Lo que guarda una arboleda
El templo de Zehena no es un edificio: es un rodal de árboles viejos en el corazón de un bosque grande, entre dos y cinco hectáreas, sin maleza, con agua y sin camino. No se construye, no se consagra y no tiene puerta. No se llega andando: se llega porque una dríade te lleva, y las dríades no llevan a quien va a pedir.
Refugio · templo · posada Tres oficios a la vez, y en ese orden. Lo que vive dentro de una arboleda no mata a lo que vive dentro de una arboleda.Lo que es

Es el refugio de lo que vive. Dentro no se caza. No es una prohibición: es que no pasa. Un lobo y un corzo beben de la misma agua a diez pasos y ninguno de los dos lo encuentra raro, y quien lo ha visto no se lo cuenta a mucha gente porque no le creen.
Es el templo de Zehena y, por extensión, de Sylvara. Casi ningún humano llega a uno en toda su vida, y no porque esté prohibido: porque no se encuentra.
Y es la posada. Un claro así, despejado, con agua y sin nadie, es lo que necesita algo enorme para tumbarse. Los silvanos dicen que las arboledas no están limpias por pulcritud sino porque tiene que caber un dragón, y que los que cruzan el mundo bajan a dormir en ellas entre dos días y una estación, y se van. Una arboleda no pregunta de qué estirpe es quien baja.
Las siete de Valdrinia
Una por bosque grande. Un bosque que se tala no conserva la suya: nadie la quema, se va. Por eso los pinares de Medimar y el robledal de Kórnik, que son bosques de trabajo, no tienen arboleda desde hace siglos.
| Arboleda | Dónde | Cómo está |
|---|---|---|
| El Árbol Madre | Eldoria | La mayor, y el lecho de Zehena |
| Los Siete Robles | El bosque del norte de Ságata, en Dágata | Quedan dos robles vivos. Mientras uno eche hoja el bosque vive. Es lo único de Dágata con cuenta atrás |
| La del Sur | El Bosque del Sur, en Dágata | Nadie del Reino la ha visto. Los orcos tampoco entran |
| La de la Bruma | Los Bosques Nebulosos de Valandor | La de los semielfos |
| La Honda | Las selvas de Eldorath | La mayor en extensión y la menos conocida |
| La del Vado Largo | Los bosques de río de Aldoram | La única a la que se llega por agua |
| La Alta | El bosque de Valkara | Medio año bajo la nieve |
Fuera de Valdrinia hay más, y no están escritas. Khazadorn no tiene ninguna, porque no tiene bosque, y cuando un enano oye hablar de esto pone la cara que pone para casi todo.
Las dríades · las que abren
Un espíritu atado a un árbol concreto, de Zehena y de Sylvara, mujer siempre, no por regla sino porque nadie ha visto otra cosa. Lo que hacen no es guardar: es decidir. La arboleda está quieta; lo que se mueve es el camino, y el camino lo abre una dríade o no lo abre nadie. Por los pocos casos que se han escrito se sabe que llevan a quien va a traer algo, o a quien va huyendo y no sabe de qué.
Se puede pactar con ellas, y sale más barato que pelear. El pacto tiene siempre la misma forma y no admite regateo: algo que se hace, no algo que se paga. Plantar, llevar, callar, volver. Y una dríade muere con su árbol: quien la mata talándolo ha hecho algo que no tiene arreglo, y la arboleda a la que ella llevaba se queda sin camino.
Los Pastores · los que trabajan
En las crónicas viejas se les llamó hombres árbol. En Dágata y en Eldoria se les llama los Pastores, porque lo que hacen es eso: llevar el bosque de un sitio a otro a lo largo de los siglos. No nacen: se hacen. Un árbol viejo despierta, y de los que despiertan la arboleda nombra a algunos.
