VI · Dágata

El territorio

Cuarenta y tres poblaciones y ochenta y tres postas, ni una más. Las ventas del camino, lo que es bonito y lo que es peligroso, y las dos fronteras que no son de nadie: el Erial al nordeste y el Bosque del Sur. Las calzadas, los ríos y los pasos se han ido a El mapa.

Cuánta gente hay y qué hay en cada sitio

1. De dónde salen los números

926, Méleni 1.653— y no valían nada. Se han rehecho desde la única cifra dura que había en el canon: el ejército.

Un reino medieval sostiene bajo armas entre el uno y el dos por ciento de su gente, y ese porcentaje no es igual en todas partes: sube en la frontera y baja donde no hay guerra. Así que la tabla de efectivos de §8 no es un dato suelto, es un censo indirecto, y leyéndola al revés sale cuánta gente vive en cada ducado.

Ducado Permanentes + milicia Población En armas
Ságata 10.000 + 4.000 (+5.000 de reserva del Reino) 1.150.000 1,22 % · 1,65 % con la reserva
Llágata 3.000 950.000 0,32 %
Parls 12.000 + 5.000 900.000 1,89 %
Bisak 9.000 + 3.000 850.000 1,41 %
Sálama 8.000 + 3.000 800.000 1,38 %
Cands 3.000 corsarios (bajo patente) 660.000 0,45 %
Méleni 4.000 350.000 1,14 %
Las tres Islas flota y milicia insular 240.000 —
5.900.000 1,2 % de media

Y la tabla, leída así, confirma sola las tres cosas que el canon venía diciendo.

Parls está sobremovilizada. Casi un dos por ciento en armas, medio punto por encima de todos los demás. Un ducado no mantiene eso por gusto: lo mantiene porque tiene el Erial delante, y lo paga con un margen que la Tasa Cierta le acaba de recortar.

Llágata está indefensa, y ahora se ve cuánto. Tres mil hombres para novecientos cincuenta mil habitantes: un tercio del uno por ciento, seis veces menos que Parls. En el ducado donde viven el Consejo, el Gran Tribunal y la única ceca de oro.

Y Cands no tiene ejército. Sus tres mil van bajo patente y no bajo bandera, así que en la práctica el ducado más occidental del Reino no puede defenderse por tierra de nadie.

Dónde vive esa gente

Unas 270.000 personas, el 4,6 %, viven en las cuarenta y tres poblaciones con nombre. El resto —cinco millones seiscientos mil— vive en aldeas y caseríos, de los que el mapa dibuja doscientos cincuenta y dos y existen varios miles. Es una proporción baja y es la correcta para un reino de cuatro habitantes por kilómetro cuadrado: Dágata es enorme, está vacía, y sus ciudades son islas.

2. Las cuarenta y tres poblaciones

Población Qué es Ducado Habitantes
Llágata Capital del Reino Llágata 34.000
Ságata Capital ducal Ságata 28.000
Méleni Capital ducal, subterránea Méleni 25.000
Bisak Capital ducal, puerto Bisak 22.000
Parls Capital ducal · ciudad fortaleza Parls 19.000
Nueva Esperanza Capital de Optima Isla 17.000
Cands Capital ducal, puerto Cands 16.000
Ciudad Horizonte Capital marquesal Isla 14.000
Sálama Capital ducal Sálama 12.000
Tor-Réna Capital marquesal Isla 9.000
Rivelan Ciudad fortaleza Ságata 7.500
Yanal Ciudad fortaleza, puerto Bisak 6.800
Vento Ciudad fortaleza, fundición Sálama 5.400
Ciudad Delta Villa · puerto Parls 4.400
Bródega Villa · puerto Méleni 4.100
Kórnik Villa · puente Ságata 3.800
Garador Villa · fraguas Parls 3.600
Íbeca Villa · trigo Llágata 3.400
Hulla Villa · carbón de leña Parls 3.200
Verimeth Villa · vino Sálama 3.100
Lakme Villa · lago y aduana Llágata 2.900
Algés Villa · corso Cands 2.700
Saecta Villa · cantera Llágata 2.600
Neviv Villa · bosque Ságata 2.400
Ondara Villa · puerto Cands 2.200
Erradia Nueva Pueblo · cabeza de condado Parls 1.300 ⟨nueva⟩
Medimar Pueblo Cands 1.400
Triponta Pueblo · puentes y doma Ságata 1.200
Milfort Pueblo · huertas y tejares Ságata 1.100
Mafil Pueblo Sálama 1.050
Turil Pueblo Ságata 950
Trenac Pueblo Parls 900
Utum Pueblo silvano Llágata 850
Fáladi Pueblo Cands 800
Gadena Pueblo silvano · miel y tejo Parls 700
Edverial Pueblo silvano · cestería y corta Ságata 600
Elone Pueblo silvano · resina y hongos Parls 400
Vigía Espina Guarnición Ságata 1.200
Vigía del Humo Guarnición Parls 1.000
Vigía Sur Guarnición Sálama 800
Vigía Poniente Guarnición Méleni 700
Vigía Esperanza Guarnición Parls 600 ⟨nueva cifra⟩
Vigía Naciente Guarnición Llágata 500

Escritas en el mapa el 28 de agosto. y llevan ya estas cifras en los cuarenta y dos burgos, más 450 habitantes por aldea dibujada y 15 por parada de postas. Y la población rural de cada ducado se ha escalado para que el total de cada uno cuadre al habitante con la tabla de arriba: Ságata 1.150.000, Llágata 950.000, Parls 900.000, y así hasta los 5.900.000 del Reino. Antes de esto el mapa daba dieciséis millones y medio repartidos a ojo.

Las torres no son pueblos: la cifra es la guarnición, y con las familias y la gente de servicio que vive al pie de la torre hay que sumarles alrededor de un tercio.

Y una corrección al canon: la tabla militar daba 4.200 hombres en las Torres Vigía repartidos en cinco torres, y hay seis. A Vigía Esperanza no se le había asignado guarnición nunca. Se le ponen 600 y el total de torres pasa a 4.800.

3. La escala de servicios

Lo que hay en un sitio depende del tamaño, y esto es la regla para no tener que inventarla dos veces.

Aldea · menos de 300. Nada. Una casa que te da techo y sopa por dos granos si le caes bien al dueño. No tiene Casa del Concejo: depende de la del pueblo más cercano.

Pueblo · de 300 a 1.500. Una posada y ya está: cama compartida, un solo precio, el que hay. Casa del Concejo con escribano y los tres libros. Herrero, molino, y un altar o un templo pequeño. Mercado un día a la semana.

Villa · de 1.500 a 5.000. Dos posadas —una decente y una barata— y dos o tres tabernas. que no es lo mismo: en la posada se duerme, en la taberna se bebe y se oye. Tribunal local, guardia de villa de diez a treinta hombres, boticario, curtidor, mercado dos días. Un prestamista, si hay suerte o si no la hay.

Ciudad · de 5.000 a 20.000. Cuatro posadas o más, en tres precios, y de seis a diez tabernas. Gremios con casa propia, cambista, físico, mercado diario, dos cultos con templo. Si es capital ducal, además el palacio, el Tribunal Superior y la ceca de plata.

Gran ciudad · más de 20.000. Todo lo anterior repetido por barrios, y ahí está la diferencia de verdad: no hay una posada buena, hay una buena en cada barrio y no son iguales. Casas de baños. biblioteca, universidad si le toca, y las instituciones del Reino si es Llágata.

Lo que cuesta dormir

Precio Qué te dan
Suelo de establo 2 granos Paja, techo y tu propio olor
Cama compartida 5 granos Colchón con dos o tres desconocidos, y cena de puchero
Cuarto propio 1 ochavo ⟨8 granos⟩ Cama, cerrojo, cena y desayuno
Posada buena 2 a 3 ochavos Cuarto con ventana, sábanas limpias, caballo atendido
La mejor de la ciudad De una rueda a rueda y media Y que te recuerden el nombre al volver

Para medirlo: un peón gana tres granos al día. Un cuarto propio le cuesta tres jornadas.

4. Las seis primeras fichas

Llágata · 34.000 · capital del Reino

Se llega por la Ruta del Oeste y lo primero que se ve no es la ciudad: es el Salón de los Siete Tronos, que está en alto y tiene siete ventanales que de lejos parecen siete puertas. Debajo, el Palacio de Justicia y, pegada a él, la Torre de la Penumbra, con su entrada por el patio de atrás y una ventana por celda. Y detrás de todo eso, una ciudad de mercaderes que lleva ochocientos años viviendo de alojar instituciones que no manda.

Siete barrios; los cinco que importan: la Corte, el Cómputo —ceca, cambistas, prestamistas—, el Colegio. la Ribera y los Postigos Viejos, que es donde se duerme barato y donde no conviene.

Dónde dormir Barrio Precio Lo que tiene
La Casa de las Siete Ventanas la Corte una rueda Donde se aloja quien viene a pleitear con dinero. El posadero conoce a todos los escribanos del Palacio y a ninguno gratis
El Fiel de la Balanza el Cómputo tres ochavos Llena de gente esperando sentencia. Se cierran allí más acuerdos que en la sala
La Barca Quieta la Ribera un ochavo Limpia, aburrida, y el dueño anota quién entra: llevaba veinte años pagándole a alguien por esa lista
El Ronzal los Postigos Viejos cuatro granos Cama compartida, sin preguntas. Si buscas a alguien que no quiere que le encuentren, empieza aquí
Dónde beber Barrio Qué se oye
El Buey Ciego el Cómputo La Mesa de los Quince cena aquí la víspera de cada Asamblea. El resto del año, mercaderes
La Tinta Corrida el Colegio Escolares y escribanos. Se copia lo que sea por dinero, incluida una cédula
Tres Llaves la Corte Servidumbre de palacio. El sitio con mejor información y peor vino del Reino
La Rueda la Ribera Carreteros y postillones. Aquí se sabe qué camino está cortado antes que en el Gabinete
El Hueco los Postigos Viejos No tiene rótulo. Optima tiene gente aquí y todo el mundo lo sabe

Y lo demás: casas de baños en la Corte y en la Ribera, dos cambistas de peso, el Colegio con sus seiscientos escolares, mercado diario, templos de Aedith y de Murnos, y la única ceca de oro del Reino, que se abre con tres llaves y ninguna la tiene el Rey.

Ságata · 28.000 · capital ducal, y el cruce del Reino

Aquí se cruzan las tres calzadas largas, y eso es la ciudad entera: Ságata no vive de lo que produce, vive de lo que pasa. Se llega y hay carros. Siempre.

Cuatro partes: dentro del anillo —lo viejo, lo caro, el palacio ducal cerrado esperando a Valdrik—, la Casa del Cómputo y su barrio de escribanos, donde despacha Rennia; los Arrabales, que son tres veces lo de dentro; y el Ferial, fuera de la puerta sur, donde paran los carros.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
El Palio seis ochavos Dentro del anillo. Recibe a los que vienen a ver a la Regente y no consiguen verla
La Posta Mayor dos ochavos En el Ferial. Es también parada de postas: correo, caballos de refresco y todo el mundo de paso
Casa Ordaz un ochavo Barrio del Cómputo. La usan los veedores del ducado, y la dueña lleva treinta años oyéndoles hablar de cosechas
El Cobertizo tres granos Arrabales. Paja y cuarenta hombres
Dónde beber Qué se oye
Los Tres Firmes Carreteros de las tres calzadas. Si algo se mueve por Dágata, se sabe aquí primero
La Bellota Taberna de la gente de Neviv cuando baja. Hombres de Maldric, y no lo disimulan
El Sello Roto Escribanos jóvenes. Se juega, se debe y se paga tarde
La Yegua Parda Soldados de la reserva de los cinco mil. Peleas los días de paga

Y lo demás: el Estudio Real con sus doscientos ochenta escolares, la Casa del Cómputo con seis años de libros de graneros dentro, Tribunal Superior, ceca de plata. mercado diario y el mayor mercado de caballos del Reino.

Parls · 19.000 · ciudad fortaleza

No se ve la ciudad hasta que estás dentro. Se ve el muro: dieciocho varas, mazonado de piedra oscura, con la ciudadela y el estandarte por encima. Es una gran ciudad completa metida entera dentro de una fortaleza, y por eso su puerto es militar y el comercio le entra por Ciudad Delta.

Dentro se vive apretado y en cuesta. Tres anillos: la Ciudadela, la Villa y el Foso. que es el barrio pegado a la muralla donde vive la gente de la Legión.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
La Casa del Muro cuatro ochavos En la Villa. Aloja a oficiales y a proveedores. Beltrana Torgal para aquí cuando viene a cobrar y no cobra
Once Piedras un ochavo La lleva un veterano con la Piedra de Brénac al cuello. Son once vivos y él es uno
El Relevo seis granos En el Foso. Duerme el que baja de la muralla y el que sube
Dónde beber Qué se oye
El Carmesí Lanceros. No entra un civil sin que se le mire
La Ceniza Carboneros de Hulla y arrieros. Aquí se queja la gente que paga la Tasa
El Norte La más antigua. Vienen los que han estado del otro lado del muro, y son pocos

Y lo demás: presidio con la Cadena contada en varas de muro, arsenal, dos templos —Vandar y Murnos —, y el puesto donde se reciben los partes del Erial, que es una habitación con una mesa y un hombre que copia.

Méleni · 25.000 · debajo de la montaña

Se llega por el Ramal de Méleni desde Bródega y lo que hay en la superficie es una puerta, un mercado de fuera y cuatro casas de aduana. La ciudad está abajo, en siete niveles, y un forastero sin invitación no baja del segundo.

El segundo nivel es el que se enseña: mercado cubierto, la Cámara Grabada con sus paredes talladas de sentencias, y las hospederías. Del tercero para abajo hay que ir acompañado.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
La Puerta Alta dos ochavos Arriba, en la superficie. Para el que llega tarde y no le abren
El Segundo Nivel tres ochavos Hospedería enana con camas de piedra y colchón bueno. Todo a media altura
Casa Nurdel invitación No es posada. Si la Condesa Halda te aloja, es porque quiere algo
Dónde beber Qué se oye
El Yunque Frío Maestros de gremio. Se cierran contratos y se cierran a la primera
La Veta Solo enanos, y no por norma escrita. Un humano puede entrar; nadie le habla

Y lo demás: la runaria, que no admite forasteros sin cinco años bajo tierra; la Cámara Grabada; la boca de la Ruta Subterránea hacia Tyrondir, que Thorgrin quiere convertir en condado; y ninguna ceca, porque Méleni acuña en Bródega para que el metal no salga de la montaña dos veces.

Rivelan · 7.500 · ciudad fortaleza, y el paso

Dentro de una hoya de roca —la Corona de Piedra—, a veintitrés kilómetros de la calzada, que pasa de largo por el valle y no la toca. Se sube. Siempre se sube. Y arriba no hay una ciudad: hay siete mil quinientas almas en un recinto hecho para cuarenta mil, con la villa viva en el rincón de poniente y la Ciudad Vacía ocupando el resto de la hoya.

Es plaza del Reino en condado de Casa Karneth, así que hay dos autoridades y no se hablan: el Conde Selvar en el condado y el Comandante Militar en la fortaleza, que despacha con el Maestre de Guerra en Llágata y le manda copia a la Regente.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
La Cadena 3 ochavos Junto a la puerta alta. La lleva la familia que guarda la cadena del Collado en invierno
El Ramal Norte 12 granos Abajo, en el nudo de la calzada. Duerme el que no ha querido subir
La Casa del Paso 8 granos Arriba del todo, para los que salen hacia Mafil al amanecer
Dónde beber Qué se oye
Los Custodios Guarnición. Aquí se sabe qué órdenes han bajado de Llágata antes que en el condado
La Herrada Mineros de Peña Herrada. Llevan quince años esperando licencia para forjar hoja
El Portazgo Arrieros del paso. Se juega fuerte y se paga en sal

Rivelan tiene ficha larga, con los veintitrés edificios del muro adentro y los tres que quedan fuera y en uso —Murnos, Aedith y la Biblioteca Eterna—, las dos autoridades y por qué el conde preside desde fuera de la muralla.

Kórnik · 3.800 · villa, y el puente

Pueblo grande y amurallado, con puertas que se cierran de noche y guardia propia que responde al Conde y no al ducado. El puente sobre el Sagaria es la razón de que exista, y el portazgo del puente no sube desde 812.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
El Almenar un ochavo y media La buena. Se llama como la Casa y la Casa cobra el alquiler del suelo
La Barca de Piedra siete granos Junto al puente, para arrieros. Ruidosa hasta el alba
Dónde beber Qué se oye
El Vado Nombre irónico: aquí para el que ha hecho las cuatro horas de rodeo para no pagar el puente
La Troje Gente de la baronesa Meriz. Se habla de cosecha y de lo que se declara
Casa Vharn No es taberna. Es la casa de un prestamista y medio Kórnik le debe algo

Y lo demás: Casa del Concejo con los tres libros, tribunal local, guardia de villa de treinta. mercado dos días, y la finca de los Postigos a hora y media subiendo, fuera de la muralla — que es parte del problema.

