La historia
La fundación no fue una conquista: fue una firma. Ochocientos cincuenta años de Reino, veinticuatro Reyes, una sola guerra contra otro reino y un otoño que todavía nadie nombra sin bajar la voz. Las fechas de todo el mundo están en la línea temporal.
La fundación, y los veinticuatro reyes
1 · Lo que había antes del año 0
No había un reino que conquistar, y ése es el dato del que cuelga todo lo demás.
Había siete linajes con tierra, y ninguno de los siete se la debía a otro. Los enanos llevaban cuatro siglos bajo la sierra del noroeste y trescientos cuarenta años con ciudad hecha. Los Valraen eran señores del valle de Ságata desde ~180 a.F.Ll. Los Llyneth se habían hecho un nombre treinta años después, río abajo. Los Brénac llevaban ciento veinte años peleándose con el nordeste, los Iltherin noventa y cinco tratando con los silvanos del sur, los Revethar cincuenta y ocho enseñando magia en Bisak y los Garthain veinte, que es lo que hay que retener: la Casa más joven de las siete es apenas mayor que el Reino, y cartografiaba rutas de océano mientras las otras seis se miraban de reojo por tierra.
Entre ellos, ciudades sueltas en el valle del Sagaria que no eran de nadie. Al otro lado de La Muralla, lo que un día sería Galendria. Y arriba, en el nordeste, una quemadura que llevaba cuatrocientos años en el sitio y de la que salían cosas.
Eso es todo lo que había. Un mapa con siete dueños, un río en medio y un problema al norte.
2 · Qué hizo Alred Llyneth, exactamente
No ganó una guerra. Escribió un acta y consiguió seis firmas.
Conviene decirlo así de seco porque en Dágata se cuenta más bonito, y la versión bonita estorba. En el año 0 —SEL 800— Alred Llyneth reunió a los otros seis en el vado del Sagaria donde hoy está el Palacio de Justicia, y salieron de allí con el Acta de la Fundación: siete ducados con sus límites dibujados, un Consejo que se reunía dos veces al año, y una capital.
Lo que Alred puso encima de la mesa no fue un ejército. Fue el sitio. Llágata no existía: era vega Llyneth, tierra buena, río navegable y —esto es lo que la hizo elegible— el único punto del mapa que no era la montaña de nadie. Ni Méleni ni Ságata ni Bisak podían alojar un Consejo sin que los otros seis lo leyeran como una rendición. Un sitio nuevo, en suelo del que menos tenía que perder, no lo leía nadie así.
Alred cedió la vega, pagó el empedrado y se sentó el tercero en la sala que había pagado. Ochocientos cincuenta años después, su Casa sigue pagando el tejado del Salón de los Tronos y sigue sentándose la tercera. La herida de los Llyneth no se la hizo nadie: se la hicieron ellos el primer día, y con la mejor intención que hubo en aquella sala.
Contra quién
Contra el Erial. No hay otra respuesta honrada.
Los Brénac llevaban ciento veinte años contando incursiones —Evana Brénac rechazó la primera que quedó escrita, hacia ~120 a.F.Ll.— y no eran los únicos: lo que salía de la quemadura salía hacia el sur y hacia el oeste, en partidas pequeñas, sin plan, sin exigencias y sin nadie con quien hablar. Ningún linaje suelto podía sostener trescientos kilómetros de frente. Los siete juntos, apenas.
De ahí sale, punto por punto, todo lo que hoy parece una rareza constitucional. Nadie se rindió a nadie, así que la corona no podía ser de una Casa; se hizo electiva porque el pacto era entre iguales y cualquier otra cosa lo habría roto en la misma reunión. Nadie ganó, así que no hubo botín: los límites de los siete ducados son casi exactamente los que ya tenía cada uno. Y el Reino nació para defender una línea, que es por lo que en ochocientos cincuenta años no ha invadido nunca a nadie y por lo que Parls es una fortaleza y no una plaza de mercado.
«Siete sostienen» no es un lema de cortesía. Es la descripción literal de un contrato de vigilancia.
Y el chiste amargo
Medio siglo después de la firma, hacia el año 50, dejaron de salir cosas del Erial. Nadie sabe por qué.
El Reino se fundó para un trabajo que se acabó solo a los cincuenta años, y lleva ochocientos sin disolverse. Eso no es un fallo del diseño: es lo mejor que le ha pasado. Un pacto de guerra que sobrevive a su guerra se convierte en otra cosa, y lo que se convirtió es un Estado que se aguanta sobre la costumbre de sentarse a la misma mesa. Pero explica el tono de todo el Reino. Dágata está organizada alrededor de una amenaza que dejó de llegar y de la que nadie ha querido preguntar por qué paró.
