La Corrupción
Lo caído no se toca de balde. La Corrupción es el rastro que deja en alguien haber usado un poder que no debería seguir existiendo: el fuego de Pernás, la sombra de Nucro, el Pulso de Umbrosia, un pacto con algo que no es de aquí. No se cura con tiempo. Pide un precio que no es tiempo, y casi nunca se puede pagar.
Se ve, no se quita, y la gente lo nota Ni hierba, ni oficio, ni dinero, ni absolución. Sólo un Dragón Dios puede retirarla, en persona y por una razón suya.De dónde sale
| Qué | Cómo mancha |
|---|---|
| El Hilo Ardiente, aliento de Pernás | Enciende. Sus marcas queman por dentro y se ven de lejos |
| El Hilo Quieto, aliento de Nucro dentro del Torrente | Resta. Quita cosas: el color, la sombra, el nombre, el calor, el recuerdo |
| El Pulso de Nucro, sin filtrar | Gasta y añade. Envejece lo propio y hace sitio a lo que no lo es. Es lo que mata a los elfos oscuros a los ochocientos años |
| Pactos, reliquias, lugares malditos | Ata. Sus marcas son contratos: algo reclama, algo debe, algo va con uno |
Dos casos aparte. El elfo oscuro nace con un poco: es lo que tiene beber del Pulso desde antes de nacer. Y el brujo no se mancha con el Quieto, como si la sombra y el silencio fueran de la misma materia que lo que ya lleva dentro; el Ardiente, en cambio, le cobra como a todos. Nadie ha explicado por qué, y las escuelas prefieren no preguntarlo en voz alta.
Cómo avanza
Mientras se acumula no se nota. Quien ha tocado lo caído unas pocas veces sigue siendo el mismo: no está más débil, no está más torpe, no le cierra ninguna puerta. Y de pronto, al cruzar una raya que nadie ve, la paga entera y de golpe: una marca. Unos aguantan una raya, o dos; casi nadie aguanta todas. Tocar las estirpes caídas marca, y la única pregunta es cuándo.
Pasada la primera raya se nota también por dentro. Deja de asustar lo que asusta a los demás, y a cambio uno se gobierna peor en lo que tira de dentro: la furia, el deseo, la pena. Más adelante, los afectos dejan de sostener; sólo el más antiguo, y no siempre. Y al final hay un sitio del que no se vuelve. No se muere: se cambia de dueño.
Las marcas

Una marca es algo que el mundo ve y recuerda. Se acumulan, y la segunda no borra la primera. Cada una da algo y quita algo, porque tocar lo caído no es sólo un castigo: es un trato. Hay cuarenta y ocho que se conocen, doce por cada fuente, mitad de la carne y mitad de la cabeza. Unas cuantas, para saber de qué se habla:
| Fuente | La marca | Lo que se ve |
|---|---|---|
| Ardiente | La mano de fragua | La piel de las manos, quebradiza y caliente, del color del ladrillo. Coge brasas y no sabe abrir una cerradura |
| Ardiente | El pelo de humo | Gris de ceniza, se deshace al tocarlo y humea al mojarse. No hay que explicar lo que eres |
| Ardiente | La risa mala | Te ríes cuando no toca. En los entierros. Cuando alguien se rompe |
| Quieto | Los ojos sin blanco | El blanco del ojo se oscurece hasta que los ojos son dos piedras. Nadie te sostiene la mirada |
| Quieto | La sombra tardía | Tu sombra llega un instante después que tú, y a veces no del todo |
| Quieto | El nombre resbaladizo | A la gente le cuesta recordar cómo te llamas, aunque acabes de decirlo |
| Pulso | La voz doblada | Cuando te alteras se oye una segunda voz debajo, que dice lo mismo con retraso |
| Pulso | Lo que se seca | Donde duermes, la hierba amanece muerta en un círculo |
| Pulso | El latido de fuera | Oyes un latido que no es el tuyo, y no para nunca |
| Pacto | El reflejo ajeno | El agua y el metal te devuelven una cara que no es la tuya |
| Pacto | La deuda escrita | El trato se te ha quedado escrito en la piel, en letra que no es de aquí, y va tachando lo cumplido |
| Pacto | El invitado | Algo te acompaña. Lo ves de reojo. Los perros y los niños también lo ven |
La del Hilo es la más peligrosa de todas, y no por lo que hace: el signo de la estirpe caída se te talla solo en la piel, y en muchos reinos llevarlo es delito.
Lo que hace la gente
Un marcado se reconoce, y el mundo reacciona como reaccionaría a cualquier cosa que da miedo y no se entiende. En Dágata no es delito estar corrupto, y la ley no lo pregunta, pero un hombre con los ojos sin blanco no consigue alojamiento dos veces en el mismo pueblo. En Norvia, donde se queman brujas, no se paran a preguntar la diferencia. En Umbrosia, en cambio, las marcas del Pulso son normales, y un esfixie mira a un humano marcado como un compañero de oficio.
Los que viven de lo prohibido se reconocen entre ellos por las marcas, y eso abre algunas puertas y cierra casi todas las demás.
Cómo se quita
No se quita. Ni con hierbas, ni con oficio, ni con dinero; ningún sacerdote la absuelve y ninguna runa la borra. Un Dragón Dios puede retirarla, en persona y por una razón suya, y eso no es un trámite: es el final de una historia larga. Las marcas ya escritas se quedan de todos modos.
Los Hijos están despiertos. Nadie ha contado cuántas veces ha pasado.
Lo que no se sabe
Qué hay al otro lado. Al que cruza la última raya no se le ve morir: se le ve dejar de ser quien era. En Umbrosia saben lo que es y no lo dicen; en el oeste hay tres o cuatro casos en los archivos de Elvandor, y los tiene la Torre de la Sombra Larga, que es la vigilada.
Si la marca de un pacto se hereda. Las de los hilos no pasan a los hijos. Las de un trato, que tienen dueño, no está claro, y hay familias en Valdrinia que llevan tres generaciones con el mismo reflejo en el agua.
Y por qué el brujo no se mancha con la sombra. Si lo que lleva dentro «ya venía de la sombra», el don del brujo y el aliento de Nucro tienen algo en común, y eso es una frase que ninguna escuela quiere firmar.