Hulla · 3.200 · villa, y el humo

Hulla no tiene una mina: tiene un bosque. El nombre engaña y engaña desde hace siglos —la cuenca de carbón de piedra del Reino es la de Bramar, y está a 455 kilómetros—, pero lo que sale de aquí es carbón de leña, y de eso salen las doce fraguas de Trenac y media armadura de Parls.

La razón es técnica y en Dágata la sabe cualquier herrero: el carbón de piedra no funde hierro. Lo llena de azufre y lo deja quebradizo. El carbón de piedra de Bramar calienta casas y cuece cal. el hierro se funde con carbón de leña, y el acero bueno con el coque de Méleni. Ésa es la escalera entera de la metalurgia del Reino y explica por qué el acero enano no tiene competencia.

Así que el condado de Hulla es una carbonera de doscientos kilómetros cuadrados con una villa en medio. Nueve mil toneladas de carbón vegetal al año, unas mil doscientas personas viviendo de ello, y una corta reglada por el concejo igual que en Kórnik: talar de más es delito de vecindad. y aquí se persigue de verdad porque un carbonero que se pasa deja sin trabajo al de al lado dentro de quince años.

Lo que se ve al llegar. No hay muralla. Hay una empalizada de la parte del bosque y una raya de mojones de la parte del camino, y a media legua ya se sabe que se llega: el humo de las carboneras no sube, se queda a la altura de un hombre y se mete en el valle. La ropa de todo el mundo huele, las casas son de madera renegrida y los tejados de teja de Utum porque la paja aquí no se pone.

Quién manda. Villa de realengo del condado de Hulla —de Parls desde 850, y llevaba ochocientos años siendo de Llágata—, con Casa del Concejo, tres libros, un juez local y una guardia de veinte. El cambio de ducado es lo primero que se habla en cualquier mesa de Hulla: los viejos dicen que el portazgo del camino era más barato con la Duquesa, y tienen razón.

Dónde dormir Precio Lo que tiene
El Fuelle tres ochavos La única con cuartos. La usan los factores de las fraguas de Trenac cuando vienen a contratar
Casa Berdún seis granos Cuadra grande y camastro. Aquí para el arriero, y aquí se sabe qué se ha movido esta semana
Dónde beber Qué se oye
La Pila Carboneros de las cuadrillas del monte. Se habla de cortas, de lindes y de quién ha talado de más
El Peso Junto al fielato. Se habla de lo que se declara y de lo que no

Y lo demás: herrería, barbero sangrador, herbolaria, mercado un día a la semana, báscula del concejo —que es lo que de verdad importa, porque el carbón se vende al peso y la medida sorda aquí tiene primo hermano — y no hay templo con sacerdote fijo: baja uno de Parls cuatro veces al año y entierra lo que haya que enterrar.

Tres ganchos. Las cuadrillas del monte pasan seis semanas sin bajar y no todas vuelven completas, y eso se acepta como se acepta el invierno. Hay un pleito de linde con el condado de Erradia que lleva cuarenta años y que se reabre cada vez que el bosque avanza sobre la raya del Erial. Y el factor de Trenac que viene a contratar paga por adelantado y en ruedas de Parls, que es plata de la peor ley del Reino, y ese descuento silencioso es la razón real de que Hulla sea pobre teniendo lo que tiene.

5. Lo que falta de D-01

Y la respuesta a la pregunta que trae Hulla, porque no era sólo Hulla. De las cuarenta y tres, treinta y siete tienen dicho de qué viven, aunque sea en una palabra de la tabla. A Hulla la palabra la delataba —decía carbón y el carbón de piedra estaba a 455 km—, pero cinco no tenían ni palabra: sólo ponía pueblo. Quedan dichas aquí, en una línea cada una, y con eso las cuarenta y tres tienen sustento.

Milfort ⟨1.100, Ságata⟩ — huertas y tejares. Es la despensa de la capital: nueve kilómetros de Ságata, verdura todos los días de mercado y la teja de los tejados nuevos. Triponta ⟨1.200, Ságata, condado de Neviv⟩ — los tres puentes que le dan nombre, el fielato del condado, y los desbravadores: la Yeguada de Neviv cría los caballos y aquí se doman los que compra la Corona. Gadena ⟨700, silvano, Parls⟩ — miel y madera de arco. El tejo de Gadena es lo que arma a los arqueros de tres ducados y no se vende a extranjeros. Elone ⟨400, silvano, Parls⟩ — resina y hongos, y es la más pequeña del Reino. Vive de lo que el bosque da sin cortarlo, que es exactamente la razón de que siga siendo de cuatrocientos. Edverial ⟨600, silvano, Ságata⟩ — cestería, y la corta reglada de los Robledales de Kórnik. los que de verdad talan y replantan los mil cien de la explotación salen de aquí, y por eso el concejo de Kórnik no manda en su propio monte tanto como cree.

Hechas siete. Quedan treinta y seis: Bisak, Cands, Sálama, Yanal, Vento y las tres capitales isleñas, que son fichas de ciudad; las doce villas y los once pueblos, que son más cortas; y las seis Torres Vigía, que no llevan posada porque quien sube a una vigía duerme donde puede.

Los barrios de cada ciudad

1. Cuántos barrios tiene un sitio

No es decorativo: un barrio es una respuesta a «¿dónde busco esto?», y por eso el número sale del tamaño y no del gusto.

2. Las grandes

Llágata · 34.000 · siete barrios

La Corte. Palacio Real, Salón de los Siete Tronos, Palacio de Justicia y la Antesala de los Siete. Se entra desarmado y la Guardia Real lo nota todo. Aquí se duerme caro o no se duerme.

El Cómputo. La ceca de oro, los cambistas y los prestamistas, y la Casa de la Balanza donde se pesan las monedas dudosas. Es el barrio con más candados por metro del Reino.

El Colegio. Seiscientos escolares, libreros, copistas y tabernas que abren de noche porque los exámenes son en primavera. La renta más barata que un forastero puede conseguir sin mentir.

La Ribera. Almacenes, carreteros y el mercado diario. Es donde de verdad se mueve la ciudad y donde ningún noble pone el pie sin motivo.

El Tejar. Alfareros, tintoreros y curtidores, apartados a sotavento por ordenanza de 771 y todavía enfadados por ello. Huele. Se sabe que estás llegando antes de verlo.

Los Postigos Viejos. El trozo de muralla antigua que la ciudad se comió. Casas apoyadas en el muro, callejones que no salen a ninguna parte y la única parte de Llágata donde la ronda va de tres en tres.

El Arrabal de la Puerta. Fuera de muralla, junto al camino del oeste. Fondas de arriero, corrales y la gente que llegó a Llágata y todavía no ha entrado. Crece cada año.

Ságata · 28.000 · seis barrios

La ciudad tiene dos murallas: la vieja, que hoy es un anillo interior con casas apoyadas en los dos lados y tres puertas que ya no se cierran, y la nueva, que la ciudad también está desbordando.

El Anillo. Lo de dentro de la muralla vieja: palacio ducal —cerrado, esperando a Valdrik—. catedral y las casas de las familias que llevan ahí desde antes del anillo.

El Cómputo. El tesoro ducal, la escribanía y la Casa del Cómputo donde despacha Rennia, tres calles por debajo del palacio en el que no ha querido entrar.

El Estudio. Alrededor del Estudio Real: doscientos ochenta escolares, talleres de instrumentos de medida y los mejores cartógrafos del Reino después de los de Cands.

Los Arrabales. Tres veces lo de dentro. Es donde vive Ságata.

El Ferial. Fuera de la puerta sur, donde paran los carros de las tres calzadas. Posta mayor. mercado de caballos, y ruido a cualquier hora.

La Vega. Huertas y molinos junto al Sagaria, medio dentro y medio fuera. Barrio de verano: en invierno se inunda y se vacía.

Méleni · 25.000 · siete niveles

Aquí no hay barrios, hay niveles, y se cuentan hacia abajo. Un forastero sin invitación no pasa del segundo.

Superficie La Puerta Alta, las cuatro casas de aduana y el mercado de fuera. Casi todos los que están aquí no son enanos
Primero Almacenes y establos. Se descarga aquí y no baja un carro más
Segundo El que se enseña: mercado cubierto, la Cámara Grabada, las hospederías
Tercero Los gremios. Se baja acompañado o no se baja
Cuarto Vivienda. Miles de puertas iguales y ningún letrero
Quinto La runaria y los talleres de runa. Aquí empieza lo que no se enseña
Sexto Las fundiciones y el calor
Séptimo La boca de la Ruta Subterránea. Lo que hay más allá no está en ningún mapa del Reino

Bisak · 22.000 · seis barrios

La Torre. Alrededor de la Torre del Horizonte: trescientos escolares, la mitad extranjeros, y las casas donde se alojan los que pueden pagarlo.

El Puerto. Muelles, aduana y la Casa del Puerto, que expide cédula y no es universidad.

El Crisol. Talleres arcanos con licencia gremial. Ordenanza vigente: nada se canaliza en la calle, y la Guardia de Cristal lo hace cumplir.

La Sal. Salinas, secaderos y la gente que trabaja en ellas. Barrio pobre y sano.

Los Fondos. Prestamistas de a la gruesa, aseguradores y escribanos de mar. Aquí se decide qué barco sale.

El Humo Bajo. Extramuros, al sur. Es donde acaban los que perdieron la cédula, y en Bisak eso es una categoría social.

Parls · 19.000 · cinco barrios

La Ciudadela. Mando, arsenal y el cuarto donde se copian los partes del Erial.

La Villa. Lo civil: mercado, gremios, las casas buenas. Apretado y en cuesta.

El Foso. Pegado a la muralla. Vive la gente de la Legión y los que les venden.

La Cadena. El presidio y los talleres donde trabaja la Cadena. Se entra con permiso.

El Muelle de Hierro. Puerto militar. No entra mercancía civil: para eso está Ciudad Delta.

Cands · 16.000 · cinco barrios

La Rosa. Casa ducal, la escuela de cartografía y los armadores viejos.

Las Tres Gradas. Astilleros, tres gradas de construcción y el olor a brea.

El Barrio de la Patente. Donde viven los capitanes corsarios y donde se firma la patente. Rico. ruidoso y de dinero muy reciente.

La Lonja. Pescado, sal y el mercado de la mañana.

Cuesta Vieja. Lo que queda del Cands anterior al mar: labradores, huertas y gente que mira los astilleros con desconfianza.

Sálama · 12.000 · cuatro barrios

El Olmo. Palacio ducal y los acuerdos silvanos: es el barrio donde se firma con Eldoria.

El Lagar. Vino, toneles y la mitad de la riqueza del ducado.

La Alameda. Las casas nuevas, el paseo y la gente que quiere que se la vea.

El Vado. Extramuros, junto al río. Silvanos de paso, arrieros y la única taberna de Sálama donde se habla eldorio de corrido.

3. Las medianas · tres barrios

Rivelan · 7.500. La Plaza de Armas —guarnición y el Comandante Militar, que despacha con Llágata—, la Villa Alta —el condado, la Casa del Concejo, el Conde Selvar— y la Cuesta, que baja hacia el nudo de la calzada y donde para todo el que no quiere subir.

Yanal · 6.800. La Plaza, el Presidio —con los talleres de la Cadena y los Escudos de Hierro— y la Marina, con el astillero y las salinas.

Vento · 5.400. La Batería —murallas artilladas y la Guardia Tempestad—, la Fundición, que es lo único de su clase en Eleina, y el Puerto Chico.

4. Las villas · partes, no barrios

Nadie en una villa de tres mil almas dice «voy al barrio». Dice intramuros, el arrabal y, si hay agua, la ribera. Se anota así.

Villa Partes
Ciudad Delta · 4.400 La Aduana · el Muelle · el Arrabal de los Carros
Bródega · 4.100 Intramuros · el Muelle · la Cuesta de Méleni
Kórnik · 3.800 Intramuros —muralla, plaza, Casa del Concejo, guardia propia—, el Puente —portazgo, la Barca de Piedra, arrieros— y el Camino Alto, que sube fuera de muralla hacia la finca de los Postigos, y lo que pasa ahí arriba no lo ve nadie
Garador · 3.600 Las Fraguas · intramuros · el Carbón
Íbeca · 3.400 Intramuros · las Eras
Hulla · 3.200 El Pozo · el pueblo
Verimeth · 3.100 Intramuros · el Lagar

Por debajo de tres mil no hay partes. Hay la plaza, el molino, el templo y el camino, y con eso se juega perfectamente.

5. Las islas, que ya estaban

No se toca nada. Ciudad Horizonte tiene el Bastión del Marqués, el Distrito de los Gremios, los Cuarteles Grises, el Puerto de Acero y el Muro Exterior. Nueva Esperanza tiene el Crisol, el Laberinto, los Sumideros y Puerto Libre. Tor-Réna tiene el Corazón Luminoso, el Bosque Susurrante y las Defensas Silvanas. Están en con coordenadas, y son el modelo del que sale todo lo de arriba.

Rivelan · la plaza del paso — la ciudad dentro de la ciudad

1. La corrección que lo cambia todo

Rivelan no está en una ladera ni encajonada entre dos paredes. Está dentro de una hoya: un anfiteatro de roca, la Corona de Piedra, cerrado por el oeste, el norte y el nordeste y abierto de par en par por el sureste, donde el bosque entra hasta el pie del murallón. Lo confirma el plano

había supuesto.

Y ese plano dice una segunda cosa que importa más que la forma: la ciudad antigua llenaba la hoya entera. Catedral con jardines de traza, estadio, palacio de congresos, biblioteca, dos mercados. academia, barrios enteros hasta el borde de la roca. Eso no lo habitan siete mil quinientas personas: eso son cuarenta mil largos.

Rivelan hoy es una ciudad de siete mil quinientos dentro de un recinto hecho para cuarenta mil. La villa viva es el rincón de poniente corrige el «lóbulo del sur» que decía antes este mismo párrafo⟩: el barrio militar de la ciudad antigua, arrimado al muro de roca que cierra la hoya por ese lado, y cerrado por su frente con una muralla propia —nueva es un decir: se levantó hace cuatrocientos años con piedra sacada de las casas de al lado—. No se eligió por bonito. es donde estaban el cuartel, el gobierno militar, el almacén y los dos mercados, y donde la Corona de Piedra defiende sola por poniente, norte y nordeste, de modo que hay un solo frente que guarnecer.

El resto es la Ciudad Vacía: la catedral y sus jardines al norte, el palacio de congresos y los talleres en medio, el estadio y el brazo de levante enteros. Calles que se siguen andando, techos que no existen, y el recinto antiguo dando la vuelta a todo, roto por tres sitios y sin nadie que lo guarde.

2. Lo que se ha recuperado, y lo que se ha tirado

En Campaña época oscura/Acto 2 había dos documentos de Google Docs sobre Rivelan que llevaban meses fuera de alcance porque en el disco son punteros .gdoc de tres líneas. Se han leído por el

La Trama Política en Rivelan, la trama de facciones del Acto 2. Son de mil seiscientos

rehacerse sobre Umbral**.

Sobrevive la piedra. Los veinticuatro edificios del documento están todos en el plano de la Época Oscura, y la mayoría siguen en pie porque la piedra no se cae sola: unos dentro de la villa viva, tres fuera y en uso, y el resto en ruina con el nombre puesto.

Y dos errores de canon que se corrigen aquí. El documento viejo llamaba a Murnos dios de la justicia y la ley: Murnos es el Dragón Plateado, protección y escudo, y quien lleva la balanza es Aedith. Y llamaba Congreso y Congresista a lo que en Dágata es el Concejo y el síndico.

** El documento viejo pone bajo la ciudad un Templo Antiguo sellado con la Llama de la Verdad Infinita dentro. La Llama es canon del panteón —Lodrah condensó en ella el aliento de Aedith durante la Era de Armonía —. Pero si sigue ahí en 1650. Rivelan deja de ser una plaza de guardia y pasa a ser el sitio más importante del Reino. No lo doy por canon. Está escrito para que se decida, no para que se juegue.

3. Tres cosas fuera del muro, y toda la política del sitio

Lo que hace a Rivelan distinta de cualquier otra plaza del Reino es que sus tres edificios importantes están fuera de la muralla, en la Ciudad Vacía, y siguen abiertos.

El Templo de Murnos, al nordeste, con su recinto propio y su cripta. De la catedral de la Época Oscura quedan la cripta y el frente de poniente; lo demás se rehízo más bajo y más pequeño porque no había con qué. Es el templo de los soldados, y la guarnición sale a él en formación, por un camino empedrado que se barre.

