. Ese día Sylvara y Vormoth se dejaron ver en Eldoria, salidos del bosque como si fueran parte de él, y quedaron nombrados Guardianes del Pacto. Eran Hijos de Zehena desde la Era de Armonía; los silvanos fueron el primer pueblo que los vio.
El pacto prometía cuidar un sueño que todavía no había empezado. Los silvanos dicen que Zehena ya sabía que iba a dormir. Nadie más lo dice.
Cómo son
Piel tostada por la luz que se cuela entre las hojas. Ojos de tierra, con dos excepciones que se leen: el violeta dice afinidad con Vormoth y el carbón con Sylvara. Pelo largo y trenzado con hojas o plumas. Muchos van descalzos toda la vida. Sus tatuajes verdes cuentan la vida de cada uno, no un rito, y se borran con los años, de modo que el que tiene la piel limpia es o muy joven o muy viejo. Huelen a hoja húmeda, a savia y a tierra mojada.
Los Claros
No hay capital: hay Claros, de dosel, de suelo o mixtos, y cada uno se gobierna solo. El Mayor es Sylvador, alrededor del santuario de Zehena.
| Claro | Qué es |
|---|---|
| Sylvador | El Claro Mayor. La Asamblea del Solsticio |
| del Roble Madre · Aen-Treen | Linaje de los que guardan la memoria |
| del Manantial Tres · Sylv-Aen | Sede de los Hijos de Sylvara |
| del Velo Verde · Cael-Treen | Mirador de la costa. Allí se forman los Arqueros del Sendero |
| de Faerl · Faerl-Aen | La danza |
| del Sueño Silente · Morr-Aen | Los Guardianes del Sueño |
| del Bosque Oscuro | Fuera del bosque, en Aurania |
| de los Ecos | En el este lejano |
| del Sur Tibio | Al sur |
| de la Espina Norte | En la frontera enana |
Cada Claro tiene un consejo de cinco a nueve Ancianos del Sendero, elegidos por consenso. Dos veces al año, en los solsticios, se reúne la Asamblea del Solsticio en Sylvador, y decide sin votar: lo que no reúne consenso espera al solsticio siguiente. No hay reyes, ni nobleza, ni moneda dentro, ni ejército; la defensa son cazadores y arqueros que se juntan por estaciones. Dentro de Dágata, los Claros del Margen pagan por mano de sus ancianos y no tienen noble encima.
Lo que creen
La Tríada del Bosque: Zehena, Sangre del Bosque; Sylvara; y Vormoth. El clero está diluido y no se parece a nada de fuera. Los Hijos de Sylvara son herbolarios y parteros. Los Guardianes del Sueño asisten el Ritual del Retorno. Y las Voces de Zehena, que nunca pasan de doce, eligen a quien las sucede entre los que sueñan con la dragona durante su Sueño Profundo. Del resto del panteón, a Pernás sólo se le llama para quemar bosque enfermo.
Cómo hablan
El talindrel viene del eltharin y ha cambiado el tiempo por la estación: los verbos no tienen pasado, presente y futuro, sino tiempos de estación. Tiene más de doscientas palabras para clases de hoja y cuatro registros: el del Dosel, formal y cantado; el del Suelo, el de cada día; el del Errante, mezclado con el común de los humanos; y la Senda del Margen, un código de gestos de los cazadores de la frontera.
No dicen «muerto». Dicen «volvió». En un tribunal de Dágata eso ha habido que aclararlo dos veces.
Costumbres
A los diez años, el Primer Paso: el niño camina solo hasta la linde del bosque y vuelve, y recibe su primer tatuaje. A los cincuenta, el Vrenn, la caza ritual: no se mata, se persigue a un animal sagrado hasta entenderlo, y se vuelve con un cuento y no con un trofeo. Y al final, el Ritual del Retorno: el cuerpo se deshace en savia, el árbol la bebe y florece al amanecer siguiente.
No se corta una rama sin pedir permiso. No se mata el primer animal que se ve cada día. No se duerme al pie de un roble joven.
Se unen por estaciones, no por años, y lo dicen con un injerto: cada uno corta una rama de su árbol y la prende en el del otro, delante de dos Ancianos del Sendero. Si el injerto no agarra en el primer año no hubo unión, y no es culpa de nadie. Mientras agarre, dura. El que quiere salir pide el corte y se corta con los dos delante: se sella la herida, se seca la rama y se la queda quien pidió el corte, que es todo el castigo que hay. No se hereda tierra porque nadie la tiene; pasan las herramientas, las flechas y el nombre del árbol. A los hijos los traen los Hijos de Sylvara y son del Claro antes que de nadie: con unión o sin ella hacen el Primer Paso a los diez igual, y a nadie se le pregunta de qué injerto viene.
El Ritual del Retorno se pide, no se recibe, y por eso casi ninguno pasa de los seiscientos años. El que decide volver se lo dice a los Ancianos de su Claro, elige un roble joven y lo marca, y desde ese día nadie duerme a su pie: la raíz ya está comprometida. Vienen dos Guardianes del Sueño de Morr-Aen, tardan de once a cuarenta días y sin ellos no se empieza. Los Hijos de Sylvara preparan el cuerpo con resinas para que se deshaga en savia; los Guardianes cantan tres noches, una por hoja del Pacto. Cuesta: el roble no vuelve a ser de nadie, no se corta nunca, y la familia debe al Claro cinco años de cuidado del sotobosque. Al que muere lejos se le hace un Retorno mudo, con lo que volvió de él —el arco, el cuchillo— y un corte en el árbol que no se cierra. De ése no se dice «volvió». Se dice el nombre y nada más.
Lo que no se sabe
Qué pasó con las dos naves a la deriva. Las cinco hundidas están contadas en el canto del cruce; las dos perdidas, no. Si llegaron a alguna parte, hay silvanos que no saben que lo son.
Qué hay bajo Eldoria. Los silvanos prohíben cavar debajo del bosque con una dureza que no tienen para nada más, y una de las tres teorías sobre la urna de Cynara la pone en las raíces del árbol madre. Los silvanos no confirman ni niegan, que en ellos es una forma de contestar.
Y cómo se elige de verdad a una Voz de Zehena. Se dice que es quien sueña con la dragona, y la dragona duerme cincuenta u ochenta años seguidos. Nadie de fuera ha visto una sucesión.