3 · Tres reinados que sí se heredaron
El Acta no decía si la corona se heredaba. Alred no lo puso, y hay dos maneras de leer ese silencio. que se le olvidó, o que le convenía. En la capital se enseña la primera.
Porque de hecho se heredó. Alred, su hijo Vaenor y su nieto Alred II llevaron la corona noventa y seis años seguidos sin que nadie discutiera, porque discutirlo el primer año habría sido romper el Acta y el segundo ya era costumbre. Cuando Alred II murió sin hijo varón en el 96, la costumbre se quedó sin objeto y las siete Casas hicieron lo que se hacía entonces: siete años de guerra.
Lo que firmaron en 103 para acabarla es la constitución que sigue en pie, y es la enmienda al único error de Alred: el Rey se elige, el ducado no se hereda, y los Duques no juran a un hombre.
En Dágata nadie hereda poder desde el año 103, y sí lo heredó durante los noventa y seis anteriores. Ese detalle no se enseña en los liceos, no está prohibido y está escrito en el Acta que cualquiera puede pedir ver en la Cancillería. Simplemente no se cuenta.
4 · Cómo se cuentan los Reyes
Tres cosas que hay que saber antes de leer la lista, y ninguna es evidente.
El ordinal es de la Casa, no del trono. Brelis IV se llama así porque fue el cuarto Brelis de los Garthain, no porque hubiera tres Reyes antes con su nombre. En un reino donde la corona se elige y la moneda no lleva cara a nadie se le ocurrió nunca numerar a los Reyes como serie: cada uno llega con el número que traía de casa y se va con él. Por eso los ordinales de la lista saltan sin orden y por eso hay un IX y un II seguidos.
El cargo es «el Rey» y no declina. Ocho de los veinticuatro han sido mujeres y en los papeles del Consejo aparecen como «el Rey», con su nombre delante y sin nota al margen. «La Reina» es otra cosa y no es un cargo: es la cortesía que se le hace a quien está casado con quien reina. Serelis Almenar es hoy la Reina y no tiene ni voz ni asiento en ninguna parte, lo mismo que el marido de una Duquesa no es Duque.
5 · Los veinticuatro
| # | Rey | Casa | Reinado | Por qué está aquí |
|---|---|---|---|---|
| 1 | Alred Llyneth | Llyneth | 0–38 | El Acta, los siete ducados, la capital y el calendario |
| 2 | Vaenor Llyneth | Llyneth | 38–69 | Heredó, y nadie lo discutió |
| 3 | Alred II Llyneth | Llyneth | 69–96 | Muere sin hijo varón. Trono vacante 96–103 |
| 4 | Ordana Brénac II | Brénac | 103–138 | La primera electa. Muere en el cargo |
| 5 | Hedric Iltherin | Iltherin | 138–177 | Sale de cuatro meses de interinidad improvisada |
| 6 | Sarnia Valraen IV | Valraen | 177–219 | Fija el orden de los siete tronos y nadie recuerda su nombre |
| 7 | Doreth Garthain II | Garthain | 219–261 | Primer Rey de Cands. Abre la ruta larga de poniente |
| 8 | Mael Llyneth VI | Llyneth | 261–301 | Levanta el Salón de los Siete Tronos tal como está |
| 9 | Corvan Revethar III | Revethar | 301–341 | Muere en el cargo. Empieza la Larga Espera |
| 10 | Ilaria Brénac V | Brénac | 343–381 | Escribe los cuarenta días. Le costaron diecinueve meses |
| 11 | Brelis Garthain IV | Garthain | 381–412 | El Rey Traidor. Depuesto y juzgado |
| 12 | Thora Durnok II | Durnok | 412–452 | Elegida para que el trono no oliera a Garthain |
| 13 | Fendral Iltherin III | Iltherin | 452–494 | Tratado del Hielo Compartido con Norvia, ~460 |
| 14 | Nessa Valraen II | Valraen | 494–537 | Cuarenta y tres años sin que pase nada. La mejor noticia de la lista |
| 15 | Aldric Garthain V | Garthain | 537–581 | Las tres Islas, 548. La única expansión de la historia |
| 16 | Beren Llyneth IX | Llyneth | 581–623 | Cae el Duque Galren y salen los Cinco Cerrojos. Muere en el cargo |
