Cómo se lee una criatura
Aquí no hay un solo número. Los números están en Umbral, y esto es lo otro: qué es cada cosa, dónde vive, qué quiere y cómo se nota que anda cerca. Lo que se puede contar en una mesa sin destripar nada, y lo que sabe un cazador, un guarda de monte o una abuela de aldea. Lo que no sabe nadie también está, y se dice.
Qué es · dónde vive · qué quiere · cómo se nota · qué deja · lo que falla Las cuatro primeras se las hace cualquiera que se cruza con algo en el camino. Las dos últimas son de quien ha vuelto: qué se puede enseñar después, y cuál es la idea razonable que mata a la gente.Los seis campos van en ese orden en cada ficha larga, y uno de ellos se puede quedar vacío. Cuando «qué deja» lleva una raya es a propósito, y quiere decir que de esa cosa no hay pieza: ni piel, ni huella, ni molde en el polvo, y que cuanto se cuenta de ella se cuenta de oídas. Un renglón en blanco aquí es un dato, no un descuido.
La primera regla: lo que ve
Casi todo lo que vive ve de noche mejor que un humano, y eso vuelve del revés la ventaja de bajar con antorcha: la criatura te ve llegar mucho antes de que tú la veas, porque una llama se ve desde diez veces más lejos de lo que alumbra. En un túnel, el que enciende es el que anuncia.
Tres clases se salen de eso. Lo que no tiene ojos —los enjambres de insectos, los muertos muy viejos, las plantas— y que por eso no se deja cegar. Lo que vive en galería, que ve más lejos que nadie en lo oscuro y a plena luz no ve casi nada. Y lo que caza de día, que de noche no vale para nada.
La segunda: el tamaño
Un gigante no pega como un hombre fuerte: pega como un gigante. Y no pega a uno, barre a tres, que es lo que separa a un dragón de un ogro fuerte. Rodear algo grande cuesta más gente de la que parece, y por eso la peor idea delante de un dragón es ponerse los cuatro delante de él. Contra lo que es enorme, lo que sirve es lo que lo tira, lo ciega o lo ata: una red, un farol a los ojos, un hechizo que no hace daño. Lo que vuela y cae se hace daño al caer, y eso lo sabe todo cazador de dracos.
Las clases de cosa
Cada clase tiene dos o tres verdades que cambian cómo se enfrenta, y se aprenden igual en todos los sitios: la primera vez que una espada rebota en un esqueleto.
- Bestias
- Huyen cuando están mal, salvo acorraladas, rabiosas o con cría. Se leen: quien sabe de animales sabe lo que va a hacer una antes de que lo haga.
- Grandes
- Ogros, trolls, gigantes, bestias enormes. Se les acierta de lejos; de cerca son un problema. Uno solo no los tumba ni los agarra. Una lanza larga les llega antes que ellos a ti.
- Muertos que andan
- No sangran, no enferman y no se envenenan. Se rompen: la maza sirve más que la espada. No huyen nunca, ni se les asusta, ni se les convence. Lo sagrado los quema: un sacerdote que presenta el símbolo aparta a los pequeños, aturde a los medianos, y a los grandes no les hace nada, pero se fijan en quien lo hizo.
- Incorpóreos
- Sombras, espectros, ánimas. El acero los atraviesa: sólo les hace daño lo rúnico, lo sagrado, lo encantado y la plata. Los muros no cuentan, y cerrar una puerta contra un espectro es un gesto.
- Enjambres
- Ratas, insectos, sanguijuelas. No se les pega: se les quema, se les ahoga o se les ahúma. Se deshacen cuando pierden la mitad.
- Constructos
- Gólems, autómatas, guardianes. Ni sangran ni se cansan ni se asustan. Hacen exactamente lo que se les dijo y ni un paso más: el que guarda una puerta no persigue al que huye. Y todos tienen palabra de parada, escrita en algún sitio. Encontrarla vale más que la pelea.
- Elementales
- Son su elemento, y el contrario los debilita. No tienen ojos ni cabeza. Están atados a un sitio, a un objeto o a quien los llamó, y romper el vínculo los despide sin pelear.
- Aberraciones
- Lo que sale del Torrente mal cerrado. No se mira: quien las ve por primera vez se queda helado, y de ahí sólo lo saca que alguien que lo quiere le llame por su nombre. No tienen espalda. Y quien cae delante de una no se levanta igual.
- Plantas
- Arden. Casi ninguna se mueve: el peligro no es que te alcancen, es que te metas.
- Licántropos
- Sólo la plata. Lo demás se cierra solo. Y hay alguien dentro al que se le puede hablar; casi nunca funciona, y cuando funciona vale la noche entera.
- Dracónicos
- Escama, aliento y presencia: un dragón de verdad se nota antes de verlo. Y vuela, y no tiene ninguna razón para bajar.
Lo que da miedo, y por qué
No todo asusta igual ni de la misma manera. El miedo es el de siempre: el oso, el lobo en jauría, el tamaño. El horror es otra cosa, lo que no debería existir: un cadáver que sigue trabajando, algo que salió del Torrente. Quien vive de la guerra o de enterrar gente lo aguanta mejor. Y el deseo es el que no se ve venir: el fuego fatuo que no quiere matarte sino que te pierdas, el que ofrece lo que te falta.
Dónde está cada cosa
El libro va por dónde se encuentra lo que se encuentra, que es como piensa quien va de camino. Los sitios: el bosque y el monte, el llano y el desierto, la nieve y la cumbre, el agua, el aire y bajo tierra. Lo que vive con la gente: lo que se cría, lo que viene en plaga y lo que no se queda quieto. Y cuatro cosas que son un mundo aparte: lo que no es de aquí, el Erial, la arboleda y lo que se monta. Los dragones que no son dioses tienen página propia, y los pueblos que no son del orden —esfixies, orcos, ogros, trolls— no están aquí sino en Los Pueblos, porque son pueblos.
Los sitios con mala fama del Reino no tienen página aparte: están en la del terreno que les toca, porque lo que da miedo de un sitio es lo que el sitio le hace a la gente y eso se lee mejor al lado de lo corriente. El Bramador de las Marismas y lo que se oye en los canales del este van en el agua; el árbol que humea del Bosque del Sur, en el bosque; las palomas de la Ciudad Vacía de Rivelan, en lo que se cría; y las Ascuas y la Sima Blanca de Elvandor, en lo que no es de aquí, que es donde va lo que no se sabe de dónde salió.
Lo que no se sabe
Cuánto de lo que hay en este libro es de verdad. Lo que cuenta un cazador es verdad para su monte; lo que cuenta una canción, casi nunca. Las criaturas de las que se ha visto una sola vez están aquí con esa advertencia, y las que nadie ha visto y todo el mundo nombra, también.
De dónde salen las aberraciones. Se dice que del Torrente mal cerrado y del Réquiem de Umbrosia, y nadie ha resuelto si la canción y lo que deja son la misma cosa vista a dos escalas o dos cosas que comparten nombre.
Y si hay palabra de parada para todo lo hecho. Para los gólems la hay. Para lo que hicieron los dioses y sus herreros, nadie lo ha comprobado.