El Templo de Aedith, al oeste, en su bastión octogonal. Aquí juzga en primera instancia el conde Selvar Karneth, 58, y aquí está la clave de todo: el conde perdió la fortaleza hace ochenta años y tiene que pedir permiso para entrar en su propia plaza, así que ha trasladado su autoridad a donde el Comandante no manda. Preside desde fuera del muro. No es un desaire: es jurisdicción.

La Biblioteca Eterna, al este, en medio de lo vacío. Archivo del condado, fondo antiguo, y un solo hombre que anda hasta allí y vuelve: el licenciado Andor Quilen, hechicero con licencia en dos hilos. En el documento viejo la custodiaba un archimago; aquí no hay archimagos, hay licencias.

De ahí sale la tensión de la ciudad sin que haya que inventar nada. El Comandante Reval Nervast. 47, cadete de una casa vieja de otro condado, tiene los muros, la tropa y el grano. El conde tiene los templos, el archivo, los muertos y el nombre. Y entre los dos, el síndico Gaudén Braz, que cobra el portazgo y lo reparte cada trimestre de manera que ninguno de los dos se levante de la mesa.

Cuando hay peligro de verdad, la villa cierra las puertas y los templos quedan del otro lado. Ha pasado tres veces en ochenta años y las tres se resolvió igual: pagando.

4. Cómo se entra y cómo se sale

La villa viva tiene tres puertas, y ninguna da al campo directamente: todas dan a la Ciudad Vacía, que es el arrabal más grande y más raro del Reino.

  • La Puerta Alta, al sur, hacia el Paso de Rivelan y Mafil. Es la única por la que entra un carro cargado.
  • La Puerta Baja, al este, de la que arranca la rampa de las siete revueltas: cruza la Ciudad Vacía en zigzag y sale por la boca de la hoya hasta el nudo de la calzada, veintitrés kilómetros abajo. Bajarla con mulas cuesta media mañana; subirla, el doble.
  • El Portillo de la Cadena, al noroeste, que no es puerta sino postigo: por ahí se sube la cadena que cierra el collado en invierno.

La consecuencia militar es que Rivelan no se toma, se rodea: un sitiador que ocupe la Ciudad Vacía tiene alojamiento de piedra para diez mil hombres y no tiene que levantar ni una tienda. Por eso la fortaleza guarda grano para trescientos días, y por eso el Reino puso Comandante propio.

5. Los diecisiete de dentro y los cuatro de fuera

Numerados como en, que es tu plano de la Época Oscura con la capa de 1650 encima. La mayoría no son edificios nuevos: son los de entonces con otro nombre y otro oficio, y en la leyenda va escrito cuál era cada uno.

Dentro del muro. 1 · La Fortaleza —era el Gobierno Militar y el Cuartel Principal, que se comieron el uno al otro—. Sede del Comandante, mil doscientos hombres y grano para trescientos días. 2 · El Cuartel Bajo —era el Barracón de la Guardia—. Cuatrocientos hombres, los de la ronda. 3 · La Escuela de Armas —era la Academia Militar—. Cuarenta cadetes, la mitad segundones de casas condales que no heredan. 4 · La Torre del Humo —era la Torre del Vigía—. Enlaza por humo con Vigía Espina y con el Paso. La sirven los Erón, doce generaciones subiendo esos escalones. 5 · El Almacén del Rey —era el Almacén Militar—. Dos llaves que no duermen en la misma casa. 6 · El Cuerpo de Guardia, en la Puerta Alta. Aquí se pregunta a todo el que entra por antecedentes y aquí se decide devolver a alguien. 7 · El Mercado Alto —era el Mercado Militar—. 8 · El Mercado Bajo —era el Popular—. Dos mercados para siete mil quinientas personas: es lo que queda de haber sido cuarenta mil. 9 · La Casa del Concejo. Todo el mundo la llama el Congreso Chico, porque el grande está ahí fuera, sin techo, a un cuarto de hora andando. Los tres libros y el escribano. 10 · La Forja Vieja. La única licencia de hoja del condado, a nombre de maese Brogan Kellid, enano, sesenta y un años en el oficio. Los mineros de Peña Herrada llevan quince años pidiéndola; la licencia existe, es una, y Kellid no la suelta. No es la Corona la que les dice que no: es el vecino. 11 · La Casa de los Heridos, que lleva el templo de Aedith. Doce camas, sesenta en campaña. 12 · La Capilla de los Karneth. Seiscientos años de condes en una nave que no da para más. 13 · Los Establos del Correo. Cuarenta caballos, y son del Reino: el conde no puede tocarlos. 14 · La Casa de las Compañías. Mercenarios de paso, licencia de armas contada, quince días de plazo. La lleva Vexa la Corta, que cobra por saber quién está en la ciudad. 15 · Posada de La Casa del Paso —era el Descanso del Guerrero— · 8 granos · para los que salen hacia Mafil al amanecer. 16 · Taberna de Los Custodios —era el Rincón del Soldado—. Guarnición. Aquí se sabe qué órdenes han bajado de Llágata antes que en el condado. 17 · Taberna de La Herrada. Mineros de Peña Herrada. Ver el número 10 y entender por qué se bebe así.

Fuera del muro, y en pie. A · El Templo de Murnos —la Catedral—. De la catedral quedan la cripta y el frente de poniente. lo demás se rehízo más bajo porque no había con qué. La guarnición sale a él en formación, por un camino empedrado que se barre. B · El Templo de Aedith —el Gran Templo—, en su bastión octogonal al oeste. Aquí juzga el conde. C · La Biblioteca Eterna, en medio de lo vacío. Archivo del condado y fondo antiguo, y un solo hombre que anda hasta allí y vuelve: el licenciado Andor Quilen. D · La Posada del Ramal Norte —era el Refugio del Viajero— · 12 granos · abajo, en el nudo de la calzada. Duerme el que no ha querido subir.

Y en ruina, con nombre: el Palacio de Congresos, los Jardines de los Héroes, el Santuario de los Caídos, el Estadio, el Taller de Ingeniería, el Hospital de Campaña, la Forja de Hierro, la Casa de Artesanos, el Establo Real, y en el brazo de levante la Guarida del Dragón, el Cuerno de Oro y la Casa de Mercenarios. Todos están en pie. Ninguno tiene techo.

6. Lo que se le puede colgar a un grupo

La licencia de hoja. Kellid es viejo y no tiene aprendiz humano. El día que muera la licencia vuelve a la Corona, y hay quince años de rencor esperando a ver a quién se la dan.

El portazgo repartido. Braz lleva doce años cuadrando una cuenta que no cuadra. Si alguien la audita de verdad —y la audiencia de Aedith puede—, cae el síndico y una parte del condado con él.

Quién vive en la Ciudad Vacía. Porque alguien vive. Nadie la guarda, tiene techo de piedra para diez mil y está a un cuarto de hora de la puerta. La guarnición hace batida dos veces al año y siempre encuentra hogueras apagadas hace poco.

Cómo llegaron los enanos a Méleni

1 · Por qué se fueron, que no es lo que parece

No fue una migración y no fue una huida. Fue un clan que no tenía ciudad y salió a buscarse una.

Khazadorn no tiene rey ni jerarquía: ocho capitales, un clan cada una, y la Asamblea del Yunque decide por consenso. Ese sistema tiene un problema que nunca se enuncia en voz alta, y es que para sentarse hay que tener dónde. Hacia SEL 300 los Durnok eran el clan sin piedra propia. buenos mineros, respetados, repartidos entre las siete ciudades de los demás como invitados de tres siglos. En una cultura donde el tatuaje del antebrazo certifica el oficio y la barba certifica el clan, ser el clan que trabaja la montaña de otro es una cosa que se sabe todos los días.

Y una montaña no se conquista. Se puede tomar una ciudad; una veta hay que encontrarla. Los enanos no son conquistadores por temperamento y tampoco lo son por aritmética: no hay número de hachas que convierta una sierra ajena en una sierra vacía. Así que la única salida de los Durnok era ir a mirar donde nadie había mirado.

Miraron al norte, al otro lado del agua, porque era lo único que quedaba sin mirar.

2 · Un barco enano cuesta lo que cuesta una ciudad

Aquí está el dato que hace que todo esto sea difícil, y sale del reglamento sin tocarlo.

Los enanos temen el mar. Eminta es la Azul y es el único dios del panteón al que un enano le reza para que no le haga caso; no embarcan si pueden evitarlo, y no es cobardía: es que debajo del agua no hay piedra y un enano sabe lo que vale el suelo.

Y sin embargo saben hacer barcos, y los hacen bien, porque saben grabar runa. El problema es cuánto cuesta. La madera admite una sola runa y ni una más —resistencia 3, Umbral 18, «no hay poso para sostener una frase»—, y un día de trabajo y una bolsa de plata por cada una. Un casco enano no es un barco mágico: es un casco de madera corriente al que se le ha grabado una runa por tabla, tabla a tabla, durante años.

Nokh-Khorn en la tablazón, que no se mueve. Kenn-Khorn en las cuadernas, que es de piedra. Drakh donde hace falta peso y Vohr-Groth en las juntas, que suelda. Un casco así aguanta lo que no aguanta ninguna otra cosa flotando, y cuesta lo que cuesta amurallar un pueblo.

Ésa es la razón de verdad de que los enanos no naveguen. No es que no sepan. Es que cada travesía que emprenden se paga con la plata de un clan entero, y por eso los enanos han cruzado el mar del oeste una vez.

3 · El Cruce · SEL 341

Los astilleros de Skal-Vor, la capital del comercio exterior, que tiene el único puerto subterráneo de Khazadorn, trabajaron once años en tres cascos. Mil ciento cuarenta runas, una por tabla, talladas por gente de todos los clanes porque los Durnok solos no llegaban ni a la mitad. Lo pagó el clan Durnok vendiendo lo único que tenía, que era su trabajo: hipotecaron cuatro generaciones de mano de obra a las siete ciudades, y tardaron doscientos años en terminar de pagarlo.

Los tres cascos se llamaban Bardrukh, Kholm y Vethkarn. Salieron en SEL 341 con cuatrocientos sesenta enanos.

Llegaron dos. El Vethkarn no llegó y tampoco volvió, y no hay una sola línea en ningún archivo de Khazadorn que diga qué le pasó: en el archivo Skalvir sigue siendo runa abierta, que es como los enanos llaman a un asiento que no se puede cerrar. Cincuenta y ocho años después alguien propuso darlo por muerto y la Asamblea no lo votó, porque no había con qué. Sigue abierto mil trescientos años después.

Desembarcaron trescientos diez en la costa norte, y aquí está el detalle que a los enanos les molesta que se cuente: no iban a ningún sitio en concreto. Iban a mirar una costa. Lo que encontraron no lo encontraron por buenos, lo encontraron por tener que caminar tierra adentro buscando agua dulce.

4 · Lo que encontraron, y lo que hicieron con quien ya estaba

La sierra que separa la costa norte del centro. Hierro cerca de la superficie, roca sana, y sobre todo lo que a un minero le dice que ha llegado: agua que sale de la piedra caliente y a la misma temperatura todo el año, doce grados, que es lo mismo que mil trescientos años después hace la mejor cerveza del Reino.

En los valles de debajo vivía gente. No un reino —el Reino tardaría cuatrocientos cincuenta años en existir—, sino aldeas de labradores y un par de villas de mercado en el pie de monte.

Lo que hicieron los Durnok fue comprar la montaña, y pagaron con obra. No tenían plata: se la habían gastado toda en los cascos. Lo que tenían eran trescientas personas que sabían mover piedra mejor que nadie en el continente, así que se ofrecieron por lo alto de la sierra —que a un labrador no le sirve para nada— a cambio de trabajo hecho: pozos, un camino de carro donde había vereda. la canalización del arroyo y un muro. Y lo cumplieron, que es la parte que en Bródega todavía se enseña a los niños.

Bródega es el recibo. El pueblo del pie de monte creció encima de aquel trato y sigue siendo hoy lo que era entonces: la superficie que gestiona el comercio que Méleni hace por debajo. No es una ciudad enana ni lo ha sido nunca — es la mitad humana del contrato de SEL 350, y por eso Méleni es el único ducado del Reino donde el condado y la capital no compiten: son las dos mitades de la misma cosa.

5 · Lo que los metió bajo tierra fue el Rojo

Durante sesenta años Méleni no fue una ciudad. Fue un asentamiento de superficie con galerías. un poblado en la ladera, tres bocas de mina, y trescientos y pico enanos convertidos en seiscientos.

En SEL 400 llegó el Rojo que Buscó.

Los Durnok hicieron lo único que sabían hacer: cerraron las puertas y negociaron desde dentro. Eso es lo que dice la crónica y es literal. Bajaron a las galerías, tapiaron las bocas, metieron dentro a los de Bródega que quisieron entrar, y desde ahí mandaron parlamento — no al dragón, con el que no hay parlamento, sino a los que fueron a pedir ayuda arriba: fue Méleni quien pagó a los mensajeros que llegaron hasta las estirpes Plateada y Dorada, porque era la única de las gentes del Sagaria que tenía con qué.

Salieron cuando se fue, y no volvieron a subir.

De ahí sale Méleni tal como está hoy. La lección de SEL 400, dicha en la forma en que la dicen ellos, es arriba no se está. Los sesenta años siguientes —SEL 400 a 460— son los siete niveles. las cuatrocientas setenta y nueve celdas de superficie que en realidad son bocas y respiraderos, y una ciudad que se puede cerrar entera en un día. Los enanos no cavaron hondo por gusto ni por costumbre. Cavaron hondo porque una vez pasó algo.

En SEL 460 = ~340 a.F.Ll. la Asamblea del Yunque reconoció a Méleni como la octava capital y a los Durnok como clan con piedra propia. Ciento diecinueve años después de embarcar, el clan que no tenía ciudad tenía la suya, y estaba a un océano de casa.

6 · Y los cascos siguen ahí

El Bardrukh y el Kholm no se hundieron, no se quemaron y no se dejaron pudrir en una playa: se desguazaron tabla a tabla.

Un enano no tira una tabla que costó un día de trabajo de un Skarn-Mayor y una bolsa de plata. Las mil y pico tablas rúnicas de los dos cascos subieron a la sierra a hombro, y están en la ciudad. Las puertas del primer nivel de Méleni son tablazón del Bardrukh, con la runa Nokh-Khorn a la vista en cada tabla, y llevan mil doscientos años sin ceder porque literalmente no se mueven. El resto está repartido: puntales, marcos, la mesa del Salón del Clan.

Dicho de otra manera, y es la frase con la que se cuenta esto en Méleni: no quemaron las naves. se las gastaron. El camino de vuelta está clavado en la montaña, y se puede tocar.

Por eso no volvieron, y por eso la relación con Khazadorn no es la de una colonia. Volver costaría otros once años de astillero y otra hipoteca de cuatro generaciones, y nadie ha propuesto nunca pagarla. La Ruta Subterránea a Tyrondir tampoco llega a Khazadorn: son cuarenta jornadas hacia el este, no hacia el oeste. Méleni está unida a su continente por el mar, que es lo único que un enano no cruza.

7 · La doble lealtad, cómo funciona de verdad

En el año 0 d.F.Ll. Alred Llyneth llamó a los siete y Méleni firmó. Firmó por lo mismo que firmaron los otros seis —lo del nordeste seguía saliendo—, y firmó con dos ventajas sobre todos ellos: era el linaje con más siglos en la sierra —cuatro y medio antes de la firma—, lo que le dio el primer trono, y era la única de las siete Casas que ya había visto de cerca aquello contra lo que se firmaba.

De ahí sale que desde el año 0 haya un enano sentado en el Consejo y que la Ley de Vecindad diga lo que dice: no es tolerancia, es que la Casa más antigua del Reino no es humana y eso se decidió el primer día.

Y de ahí sale la doble lealtad, que en la práctica es menos dramática de lo que suena y más difícil de lo que parece. El Duque de Méleni responde al Consejo de Duques por lo que hay encima de la sierra y a la Asamblea del Yunque por lo que hay debajo, y las dos cosas caben porque nunca se han tocado: Dágata no legisla sobre galerías y Khazadorn no legisla sobre ducados. Nadie ha escrito esa frontera. Funciona porque nadie ha preguntado dónde está, exactamente igual que los cuatro Claros del Margen de Eldoria.

Lo que sí se sabe es qué pasa cuando las dos hablan a la vez, porque ha pasado tres veces en ochocientos cincuenta años y las tres se resolvieron igual: el Duque fue a Khazadar en persona. tardó lo que tardó, y en Llágata nadie preguntó dónde había estado. La última fue en 812.

