III · Los Pueblos

Humanos

El signo
El signo
El sello
El sello
El signo y el sello de los humanos.

Ningún dragón los hizo, y ninguno los reclama. Aparecieron en el centro de Valdrinia al final de la Edad del Surgimiento, sin mito y sin nadie que los reclamase, y desde ahí se abrieron en cuatro direcciones. Hoy están en todas partes, y por eso no tienen nada en común salvo la prisa.

4 ramas · 16 naciones en Valdrinia · ningún dios propio Un solo linaje, moldeado por el clima y por los vecinos. No son cuatro especies.

Otros tienen tiempo. Nosotros tenemos prisa.

Dicho humano
Los hizo
Nadie
Viven
En todas partes. Sobre todo en Valdrinia, con colonias en Aventhara, en Zephyria y en la costa sureste de Khazadorn
Cuánto
Rara vez pasan de cien. La media es de sesenta a setenta en reinos estables como Dágata o Qindara, y de cuarenta y cinco a cincuenta y cinco en Frostheim o en lo hondo de Eldorath
Lenguas
Cinco: westeran o común occidental, norjarska, solaran, hisenari y auraní
Dioses
Los veintiuno, elegidos, mezclados y juntados como les parece

Las cuatro ramas

RamaTalla de ellosTalla de ellasCómo sonLengua
Comunes · del centro1,67 a 1,851,57 a 1,75Piel de rosada a oliva clara, ojos de todos los coloresWesteran
Norteños1,72 a 1,901,62 a 1,80Piel pálida, ojos claros, corpulentos, hechos al fríoNorjarska
Sureños1,67 a 1,851,57 a 1,75Piel de miel a caoba, delgados y ágiles, de manos finasSolaran
Orientales1,62 a 1,801,52 a 1,70Piel de marfil cálido, ojos oscuros, esbeltosHisenari, y el auraní en Aurania
Comunes
Comunes
Norteños
Norteños
Sureños
Sureños
Orientales
Orientales
Los sellos de las cuatro ramas.

La rama se nota en la mesa antes que en la cara. El norteño aguanta el frío y asusta; el sureño se mueve bien en un barco y regatea mejor; el oriental sabe, dibuja y se aguanta; el común no tiene nada de eso y lo compensa haciendo de todo.

Dónde viven

Centro
Dágata, monarquía electiva de siete ducados y tres islas, que tiene libro propio. Galendria, parlamento de gremios. Valandor, monarquía hereditaria de nobleza menor. Tyrondir, colinas y minas que trabaja con los enanos.
Norte
Frostheim, tribus nómadas sin gobierno común. Valkara, confederación de clanes. Norvia, rey vitalicio elegido por los jarls, y hogueras para las brujas.
Sur
Aldoram, de asambleas. Zanethar, de sultanatos. Lorathia, república de comerciantes. Eldorath, reinos tribales de selva.
Este
Qindara, imperio centralizado. Rathalon, gobernada por un sacerdocio que es también universidad. Mythralia, ciudades mineras confederadas. Zalamar, sultanato de istmo por el que pasa todo. Y Aurania, que es el caso raro: oriental de raíz, tribal de costumbre, con cinco pueblos dentro y los ojos puestos en Umbrosia.

Cada nación tiene bandera, ley y moneda propias, y ninguna habla por las demás. Lo que casi todas comparten es una forma de repartirse: nobles que no pagan y pueden tener armas y tropa, burguesía con tierra y gremio, y gente llana que trabaja o paga. Dágata lo tiene escrito; Frostheim apenas lo reconoce como costumbre. Los países, uno a uno, están en Valdrinia.

Lo que creen

Nadie los hizo, así que nadie los reclama: eligen, mezclan y juntan, y a eso lo llaman el Pacto del Hombre Suelto. Murnos y Pernás en la forja, Aedith y Eminta en el navegante que escribe versos, Zehena y Murnos donde el bosque toca la montaña. Cinco órdenes grandes se reparten la devoción, y una hermandad que venera a los siete Mayores como un anillo, Nucro dentro, las saca de quicio a todas. Está contado en la clerecía.