| 17 | Ysera Revethar IV | Revethar | 623–641 | Dos mandatos. El estrado insular es lo último que firma |
| 18 | Ilvana Valraen III | Valraen | 641–671 | Tres mandatos. La Guerra del Río Inverso ⟨649–652⟩, el Pacto y la embajada galendrina. Fijó el impuesto ducal por primera vez |
| 19 | Marec Brénac VII | Brénac | 671–698 | Veintisiete años de aguantar lo que firmó su antecesora |
| 20 | Thurin Durnok IV | Durnok | 698–744 | El único Rey enano. La Ordenanza de las Manos y el libro de graneros |
| 21 | Elvia Iltherin VI | Iltherin | 744–773 | El tratado de las patentes de corso |
| 22 | Ostrik Valraen V | Valraen | 773–793 | El Dictamen de la Muralla. Perdió la tercera elección por un voto |
| 23 | Rovar Garthain III | Garthain | 793–843 | Cincuenta años, el reinado más largo y el peor. Se presentó a un sexto mandato y lo perdió |
| 24 | Valdrik Valraen | Valraen | 843– | Cuatro reformas y tres años de mandato por delante |
Catorce llevan negrita porque son los que hacen falta. Los otros diez están para que la lista cierre y para que se les pueda colgar mañana lo que haga falta sin abrir un hueco.
Son veinticuatro y no veintidós, y la corrección es del 9 de septiembre. La lista salió primero con veintidós porque se escribió sin mirar el árbol de la Casa Valraen, y allí llevaban años escritos dos Reyes con nombre y fecha: Ilvana, Reina de 641 a 671, y Ostrik, Rey de 773 a 793.Con ellos dentro la media baja de treinta y ocho años por reinado a treinta y seis y medio, que no cambia nada de lo que esa media explicaba.
El reparto por Casa: Valraen cinco, Llyneth cinco, Garthain cuatro, Brénac tres, Iltherin tres. Revethar dos, Durnok dos. Y desde el año 103 ninguna Casa ha tenido dos Reyes seguidos. No hay regla que lo impida: sencillamente, después de cuarenta años de un ducado mandando, los otros seis llegan a la votación con la misma idea en la cabeza sin haberla hablado. Las tres únicas veces que pasó fueron las tres primeras, que son de cuando la corona se heredaba, y de ahí salió la guerra.
6 · Seis de los doce, de cerca
Ordana Brénac II ⟨103–138⟩ y el agujero que dejó al morirse
La primera Rey electa duró treinta y cinco años, hizo bien su trabajo y se murió en la cama del Palacio Real sin haber previsto que eso podía pasar. El Consejo tardó cuatro meses en dar con sucesora y no ocurrió nada malo en esos cuatro meses, que fue la desgracia: como no pasó nada. no se escribió la regla. Doscientos años después el trono estuvo vacío diecinueve meses y Parls metió tropa en dos condados. Los cuarenta días de hoy costaron eso.
Ilaria Brénac V ⟨343–381⟩ y los cuarenta días
Llegó al trono después de la Larga Espera, con Parls todavía dentro de Hulla e Íbeca, y lo primero que hizo fue lo único que podía hacer sin ejército: poner un plazo. Cuarenta días para elegir Rey, quórum de cinco Duques en persona, mandato nuevo entero. Sacó de Íbeca a los de Parls y no sacó de Hulla a nadie, y así quedó quinientos nueve años.
De ella es la frase que sigue diciéndose en el Consejo cuando alguien pide más tiempo para pensarlo. «cuarenta días bastaron para lo grande».
Brelis Garthain IV ⟨381–412⟩, el único Rey depuesto
Y el detalle que estropea la historia: Oskalia se disolvió en 468 y sus archivos no existen, así que la única mancha comprobable de la lista es la que no se puede comprobar.
Aldric Garthain V ⟨537–581⟩ y las Islas
Ficha aparte en. Aquí lo que hace falta para la lista: es el único Rey que amplió el Reino, lo hizo sin disparar, y lo hizo mal a propósito. El fuero que le dio a Optima en 548 es el que hoy impide meter la mano en la mitad del crimen del oeste, y Cands —su ducado— lleva tres siglos cobrando de ese arreglo.