Y la cuenta de hoy tiene aquí su raíz. Thorgrin Durnok pide un segundo condado y la Ruta Subterránea erigida en término propio, y lo pide porque la Ruta es lo único de Méleni que está enteramente debajo y enteramente fuera del portazgo: es la pieza donde las dos lealtades se solapan, y llevarla a término propio sería la primera vez en ochocientos años que alguien dibuja la frontera. Valdrik lleva cuatro años sin decir que no, y ese silencio le paga el voto que le mantiene en el trono.

8 · La cuenta, de un vistazo

SEL d.F.Ll. Qué
~300 — Los Durnok, el clan sin piedra propia, reparten su trabajo entre las siete ciudades
330 — Skal-Vor empieza los tres cascos. Once años, 1.140 runas, cuatro generaciones hipotecadas
341 — El Cruce. Salen tres naves y 460 enanos. Llegan dos y 310. El Vethkarn sigue siendo runa abierta
~350 — El trato de la sierra: la montaña a cambio de obra. Bródega es el recibo
400 — El Rojo que Buscó. Méleni cierra las puertas y paga a los mensajeros que suben a pedir ayuda
400–460 — Los siete niveles. Arriba no se está
460 ~340 a.F.Ll. La Asamblea del Yunque reconoce Méleni como octava capital. Nace la Casa Durnok
800 0 Méleni firma el Acta de la Fundación. Primer trono, y un enano en el Consejo desde el primer día
1504 704 Thurin Durnok IV, único Rey enano del Reino
1650 850 Thorgrin Durnok pide un segundo condado, y Valdrik lleva cuatro años callado

La entrada de las islas

0 · Dos correcciones antes de empezar

La fecha es 548, no 553. Lo tenían bien §6, la cronología del §10 y el fuero insular ⟨«cuatro veces en trescientos dos años»⟩, y lo tenía mal §3, que puso 553 y de ahí pasó a. Manda 548, porque son tres fuentes contra una y porque 850 − 548 = 302 es la cifra que se repite en cuatro documentos. Corregido en los dos sitios.

Y las islas son Tor-Réna, Isla Horizonte y Optima. El texto viejo hablaba de «Nueva Esperanza» como si fuera la tercera isla, y Nueva Esperanza es la capital de Optima, con diecisiete mil habitantes. La que falta en aquella lista es Tor-Réna.

1 · Por qué las quiso el Reino

Un reino que no ha invadido nunca a nadie se anexiona tres islas de golpe, y eso pide explicación.

La respuesta no es el comercio, aunque el comercio lo pague todo. Es que las tres islas eran el nido. En la primera mitad del siglo VI, quien saqueaba la costa de Cands salía de allí, volvía allí y vendía allí, y no había en las tres una autoridad a la que reclamar porque no había en las tres una autoridad. Isla Horizonte tenía naves y ninguna ley que le obligase a usarlas contra nadie. Tor-Réna miraba a otro lado con la elegancia de quien lleva mil años mirando a otro lado. Y en la tercera, ni eso.

Dágata tenía dos maneras de resolverlo. Podía cazar el nido, que es lo que habría hecho cualquiera, y para eso hacía falta una flota de guerra que no existió hasta 828, doscientos ochenta años después. O podía comprarlo.

Compró el nido y lo hizo ciudadano. Es la decisión más dagatense de la lista de guerras y también la peor, y hay que decir las dos cosas: funcionó —los saqueos de la costa occidental se acaban en la década siguiente y no vuelven hasta 809, doscientos sesenta años después— y es el origen directo de la mitad del crimen del oeste, porque lo que se compró siguió siendo lo que era, sólo que ahora con fuero. Las patentes de corso de 762 y las Guerras Piratas de 809 cuelgan de aquí en línea recta.

2 · La Demostración de la Rada, y por qué no disparó

El Rey era Aldric Garthain V ⟨537–581⟩, Duque de Cands, es decir el único de los siete a quien el asunto le tocaba el bolsillo. Fondeó una flota delante de Ciudad Horizonte en la primavera del 548 y negoció nueve semanas con las naves a la vista.

Aquella flota no disparó ni una vez porque no podía. No eran naves de guerra: eran treinta y un mercantes de Cands y de Sálama con soldados en cubierta, castillos de madera clavados encima y banderas nuevas. Dágata no tuvo una sola nave de guerra propia hasta la ordenanza de 828, y en 548 tampoco tenía dinero para improvisarla. Lo que puso delante de la Rada fue el aspecto de una flota, sostenido nueve semanas a la vista de gente que sabía de barcos.

Que aguantara es el motivo de que la cosa se llame Demostración y no batalla, y es también el motivo de que en Cands se cuente con orgullo y en Isla Horizonte con una sonrisa. En la academia naval de Ciudad Horizonte se enseña —y esto no está en ningún papel dagatense— que lo supieron a las tres semanas y firmaron igual, porque el trato era bueno.

3 · Qué firmó cada una

Nueve semanas, tres mesas separadas y ni una sola sesión conjunta. Ése fue el acierto técnico de Aldric: negoció con las tres a la vez y nunca en la misma habitación, de modo que cada una supo lo que había pedido y ninguna supo lo que habían pedido las otras hasta que estuvo firmado. Trescientos dos años después las tres siguen sin haberse perdonado ese detalle, y por eso la Comparecencia de las Tres es tan rara y tan temida.

Isla Horizonte · firmó la primera, y cobró por ello

Pidió lo único que le importaba y se lo dieron entero: flota propia, artillería propia y academia naval. Sigue teniendo las tres, y son las únicas murallas artilladas del Reino fuera de Vento.

A cambio dio lo que a Dágata le hacía falta: el compromiso de no dar puerto ni aguada a nadie que llevara patente contra un puerto dagatense. Eso es lo que cerró el nido, y lo cerró la isla que tenía las naves, no la Corona. Es también la razón de que Isla Horizonte sea marquesado y las otras dos no: firmó primero, así que firmó cuando todavía había margen.

Y el detalle que sigue doliendo: en el texto de 548 la artillería se concede «para la defensa de la Rada», sin más límite. De ahí sale que la Isla Horizonte de hoy dispare cañón en tierra sin autorización del Maestre de Guerra, y de ahí que el Dictamen de la Muralla de 776 no le alcance: su artillería es anterior al Dictamen y está en un tratado.

Tor-Réna · se firmó con una silla vacía

Aquí es donde la cosa se pone rara, y es lo mejor de todo el asunto.

En 548 Tor-Réna era una población alto élfica sin gobierno propio y sin nadie enviado por Elvandor. No había Quensari: el Quensari llega en 570, veintidós años después. Así que Aldric negoció con los siete mayores de la isla, que no representaban a nadie más que a sí mismos, y firmó un texto que reserva la designación de los jueces insulares a «quien Elvandor envíe».

Dágata firmó un tratado con una silla vacía y la silla se quedó vacía veintidós años. Durante ese tiempo Tor-Réna se juzgó a sí misma sin que ningún papel se lo permitiera y sin que nadie protestara.

Y lo que hizo venir al Quensari fue justamente eso. Un tratado que nombra a Elvandor sin la firma de Elvandor es una reclamación sobre Elvandor, y en el Consejo de los Nueve tardaron dos décadas en decidir si les convenía desmentirlo o cumplirlo. Decidieron cumplirlo, que era lo más barato. mandaron a Aelinor-Quen el Suave, con el encargo de ocupar la silla y no hacer nada más. Lleva doscientos ochenta años cumpliéndolo con una exactitud que en Llágata se admira y no se comenta.

Optima · firmó lo justo para que la dejaran en paz

No tenía con quién negociar y sigue sin tenerlo. Aldric se sentó con once personas que decían hablar por gremios, familias y barrios, y lo que consiguió arrancarles fue una sola obligación: no dar patente contra Dágata. Todo lo demás lo dieron por perdido.

Optima no entrega a nadie, no acepta juez de fuera, no tiene título nobiliario y su Portavoz Principal cambia de cara cada pocos años. El asiento existe en el Consejo porque Dágata prefiere la ficción de un interlocutor a la certeza de no tenerlo.

¿Por qué se aceptó? Por dos razones y ninguna es buena. La primera, que Aldric quería tres firmas y no dos: dos islas dentro y una fuera habría sido un fracaso con nombre propio, y tres es un número redondo que se puede leer en el Salón. La segunda, que Optima cumplió lo pactado desde el primer día y lo sigue cumpliendo: en trescientos dos años no ha salido de allí una sola patente contra un puerto dagatense, y por eso ningún Rey ha tenido nunca un motivo bastante limpio para romper el trato.

Lo que sale de allí es todo lo demás.

4 · Lo que dejó, y lo que dejó pendiente

Las islas no pagan Tasa Cierta y nunca la han pagado. Contribuyen con un canon fijo pactado en 548 y actualizado tres veces, y esa es la única cifra del presupuesto del Reino que no se discute en la Asamblea porque no se puede: está en un tratado.

El estrado insular es de 641 y no de 548. Noventa y tres años tardaron las islas en conseguir un juez asesor con voz y sin voto en el Consejo de Jueces Mayores. Lo pidió Isla Horizonte, lo pagó Tor-Réna y lo usa Optima.

Y lo que quedó sin cerrar es el mar. El tratado de 548 habla de puertos, de patentes y de jueces. y no dice una palabra de a quién pertenece el agua entre las tres islas y la costa. Trescientos dos años después sigue sin decirlo nadie, y ahí es donde vive el corredor de contrabando de la costa de Cands. La Ley de Portes tampoco habla del agua. Dágata lleva tres siglos legislando la tierra de un reino cuya mitad rica es líquida.

Las cuatro ciudades fortaleza

1 · Lo que tienen las cuatro

Parls, Rivelan, Yanal y Vento no son cuatro ciudades con muralla: son cuatro respuestas a cuatro amenazas distintas, y por eso no se parecen entre sí. Lo que sí comparten son cinco piezas, y cualquier plano futuro debería tenerlas todas.

La muralla, que en Dágata casi nunca es de traza nueva: se levanta sobre lo anterior y se remienda, así que en una misma cortina hay tres siglos de piedra distinta y se nota.

La escarpa o el foso seco. Agua no, porque el reino no tiene ingenieros de hidráulica militar: se excava y se deja seco.

La ciudadela, que no está en el centro sino pegada al muro por el lado del peligro, con puerta propia al campo. La lógica dagatense es que la ciudadela existe para que la guarnición pueda entrar y salir sin pedirle permiso a la ciudad — y para que, si la ciudad se rinde, la guarnición no.

El arsenal, que en las cuatro está dentro de la ciudadela y no en el puerto ni en la plaza. La hoja y la pólvora son licencia personal del Rey, así que lo que hay guardado está a nombre de alguien y ese alguien responde.

Y la campana. Una sola, que no da las horas y no llama a misa. En las cuatro significa lo mismo y sólo eso, y por eso cuando suena no hay que explicar nada. La de Rivelan se ha tocado dos veces en treinta años.

2 · Parls · la ciudad que es la muralla

En el norte, mirando al Erial. ⟨882 · 437⟩

Es la única de las cuatro que es una gran ciudad completa y enteramente fortificada ⟨del bloque D⟩: no un castillo con casas al lado, sino veinticuatro mil personas dentro de un recinto de unos cinco kilómetros de cortina.

La estructura. Recinto ovalado sobre la loma, con el lado largo al norte. La ciudadela al norte, cara al Erial, con su propia puerta al campo y el arsenal dentro. Cuatro puertas y no cinco. del Erial, de la Calzada, del Río y del Mar. El barrio de fraguas pegado a la muralla oeste, porque el hierro de Trenac entra por ahí y nadie quiere las fraguas en el centro.

Y lo que hace único a su plano: la muralla la construyen los presos y no está terminada. En Parls la condena se cuenta en varas de muro. Eso significa que la cortina tiene tramos fechados. de calidad desigual, con la marca del año grabada cada cincuenta varas, y un sector abierto en permanencia por el sureste que lleva ochenta años a medias porque los años de pocas condenas se avanza poco. Los de Parls lo llaman el descosido y no se ríen al decirlo.

3 · Rivelan · la ciudad dentro de la ciudad

En la sierra del sur, en una hoya. ⟨874 · 795⟩ Ficha larga en. Aquí sólo la estructura, porque la lámina antigua manda.

Siete mil quinientas almas en un recinto hecho para cuarenta mil. Así que su plano tiene tres anillos y ninguna otra ciudad de Dágata los tiene.

El recinto antiguo, entero, de la Época Oscura, con doce ruinas con nombre dentro. La Ciudad Vacía, que es todo lo que hay entre el muro viejo y el nuevo: calles trazadas, cimientos, cisternas que funcionan y nadie viviendo. Y el muro nuevo, mucho más corto, con diecisiete edificios dentro y cuatro fuera que siguen en pie y en uso.

Añadidos que un plano futuro necesita: la peña del Vuelo en el borde de la hoya, sobre el risco de la Vigía Espina, y la cripta del templo de Murnos, que es la boca de lo que hay debajo y que estructuralmente es lo único que explica por qué hay una ciudad ahí.

El reparto de mando es su rareza: el Comandante tiene los muros y el conde tiene los templos, y las dos jurisdicciones se cruzan en la Ciudad Vacía, que no es de ninguno.

4 · Yanal · la que mira para el lado equivocado

En el suroeste, entre el Bosque del Sur y la boca del Sagaria. ⟨599 · 937⟩

Una fortaleza con dos caras y sólo una construida.

El frente de tierra mira al bosque y es lo mejor que tiene Dágata: cortina gruesa, foso seco ancho, glacis despejado a trescientos pasos y torres de flanqueo. Se ha ido rehaciendo cada vez que hubo un susto desde el sur y por eso es el único tramo de muralla moderna del Reino.

El frente de agua es un muelle, una puerta y poco más. Nunca hizo falta: por ahí no venía nadie.

Y ésa es exactamente la razón por la que la Balsa existe a treinta kilómetros de sus torres. La ciudad fortaleza que el Reino levantó para vigilar el sur vigila el sur y sólo el sur, y el estuario que tiene detrás no lo mira nadie.

Dentro. Yanal no es una ciudad con un arsenal: es un arsenal con una ciudad. Las fraguas del hierro de Yanal están dentro de las murallas, novecientas personas viven de ellas, y sobre la ciudad hay humo permanente — lo que en cualquier otro sitio sería una alarma aquí es el tiempo que hace. La ciudadela está al sur, en el frente de tierra, con las forjas pegadas por dentro.

5 · Vento · una batería con un pueblo detrás

En la costa de Sálama. ⟨1035 · 772⟩

La única de las cuatro que no está pensada para resistir un asedio, sino para no dejar pasar barcos.

La estructura, de fuera a dentro. Primero el mar. Luego el frente artillado, que es lo que importa: una plataforma baja sobre la roca con las piezas del conde Brienn, la única artillería de tierra firme de Dágata. Detrás y a resguardo, la dársena cubierta, las gradas y los almacenes de jarcia, que son de la Corona desde 831 y forman el Arsenal del Rey. Y arriba, en la ladera, el pueblo, con muralla ligera que nadie ha probado nunca.

Su plano es un pleito dibujado. Las piezas de la plataforma son del conde y las naves amarradas debajo son del Rey, comparten el mismo agua, y cuando hay que disparar alguien tiene que preguntar. Cualquier mapa de Vento tiene que dejar clarísima esa línea, porque es lo que se juega ahí.

Y a doce kilómetros, el salitre: el único yacimiento del Reino, con guardia de la Corona y no del Duque. Vento es, contando eso, el punto militar más concentrado de Dágata — artillería. arsenal, pólvora y flota — y está en el ducado más pobre de los siete.

6 · Para cuando se dibujen

Cuatro reglas que deberían salir en los cuatro planos.

Ninguna muralla es de una sola época. Tramos con fecha, piedra distinta y remiendos.

La ciudadela va pegada al muro por el lado del peligro, con puerta propia al campo. Norte en Parls, sur en Yanal, mar en Vento, y en Rivelan no hay: la ciudadela de Rivelan es la ciudad entera.

El arsenal dentro de la ciudadela, siempre.

Rivelan, además, no se dibuja de cero: se dibuja encima de la lámina antigua.

Las postas, y las aldeas que no existían

1. Las 252 aldeas no son de Dágata

Pregunta razonable, y la respuesta es que el registro estaba mal escrito. He abierto y contado: las 252 aldeas con nombre castellano automático están todas en el estado 2, que es Galendria, la república del otro lado de la Muralla. Ninguna cae dentro del Reino.

Dentro de Dágata hay 126 puntos habitados dibujados y ni uno más: las 43 poblaciones canónicas —de Llágata con 34.000 a Elone con 400— y 83 paradas de postas. No hay aldeas generadas. Lo que sí hay es población rural, más de cinco millones de personas repartidas por las celdas, y esa gente vive en caseríos y cortijadas que el mapa no dibuja porque a esta escala no caben: una celda mide unos cuatro kilómetros.

