Zephyria
Archipiélagos tropicales, mares de tormenta e islas que flotan. Zephyria no es un continente sino cientos de islas entre Valdrinia, Khazadorn y Erisia, y al oeste, en una fosa que no tiene fondo conocido, duerme Eminta. Su sueño mueve las mareas de todo el mundo, y los de Zephyria viven de las mareas: marinos, pilotos, bucaneros, contrabandistas, y la escuela de mar más dura que existe.
Cientos de islas · 1 Academia · 0 reyes El reloj del templo de Eminta es el mar, y en Zephyria no hay otro.- Dónde
- Al suroeste de Valdrinia, entre Khazadorn y Erisia
- Cómo es
- Selva tropical en las islas altas, arrecife en las bajas, tormenta en el mar de en medio
- Quién
- Humanos de todas partes que se quedaron, y los que nacieron en barco
- Lo sagrado
- El Abismo Azul, lecho de Eminta, al oeste
- Estirpe
- Azul. Unos dragones azules son aliados y otros piratas
Las islas
Hay islas altas, con selva y agua dulce, donde se vive; islas bajas de arrecife, donde se pesca y se esconde; y las islas flotantes, que no están ancladas a nada y se mueven con las corrientes de Eminta. En las flotantes no vive nadie fijo, porque mañana no están donde estaban, y en sus bordes crece el coral con el que un capitán muerto vuelve a casa. Las cartas de Zephyria no dibujan esas islas: dibujan las corrientes que las llevan.
Las que tienen nombre
De los cientos de islas, las que cuentan son ocho, y un marino de Zephyria las dice en el orden en que se pasan.
| Isla | Qué es | Quién manda |
|---|---|---|
| Bocalonga | El puerto grande: un cráter hundido con boca de media legua y fondo para doscientos barcos. Cuarenta mil almas y no hay dos que hayan nacido en el mismo sitio | La Mesa del Fondeo, que subasta los amarres cada Estación |
| Isla Horizonte | Un cono de dos mil cuatrocientos metros que se ve a cuarenta leguas con el cielo limpio. Todas las cartas de Zephyria cuentan desde aquí. Arriba está la Linterna, que arde de noche y se apaga al alba | La Academia pone al farero. Nadie más pone nada |
| Piedra Sola | Una roca de una legua en el labio mismo del Abismo, cortada a pico y sin agua dulce. Encima está la Academia, y debajo no hay fondo | Nadie: no hay consejo ni vecinos, sólo Academia. El agua le llega en barcaza desde Melora |
| Melora | La isla alta grande: selva, cuatro ríos y la única tierra que da de comer a las demás. Sesenta mil almas | El Consejo de Melora: catorce cabezas de valle |
| Los Bajos Mansos | Trescientos islotes de arrecife al este. Perla, carey y sitio para esconder cualquier cosa | Cada islote es de quien esté encima esa semana |
| Cala Sorda | Una bahía en una isla que las cartas dejan sin nombre a propósito. Aquí no se pregunta por la patente | La Mesa: los capitanes con barco a flote que hayan repartido en el último año |
| Ombría | La factoría de Lorathia: muelle de piedra, almacenes y doce cañones mirando al canal. La única bandera extranjera del archipiélago | Un factor nombrado en Lorathia, con guarnición pagada |
| Las flotantes | Sin nombre fijo, porque no están fijas. Se nombran por la corriente que las lleva ese año | Nadie, y por poco tiempo |
Entre unas y otras está el mar de en medio, que allí llaman los Malos: cuatro días de tormenta de cada seis y el paso obligado entre Bocalonga y el Abismo. Cruzarlo sin piloto se hace. Se cuenta poco.
La Academia del Abismo
Sobre la fosa donde duerme Eminta hay un edificio que es a la vez templo y escuela naval: la Academia del Abismo, la más severa que se conoce. De ella salen los mejores pilotos del mundo y los sacerdotes de Eminta que mandan barcos, y en ella tienen su sede todas las Cofradías de la Estrella Azul del continente. Se entra por examen, a los doce años, y el examen es sobrevivir a una travesía. No se ordena a nadie que no haya cruzado mar abierto sin ver tierra, y aquí eso es lo mínimo.
