VII · Lo que habita

Lo que viene en plaga

La medida volcada. Nadie se muere de langosta: se muere del invierno siguiente.
La medida volcada. Nadie se muere de langosta: se muere del invierno siguiente.

A un lobo se le mata. A una plaga no: cuando se ve ya lleva tres semanas dentro. Una plaga no se pelea, se administra, y de todas las que caen sobre un campo, un barco o una ciudad, la que decide no es la más grande: es la que llega en la estación equivocada. Una nube de langosta en marzo no la recuerda nadie. La misma nube tres semanas antes de la siega vacía un ducado.

Nadie se muere de langosta · se muere del invierno siguiente · y se muere el que menos tenía Entre la plaga y el hambre hay cuatro o cinco meses. Ése es todo el plazo que tienen los que mandan.

Lo que se lleva la cosecha

Tres bichos y un año seco bastan para que un término no llegue a la primavera. Ninguno es raro, y ésa es la parte que cuesta explicar a quien viene de ciudad.

El gorgojo del grano
No viene: ya está. Entra en la troje con el grano de la era y se nota al meter la mano, que sale caliente. Un hórreo con gorgojo pierde entre un cuarto y la mitad en un invierno, y lo pierde por dentro: por fuera sigue lleno.
La avispa de los hórreos
Nido de papel en el alero, del tamaño de una cabeza en agosto. No toca el grano: toca al que entra, y pica en cuadrilla. Se saca de noche y con humo; de día se pierde la cara una semana.
La mosca de carroña
Pone en lo muerto y en lo vivo, si hay herida y vendaje que nadie mira; en verano bastan tres días. En campaña sirve para lo contrario: dice dónde hay algo sin enterrar.

La langosta

Dágata ha tenido una sola hambruna de verdad y fue por esto. Entre SEL 1204 y 1206 la nube entró tres años seguidos por el este, y en el tercer invierno murió en Ságata y Cands más gente que en todas las incursiones del Erial juntas. De ahí salió el Registro de Cosecha.

Qué es
Un saltamontes de secano que ciertos años cría de más, cambia de color y deja de vivir solo. La nube no es otra especie: es el mismo bicho contándose a sí mismo.
Dónde
Cría en los secanos del sureste, fuera del Reino. Entra por encima de La Muralla y baja siguiendo el Sagaria, que es donde está el grano. Los años malos vienen secos allí y llovidos aquí.
Qué quiere
Comer y seguir. No se queda: una nube grande está sobre un término entre medio día y dos días, y se va sin que nadie la eche.
Cómo se nota
Tres señales, todas con días de margen. Los pájaros se van contra el viento. Se oye lluvia y no hay nube. Y por el camino del este pasan carros de gente que ya la ha tenido encima. Los vigías de La Muralla la ven llegar desde media jornada y encienden.
Qué deja
El campo cortado a ras, las viñas peladas y la puesta enterrada en los ribazos. Lo peor del año de langosta casi nunca es ese año: es el siguiente.
Lo que falla
Pelearla. Se quema rastrojo, se golpean calderos, se cava zanja, y la nube se va cuando termina de comer. Lo único que ha salvado una cosecha alguna vez es segar tres días antes de tiempo y meter el grano verde.

Cada parroquia declara dos veces al año lo que tiene en troje, y con eso el Reino compra y mueve grano antes de que suba el precio. Cuatrocientos cuarenta años abierto sin un hueco. Y falla siempre por el mismo sitio: las parroquias declaran de menos por miedo a la requisa, el Registro lee bajo, y en Llágata compran tarde y caro creyendo que van sobrados.

Lo que enferma lo que crece

Estas tres no se ven llegar porque no llegan: estaban en la semilla, en la tierra o en el aire del año anterior. Al labrador le parecen castigo, y ahí empieza el error.

La roya del trigo
Polvo naranja en el tallo. Se pega a la ropa y viaja con el que cruza la linde. Un campo con roya no se pierde entero: da menos y da peor, y el que lo siega lo lleva al de al lado en los calzones.
El tizón
La espiga llena de polvo negro en vez de grano. Al trillar se va por el aire y siembra el año siguiente. Se corta pasando la simiente por salmuera y cal, y se corta bien; cuesta un día de trabajo y casi nadie lo hace dos años seguidos.
El cornezuelo
Grano negro, curvo y más largo que el de trigo, en el centeno de los años húmedos. Si pasa la criba va a la molienda, y de la molienda al pan de todos. La gente ve cosas que no están y algunos no vuelven del todo; a otros se les ponen las manos y los pies como quemados. En SEL 1571, en una aldea de catorce casas del alto Ságata, hubo tres muertos y once semanas de vecinos hablando solos.

Con el cornezuelo se comete siempre el mismo error: llamar a un clérigo antes que a un molinero. Lo que hace ver cosas a un pueblo entero casi nunca es el Torrente. Es el centeno mal cribado, y se arregla tirando la harina.