2. Qué es una posta

Una parada de postas no es un pueblo ni una venta. Es un edificio del Estado, y por dentro siempre es el mismo edificio, de Cands al Paso del Rey: un corral cerrado con tapia de piedra y una sola puerta, con la cuadra ocupando el lado largo, la casa del maestro pegada a la puerta y tres o cuatro viviendas al fondo.

Lo que le da carácter es el comedor. Una nave con hogar en el testero y ocho o diez mesas largas, muchas más de las que hacen falta para los que duermen allí, porque el comedor no está hecho para los huéspedes: está hecho para los días en que llegan dos recuas y una compañía a la vez y hay que dar de cenar a sesenta personas sin que nadie se quede fuera. La comida es una sola, la que haya. y se sirve en cazuela para la mesa entera. Arriba, un desván corrido con jergones.

Doce caballos de refresco en la cuadra de una posta ordinaria. Es lo único que la posta tiene y que no vende.

Quién vive ahí — quince personas

El maestro de posta, que lo nombra la Corona y no el Duque, y esa frase de nueve palabras es la mitad de la política del Reino. Vive allí con su familia y responde del libro.

Tres postillones, que son quienes cabalgan el tramo hasta la posta siguiente y vuelven. Un mozo de cuadra, que en las postas grandes son dos. La cocinera, casi siempre la mujer o la madre de alguien de la casa, y una ayudante.

Y cuatro hombres de la Guardia de Caminos, cedidos por la milicia del condado y pagados por la Corona: el Conde pone los hombres, no manda en ellos y no cobra por ellos. Lleva ochenta años irritando a los quince condados por igual y ninguno ha conseguido cambiarlo.

Quince almas de plantilla, más las que salgan. Con las familias, una posta ronda las veinte personas y en el mapa figura con quince, que es la gente de servicio.

Lo que cuesta y lo que no se vende

Sitio a la mesa, con lo que haya en la cazuela 2 granos
Jergón en el desván 4 granos
El cuarto de la esquina, con puerta 1 ochavo
Pienso y cuadra para tu caballo, por noche 2 granos
Caballo de refresco no se vende

Un peón gana tres granos al día, así que cenar y dormir en una posta cuesta dos jornales. Es cara para un labriego y barata para un mercader, que es exactamente para quien está pensada.

Y ahí está el nervio de todo: la posta tiene obligación de dar techo y cena a cualquiera que lo pida y pueda pagarlo —negárselo a un viajero es delito y se juzga en el condado—, pero el caballo de refresco es solo para quien lleva orden del Reino. Un mercader con prisa puede pagar lo que quiera y no cambia de montura. Eso es lo que la reforma de las Postas Abiertas quiere tocar, y por eso Cands lleva dos años aplazándola.

El libro de partes

Cada posta lleva un libro donde el maestro anota quién ha pasado, en qué dirección y a qué hora. No es vigilancia, es contabilidad: sirve para saber dónde se ha perdido una orden.

3. Cuándo una posta hace pueblo

Casi nunca, y por una razón de diseño: las postas se sembraron cada cuarenta kilómetros de calzada y se descartaron las que caían a menos de treinta y seis de un pueblo, porque ahí ya hay dónde dormir. Están puestas justo donde no hay nada, y donde no hay nada tampoco hay de qué vivir.

Crecen en tres casos, y los tres se pueden mirar en el mapa.

Donde se cruzan dos calzadas. He contado los cruces reales: son tres —Turil, Ságata y Kórnik—, y en dos de ellos ya había ciudad. El tercero es Turil, y Turil es hoy un pueblo de 950 almas con nombre propio. Es decir: el mecanismo ya funcionó una vez y produjo un pueblo entero.

Donde la calzada cruza un río o un puerto de montaña, porque ahí el viajero espera: la crecida. la barca, la nieve. Esperar es lo que hace que alguien monte un puesto de vino.

Donde no hay otro techo en una jornada larga. Las diez postas más aisladas del Reino están entre ciento sesenta y doscientos kilómetros de la población canónica más cercana. Ahí el maestro de posta no tiene competencia y quien quiera vender algo a un caminante tiene que ponerse a su lado.

Las cuatro aldeas de posta

De las ochenta y tres, cuatro han criado caserío alrededor. Ninguna tiene Casa del Concejo propia —dependen de la del pueblo más cercano — y ninguna cambia de símbolo en el mapa, porque siguen siendo lo que son: una posta con casas pegadas.

Las Ánimas · Posta de Neviv · ~140 almas. La más aislada del Reino, doscientos kilómetros de bosque de Ságata en todas direcciones. Carboneros y madereros. El nombre se lo puso el primer maestro de posta y no quiso explicarlo nunca.

Piralejo · Posta de Piral · ~120. En la Ruta del Litoral. Vive de la posta y de secar pescado que le suben de la costa.

Ventaseca · Posta de Cands VI · ~90. En el tramo largo de la Ruta del Oeste, donde el agua hay que sacarla de un pozo de cuarenta varas. La cuerda del pozo es propiedad comunal y hay pleito sobre ella desde 839.

Media Legua · Posta de Gadena II · ~70. Se llama así porque es lo que decían los arrieros que faltaba, y faltaba más.

Suman unas 420 personas que ya estaban contadas en el vecindario rural, así que no hay que tocar las cifras de población.

Abandonado a principios de la Era de la Luz, con el porqué deliberadamente en blanco. Sus ruinas no se dibujan en la orilla del Lago Tortuga. Decisión de

llegas.

Vale como regla general y no solo para éste: lo que existe para ser encontrado no se rotula.

Ventas y posadas de camino

1. La posta es del Reino; la venta es de una familia

Las ochenta y tres postas están solo en las cinco calzadas y son red del Estado. Fuera de ahí no hay nada puesto por nadie, y por eso hay ventas: donde la Corona no pone techo, lo pone una familia y cobra por él.

La posta tiene que darte cama; la venta no. Negarle el techo a un viajero en una posta es delito. Un ventero cierra la puerta a quien le da la gana y no tiene que explicarlo. Eso hace que una venta sea el único sitio del Reino donde te pueden dejar fuera con la noche encima siendo inocente.

En la posta el precio está puesto; en la venta lo pone el ventero. Dos granos la cena en cualquier posta de Cands al Paso del Rey. En una venta depende de la cara que traigas, del tiempo que haga y de si hay otra venta a menos de una jornada, que casi nunca la hay.

La posta lleva libro; la venta no lleva nada. Un mensajero del Reino deja rastro escrito en cada parada. Quien quiera cruzar Dágata sin que quede constancia, va por los caminos y duerme en ventas, y eso lo sabe todo el mundo, empezando por los setenta y siete Investigadores.

Dónde aparece una venta. En los siete caminos con nombre, en las bocas de los pasos, en los vados y en los sitios donde un camino se junta con una calzada, que es donde el viajero decide y por tanto donde para. Casi todas llevan tres o cuatro generaciones en la misma familia, y casi todas empezaron siendo una casa que daba paja y sopa a quien llamaba.

2. Las doce

Camino de la Vigía Esperanza · 261 km

La Venta del Olmo Quebrado. Donde el camino se separa de la Ruta del Oeste. El olmo se partió en la galerna de 799 y los Bardal no lo cortaron: lo apuntalaron, y el tronco muerto sigue ahí de seña y de discusión familiar, porque cada generación propone quitarlo y ninguna se atreve. Es la venta más conocida del Reino y la que se usa para medir distancias: «a dos días del Olmo». Cuarenta plazas, cuadra grande y un ventero, Anso Bardal, que sabe el nombre de todos los arrieros de la ruta y ni uno de los viajeros.

El Silbo, a la altura de Elone, ya en el bosque. La lleva una familia humana que lleva cuatro generaciones vecina de silvanos y ha aprendido lo justo: no se entra en el bosque sin avisar, y para avisar se silba desde el porche de una manera concreta. Sirve de aduana que no existe. Un forastero que llegue a Elone sin haber pasado por el Silbo se encuentra el pueblo cerrado.

Camino de la Vigía Espina · 231 km

La Casa de las Tres Aguas. Donde se juntan tres arroyos, la única agua fiable de un tramo de setenta kilómetros. La familia Ordaz tiene un derecho de aguas escrito de hace ciento diez años y lo cobra: beber es gratis, llenar odres cuesta. Ha habido dos pleitos y los dos los ganaron.

La Venta Quemada. Ardió en 812 y en 834, y las dos veces la levantaron encima de lo anterior, así que hoy tiene los cimientos de la primera, las paredes de la segunda y el tejado de la tercera. La viuda Berta Quemal —el apellido se lo puso el camino, no el padre— sirve la mejor comida del tramo y no deja que nadie encienda fuego que no sea el suyo.

Camino del Yunque · 127 km · Edverial a Méleni

El Yunque Frío. Al pie del paso, del lado humano. Es el único sitio de Dágata donde un humano compra cerveza enana sin entrar en Méleni, y por eso está siempre llena de gente que no tiene nada que hacer allí. Los Kelvar llevan cuatro generaciones hablando enano en casa y humano en el comedor, y son los que traducen cuando hay trato que cerrar. Cobran por traducir. No lo llaman así.

El Alto de Edverial, del lado del bosque. Media venta y media casa silvana: dos habitaciones, sin cuadra, y una mesa. Cierra tres meses al año y no avisa cuáles.

Camino de la Vigía del Humo · 93 km

El Alto del Humo. El último techo antes del Erial Rojo, y todo el mundo lo sabe, incluidos los que van a entrar. La casa es de piedra con contraventanas de hierro y una campana en el tejado que se toca cuando alguien vuelve. En veinte años se ha tocado once veces.

Los Ferrán no preguntan a dónde va nadie y guardan lo que les dejan: hay un cuarto con petates. cartas y objetos de gente que dijo que volvía. Se guarda todo diez años. Después se quema, menos las cartas.

Los dos ramales de Rivelan · 42 y 26 km

La Herradura. Donde el Ramal Norte se junta con la Ruta Real. Venta y fragua a la vez, que es raro y es el negocio: bajar de Rivelan estropea el herraje y todo el mundo lo sabe menos el que baja por primera vez. Doro Herrán hierra, da de cenar y cobra las dos cosas juntas para que no se note cuál sale cara.

La Venta del Ramal, en el Sur. La más pobre de la lista: cuatro jergones y un banco. Vive de que no hay otra cosa entre Rivelan y la calzada.

Fuera de los caminos con nombre

La Barca de Lakme, en la orilla del lago, junto al embarcadero del derecho de barca. Come del que espera: si el viento no deja cruzar, la travesía se aplaza y la venta se llena. Los Sedano tienen un trato con los barqueros que nadie ha escrito y todo el mundo sospecha.

El Peaje Viejo, condado de Algés. El portazgo de ese camino se suprimió hace sesenta años y la casa del peajero se quedó de venta. La familia Vidal sigue teniendo la cadena, la sigue atravesando por la noche y sigue cobrando por levantarla, y lo llaman la voluntad. Es ilegal, todo el mundo lo sabe, y el conde no ha querido enterarse nunca porque la cadena le viene bien.

El Cuévano, en la costa de Bisak, sobre la vereda de los pescadores. Es la que tiene mala fama y la fama es cierta: por aquí sale lo que se saca del mar y no se declara, y de vez en cuando algo que no salió del mar. La Guardia de Caminos no sube. Los Investigadores tienen a alguien dentro desde hace cuatro años y el ventero lo sabe, y aun así el negocio funciona, porque los dos prefieren la situación actual a la siguiente.

El correo

1 · Lo que hace único al correo del Reino: no para

Un despacho del Reino no viaja con un hombre. Viaja solo, y debajo se le van cambiando los hombres y los caballos.

Llega el postillón a la posta reventado, con la valija cruzada al pecho. Antes de que desmonte hay otro caballo ensillado y otro postillón montado en él. Se pasa la valija de mano a mano, se firma en el libro de partes la hora exacta, y el segundo sale al galope corto mientras el primero todavía está bajándose. El despacho no ha tocado el suelo ni ha parado de moverse.

Ochenta y tres postas, unos cuarenta y cinco kilómetros de espaciado real contando las poblaciones intermedias, tres tramos al día: el correo del Reino hace ciento treinta y cinco kilómetros diarios y no se detiene de noche mientras haya luna y firme. De Llágata a Cands, doce días. De Llágata a Rivelan, once. Un grifo lo haría en seis horas, y no se hace.

Lo único que se mueve deprisa en este reino son las órdenes y los grifos, y de las dos cosas, la que llega todos los días es ésta.

2 · Los dos correos

El de la valija · por calzada

Es el del Reino, va por las cinco calzadas y por ellas nada más. Lo lleva la valija: cuero rígido. cerrada con dos correas y sellada con el Sello Menor del Canciller. Abrirla no es hurto, es delito contra la fe pública, que es otro capítulo del código y otra pena.

El de la carreta · fuera de calzada

Y todo lo demás. Las treinta y tantas poblaciones que no están sobre una calzada real —Elone, Utum. media sierra de Sálama, el borde del Erial— se sirven con carreta, y aquí cambia todo.

Va una pareja, siempre dos y nunca uno, con carreta de dos ruedas y una mula de refresco atada detrás. Hacen una ruta fija de entre cuatro y once días, salen de una posta de calzada y vuelven a ella. No hay relevo: los mismos dos hombres desde que salen hasta que vuelven, durmiendo en ventas, en pajares y a veces debajo de la carreta.

Llevan la valija chica, más lo que en la calzada no cabe: paquetería, muestras, dinero de gremio. la caja de un boticario. Y llevan la responsabilidad entera encima, porque no hay libro que firmar cada cuarenta kilómetros: hay una firma al salir y otra al volver, y en medio doce días de nada.

Un despacho a un pueblo de fuera de calzada tarda entre nueve y veintitrés días. Ésa es la cifra que hay que tener a mano en una mesa, y es la razón de que en Dágata las cosas pasen en un sitio y se sepan en otro tres semanas después.

3 · La pareja de la carreta

Son unas ciento veinte personas en todo el Reino, sesenta parejas, y son de lo más respetado que hay en Dágata, más que un guardia de caminos y bastante más que un recaudador.

La razón no es sentimental. Un pueblo de fuera de calzada recibe seis o siete cosas al año y todas llegan en esa carreta: la carta del hijo que se fue de asiento, el papel del tribunal, la licencia del gremio, la noticia de que alguien ha muerto. La pareja es el hilo entero que une ese sitio con el Reino, y llega la conoce todo el mundo por su nombre.

De ahí una costumbre que no está en ninguna ordenanza y se cumple en los siete ducados: a la pareja se le da de comer y no se le cobra. En cualquier casa, en cualquier venta. El ventero que le cobra a una pareja de la carreta lo dice todo el mundo en un mes.

Y otra que sí está escrita: el que retiene a la pareja responde de lo que llevaban. No hace falta que se lo lleve; basta con pararlos. Es de las poquísimas figuras del código donde el daño se presume.

Se cobra bien para lo que es: doce granos al día y la carreta puesta, que es jornal de artesano oficial. Sirven siete años como todo en este reino y salen con licencia.

Y sin embargo

Nunca falta el que sabe qué lleva esa carreta.

No se roba la valija por la valija: se roba porque alguien sabe que el día doce del mes va el dinero de la cofradía de Utum, o que en ese viaje va el papel que abre una sucesión. Los asaltos a carretas de correo en Dágata son cinco o seis al año, y de esos cinco o seis, casi todos son encargos: alguien de dentro dijo qué día y qué iba.

Los investiga la Guardia de Caminos, que es de la Corona pero la ponen los condados, y ése es exactamente el reparto que hace que a veces no se investiguen bien.

4 · Qué se puede mandar

El correo del Reino lleva lo del Reino y punto: órdenes, sentencias, partes de las Vigías. convocatorias. Un particular no puede meter una carta en la valija, y eso es lo que la reforma de las Postas Abiertas quiere cambiar: correo particular a tarifa fija por la red del Estado. Está aprobada desde 848 y empantanada, y quien la empantana no es el que uno pensaría: es Cands, que tiene el correo privado más grande del Reino y no quiere competencia de la Corona.

Porque el correo privado existe y es enorme. Lo llevan los arrieros, que son gremio con asiento del Reino, y una carta particular de Kórnik a Cands va en el fondo de una recua y tarda diecinueve días y cuesta dos granos. Los gremios grandes tienen además su propio servicio interno —la Callada mueve papel entre sus sesenta y una plazas y no usa la posta para nada —, y las casas condales mandan a un criado.

Los caballos de refresco no se venden. Un mercader con prisa puede pagar lo que quiera y no cambia de montura. Ése es el privilegio entero del correo del Reino y es también lo que lo hace funcionar.

5 · El aviso de mar

Entre puertos hay algo más rápido y no lo tiene la Corona sola.