La Academia no manda en ninguna isla. Pero no hay capitán en Zephyria que no haya salido de ella o que no le deba un piloto, y eso manda más que un rey.
La ley del mar
No hay rey. Cada isla alta tiene su consejo, cada barco su capitán, y entre barcos rige lo que en Zephyria llaman la Ley de la Marea: el náufrago se recoge, el agua dulce no se niega, lo que llega a una playa es de quien lo saca y el que rompe estas tres no vuelve a atracar en ningún puerto de las islas. Todo lo demás, incluido el saqueo, se discute.
Por eso Zephyria es a la vez el sitio más libre y el más peligroso del mar. Hay capitanes con patente de algún reino de Valdrinia, hay capitanes sin patente, y hay dragones azules que pilotan barcos enanos por contrato y otros que hunden los que no pagan.
Quién manda en el agua
No hay rey y sigue sin haberlo. Pero tres cosas mandan. La Academia, porque tiene los pilotos: retirarle el piloto a una casa la deja sin travesía larga hasta la Estación siguiente, y lo ha hecho tres veces en un siglo. Melora, porque tiene el agua y la comida, y lo sabe desde que Piedra Sola depende de sus barcazas. Y Ombría, porque tiene el dinero: Lorathia cobra fondeo en su muelle —lo único que se paga por atracar en todo el archipiélago— y presta a los armadores de Bocalonga a un interés que nadie de las islas iguala. Cobrar por el muelle no rompe la Ley de la Marea, dicen, porque lo que no se niega es el agua dulce y no el amarre. La distinción la escribió un abogado de Lorathia y los factores la repiten con la cara muy seria.
Se comercia con madera y arroz de Melora, perla y carey de los Bajos, coral de las flotantes y cartas de corrientes. Lo que se roba son las cartas y los pilotos, en ese orden. Una carta buena de los Malos vale más que el barco que la lleva. Y a un piloto no se le mata: se le quita, se le tiene una temporada y se le devuelve, porque matarlo cierra todos los puertos del archipiélago al que lo hizo.
Dos nombres del puerto
Rinda Colobar es la mayor armadora de Bocalonga: once barcos, cuatro amarres propios en la Mesa del Fondeo y la mitad de las deudas del puerto en su libro. No ha navegado nunca y no lo esconde. Presta barato a quien iba a pedirle a Ombría, para que no vaya, y lleva nueve años haciendo esa cuenta.
Hesper Nava manda en Cala Sorda todo lo que allí se puede mandar. Salió de la Academia en el tercer año y no ha dicho por qué. Es el único de la Mesa que no toma pasaje: carga sí, gente no, y un barco con niños a bordo lo deja pasar. Le ha costado dos motines y los dos los ganó.
Y Thossar, azul, pilota por contrato para Skal-Vor desde hace ochenta años, cobra en metal pesado y no embarca a nadie que vaya a Cala Sorda. Los azules que hunden barcos no tienen contrato, y no se les conoce nombre.
Lo que sale de allí
Pilotos, sobre todo. Cartas de corrientes. Todo lo que hace falta a bordo: la hierba del mes de barril, la que conserva el agua, la que evita que se hunda un hombre sin sentido, el alga del pecio contra el mareo, y el coral de las flotantes. Y contrabando, que en Zephyria no se llama así.
Lo que no se sabe
Qué mueve las islas flotantes. Se dice que el sueño de Eminta, igual que las mareas. Si Eminta despertara, las mareas cambiarían; las islas, nadie sabe si se pararían o se hundirían.
Cuánto hay de hondo el Abismo. Nadie ha bajado. La Academia echa una sonda cada año desde hace siglos y no ha tocado fondo nunca.
Y si hay krakens mayores. Los de Zephyria dicen que sí, de noche y con la puerta cerrada.