Thurin Durnok IV ⟨698–744⟩, el único Rey enano
Cuarenta y seis años, casi cinco mandatos, y ni uno solo de ellos vivió en el Palacio Real: se negó a mudarse a Llágata y despachó desde una casa de la calle de los Contrastes con el techo bajo. Se le consintió porque cumplía el resto de la letra y porque nadie quería la conversación.
Y en 741, seis años después de la Hambruna de los Tres Años, propuso un libro público de graneros. Lo tumbaron las quince Casas Condales. Ciento nueve años después Valdrik lo ha vuelto a proponer con el nombre de Registro de Cosecha y son las mismas quince las que lo frenan. La reforma más odiada del Reino la propuso un enano en 741 y va por su segundo intento.
Rovar Garthain III ⟨793–843⟩, el peor
Y cincuenta años de Cands gobernada por otro. Un Rey sigue siendo Duque y no gobierna su ducado: lo lleva un Regente Ducal que elige el Cónclave de la Casa. En medio siglo Cands tuvo tres, y sólo del último consta el nombre en el canon porque es el que sigue vivo: Halric Garthain. Regente desde 836 con veinticinco años y Duque desde 843, cuando Rovar murió. Los otros dos no están escritos y no hace falta que lo estén hasta que una partida los necesite — igual que no está escrito ninguno de los regentes de los veintitrés reinados anteriores, que es el hueco más grande y más aburrido que tiene esta lista.
Cincuenta años. Cinco mandatos seguidos. La única vez que la aritmética de la censura se ha visto funcionando en toda su fealdad.
Le tocaron las Guerras Piratas ⟨809–827⟩ y las llevó como el Duque de Cands que era: protegiendo la costa que le daba de comer y dejando que Llágata pagase la defensa de una costa que no tenía. Le tocó el Otoño Negro con el dinero y todo lo que flotaba en el oeste, y una hueste de nueve mil llegó a las puertas de Ságata mientras el Rey miraba al mar. Le tocaron después las tres reparaciones —el humo en 822, la Legión Escarlata en 823, la Marina en 828— y las firmó todas, tarde y bien.
Y no se le pudo mover. Se intentó la censura dos veces, en 821 y en 824, y las dos veces faltó una firma: la de su propio ducado, que no iba a votar contra un Garthain. Al final se fue como se van los Reyes en Dágata cuando se van: perdió una elección. En 843, con ochenta y un años, se presentó a un sexto mandato y el Consejo eligió a Valdrik Valraen cuatro a tres. Es la segunda vez que pasa, y la única que se recuerda: cincuenta años antes, en 793, Ostrik Valraen perdió su tercera elección por un voto, y de aquello no habla nadie porque se fue con setenta y un años y sin ruido.
Aquello duró una tarde y cambió el país entero, y todavía hay quien dice en el Salón que si Rovar hubiera tenido la decencia de morirse en 827 hoy no habría Tasa Cierta.
Los otros ocho ya tienen su sitio y no se repiten aquí: Alred está en el §2 de arriba; Alred II y la guerra de las Siete Espadas, Corvan III y la Larga Espera e Ilvana III y el Río Inverso están en; Beren IX y los Cinco Cerrojos, en; Ysera IV no tiene más que sus dieciocho años y el estrado insular; Ostrik V está en el árbol de la Casa Valraen y en el Dictamen de la Muralla; y Valdrik, en todas partes.
Las guerras de ochocientos cincuenta años

0 · La regla de este documento
Dágata ha peleado poco y mal documentado, y eso no es un descuido: es un reino que se defiende, no que conquista, con sesenta y ocho mil efectivos de los que sólo catorce mil están pagados y una hueste que caduca a los cuarenta días. Un Estado así no hace campañas largas.
Así que la historia militar del Reino son cinco guerras, una ocupación y una hambruna en ocho siglos y medio. Cada una explica algo que hoy sigue en pie, y ninguna se ha escrito aquí por gusto. todas estaban ya asumidas en otro documento y les faltaba la fecha.
1 · La Guerra de las Siete Espadas · 96 a 103
La guerra civil que hizo la constitución.
Alred Llyneth unificó el reino y de él salió el calendario, pero no dejó dicho lo único que importaba. si la corona se heredaba. En el año 96, muerto sin hijo varón el tercero de su línea, las siete Casas Ducales decidieron el asunto de la única manera que se decidía entonces. Siete años, y de todas las guerras de Dágata la única que se peleó entre dagatenses.
No la ganó nadie. Se acabó porque después de siete años ninguna de las siete podía imponerse a las otras seis y todas lo sabían, y en el año 103 se juntaron en Llágata a repartir un reino que ya no valía lo que costaba seguir peleándolo.