Lo que vive de nosotros y del ganado

Aquí el bicho casi nunca es lo que mata. Lo que mata es lo que el bicho lleva de una casa a otra.

La rata común
Pequeña, de puerto y de granero. No muerde a nadie y mata más que todo lo que muerde, porque trae la pulga. La gigante de galería es otra cosa y está en lo que anda bajo tierra.
El piojo de camisa
De cuartel, de barco y de invierno largo. Trae la fiebre de campaña, que en La Muralla ha matado más soldados que Galendria. Se acaba hirviendo la ropa, y en campaña la ropa no se hierve nunca.
La garrapata del ganado
Se clava en la oreja y en la ingle y pasa fiebre de res a res. Una vacada agarrapatada da menos leche y se arrastra dos meses. Se quitan a mano, una a una; el que tira y deja la cabeza dentro deja un absceso.
La sanguijuela de acequia
Pequeña, de regadío, no la del delta. Un peón sale al mediodía con tres o cuatro encima sin enterarse. No desangra a nadie: hace que la mordedura se infecte en agosto. Las grandes están en el agua.
La nube de mosquitos del delta
Cría en agua quieta y sale al caer la tarde, entre los canales del Erradia. Las fiebres de la Estación III matan en las Marismas más que todo lo que muerde allí junto, y quien pasa una la vuelve a pasar cada año por las mismas fechas. Los junqueros no duermen junto a agua parada, y ése es todo el remedio.

La pulga de peste

La peste no entra por la puerta de la ciudad. Entra en la bodega de un barco, dentro de un fardo de lana. En Cands, en SEL 1489, se cerró el puerto once días tarde y la cuenta final fue de un muerto por cada seis vecinos.

Qué es
Una pulga de rata, no de hombre. Salta al hombre cuando su rata se le muere debajo, y ahí está todo: mientras las ratas viven, no hay peste en la gente.
Dónde
Donde hay grano y hay barco. Bodegas, almacenes y, después, el barrio de junto al muelle. Cands, Ciudad Delta y cualquier sitio donde atraque algo del sur.
Qué quiere
Sangre, y no distingue de quién. Que la ciudad se vacíe no es asunto suyo.
Cómo se nota
Ratas muertas en la calle antes de que enferme nadie. Ése es el aviso; dura entre cinco y diez días y es todo el margen que hay.
Qué deja
Un barrio sin oficios: los primeros en caer son los que atienden —boticarios, comadres, clérigos, los que llevan agua—, y por eso la segunda semana es mucho peor que la primera. Y deja fosas sin hito, que es otro problema y está en lo que no se queda quieto.
Lo que falla
Quemar las casas de los enfermos y matar perros y gatos. Lo primero no sirve; lo segundo empeora todo tres semanas después, cuando las ratas ya no tienen quien las cace. La cuarentena de cuarenta días funciona. Lo que no funciona nunca es decretarla cuando ya hay muertos en dos calles.

Lo que se come lo que no es comida

No matan a nadie y se llevan más dinero que todo lo anterior junto. Un concejo de puerto gasta en esto más que en su guardia.

La polilla de la lana
El paño doblado y guardado en verano, en arca cerrada, que es justo donde le gusta. No se ve el bicho: se ve la calva en el pliegue al sacarlo en otoño. Alhucema y cedro sirven un año; sacudir el arca cada mes sirve siempre.
La termita de puerto
Se come el pilotaje de los muelles y la madera de los barcos varados, por dentro y sin salir. Un casco que ha invernado en agua caliente del sur suena a hueco al golpearlo, y entonces ya no hay vuelta: se carena, se brea, se quema por fuera y aun así se pierde el año. En Cands hay muelles rehechos tres veces en un siglo.
La carcoma de viga
De día no se oye. De noche, en una casa callada, se oye perfectamente. Una viga con carcoma aguanta años y luego no aguanta, y entre una cosa y la otra no avisa.

Lo que no se sabe

Por qué hay años de langosta. Se sabe de dónde viene y por dónde entra. Nadie sabe por qué un año el secano cría y el siguiente no, y el Registro lleva cuatrocientos cuarenta años apuntando con mucho cuidado lo que hay, que no es lo mismo que lo que viene.

Si la peste es un mal o tres. Los boticarios de Cands distinguen tres maneras de morir de lo mismo: la del bubón, la que ennegrece y la que va al pecho. La del pecho se pega al respirar y no necesita pulga ninguna. Eso no lo explica nadie sin callarse a mitad de frase.

Y si el Torrente tiene algo que ver. Hay términos que repiten plaga cada nueve o diez años, siempre los mismos, y hay quien dice que eso es Corrupción vieja en la tierra y no bicho. Los de Zehena dicen que no, no lo han demostrado y tampoco han ido a mirar.

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