Las barcas de aviso de la Marina del Rey —seis, de vela, veinte hombres, sin remos— existen para una cosa: llevar papeles deprisa. De Cands a Vento por mar son cuatro días con viento bueno y once por calzada. De Parls a Cands, seis por mar y catorce por tierra.

Y los armadores de Cands tienen las suyas, más rápidas todavía porque son más ligeras y no llevan soldados: el aviso de Cands es un servicio privado, sale cuando hay carga de papel suficiente o cuando alguien paga la salida entera, y cuesta medio marco por salida a puerto propio y dos marcos hasta ultramar.

Con lo cual pasa lo de siempre en este reino: la noticia comercial va más rápida que la del Estado en cuanto hay mar de por medio, y en 850 hay tres o cuatro personas en Cands que se han hecho ricas sabiendo un precio cinco días antes que nadie. Es legal, es sabido, y a Halric Garthain le divierte mucho que se lo pregunten.

Lo que no se hace por mar es el correo del Reino ordinario. Va todo por tierra, y no por desconfianza: porque una barca que no llega no deja libro y una posta sí. Un despacho perdido en el mar no se puede rastrear, y a la Cancillería eso le parece peor que la lentitud.

Las maravillas naturales

1. El Lago Tortuga, y Calgálanos

Eso es lo que hay que tener presente al usarla: es el último testigo de aquello. No es un enigma ni un monstruo. Es alguien que estaba allí, que sabe por qué se fue todo el mundo, y a quien nadie ha pensado en preguntárselo porque nadie se plantea preguntarle nada a una tortuga.

Cómo trata a la gente. Habla, y no con la boca. Es lenta de una manera que desespera: una conversación con Calgálanos dura una tarde y en esa tarde dice cuatro cosas. No concede favores, no pide nada y no tiene bando. Si algo la mueve es la salud del agua; el ritual goblin que oscurecía el cielo la sacó del fondo, y aquello fue lo único que la ha sacado en dos siglos.

Y ahora se sabe qué es. Calgálanos es la Primera de las tortugas: uno de los animales que Zehena y sus Hijos ponen en cada bosque grande, uno por especie y sólo uno, que entiende y contesta y que puede hablar en nombre de los suyos. Eso no cambia nada de lo escrito arriba —sigue sin conceder favores, sin pedir nada y sin bando—; lo que cambia es que deja de ser una rareza y pasa a ser un ejemplar de algo que tiene regla, y que hay más como ella. En §5.

Y tiene descendencia. Una docena larga de tortugas menores —del tamaño de un carro las mayores— que son suyas y que sí se dejan ver: toman el sol en las piedras del sur y se acercan a las barcas. No hablan. Nadie de la ribera las caza, y quien lo intentó una vez tuvo un año malo, cosa que en Ságata se cuenta como advertencia y no como leyenda.

La isla del lago —frente a donde estuvo el pueblo— tiene una cueva parcialmente sumergida que ya se jugó. Lo que no se dijo entonces y conviene fijar ahora: la isla es el sitio donde Calgálanos pone, cada muchos años, y de ahí que le importara.

2. La Boca del Sagaria

Bajo el Paso del Humo, en la pared, hay un agujero de doce metros de ancho por el que sale un río ya hecho. No un manantial ni un hilo que crece: sale el Sagaria entero, con caudal de río grande. frío, transparente y con un ruido que se oye a media legua.

Lo raro no es que salga: es que sale siempre igual. No lo aumenta el deshielo ni lo baja la sequía. En ochocientos cincuenta años de Reino hay medidas tomadas por tres motivos distintos — molinos, portazgos y un pleito de riegos— y todas dan lo mismo. Un río que no varía no debería existir, y este no varía.

Los enanos dicen, cuando se les insiste, que eso viene de debajo de Méleni. No explican de dónde debajo.

Y el agua no se corrompe. Metida en tinaja sellada, el agua de la Boca sigue dulce años después. cuando cualquier otra se pudre en semanas. De ahí sale un comercio pequeño y muy caro: los barcos que cruzan hacia Aurania se llevan agua de la Boca, y las casas de Cands la pagan a precio de vino. Nadie sabe por qué funciona y todo el mundo la compra.

Hay un altar de vado en la orilla, el más visitado del Reino, y una discusión de doscientos años sobre si el sitio es de Eminta —que es agua— o de Zehena. La solución dagatense fue no resolverla. hay dos piedras, a treinta pasos una de otra, y cada cual deja la moneda donde quiere.

3. La Cuchillada ⟨renombrada⟩

Se llamaba el Portillo del Sur y había que quitarle el nombre, porque ese nombre lo lleva otra cosa y en otro sitio: el Portillo del Sur es donde el muro oriental muere antes de llegar al mar, en ⟨1113,3 · 961,4⟩, y se cruza a pie enjuto. Esto es un tajo en la sierra del sur, a doscientos kilómetros de allí, y lo llaman la Cuchillada.

Está en ⟨880 · 890⟩, en la sierra que separa Ságata y Sálama del Bosque del Sur: a 96 km de Rivelan y a 68 de la Vigía Sur, que es la torre que lo mira. Marcado en los dos el 9 de septiembre, con lo que los pasos del Reino pasan de nueve a diez.

Un tajo en la sierra: cuatro kilómetros de largo, trescientos metros de ancho, paredes verticales y suelo llano. Tan regular que todo el que lo ve por primera vez pregunta quién lo hizo.

Nadie lo hizo. O eso es lo que se contesta. Las paredes no tienen marca de herramienta, el suelo es roca viva pulida por el agua que ya no pasa, y en el fondo hay cantos rodados de un río que tuvo que ser enorme y que no existe en ninguna parte.

Es el paso más cómodo de toda la cordillera del sur y por eso mismo está vigilado: es la puerta por la que bajaría lo del Bosque del Sur si algún día se decidieran. y tres de las diecinueve baronías de la raya del humo lo tienen a la vista.

Dentro no se acampa. No hay prohibición, no hay historia de aparecidos y no hay peligro conocido. sencillamente los arrieros lo cruzan de un tirón aunque les cueste la noche, y llevan haciéndolo tanto tiempo que ya nadie recuerda de quién fue la costumbre.

4. Los Siete Robles

Ya está en el registro como ruina jugada, pero eso lo dejaba corto. Los siete robles no son siete árboles: son el corazón del bosque del norte de Ságata, y el bosque entero es lo que son ellos.

Son divinos en el sentido más literal que admite el canon: no los plantó nadie, no tienen edad que se pueda contar por anillos y mientras uno solo eche hoja, el bosque vive. Los silvanos de Edverial lo dicen así, sin metáfora, y los druidas de Zehena lo repiten con otras palabras.

Cinco están muertos en pie. Quedan dos.

Y desde hoy hay una fecha: el quinto se secó en el otoño de 820, el mismo otoño que el Otoño Negro. Lo cuenta Ydros y no dice más. Puede no significar nada.

Y hay una cosa más que el rodal es y no se sabía: los Siete Robles son la arboleda sagrada de Dágata —el templo de Zehena, que no es un edificio sino un rodal— y por tanto una de las siete camas del continente donde baja a dormir un dragón vivo que lo cruza. En.

Eso convierte el sitio en la única cosa de Dágata que tiene cuenta atrás, y nadie sabe de cuánto. un roble muerto no vuelve, y los cinco no cayeron a la vez. El primero se secó en algún momento de la Época Oscura, alrededor de lo que pasó en el Claro; el cuarto, hace ciento diez años, y ese sí tiene fecha porque lo vio el guarda de Neviv; el quinto es el de 820.

Del bosque sale además el roble azul, madera de veta azulada que solo se da en ese rodal, que está prohibido cortar sin permiso de los silvanos y que vale una fortuna en Ságata.

5. Tres más, para que el mapa no sea todo montaña

La Peña que Suena · sierra de Sálama. Una pared de caliza agujereada por el viento que zumba seis o siete horas antes de que entre un temporal del sur, y en tono más grave cuanto peor viene. Los pastores de Verimeth bajan el ganado cuando la oyen y aciertan más que cualquier almanaque. No es magia y nadie ha dicho nunca que lo sea; es un sitio del que la gente se fía.

Las Lágrimas de Méleni · bajo la ciudad enana, sala abierta al público dos días al año. Miles de cristales verticales colgando de la bóveda, de un dedo a dos brazas, que gotean sin parar en un estanque negro. Los enanos no la explican y no dejan tocar nada; el suelo es de losa nueva y debajo hay losa vieja, y a la pregunta de qué había antes contestan que agua.

La Marea Quieta · ensenada al oeste de Algés, en Cands. Dentro de la bocana el agua no sube ni baja: la marea se mueve en toda la costa y ahí no. Las barcas se dejan amarradas sin calcular nada. que en el mar es un lujo tan grande que la ensenada vale como puerto pequeño aunque no lleve a ninguna parte. Los pilotos lo llaman el descanso y no le buscan explicación.

Ruinas y lugares abandonados

Una antorcha y una ruina. Ninguna de las dos dura mucho.
Una antorcha y una ruina. Ninguna de las dos dura mucho.

1. Cuántos, y por qué no más

He entendido «dos o tres por cada ciudad» como dos o tres al alcance de cada una de las diez ciudades, no de las cuarenta y tres poblaciones. Salen dieciocho, y así queda sitio de sobra para poner una ruina donde haga falta el día que haga falta.

La regla para inventar más sobre la marcha, para que lo que se improvise no desentone: en Dágata las cosas se abandonan por tres motivos y solo tres. Se movió el camino —y esto explica la mitad de los pueblos vacíos del Reino, porque una calzada que se desvía cuarenta kilómetros mata una comarca en veinte años—. Se acabó la veta, la sal o el agua. O pasó algo y nadie quiere contarlo, que es el motivo caro y el que hay que gastar con cuentagotas: si todas las ruinas tienen un secreto, ninguna lo tiene.

Y una cuarta que no cuenta como motivo porque es de otra escala: la Época Oscura. Lo que quedó de antes de SEL 0 no está abandonado, está sobrevivido, y se nota en la piedra.

2. Los cinco que ya se jugaron

El Claro de los Siete Robles · ducado de Ságata, al norte de la ciudad, pasadas las estribaciones y ya dentro del bosque viejo.

Un claro redondo de ciento cincuenta metros, y en el centro una losa de basalto negro pulido de treinta metros de diámetro, entera, con vetas de plata que dibujan círculos concéntricos. triángulos trabados y runas en élfico antiguo. La hierba que la toca es de un verde casi negro. A unos diez metros del borde, siete robles colosales en anillo, de troncos tan anchos como una torre.

Aquí terminó la Época Oscura. Lo que pasó exactamente no se cuenta en ninguna crónica de Dágata. porque en 8020 EO esto no era Dágata: no había Reino todavía. Cinco de los siete robles están muertos en pie. Los otros dos siguen echando hoja cada primavera, y esa es la única manera que tiene nadie de contar el tiempo que le queda al sitio.

Nadie vive a menos de un día de marcha. Los silvanos de Edverial saben llegar y no llevan a nadie.

El Monasterio de los Silencios · dieciocho kilómetros al suroeste de Kórnik, en la vaguada del arroyo Bermejo.

Casa de Brumath, que es dios de la meditación y el equilibrio, y por tanto de una orden que hizo voto de no hablar. Cincuenta hermanos en su mejor siglo. Se vació hace ciento veinte años, sin incendio, sin peste y sin escándalo: fueron muriendo y dejaron de venir novicios, y el último cerró la puerta y se fue a Ságata a morir con gente.

Queda en pie la iglesia con media bóveda, el claustro entero y la campana, que nunca se usó para llamar sino para marcar la hora del silencio. La gente de Kórnik sube a por piedra y no se lleva la campana. Ya se jugó allí.

Abandonado a principios de la Era de la Luz. Se cataloga como ruina y como lugar de interés

memoria, y en Ságata todavía se apellida alguien de allí—; lo que sigue en blanco a propósito es por qué se fue todo el mundo. La mina, la casa del concejo y la posada de Freida están donde estaban. Ficha en.

Piedrablanca · ducado de Ságata, al oeste de Rivelan, a una jornada de marcha, en la montaña.

De aquello hace mil seiscientos años y hoy Piedrablanca es un caserío sin tejados. Los graneros son lo mejor conservado, porque eran de piedra seca y no tenían nada que robar. El Mirador sigue llamándose así y sigue siendo el mejor sitio para ver quién sube por el camino de Rivelan.

Kar Durneth · ducado de Méleni, al oeste de la ciudad, cuatro horas por galería.

El primer asentamiento enano de la sierra, anterior a Méleni. Se vació cuando la veta se agotó, sin drama: los enanos no abandonan un sitio, lo cierran. Las puertas están selladas por dentro con la marca de la casa que se fue, y en la ley enana eso significa que sigue siendo suyo.

Un forastero que entre ahí está robando, no explorando, y el Consejo Enano lo juzga como tal. Es lo que lo hace interesante: la dificultad no son las trampas, es que hay dueño.

3. Los trece nuevos

Ducado de Llágata

El Cementerio de los Cinco Mil, a siete kilómetros de la capital, en la vega. Fosa de la peste de 611: cinco mil personas en dos meses y ninguna con nombre. Solo hay una tapia baja y una piedra sin letra. Nadie ara ahí, y no por miedo: es que la tierra da mal y todo el mundo sabe por qué.

Los Arcos de Íbeca, en el camino del trigo. Catorce arcos en pie de un acueducto de setenta que abasteció Llágata hasta que se abrieron los pozos. Los pastores los usan de aprisco y los arrieros de sombra, y hay un tramo de conducto por el que se puede andar agachado casi dos kilómetros. Se pasa más mercancía por ahí que por la aduana de Lakme, y en la capital lo sabe todo el mundo menos quien tendría que saberlo.

Villalba de la Sal, condado de Lakme. Ruina joven: se vació hace cuarenta años, cuando la calzada se desvió cuatro leguas al sur y la aduana se fue con ella. Todavía tiene medio tejado, ventanas con postigo y una veleta. Vive gente, aunque nadie lo diga: gente sin papeles esperando el año y un día.

Ducado de Parls

Erradia la Vieja, dentro del Erial Rojo. La ruina mayor del Reino y la única a la que no se puede ir sin más: un pueblo entero que quedó del lado malo cuando la desolación se extendió, con sus calles y su iglesia y su cementerio, a la vista desde la Vigía del Humo con un buen día. Nadie ha vuelto de una expedición larga.

Las Fraguas Viejas, a dos horas de Garador. Doce fraguas de carbón vegetal que se apagaron cuando Parls pasó a fundir con hulla. Los hornos están enteros. Están enteros y fríos, y en Garador hay gente que los mira cuando se habla de las cuatro anualidades de acero que Parls no ha pagado.

La Torre de los Hermanos, en el borde del Erial. Dos atalayas gemelas a un tiro de piedra una de otra; una en pie y la otra caída sobre sí misma. Nadie sabe por qué se construyeron dos ni por qué solo cayó una, y las dos versiones que se cuentan en Trenac se contradicen.

Ducado de Méleni

La Escalera Rota, en la cara sur de la sierra. Novecientos escalones tallados que suben a una repisa donde ya no hay nada: se ve la huella de un edificio en la roca, un rebaje rectangular pulido. y ni una piedra encima. No está derruido. Está retirado, que es distinto, y los enanos no contestan cuando se les pregunta quién se lo llevó.

Ducado de Bisak

El Faro Negro, en el cabo al norte de Yanal. Torre de sillería sin quemar desde hace sesenta años, desde la noche en que el farero, su mujer y sus tres hijos aparecieron ahogados dentro de la torre, no fuera. El Reino paga a un hombre por subir a encender una hoguera las noches de temporal. Ese hombre no duerme allí.

Las Salinas Muertas, al sur de Yanal. Ochenta balsas de sal cegadas por una riada en 802. Las paredes de las balsas siguen dibujadas en el barro como una cuadrícula, y a mediodía deslumbran. Bisak no las ha vuelto a abrir porque le sale más barato comprarle la sal a Lakme, y en Yanal eso se lleva mal.

Ducado de Sálama

La Cartuja de Verimeth, entre viñas. Ardió en la revuelta de 774 y no se levantó. Las bodegas subterráneas están intactas: hay cuarenta toneles del año de la revuelta, sellados, que la casa Ílvaren sabe que están ahí y ha decidido no tocar. Un vino de setenta y seis años vale una fortuna y abrir esa puerta obliga a explicar por qué ardió.

El Campo de Mafil, una hondonada con nueve túmulos alineados. No hay batalla registrada en Mafil en ninguna crónica del Reino, y los túmulos son de antes del Reino. Los pastores no dejan que el ganado paste ahí y no saben decir por qué; se lo dijeron sus padres.