Lo que firmaron es lo que sigue funcionando: el Rey se elige, el título ducal no se hereda sino que lo elige el Cónclave de cada Casa, y los Duques no juran homenaje al Rey — prestan el Juramento del Salón, que es un juramento a la mesa y no a un hombre. En Dágata nadie es hombre del Rey salvo los doscientos de la Guardia Real, y la razón es esta guerra.
Se llama de las Siete Espadas por cómo acabó: las siete se dejaron sobre la mesa del Salón y no se recogieron. Siguen ahí, colgadas sobre los siete tronos, una por Casa, y la de Durnok es la única que se puso sin sacarse de la vaina. De ahí viene también el lema oficial —«Siete sostienen»— y el popular, que es el que dice la gente: «Aquí nadie hereda».
La dama Durnok que la nombra de pasada en su ficha es la que llevó la séptima espada a la mesa. No fue a pelear: fue a cerrar.
2 · La Larga Espera y la entrada en Hulla · 341
No fue una guerra. Fue peor: nadie disparó.
Murió el Rey sin que el Consejo se pusiera de acuerdo y el trono estuvo vacío diecinueve meses. En el sexto, Parls metió tropa en dos condados «para mantener el orden», y nadie tuvo con qué discutirlo porque no había Rey que convocara a nadie.
De los dos condados devolvió uno. El otro era Hulla, y de ahí arranca el pleito más largo del Reino: quinientos nueve años de posesión disputada que se cerró en 850, con papeles y sin que se disparara tampoco esta vez.
Lo que dejó escrito: cuarenta días para elegir Rey, quórum de cinco Duques con voto y mandato nuevo completo de diez años. La regla de los cuarenta días no es litúrgica. Es el tiempo que Parls tardó en llegar a Hulla.
3 · La Demostración de la Rada · 548
Cómo entraron las tres islas, que es la única expansión de la historia de Dágata. Ficha completa en.
Trescientos dos años atrás el Rey Aldric Garthain V, Duque de Cands, puso una flota fondeada delante de Ciudad Horizonte y no disparó ni una vez. Negoció nueve semanas con las naves a la vista y se llevó a las tres islas —Isla Horizonte, Tor-Réna y Optima— con consejos propios, jueces propios y fuero propio.
No disparó porque no podía: eran treinta y un mercantes de Cands y de Sálama con castillos de madera clavados encima, y Dágata no tuvo nave de guerra propia hasta 828.
Isla Horizonte firmó primero y sacó lo mejor: flota propia y artillería, que conserva. Tor-Réna se firmó con una silla vacía, porque el Quensari no llegó hasta 570. Y Optima firmó lo justo para que la dejaran en paz: por eso hoy no entrega a nadie, tiene tres bandas con nombre y vive del contrabando sin que ningún tribunal dagatense haya conseguido nunca meter la mano. Aquella negociación es la razón de la mitad del crimen del oeste.
Corrección del 8 de septiembre. Este apartado ponía 553 y hablaba de «Nueva Esperanza» como si fuera la tercera isla. La fecha buena es 548 ⟨y los 302 años que se repiten en cuatro documentos⟩ y Nueva Esperanza es la capital de Optima: la tercera isla es Tor-Réna.
4 · La Guerra del Río Inverso · 649 a 652
La única guerra contra otro reino, y la única frontera de tierra que tiene Dágata.
Tres años contra Galendria por los pasos de La Muralla. Se peleó donde se tenía que pelear —arriba, en los collados—, se decidió por hambre y no por batalla, y no cambió el mapa: la frontera acabó donde empezó, en la cordillera.
Lo que sí dejó fue el Pacto del Río Inverso, que lleva el nombre de un río que no está en el mapa de Dágata porque está al otro lado, y que es el tratado de frontera que sigue vigente. Y dejó las torres vigía del este y la calzada corta de Llágata al paso, la Ruta Oriental, ciento nueve kilómetros que no van a ninguna parte más que a la raya.
Vigía Naciente existe por esta guerra, y sigue siendo la aduana de frontera que la Ley de Portes no toca.
5 · La Hambruna de los Tres Años · 733 a 735
No es una guerra y va aquí porque mató más gente que todas las de esta lista juntas.