Plantan donde hace falta, despejan lo que sobra, tiran lo que está enfermo y abren paso al agua. Un Pastor limpia la arboleda —de ahí el suelo sin maleza— y luego se va a lo suyo, que puede estar a cien kilómetros y durar cuarenta años. No está en la arboleda casi nunca, y ése es el error de cálculo del que se cree que el sitio está vigilado. Cuando está, y hay algo que echar, no hay conversación: son cinco metros de madera vieja. No persiguen fuera de su bosque. Y el fuego, como a todo lo que es madera, les hace lo que no les hace nada más.
Ydros, el Pastor del bosque del norte de Ságata, lleva allí desde antes de que existiera el Reino, y es quien cuenta los robles. Está a tres jornadas de Kórnik, se le puede hablar, y lo único que cuesta es que le den ganas de contestar.
Los Primeros · los que hablan
Por cada especie del bosque hay uno, y sólo uno, que habla. Un ciervo, un oso, un lobo, un jabalí, un búho, un salmón, una tortuga. No son más grandes ni más fuertes que los demás, casi nunca; lo que los separa cabe en una frase: entienden, y contestan. La gente de las aldeas dice «el elegido de los ciervos»; en Eldoria se les llama los Primeros, y ése es el nombre que vale.
Hablan todas las lenguas que hagan falta, sin haberlas aprendido. Piensan como una persona: no son sabios por ser viejos, se equivocan, y no tienen ningún interés en mentir. No atacan nunca, ni acorralados: se van. Se mueren, y al cabo de un tiempo otro de su especie ocupa el sitio sin recordar nada del anterior. Y como hablan por su especie, con un Primero se pacta de verdad: un trato con los lobos existe, y se cumple.
| Primero | Dónde | Lo que se sabe |
|---|---|---|
| Calgálanos, de las tortugas | El Lago Tortuga, en Ságata | Más de mil seiscientos cincuenta años. Sale cuatro o cinco veces al año, y una conversación con ella dura una tarde y en esa tarde dice cuatro cosas. No pide nada y no tiene bando |
| El Blanco, de los ciervos | El bosque de Ságata | No es blanco. Se deja ver cada pocos años, y siempre a alguien que va solo |
| La Primera de los lobos | El Bosque del Sur | En 733 d.F.Ll., en la Hambruna, se pactó con ella: los lobos no bajaron a los rediles aquel invierno y se dejó de cazar en tres valles siete años. Consta en el Libro de los Días de dos pueblos de Bisak y en ningún archivo del Reino |
| El de los osos | La Alta, en Valkara | El único del que se cuenta que ha matado a alguien, hace ciento y pico años |
| El de los cuervos | En ninguna parte | Sale en tres crónicas de tres países con la misma descripción, y nadie ha juntado las tres |
No hay Primero de las ratas de ciudad ni de los caballos, porque al caballo lo hizo la gente.
Si alguien hace algo
No hay castigo. Ni maldición, ni cuervos que persiguen, ni furia verde que baja del cielo: Zehena es caótica y neutral, no es una guardia y no lleva cuentas. Lo que hay es pérdida, y es peor. Si en una arboleda se mata, se tala o se roba, se cierra: las dríades dejan de llevar a nadie, los animales dejan de venir, los Primeros se apartan y el Pastor no vuelve a limpiar el suelo. En unos años es un rodal con maleza como cualquier otro. Vuelve a abrirse, a veces, al cabo de una generación, y no depende de que nadie pida perdón.
Lo que se pierde no es un templo. Es lo que el templo hacía: un bosque sin refugio, sin Pastor que lo cuide y sin cama para lo que pasaba por allí.
Lo que no se sabe
Por qué se mueren los Siete Robles. Cinco muertos en pie y dos vivos, y el quinto se secó en el otoño de 820 d.F.Ll., el mismo del Otoño Negro. Lo sabe Ydros, que no dice más. Puede no significar nada.
Qué hay en la arboleda del Sur. Los únicos del Reino que saben algo son los silvanos de los Claros del Margen, y llevan ochocientos años sin decirlo.
Y cómo deciden las dríades. Se sabe a quién no llevan. A quién llevan, y por qué a ése, no lo ha explicado ninguna de las que ha llevado a alguien.