Ducado de Cands

La Casa del Cabo, sobre el acantilado al oeste de Algés. Casa fuerte de un corsario al que la Corona quitó la patente en 838, con su embarcadero tallado en la roca y su torre. Está confiscada. vacía y en pleito: la casa Presa la reclama, el Reino no la suelta y mientras tanto no la guarda nadie.

Ondara la Vieja, tres kilómetros tierra adentro del Ondara de ahora. El pueblo bajó al agua hace noventa años cuando se hizo el puerto, y el de arriba se quedó con la iglesia, el cementerio y las casas de los que no quisieron bajar. Todavía se entierra arriba. Es el único sitio de esta lista donde se ve gente todas las semanas.

4. Lo que falta

Ninguno de los dieciocho está marcado en. Cada uno tiene aquí su sitio descrito en relación con algo que sí está dibujado, así que ponerlos es mecánico y se hará en la próxima pasada de cartografía ⟨pendiente⟩. Y no se rotulan todos: los que existen para ser encontrados —el Claro, Kar Durneth, el Campo de Mafil— van sin nombre o no van.

Los lugares peligrosos

1. El Erial Rojo · lo que vino a buscar

Año 400 de la Segunda Edad de la Luz, cuatrocientos años antes de que existiera Dágata. Aquí no había Reino: había ciudades sueltas en el valle del Sagaria, Méleni bajo la montaña y, al otro lado de La Muralla, lo que después sería Galendria.

Del norte, por encima del mar, llegó un Dragón Mayor de la estirpe Roja, descendiente directo de Pernás, con sus huestes: hombres lagarto, su propia prole y cosas que las crónicas describen mal porque quien las vio no volvió a explicarlas bien. Las crónicas dagatenses no dicen su nombre. Le llaman el Rojo que Buscó, y hay una razón: en Galendria le dan otro nombre, y ninguna de las dos partes ha querido nunca comprobar cuál es el verdadero.

No venía a conquistar. Venía a buscar.

Qué buscaba

La urna de Cynara. La Dragona de Amatista, la Instigadora, hija de Pernás, fue sellada y no ejecutada, en una urna hecha de su propia obra, y su paradero es desconocido. El Rojo venía a por su parienta, y alguien —nunca se ha sabido quién ni por qué— le había dicho que estaba enterrada en el norte de este continente, junto al mar.

Eso explica la única cosa del Erial que nunca ha encajado: la desolación no tiene forma de batalla. tiene forma de excavación. No hay línea de frente, no hay campo con túmulos, no hay ciudad quemada. Hay trescientos kilómetros de tierra que dejó de ser tierra, entrando desde la costa y subiendo hacia el este por encima de La Muralla. Es por dónde miró.

Cómo acabó

No se le venció. Se le convenció, y ese es el hecho que los dagatenses cuentan con orgullo y los extranjeros con incredulidad.

Las ciudades del Sagaria, los enanos de Méleni —que cerraron sus puertas y negociaron desde dentro— y las gentes del otro lado de La Muralla hicieron lo único que quedaba: pedir ayuda arriba. Vinieron dragones de las estirpes Plateada y Dorada, y la parla se celebró en el borde mismo de la quemadura. en lo que hoy es la línea que el Erial no ha vuelto a pasar.

Lo que zanjó el asunto no fue una amenaza. Fue que un dragón dorado le dijo que la urna no estaba aquí, y un dorado no puede mentir: el precepto de Aedith es no mentir ni engañar, y en una criatura de su estirpe eso no es una promesa, es una condición. El Rojo pesó la palabra, la dio por buena, se dio la vuelta y se fue por donde había venido.

El borde del Erial es el sitio exacto donde dejó de buscar. Por eso se corta en una línea en vez de difuminarse, y por eso lleva quieto todo el tiempo que alguien lleva midiéndolo.

Y lo que queda abierto, a propósito

El dorado dijo la verdad que sabía. No dijo que la urna no existiera ni que nadie la hubiera traído después. Dijo que no estaba allí, en el año 400.

Galendria cuenta otra versión. En la suya son ellos los que lo hicieron volverse, y por eso el Pacto del Río Inverso no menciona la cicatriz que comparten: ninguna de las dos partes quiere abrir la conversación de a quién le debe qué.

Y nadie sabe quién le dijo dónde mirar. Un Dragón Mayor no cruza un océano por un rumor. Alguien le dio una fuente, y esa es la pregunta que sigue viva mil doscientos cincuenta años después.

Cómo se cruza, para quien vaya a escribir una aventura ahí

Tres cosas, y ninguna es un monstruo.

No hay agua. Ni pozo, ni charca, ni escarcha de amanecer. Lo que se bebe se lleva, y un hombre carga cuatro días de agua y no más: el Erial se recorre en ocho días o no se recorre, cuatro para entrar y cuatro para volver. Lo que haya más adentro no lo ha contado nadie.

No hay leña. No es que escasee: no hay. De noche no se hace fuego, y esas noches son frías de verdad.

Y no hay por dónde orientarse, que es lo mismo que les pasa a los barcos de la costa y por la misma razón: la tierra no tiene rasgos. Se entra con rumbo, se cuenta el paso y se reza, y quien ha vuelto ha vuelto porque contó bien.

Lo que sí dicen todos los relatos, y coinciden: cuanto más adentro, más limpio está. En el borde hay huesos de árbol y piedra de cimiento; a tres días no queda nada de nada, ni siquiera guijo. Como si allí no se hubiera quemado la tierra, sino quitado.

2. El Bosque del Sur · por qué no se ha barrido

Al terminar la Época Oscura, cuando los Esfixies se retiraron y el campo se quedó lleno de lo que habían traído, un reducto grande de orcos y trolls venidos de Umbrosia no se fue. Se quedó en la espesura del sur y lleva allí mil seiscientos años.

No son bandas. Son pueblos. Dentro hay asentamientos grandes, con fundiciones, con campos y con generaciones enteras que no han visto a un humano. La frontera del Reino por ese lado no es una línea: es donde el bosque se vuelve demasiado espeso para llevar un carro.

Las dos que no se soportan

Los del Humo — orcos. Confederación de clanes bajo una Voz, que no es un rey: es quien habla por todos mientras le dejen, y a quien se le quita la palabra el día que se equivoca dos veces. Funden hierro, y el humo de sus hornos es lo que se ve desde el sur de Ságata los días claros. De ahí el nombre que les damos. El suyo no lo usamos porque no lo sabemos bien.

Los del Barro — trolls. No hacen ciudad: ocupan cuevas y riberas, y lo que tienen no es gobierno sino prelación, que manda el que más ha comido y aguanta hasta que otro aguanta más. Son menos y valen más en una pelea.

Y se odian. Llevan siglos peleándose por los vados, por los pastos de caza y por el hierro, que los orcos funden y los trolls quieren sin fundir. Ese odio es lo que protege el sur de Dágata, y en el Consejo se sabe: cualquier Duque que planteara la campaña se encontraría con la respuesta que lleva ocho generaciones sirviendo, y que es aritmética y no cobardía.

Uno: no hay ejército para eso. El Reino tiene cuatro mil ochocientos hombres en torres y unas legiones que sirven para defender una línea, no para barrer mil kilómetros de espesura donde el enemigo conoce cada vado.

Dos: lo pagarían tres. Ságata, Sálama y Cands son los que tocan el bosque. Los que votan son siete.

Y tres, que es la de verdad: quien destruya a una de las dos le regala el bosque a la otra. Mientras se odian, están ocupados. El día que solo quede una, esa una tendrá el sur entero y ninguna razón para quedarse dentro.

Lo que se hace en vez de invadir

La obligación del humo. Las baronías de la raya del sur —diecinueve, repartidas entre tres ducados— no deben al Reino lanzas ni dinero por su frontera: deben humo. Cada una tiene un sitio señalado y la obligación de encender si pasa algo, y el que no enciende pierde la baronía. No hay guarnición, no hay muro y no hay presupuesto. Hay diecinueve familias con un montón de leña seca y mucho que perder.

Funciona mejor de lo que parece, y por un motivo que a los de fuera les cuesta: el sur de Dágata no está defendido, está vigilado, y con eso ha bastado en ochocientos años.

Cuando el equilibrio se rompe

Pasa, y cuando pasa se nota deprisa: hace pocos años un chamán orco de mucho peso metió a una horda de trolls debajo de su mando y los empujó hacia el norte. No fue una alianza: fue que les comió el seso, y por primera vez en tres siglos bajó una cosa sola en vez de dos peleándose.

Lo cortó un grupo de aventureros —entre ellos Kim Yemi, que hoy juega en la mesa— y aquel reducto fue aniquilado.

Y la ironía conviene tenerla presente: al matar al chamán, aquel grupo no salvó al Reino de una invasión. Devolvió a orcos y trolls a pelearse entre ellos, que es la situación que mantiene a Dágata a salvo. Ganaron restaurando el empate. Nadie se lo ha dicho así, y decírselo sería una escena.

3. Las Marismas del Delta

Corrección de 6 de septiembre de 2026. Este delta es el del río Erradia, no el del Sagaria: el Sagaria baja 1.082 km y muere en el suroeste, junto a Yanal, con cuatro veces el caudal. Todo lo que sigue vale igual — jurisdicción, junqueros. fiebres, el Bramador—; lo único que cambia es de qué río es. Dágata tiene dos deltas y sólo le ha puesto nombre al pequeño: el grande, en la boca del Sagaria, está en §3.

Donde el Sagaria deja de ser río y todavía no es mar hay ochenta kilómetros de nada firme: brazos que se abren y se cierran, islas de junco que cambian de sitio con la crecida, canales que un año llevan barca cargada y al siguiente no cubren el tobillo. Ciudad Delta se llama así por esto, y es la única población del Reino construida sobre estacas.

La frontera que se mueve

Nadie manda del todo aquí, y el motivo está escrito. La jurisdicción del puerto llega hasta donde el agua es salada; de ahí para dentro es del condado. Cuando eso se puso en el fuero, hace doscientos años, parecía una línea razonable.

No lo es. La línea del salobre se mueve: con la marea, con la estación y con lo que baje el río. En un agosto seco sube quince kilómetros y en una crecida de primavera se va al mar. Un delito cometido en una barca cae bajo dos jurisdicciones distintas según a qué hora se cometiera, y hay pleitos en el Gran Tribunal que se han resuelto discutiendo el registro de lluvias.

Y eso no es un chiste de leguleyos: es la razón por la que aquí funciona el contrabando. Dos autoridades que no se ponen de acuerdo sobre dónde acaba cada una son, en la práctica, ninguna.

La gente del junco

Los llaman junqueros, y no son una raza ni un pueblo: son un oficio con cuatro generaciones encima. Cortan junco para techar, cogen anguila, sacan sanguijuela —que vale dinero de verdad. porque la compra todo templo de Sylvara del Reino— y siegan el heno salado que el ganado come cuando no hay otro.

Viven en casas de balsa, que se amarran y se sueltan, y por eso el censo de Ciudad Delta no ha cuadrado nunca: cuando pasa el escribano del condado hay cuatrocientas familias y cuando pasa el del puerto hay setecientas. Las mismas familias.

Y saben el camino. El trenzado de canales cambia todos los años, y saberlo no se aprende: se hereda. Un junquero mete una barca cargada desde el mar hasta el alto Sagaria sin pasar por delante de la aduana, y eso es lo que hace tres o cuatro noches al mes. La Corona no puede cerrar el delta porque no puede cartografiarlo: cualquier mapa que levantara estaría mal el invierno siguiente.

Las fiebres

De mediados de la Estación III a las primeras lluvias, el delta enferma. Fiebre que va y viene cada tres días; de cada diez que la cogen se muere uno, y casi siempre es viejo o niño.

En Dágata se culpa al aire —el aire malo del junco— y por eso las casas ricas de Ciudad Delta están todas a barlovento, cosa que no sirve de nada y cuesta el triple. Los junqueros no creen en el aire y hierven el agua, y les va mejor, y a nadie del puerto se le ha ocurrido preguntarse por qué.

Hay una Casa de las Fiebres con dos sacerdotisas de Sylvara y doce camas, pagada a medias entre el conde y el gremio de barqueros. Es lo único que esos dos han firmado juntos en su vida.

Los ahogados no se pudren

Esta es la parte que sirve en una mesa, y es un hecho, no una leyenda: el fango del delta conserva. Un cuerpo que se hunde en un canal muerto sale entero años después —piel curtida, ropa. uñas, el gesto de la cara—, y el delta devuelve dos o tres al año.

De ahí sale un problema de justicia y no de fantasmas: cuando aparece uno, nadie sabe de cuándo es. El físico dice que de anteayer, el cura dice que de hace tres siglos, y los dos tienen delante exactamente la misma prueba. Los Investigadores del Reino tienen instrucción escrita para esto y la instrucción es rendirse: no se abre causa por un cuerpo del delta salvo que alguien lo reconozca.

Ha pasado dos veces en ochenta años. Una acabó en la horca.

Lo que hay debajo, y lo que se oye

Bajo el fango hay calzada. Tramos de losa grande, encajada y con rodada de carro, que asoman cuando una crecida se lleva el barro y desaparecen con la siguiente. Van hacia el mar, o iban: hoy apuntan a agua abierta. Es de antes del Reino y con toda probabilidad de antes de la Segunda Edad de la Luz, y vale la regla de siempre — eso no está abandonado, está sobrevivido.

Y está el Bramador. Tres o cuatro noches al año, siempre en los canales del este, se oye algo grande. No es toro, no es alce y no es ballena varada, y en el delta hay quien ha oído las tres cosas y sabe distinguirlas. Nadie lo ha visto. Cada dos o tres años aparece un junquero ahogado en un canal que se sabía de memoria, y las familias no lo llaman accidente aunque el escribano sí.

No lo desarrollo más a propósito. Un delta con una cosa dentro vale más que un delta con un bestiario.

4. La Costa de los Cascos

Desde Parls hacia el este, donde la costa sana se acaba y empieza el Erial, hay ciento sesenta kilómetros de litoral que no sirven para nada y donde se ha perdido más carga que en todo el resto del mar dagatense junto. En Parls la llaman así, la Costa de los Cascos, y no es mote de poeta: es la palabra que usa el libro de averías.

Se naufraga ahí por una razón que no es el temporal. Un piloto navega la costa a ojo: un monte. una torre, un pinar, un cabo con forma de algo. En el Erial no hay nada de eso. Trescientos kilómetros de tierra igual a sí misma, sin árbol, sin humo, sin campanario, sin un accidente que se distinga de otro, y con una corriente que empuja al sur contra la orilla. Un barco que pierde la referencia de noche o con calima se cree más al norte de lo que está, y cuando ve el fondo ya lo tiene encima.

Y no hay faros porque no hay a quién servir. Un faro se paga con lo que produce la costa que alumbra, y esa costa no produce nada. El único fuego fijo del tramo lo enciende Parls en su propia punta, y no alcanza ni la cuarta parte.

El Libro de los Cascos se guarda en la Casa del Concejo de Parls: trescientos cuarenta y un navíos desde que hay Reino, con nombre cuando se supo y con un número cuando no.

Los raqueros, y la ley que los ampara

De esto vive gente que baja del interior en cuanto corre la voz. Por el Fuero del Mar, lo que se salva de un naufragio es de su dueño durante un año y un día; pasado el plazo es del que lo sacó, menos el quinto de la Corona.

Léase otra vez y véase el problema: nadie tiene prisa por averiguar de quién era el barco. Un cargamento sin dueño identificado es un cargamento que en un año es tuyo entero, y la manera más rápida de que un cargamento no tenga dueño es que no quede quien lo reclame. La ley no dice en ninguna parte que haya que socorrer. Ese hueco lleva ochocientos años ahí y no lo ha tocado ningún Rey.

Y alguna vez la luz no fue un error. En el libro de averías hay cuatro casos con anotación de sospecha y ninguno con condena: hogueras encendidas en el sitio justo para que un piloto creyera que había llegado. En Parls no se habla de ello con forasteros.

5. Las Ascuas · las islas volcánicas del suroeste

Un rosario de conos negros en mar abierto, al suroeste, fuera de toda ruta. Los marinos de Cands las llaman las Ascuas y no se acercan a menos de media jornada, no por miedo sino por costumbre heredada, que es más fiable.

Nadie las coloniza y el motivo no es el peligro: es el agua. No hay una sola fuente dulce fiable en ninguna. Un asentamiento tendría que traerse el agua por mar, y ese cálculo no le sale ni a Cands. que le sale casi todo.

Lo que hay dentro son bestias grandes y dragones que no hablan: la estirpe salvaje, animales de verdad y no criaturas de dios. Anidan en las calderas y bajan a pescar en bandos de tres o cuatro. Un dragón bestia no negocia, no tiene precepto y no entiende una parla; se comporta como lo que es, un depredador de quince metros con territorio.