Tres cosechas seguidas perdidas en el centro y el sur. Se calcula que murieron entre setenta y noventa mil personas, y lo que la hizo tan mala no fue la falta de grano sino que nadie sabía dónde estaba el que había: cada conde declaraba lo suyo de menos, el Duque repartía a ciegas y hubo condados con granero lleno a cuatro jornadas de condados vacíos.
De ahí sale una idea que lleva ciento quince años volviendo: un libro público de graneros. La propuso un Rey en 741 y la tumbaron las quince Casas Condales. La ha vuelto a proponer Valdrik como Registro de Cosecha, y son las mismas quince las que la frenan. La reforma más odiada del Reino nació de un hambre y sigue sin aprobarse.
6 · Las Guerras Piratas · 809 a 827
La guerra larga, la cara, y la que explica media Dágata de hoy.
En 762 Dágata firmó el tratado que reguló las patentes de corso: presa a puerto de presa, tribunal obligatorio y patente inválida contra Dágata, las Islas y los reinos con tratado. Durante cuarenta años funcionó. Después dejó de funcionar, porque tres reinos habían armado corsarios con la misma lógica y el mar de poniente se llenó de gente con papeles de alguien.
Dieciocho años, tres fases y ninguna batalla naval digna de ese nombre: fue una guerra de puertos quemados, convoyes perdidos y rescates. Y la perdió sobre todo quien no tenía flota.
Cuatro cosas que hoy siguen ahí salen de aquí.
La ruina de Llágata. El ducado que financió la defensa de la costa sin tener costa se quedó sin caja. En 812 hubo que rehacer la ceca con dinero de Bisak, y desde ese año no se ha acuñado oro y Thesalia Llyneth no puede votar contra los Revethar. La deuda que hoy decide un voto en el Consejo es una deuda de guerra.
La artillería de Vento. Se puso en las murallas entre 814 y 819 y sigue siendo la única de tierra firme.
La Marina del Rey, creada por ordenanza en 828, un año después de acabar todo. veintiuna naves, tarde y pequeña, que es exactamente lo que se construye cuando ya ha pasado el susto.
Y el peor detalle, que no es una consecuencia sino una coincidencia. El Otoño Negro cayó en 820. en mitad de las Guerras Piratas. Cuando se abrieron los tres portales en el sur de Sálama, el dinero del Reino y todo lo que flotaba estaban en el oeste. Por eso no había nada armado, por eso una hueste de nueve mil llegó a las puertas de Ságata, y por eso los únicos que estaban listos eran unos particulares que se lo habían pagado de su bolsillo.
7 · El Otoño Negro · 820
Ficha propia en. Aquí sólo lo que hace falta para la cuenta: cincuenta y un días, tres portales, nueve mil de a pie, y dos objetivos y no uno.
8 · Lo que no ha habido
Y esto importa tanto como lo anterior, porque define el tono.
Nunca ha habido una guerra entre dos ducados después de las Siete Espadas. Ha habido ocupaciones. pleitos de siglos y una Mesa de los Quince que empantana leyes, pero no ejércitos ducales enfrentados. La constitución de 103 funciona.
Nunca se ha invadido a nadie. Dágata no ha cruzado La Muralla ni ha desembarcado en ningún sitio salvo aquella flota que no disparó.
Y nunca se ha entrado en el Bosque del Sur. En mil seiscientos años, ni una campaña. Se levantaron dos ciudades fortaleza y se dejó estar, que es la decisión más dagatense de esta lista.
9 · La cuenta, de un vistazo
| Año | Qué | Qué dejó |
|---|---|---|
| 96–103 | Guerra de las Siete Espadas | El Rey se elige, el ducado no se hereda, el Juramento del Salón |
| 341 | La Larga Espera · Parls entra en Hulla | Los cuarenta días. Y un pleito de 509 años |
| 548 | La Demostración de la Rada | Las tres islas. Y Optima, que firmó lo justo |
| 587–588 | El caso Galren ⟨judicial⟩ | Los Cinco Cerrojos |
| 649–652 | Guerra del Río Inverso | El Pacto, las torres del este, Vigía Naciente |
| 733–735 | La Hambruna de los Tres Años | La idea del libro de graneros, que sigue sin aprobarse |
| 809–827 | Las Guerras Piratas | La deuda de 812, la artillería de Vento, la Marina de 828 |
| 820 | El Otoño Negro | La obligación del humo, la Legión Escarlata, los del Cruce |
Nota de trabajo: de partida sólo venían dos nombres —la Guerra de las Siete Espadas y las Guerras Piratas— y que la segunda parió la Marina. Todo lo demás es reconstrucción hecha hacia atrás desde hechos que ya estaban escritos y no tenían causa: los cuarenta días, la deuda de 812, la artillería de Vento, el Pacto del Río Inverso, el fuero de Optima, el Juramento del Salón y el odio de las Casas Condales al Registro de Cosecha. Ninguna fecha choca con las que ya había.