Y la magia, que en otros pueblos es cosa de todos o de nadie, en los humanos es cosa de muy pocos. Dágata, con casi seis millones de personas, tiene doscientas cuarenta cédulas de hechicero vivas. Los que nacen con el don van a una escuela, o no van, y ahí empieza medio problema de cualquier reino.

Cómo hablan

Cinco lenguas vivas. Las tres que se escriben con letras —westeran, norjarska y solaran— se parecen lo justo para que quien lee una reconozca las letras de otra y no entienda ni una palabra. El westeran, o común occidental, es la lengua de paso de todo el centro. La norjarska tiene cinco casos y una idea que la define: hablar compromete, y mentir en norjarska es gravísimo. El solaran es melódico, y un trato se cierra con un verso improvisado. El hisenari se escribe con hasta quince mil caracteres y siete niveles de cortesía. Y el auraní es un habla tribal que salió del hisenari viejo, sin escritura, que guardan de memoria los wairohn y que un extranjero casi no puede aprender.

Encima de las cinco hay tres jergas de oficio que se entienden en todas partes: la de la batalla, la del mercado y la de la magia, que viene del eltharin antiguo.

Costumbres

El Naciente es la mayoría de edad, a los quince en Frostheim, a los dieciocho en Dágata y a los veinte en Qindara, con un viaje, una promesa en público y una marca que no se quita. La Mesa Compartida es la hospitalidad que obliga: violar la protección del huésped es ofensa grave en cualquier nación humana. Y el Velorio es duelo, bebida y cuentos, en ese orden y con los tres a la vez al final.

La boda corriente es papel antes que templo. En Dágata la inscribe el escribano del ducado en el libro de casados, con dos testigos y una tasa, y sin esa línea la pareja no existe para ningún juez. El juramento va aparte, ante un ordenado de Aedith. Una boda con templo y sin registro vale ante el dios y no vale ante el duque. La dote no es del marido: es lo que ponen las dos familias para que la casa arranque, se anota pieza por pieza y vuelve a quien la puso si la casa se deshace, descontado lo gastado. Si uno se va, el otro espera un año y un día antes de que el juez lo dé por roto, y como los Cinco no corren son trescientos sesenta y seis. En Norvia no hay libro y basta decirlo delante del jarl, que en norjarska hablar compromete; en Zanethar la dote la paga la familia del novio; en Qindara el funcionario comprueba siete generaciones antes de sellar; y en Aurania no hay sello, sino un wairohn que se lo aprende de memoria.

Enterrar es cosa de los ordenados de Zarthax, dos en una ciudad y uno que viene andando en una aldea. Lavan el cuerpo, lo llevan y lo cubren mientras la familia hace el Velorio. Antes de tapar, el ordenado lee la última voluntad en voz alta y pregunta por las deudas: lo que no se reclama junto al hoyo no se reclama después, y por eso los acreedores van al entierro. Al que muere en los Cinco se le entierra igual, pero el testamento espera y el ordenado sella la casa hasta que la ley vuelva a correr. Al que muere lejos se le entierra donde cayó, con el nombre escrito en un papel bajo la lengua para que el ordenado que lo levante sepa a quién avisar.

No se firma un contrato en luna nueva. Y no se mira a un Alto Elfo a los ojos más de tres segundos, que es una regla de ellos que los elfos no saben que existe.

Lo que no se sabe

De dónde salieron. Ningún dios los reclama y ningún mito los explica. Los sacerdotes de Arcazet dicen que el Aliento hizo algo sin decírselo a los Siete; los de Vormoth, que es lo que pasa en un mundo nuevo cuando se le deja en paz cincuenta mil años. Los humanos no se ponen de acuerdo, y no parece importarles.

Cuántos son. Sólo Dágata lleva censo. Si los dieciséis reinos de Valdrinia se parecieran, serían cerca de noventa millones, y no se parecen.

Y por qué cinco lenguas y cuatro ramas. El auraní salió del hisenari y los auraníes son de raíz oriental; lo que no está claro es por qué acabaron hablando otra cosa, ni cuándo.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
↑