Para qué sirven en la mesa: son el bolsillo de alto nivel del sur. Se va en barco, se va sabiendo. y se vuelve con algo o no se vuelve. Que haya tesoro escondido ahí es verosímil por una razón concreta y no por costumbre del género: es el único sitio del mundo conocido donde a nadie se le ocurre buscar, y eso lo convierte en el mejor escondite disponible para quien tenga algo que esconder y un barco.

No les pongo historia todavía. Cuando haga falta una aventura ahí se escribe entonces, y así el sitio no se gasta antes de usarse.

Las Tres Bocas · sur de Sálama

Tres hondonadas quemadas en las quebradas entre la Vigía Sur y el alto Mafil, a un día de camino unas de otras: la Boca del Poniente ⟨900 · 880⟩, con un anillo de piedra vitrificada de sesenta pasos. la Boca Media ⟨912 · 872⟩, la única con agua, y el agua está mal; y la Boca del Naciente ⟨925 · 866⟩, donde no queda nada y que es la que peor se recuerda.

Son por donde entró la hueste de dragón negro en el Otoño Negro de 820. Los portales los abrieron chamanes orcos del Bosque del Sur, y se cerraron el día cuarenta y siete matando a los que los sostenían de este lado. El otro lado sigue donde estaba.

Lo que hace peligroso el sitio no es que haya algo dentro. Es que es el único punto conocido del Reino donde alguien de fuera ya consiguió abrir una puerta, y que quien quiera volver a intentarlo tiene aquí tres sitios con el trabajo medio hecho.

El Erial Rojo · no es un desierto

La abrió en SEL 400 un dragón rojo que vino a buscar y no a pelear ⟨aquí decía «en una guerra que todavía no está escrita», corregido el 21 de septiembre⟩, y desde entonces la tierra no ha vuelto. Que en los mapas viejos saliera pintado de color arena era un error de lectura: parecía un desierto natural porque el generador no tiene otra casilla donde meter una desolación.

En el mapa nuevo va de rojo quemado, con nombre propio y borde deshilachado. Ocupa el nordeste del ducado de Parls, toca el mar por el norte, y se derrama hacia el este por encima de La Muralla, en tierra galendria. Una quemadura no respeta fronteras.

1. Dónde está

Borde occidental x ≈ 884 del mapa, justo donde acaba la costa sana
Frontera meridional De (886 · 437) a (1040 · 490) — sube hacia el este
Por el norte Hasta el mar
Por el este Cruza La Muralla y se pierde en Galendria
Superficie dentro del encuadre 2.303 celdas

La roca no arde: La Muralla se queda parda donde el Erial la cruza. La desolación es lo que crece, o lo que deja de crecer, no la piedra.

2. La línea de vigilancia

Esto es lo que da sentido a tres cosas que el libro decía sin explicar del todo.

Parls está donde la costa sana termina y empieza el Erial. Puerto y ciudad fortaleza a la vez. lo primero que se ve al bordear la desolación por mar, y lo último que hay antes de entrar en ella por tierra. Por eso es fortaleza y no ciudad comercial.

Las dos vigías están sobre la frontera del Erial, no detrás. La Vigía del Humo a 68 km al sureste de Parls, mirando la quemadura de frente. La Vigía Esperanza 184 km más al este, en el otro extremo de la línea. Y entre las dos no cubren los 300 km de frente ni de lejos: cubren dos puntos y se ven el humo la una a la otra, y lo que queda en medio son ciento ochenta kilómetros que no mira nadie.

A las vigías se sube por camino, no por calzada. Cada una cuelga de la posta que lleva su nombre sobre la calzada principal, y de ningún otro sitio.

Camino De A Largo
Camino de la Vigía del Humo Posta de Vigía del Humo, en la Ruta Real Norte-Sur Vigía del Humo 93 km
Camino de la Vigía Esperanza Posta de Vigía Esperanza, en la Ruta del Oeste Vigía Esperanza 261 km

Firme de tierra, sin postas, sin guarnición intermedia. Es lo que se sostiene con seis torres y poco más: quien releva a la Vigía Esperanza sale de la calzada y tarda cinco días en llegar.

3. Ya no hay Ruta del Erial

Había una calzada bordeando la desolación y se ha borrado. La idea era buena sobre el papel —un firme real de Parls al pie de La Muralla, 457 km por los pastos, cuarenta kilómetros al sur del borde— y sobre el mapa no aguantó. Una calzada real es una obra del Estado que se paga porque une sitios donde vive gente y pasa mercancía. Al sur del Erial no hay ni lo uno ni lo otro. sale de una ciudad fortaleza, no llega a ninguna parte y no recoge un solo pueblo por el camino. Lo que hay ahí es vigilancia, y la vigilancia se hace con torres y veredas.

Con la calzada se fueron sus nueve postas —del Humo III a V, Esperanza II a V, Negrequeras y Pueblena—, que eran paradas de relevo en mitad de un páramo sin tráfico que relevar.

También se han quitado ocho veredas generadas que discurrían dentro del Erial por el lado dagatés de La Muralla; la más descarada, la que subía desde la Vigía Esperanza doscientos kilómetros hacia el corazón de la quemadura. Nadie entra ahí. Quedan tramos de vereda dentro del Erial al este de La Muralla, en tierra galendria: no los toco, porque de lo que hace o deja de hacer Galendria en su mitad de la cicatriz no hay nada escrito. ⟨pendiente⟩

Lo demás de la mudanza de agosto sigue igual.

  • Parls está 95 km al este de donde estaba, en el punto exacto donde empieza el Erial. Puerto.
  • Las dos vigías están sobre la línea, no sueltas por el interior.
  • La Ruta del Litoral ya no recorre la costa nororiental, porque esa costa es Erial: termina en Parls y de ahí baja al oeste hacia Ciudad Delta.
  • Dieciséis aldeas generadas se evacuaron del Erial. Dentro de la desolación no vive nadie.
  • Parls tiene 2.484 celdas de ducado y Méleni 479, porque las fronteras se siembran desde todas las poblaciones del ducado y Parls se movió ⟨cifras rehechas y verificadas el 8 de septiembre.; las de 1.906 y 1.114 eran metadatos de un reparto anterior⟩.
  • Quedan cinco calzadas y 83 postas. Ninguna dentro del Erial.

5. Cómo se hizo

x1-erial.mjs puso la desolación; y10-caminos.mjs y y14-limpiar.mjs quitaron la calzada y tendieron los dos caminos.

Sin tocar el terreno, que es lo bueno: un erial es vegetación, no altura, y pack.cells.biome se guarda y se restaura tal cual en el. Nada de reconstruir la rejilla.

  • El bioma 1 —«Hot desert», que en este mapa no se usaba en ningún otro sitio— pasa a llamarse Erial Rojo y a pintarse de #b0543a. Renombrar y recolorear un bioma es una línea, y cambia la lectura del mapa entero.

puros, se saca el contorno fila a fila, y se convierte a coordenadas de mapa ajustando escala y desplazamiento con dos triángulos de vigía de posición conocida. El ajuste salió con las dos

  • Los tres bordes llevan ruido de dos senos para que no se vea la línea trazada.

con el coste de siempre —1 + max(0, h−45)·0,9— más seis puntos de penalización por entrar en bioma Erial. Con eso el camino se pega al pasto y solo pisa la quemadura en la última celda, la de la propia torre, que está dentro. - La limpieza de veredas es un filtro, no un borrado a mano: fuera toda vereda con más del 80 % de sus celdas en bioma Erial y todas sus celdas al oeste de x = 1105 (el lado dagatés de La Muralla).

El Bosque del Sur · los clanes, y la ciudad que no existe

1 · Mil seiscientos años

Los pieles verdes llevan en el bosque desde el principio de la Segunda Era de la Luz: el doble de tiempo que Dágata lleva siendo un reino. En mil seiscientos años nadie los ha unificado y nadie los ha barrido, y las dos cosas tienen la misma causa — no son un pueblo, son un número indefinido de clanes que han crecido por su cuenta.

Lo que sí hay son dos naciones, que ya estaban escritas: los del Humo, orcos, una confederación que habla por una Voz; y los del Barro, trolls, que no tienen gobierno sino prelación — se cede el paso al más fuerte y no se le obedece. Y se odian, y ese odio es lo que ha protegido el sur de Dágata durante ocho siglos.

Cuántos son. Nadie lo sabe y las dos cuentas que maneja el Reino no se parecen. La Legión cuenta columnas de humo desde las alturas de Rivelan y saca sesenta clanes; el Comandante de Yanal cuenta por partidas de asalto y saca más de ciento veinte. La cifra honrada es entre sesenta y ciento veinte clanes y entre noventa y ciento cuarenta mil almas, y que la horquilla sea así de ancha es en sí mismo el dato: Dágata no sabe cuánta gente vive a cuatro jornadas de Rivelan.

2 · Cuatro maneras de mandar un clan

Un clan no es una tribu ni un ejército. Es lo que aguanta junto mientras aguante quien lo lleva, y hay cuatro formas de llevarlo. La diferencia importa porque cada una se rompe de una manera distinta, y de eso vive la política del sur.

El clan de estirpe · lo normal

Una línea de sangre orca que lleva el mismo nombre desde hace generaciones y se hereda peleando dentro de la familia. Son la mayoría, son estables, son previsibles y son con los que se puede comerciar. Gurrak, Nass-Odo y los Tuertos son los tres grandes de la raya de Rivelan, y los tres han vendido madera a Dágata en algún momento de los últimos veinte años sin que nadie lo escribiera en ninguna parte.

El clan de troll · el que da miedo

Pasa poco, porque los trolls no gobiernan. De vez en cuando nace uno que cuenta, que recuerda y que puede decir «mañana» y significarlo, y entonces se le pega gente — trolls por prelación y orcos por conveniencia. Un clan mixto de trolls y orcos es lo peor a lo que se puede enfrentar una guarnición de frontera, porque los trolls no se cansan y los orcos sí saben hacer una escala.

Hoy hay uno: el Barro Alto, en las lomas del oeste, con Ommbrec al frente, un troll que lleva once años vivo en el puesto — que es una barbaridad — y que no ha atacado Dágata ni una vez. Se ha dedicado a comer clanes orcos pequeños. Los del Humo lo tienen mucho más presente que Rivelan.

El clan de chamán · el peligroso de verdad

El que preocupa no es el que pega más fuerte: es el que abre puertas. Un portal es una conversación entre dos grupos de chamanes, y las tres bocas del Otoño Negro las abrieron chamanes de aquí. Ese linaje no se extinguió: se llaman los Nueve Humos, siguen existiendo, y son los únicos del bosque a los que los otros clanes también temen.

Y son la razón de que exista la regla que el Reino nunca ha escrito: la Voz de los del Humo no ha permitido que un chamán tenga clan grande desde 820, no por lealtad a nadie sino porque lo de 820 le costó a los orcos veinte mil muertos y cuarenta años de hambre.

El clan de caudillo · el raro, y el que está pasando

Uno que sube conquistando y sostiene a la vez a diez o quince clanes. Ha ocurrido cuatro veces en mil seiscientos años y las cuatro se deshizo al morir él, porque no hay nada debajo que lo sostenga. un caudillo es un hombre, no una institución.

Está pasando ahora. Se llama Vurgai, no es de estirpe grande, y en seis años ha juntado once clanes sin matar a casi nadie — ha comprado, casado y prometido. Eso en el bosque no se hace, y por eso funciona.

Y los pequeños

Los goblins no mandan clanes: los sirven. Y son los que fabrican. Las escalas, los puentes de cuerda, los fuelles, las trampas y lo poco que en el bosque está hecho y no arrancado sale de manos goblin. Un clan sin pequeños es una partida de asalto; un clan con pequeños puede sitiar algo.

Nadie en Dágata ha entendido esto todavía, y por eso los partes de Rivelan cuentan lanzas.

3 · El delta que Dágata no ha mirado

Dágata tiene dos deltas y sólo le ha puesto nombre al pequeño.

El que está escrito —las Marismas del Delta, con los junqueros, la línea del salobre que se mueve y el Bramador — está en el norte, en el condado de Ciudad Delta, y es el delta del río Erradia: conocido, poblado, con puerto, cabeza de condado y feria. Ingobernable, pero censado.

El río Sagaria no desemboca ahí. Sale del norte, baja quinientos treinta y nueve kilómetros recogiendo el río de las Voces por el camino, y muere en el suroeste, junto a Yanal, con cuatro veces el caudal del Erradia. Es el río grande del Reino y su boca está en el borde del Bosque del Sur.

Lo que hay ahí abajo se llama, cuando se llama de alguna manera, la vega baja. No tiene ficha, no tiene condado propio, no está cartografiada y nominalmente es de Bisak — pero Yanal es una Ciudad Fortaleza que mira al bosque, no al agua, y la Marina del Rey tiene sus tres puertos en Vento, Sálama y Parls: el más cercano está a media Dágata de distancia.

Ochenta kilómetros de canales bajo dosel, con la marea entrando doce kilómetros tierra adentro y el trenzado cambiando cada crecida. Desde un barco que pase por delante no se ve nada: una barra de fango, cañas y bocas de canal, todas iguales.

4 · La Balsa

En esos canales está creciendo una ciudad, y el Reino no lo ha confirmado ni lo ha registrado.

Se llama la Balsa porque empezó siendo eso: casas de balsa amarradas unas a otras que un año no se soltaron. Hoy son entre cuatro y seis mil almas repartidas en nueve o diez islas y una telaraña de pasarelas, todo bajo el dosel, nada de más de dos alturas y ni una piedra. Se mueve. cada crecida grande se reata en otro sitio, y por eso ni siquiera un plano de hace tres años sirve.

Quién vive ahí. Pieles verdes de clanes que se cansaron del bosque, ogros —que ahí son músculo de alquiler y en ningún otro sitio del continente cobran—, trolls que bajaron con el Barro Alto y no volvieron, basura humana de la que Dágata produce cada año sin darse cuenta: desertores con siete años de obligación esperándoles, quebrados con la marca partida, obligados que no aguantaron el año y un día, y hombres con la tercia del delator puesta a su nombre. Y elfos oscuros, que son los últimos en llegar y los que más pesan.

Los elfos oscuros son el detalle que debería quitar el sueño y no se lo quita a nadie porque nadie lo sabe: no canalizan el Torrente, canalizan el Pulso de Nucro, y Nucro es el único de los siete Mayores que está despierto. Todo lo demás de la Balsa es un problema de contrabando. Ellos no.

Quién manda. Nadie, y por eso funciona. Cuatro poderes que en tierra firme se matarían: un clan orco que tiene las bocas de los canales y cobra por entrar; una casa de elfos oscuros que trajo el oficio y compra lo que se saca; un humano al que llaman el Amarrador, desertor dagatense de hace veintitantos años, que asigna fondeadero y es lo más parecido a una autoridad; y los ogros, que se alquilan al que pague y por eso equilibran a los otros tres.

De qué vive. De ser el único puerto del continente donde no se pregunta nada. Ahí se refita lo que no puede entrar en Cands, se vende lo que no puede declararse en un tribunal de presas, se cambia carga sin papeles y se esconde a gente. La Cofradía del Junco lleva allí tres generaciones sin decirlo, Optima banca la mitad de lo que se mueve, y Axel Foli ha estado.

Y una cosa que todavía no tiene y que quiere: la Balsa pagaría cualquier cosa por una lámina de la Callada. No la tendrá — el metal es finito y las sesenta y una plazas están contadas—, pero que lo quiera y no pueda es exactamente la clase de presión que acaba rompiendo algo.

5 · Por qué Dágata no ha hecho nada

No es dejadez. Es que cada pieza del Estado dagatense mira a otro sitio, y esto lo demuestra mejor que cualquier discurso.

Rivelan y Yanal existen para contener el bosque por tierra, y cuentan lanzas.

La Marina del Rey no tiene puerto en esa costa y armar una galera que está en seco son tres semanas.

Los del lacre son setenta y siete, investigan y no prenden, y allí no hay a quién entregarle un informe.

Y Bisak, que es a quien nominalmente le toca, tiene ocho mil quinientos hombres, una universidad y ningún interés en descubrir que su ducado alberga eso: descubrirlo obliga a resolverlo, y resolverlo cuesta más que ignorarlo.

Así que lo que hay son rumores, un par de partes archivados y una línea en el libro de la Compra de Yanal que nadie ha querido leer dos veces.

Lo que no se sabe

Por qué dejaron de salir cosas del Erial hacia el año 50 de la Fundación. El borde lleva quieto desde SEL 400, y Parls sigue siendo fortaleza por algo que lleva ochocientos años sin moverse.

Qué hay en la arboleda del Bosque del Sur. Nadie del Reino la ha visto, y los silvanos del Margen no lo dicen.

Y adónde va el Río Inverso. Entra en la roca del lado galendrio y no sale a éste, o sale donde nadie ha comprobado.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
↑