El Otoño Negro · 820 d.F.Ll.
1 · Lo que fue
No fue una guerra. Fue una incursión que llegó demasiado lejos, y por eso en Dágata se cuenta con vergüenza y no con orgullo.
En la Recogida de 820, chamanes orcos del Bosque del Sur abrieron tres portales en la sierra del sur de Sálama, en conexión con algo del otro lado, y por ellos entró en once días una hueste bajo estandarte de dragón negro — nueve mil de a pie, unas pocas cosas que volaban y tres de escama negra que no eran ninguna de las dos.
No venían a conquistar. Subieron por la Ruta Real Norte-Sur sin detenerse a tomar una sola plaza. dejaron atrás Rivelan, dejaron atrás Turil y fueron derechos a Ságata, que no es la capital del Reino pero sí su corazón: donde se cruzan las tres calzadas largas y donde está la catedral de Aedith.
Eso es lo que hace que el Otoño Negro sea distinto de una invasión. Iban a por la catedral. En un reino donde la palabra de un sacerdote de Aedith es prueba plena en juicio, corromper ese templo no es un sacrilegio: es desmontar el derecho entero desde dentro. Nadie sabe cómo pensaban hacerlo. Se les quemaron los cuatro carros antes de que nadie los abriera, y lo único que queda es una línea en el libro de la Legión con lo que dijo un prisionero, que el cabildo de Ságata no ha querido publicar en treinta años.
Y no era el único objetivo. La hueste traía dos encargos, y el segundo era hacerse con la Obra que aquel grupo de particulares había encontrado años atrás y que hoy sigue escondida en Ságata. Los dos objetivos estaban en la misma ciudad, y por eso subieron a Ságata en vez de a Llágata.
Eso le da la vuelta a la historia entera, y conviene entenderlo bien: los del Cruce no eran unos héroes que se enteraron a tiempo. Eran el segundo objetivo. Llevaban años tropezándose con piezas sueltas porque las piezas venían a por ellos. Cuando levantaron hombres por su cuenta no estaban salvando el Reino: estaban defendiendo lo que tenían, y el Reino les quedaba de paso.
Nadie en Dágata lo sabe. Los tres que podrían contarlo son un avatar que no está, un arzobispo que no puede mentir pero tampoco tiene por qué hablar si no se le pregunta, y un tabernero enano.
2 · Los portales, y por qué se ganó
Un portal de esa clase no es una puerta: es una conversación entre dos grupos de chamanes, y se mantiene abierta mientras los de este lado vivan. No se derriba, no se sella y no se cierra desde fuera. Se cierra matando a quien lo sostiene.
Los tres estaban en las quebradas del sur de Sálama, entre la Vigía Sur y el alto Mafil. Hoy se les llama las Tres Bocas y son tres hondonadas quemadas donde no crece nada en treinta años, a un día de camino unas de otras.
| x · y | Qué queda | |
|---|---|---|
| Boca del Poniente | 900 · 880 | Un anillo de piedra vitrificada de sesenta pasos |
| Boca Media | 912 · 872 | La única con agua, y el agua está mal |
| Boca del Naciente | 925 · 866 | Nada. Es la que peor se recuerda |
Y de ahí sale la forma de la campaña, que es la razón de que la ganara un puñado de personas y no un ejército: mientras la hueste se sostenía en Ságata, había que ir al sur. Las dos cosas a la vez, a trescientos kilómetros una de otra, y ninguna servía sin la otra.
3 · Los cincuenta y un días
Día 6. Se abre la primera boca. Vigía Sur manda aviso y tarda cuatro días en llegar a Sálama y nueve en llegar a Ságata.
Días 6 al 17. Entran nueve mil. Sálama pierde en esas dos semanas más gente que en los ochenta años anteriores, y el sur del ducado no ha vuelto a poblarse: una parte de por qué Sálama es hoy el más pobre de los siete se decidió en esos once días.
Días 18 al 40. La subida. Rivelan cierra las puertas y ve pasar una hueste por debajo sin poder salir a por ella, porque salir era perder la plaza y perder la plaza era abrir el sur entero. Es la decisión correcta y en Rivelan todavía escuece; treinta años después, la guarnición sigue siendo el doble de la que le tocaría por tamaño.
