Medianos


Como los humanos, nadie los hizo. «De abajo, siempre de abajo. Y de antes de que nadie llevara cuenta.» Ya vivían en las Colinas Verdes cuando llegaron los humanos, y el primer contacto del que se guarda memoria fue un humano que se cayó dentro de la cocina de los Tornitierra, y ellos le dieron de cenar. No rezan a ningún dragón. Rezan a la chimenea.
Seis comidas al día · ningún señor · ningún mago Un mediano no canaliza nada, nunca: está sordo al Torrente. A cambio la magia le resbala como a nadie.- Los hizo
- Nadie
- Viven
- Las Colinas Verdes, en el centro de Valdrinia, y los Barrios del Pie de las ciudades humanas
- Cuánto
- Unos noventa años, un tercio más que un humano. Plenos a los treinta, viejos respetados a los sesenta
- Talla
- Ellos, de 92 centímetros a 1,10 y de 25 a 35 kilos; ellas, de 82 a 1,00 y de 20 a 30
- Lengua
- Westeran, con su acento y su cocina dentro
- Dioses
- El Hogar Encendido y los Pequeños Tutelares. Ninguno de los veintiuno
Cómo son
Vello en los pies, que van descalzos, con la planta hecha callo. Manos pequeñas y exactas. Pelo muy rizado, y barba corta y rala sólo en los muy viejos. La crónica oral de Sotoarda pone el primer contacto de los suyos con los humanos de allí hace unos seis mil quinientos años, y los medianos no han cambiado nada desde entonces que se note.
Dónde viven
Las Colinas Verdes son una franja del centro de Valdrinia entre el Sotorrojo y el Bosque Profundo, perforada de madrigueras. Tienen unas treinta y dos aldeas de siempre: Sotoarda, la más vieja; Tornitierra; Sotomanto, la de la música; Verde-en-Hueco, Cabofresno, Migasalada y Risavalle entre ellas.
En las ciudades humanas viven en el Barrio del Pie, siempre en singular, y el de Erun es el mejor mercado de comida del continente. Hay casas en Bisak, en el sur de Galendria —donde los llaman kell'mihren— y un puñado de familias en Méleni que cocinan para los enanos de Durnok. Casi no cruzan el mar: «el agua no se cultiva, y donde no se cultiva, ¿qué se come?»
Cómo se gobiernan
Sin rey, sin duque y sin señor de la tierra. En tres escalones.
- La familia
- Hasta cuatro generaciones bajo el mismo techo. La Madrina lleva lo de dentro y el Padrino lo de fuera, y se turnan.
- El Concejo del Pueblo
- Todos los bisabuelos vivos, las Madrinas y Padrinos de las familias grandes, el Cocinero Mayor, que vota por mérito, y un niño de ocho a doce años, que rota y cuyo voto vale medio.
- La Asamblea
- Cada tres años, unos doscientos cincuenta medianos, siete días de cenas, sin voto y sin acta. Eligen por consenso al Mensajero Mayor, el único cargo de todo el pueblo, que lleva un bastón rematado en una cazuelita de cobre boca abajo.
Hoy es Mensajero Mayor Edmund Hojalcalde, de las Colinas del Valle Bajo. Su antecesora, Olive Hilodoro, lo fue veintiocho años. Los doce Apellidos Mayores son Tornitierra, Tarrigal, Sotomanto, Brisapie, Hojalcalde, Migasolán, Cuencagrande, Verderejo, Tovasmuza, Pielalegre, Hilodoro y Mocadillo.
Lo que creen
El Hogar Encendido es una divinidad que está presente: la chimenea. Tiene dos fuegos atados, el grande y la velita doméstica, que no se deja morir nunca. Alrededor están los Pequeños Tutelares: el Buen Encendedor de la chimenea, la Madre del Caldo de la olla, el Centinela del Umbral, el Cuidador del Sueño, la Vigía de la Despensa y el Risueño del Hueco.
Cinco fiestas al año: la Encendida de Primavera, la Fiesta del Vientre Lleno, el Manojeo de Cosecha, la Velita Larga, doce días en el solsticio de invierno, y la Risa Última.
Cómo hablan
Westeran con acento propio: diminutivos por sistema, vocales abiertas y las frases acabadas hacia arriba, como si todo fuera una pregunta. Le han prestado al común medio vocabulario de cocina —escudilleo, panecear, chamuscadillo, sobrecena, manojeo, arrimo, arrullito— y evitan nombrar cuatro cosas. A los esfixies y a los orcos los llaman «los de fuera del seto». El hambre no se nombra. La muerte es «se ha ido al huerto largo». Y el miedo es «se me ha enfriado el caldo».
Costumbres
Seis comidas al día —desayuno corto, segundazo, almuerzo grande, merienda, cena y sobrecena—, y cada una tiene su papel. En el cumpleaños es el que cumple quien regala, y los vecinos cocinan por él. Y la hospitalidad no admite excusa: «casa de mediano, casa de todos», con dos excepciones, que son los esfixies y los muertos.
Los bisabuelos comen primero. El forastero siempre come. Y comer con un mediano abre más puertas que hablar su lengua.
La boda es una mudanza. Se juntan dos despensas y se cierra una de las dos cocinas: las Madrinas y los Padrinos de cada familia se sientan con el Cocinero Mayor, que mira la despensa y dice si da para los dos hasta la primavera; si no da, la boda espera a la cosecha. Nadie ordena y nadie bendice. El niño del Concejo lleva la velita encendida de una madriguera a la otra, y con esa llama se prende el fuego grande de la casa nueva. Si aquello se rompe, la cocina no se parte: se queda el que trajo el hogar, el otro vuelve con los suyos y los vecinos le cocinan cuarenta días sin que tenga que pedirlo. Se hereda cocinando: la madriguera es de quien lleva años dando de comer en ella, no del mayor, y cuando son dos los que cocinan se cava otro cuarto.
Un muerto no duerme bajo techo. Casa de mediano, casa de todos, menos los esfixies y los muertos: el cuerpo sale antes de la comida siguiente y espera en el cobertizo de los aperos. Lo entierran los suyos, con pala, en el huerto de la familia, a dos palas de hondo y envuelto en el mantel de su propia mesa, y encima se planta algo que se coma, nunca flores. Esa noche se deja morir el fuego grande y queda sólo la velita, que es la única noche del año en que una casa mediana está fría. Su sitio se pone y se sirve hasta la novena sobrecena; en la novena la comida se les da a los perros y la silla vuelve a la pared. Del que muere en un Barrio del Pie traen un puñado de la tierra que tenía encima, si el camino es de menos de veinte días, y esa tierra va al huerto largo de su casa.
Nos infravaloran porque somos pequeños. Bien. Que sigan haciéndolo. Un día, eso fue lo último que pensaron seiscientos guerreros con dientes.
Lo que no se sabe
Qué pasó con los seiscientos guerreros con dientes. La Madrina Tornitierra lo cuenta como si todo el mundo lo supiera, y en las Colinas todo el mundo lo sabe. Fuera, nadie. No consta en ninguna crónica humana.
Por qué son sordos al Torrente. Es el único pueblo del mundo al que la magia no le entra ni le sale, y ni Elvandor ni Bisak lo han explicado. Los medianos dicen que es porque nunca les interesó.
Y cuántos son. Treinta y dos aldeas, los Barrios del Pie y las casas sueltas. Nadie ha hecho la suma, y la Asamblea no levanta acta.