Días 41 al 43. La batalla del Cruce, a las puertas de Ságata, en el llano donde se juntan las tres calzadas. Tres días. Se sostuvo, y se sostuvo por poco.
Día 47. Se cierran las bocas.
Día 51. El último combate, ya sin portal detrás, contra lo que quedaba de una hueste que ya no podía retirarse a ninguna parte.
4 · Los que sabían
Lo peor del Otoño Negro es que estaba avisado.
Un investigador del Reino —uno de los del lacre, que investigan y no prenden — llevaba dos años mandando partes sobre movimiento de chamanes en el sur y sobre gente comprando hierro donde no se compra hierro. Los partes existen, están fechados y nadie los movió, porque un lacre no puede detener a nadie y porque el sur de Sálama no le importaba a ningún Duque.
Quien sí le hizo caso fue un grupo de particulares, y ésa es la parte que importa para el presente. Llevaban años tropezándose con piezas sueltas de lo mismo, decidieron que iba en serio y levantaron hombres por su cuenta: con su dinero, con su palabra y sin licencia de ningún Duque, que en Dágata es exactamente el delito por el que se desnaturaba a un noble.
Cuando se abrió la primera boca, eran la única fuerza del Reino que ya estaba armada y entrenada.
La gente los llamó los del Cruce, por dónde acabó todo. Todos los que sobrevivieron son hoy personajes con peso en Dágata, y el estante donde se guardan quiénes son es.
5 · Lo que dejó, y que ya estaba escrito
Tres cosas del Dágata de 850 vienen de aquí, y hasta hoy no tenían causa.
La obligación del humo. Diecinueve baronías del sur que no deben lanzas: deben encender. Se instituyó en 822, dos años después, y es la respuesta literal al problema de que un aviso tardara nueve días en subir de la Vigía Sur a Ságata. No es folclore: es una red de alarma pagada con la sangre de 820.
La Legión Escarlata. Se levantó en 823 con lo que quedaba de las compañías que los del Cruce habían reunido sin permiso de nadie. Fue, literalmente, legalizar un ejército privado: el Reino no podía castigar a quien lo había salvado y tampoco podía dejar mil hombres armados sueltos, así que se los quedó. De ahí que sea la única fuerza de tierra permanente del Rey, que se recluta a partes iguales de los siete ducados para que no sea de nadie, y que esté acuartelada en Ságata.
El Vuelo pagó lo suyo. De los treinta y ocho jinetes de grifo que había en 820 volvieron once. y el cuerpo ha tardado tres décadas en llegar otra vez a treinta y uno. Fue la primera de las cuatro salidas contra algo que volaba, y la peor. Cron Grill estuvo en el Cruce con veinticuatro años y no volando: entonces era arquero.
6 · Lo que no se sabe
Y conviene que siga sin saberse, porque es donde se juega.
Qué había en los cuatro carros, y qué se iba a hacer con ello en la catedral de Aedith.
Con quién hablaban los chamanes. Se cerró este lado. El otro sigue donde estaba.
Si hubo alguien de aquí dentro. Nueve mil hombres cruzando medio ducado necesitan comer, y en treinta años nadie ha explicado bien de dónde salió el grano. Hay dos casas de Sálama de las que no se habla y una tercera que se extinguió en 824 sin herederos y sin causa escrita.
Nota de trabajo: la fecha, la duración, los nombres de los sitios y todo lo del §5 son reconstrucción hecha para que encajen las tres cosas del canon que ya dependían de esto. De partida vienen: que fue hace unos treinta años, en otoño; que entraron por portales abiertos con chamanes orcos en el sur de Sálama; que iban a Ságata a corromper el corazón del Reino; y que el grupo llevaba tiempo enterándose y se preparó. Cuando lleguen las notas de aquellas crónicas —nombres de los del Cruce, qué hizo cada uno— entran encima de esto sin romper nada.
Lo que no se sabe
Qué pasó en el Otoño Negro de 820. Se nombra bajando la voz, y el quinto roble de los Siete se secó ese mismo otoño.
Qué pasó entre SEL 0 y SEL 400. Cuatro siglos antes del Rojo sin un solo nombre en los archivos del Reino.
Y quién tuvo la culpa de la Larga Espera. El trono estuvo diecinueve meses vacío en 341, y Parls salió de ella con dos condados más.