II · Los Dragones

Lo que concede cada dios

Lo que un dios concede sale de lo que es, y lo que no concede, de sus preceptos. Aquí no hay catálogo: un sacerdote no aprende una lista de prodigios, pide, y su dios da o no da. Lo que sigue es lo que se ve pedir en cualquier sitio, lo que se cuenta durante veinte años después, lo que no se concede nunca, y la cosa que cada uno da y no da ningún otro.

Lo de cada día · lo de cuando hace falta · lo de nunca · lo suyo Lo cuarto se llama el Don, y es lo único de un dios que no se presta: un sacerdote no recibe nunca el Don de un pariente de su dios.

Dos avisos para leerlo bien. Los Mayores duermen, así que lo suyo no llega en un momento: llega tras un rito largo, con un templo delante, y cuando llega no se discute. Y lo de «nunca» no es una cuestión de suerte: el que insiste en pedirlo le está pidiendo a su dios que deje de ser él, y el dios contesta callándose.

Los siete Mayores

Murnos
Murnos
Eminta
Eminta
Aedith
Aedith
Zehena
Zehena
Pernás
Pernás
Nucro
Nucro
Arcazet
Arcazet
Lo que lleva al cuello quien les reza.

Murnos · lo sólido, lo que sostiene

Cada día
Que un muro aguante lo que le queda de noche. Que una carga no se derrame. Que una soga no ceda. Saber si una piedra está sana con la mano puesta encima; saber si un hombre miente cuando jura, que no es lo mismo que saber si dice verdad. Dormir de pie y descansar.
Cuando hace falta
Sostener un techo que ya se cae mientras salen los de dentro. Cerrar una veta que se ha abierto. Cargar un peso que no es de un hombre durante el tiempo exacto que dure el paso. Y la que se cuenta en Méleni: hacer prender una runa que estaba muerta, una vez, para que la lea quien tiene que leerla.
Nunca
Nada que rompa lo dado bajo palabra, ni nada que ayude a romperlo. Nada con pólvora delante. Y no bendice un arma de fuego aunque la lleve un inocente.
Su Don
Lo que sostiene. Algo que está a punto de ceder aguanta hasta que hayan pasado todos. El puente, la viga, la cuerda, el techo de la mina. Después se cae del todo, y se lleva por delante lo que quede encima.

Eminta · lo que se mueve

Cada día
Que el viento no cambie hasta la bocana. Que el agua de un odre no se pudra. Saber dónde está el norte con el cielo tapado y saber cuántas horas de luz quedan. Que una cuerda mojada no se hinche. Que el que va perdido se cruce con alguien.
Cuando hace falta
Abrir una hora de calma en mitad de un temporal. Que un barco vare en arena y no en piedra. Devolver a la orilla a uno que ya se había hundido, una vez y sin explicar por qué a ése. Y la de las Guerras Piratas: la niebla que se queda quieta donde a ella le parece.
Nunca
Nada que ate a nadie a un sitio. No cierra un puerto, no levanta un muro, no encadena. Y no altera el curso de un río ni para salvar un pueblo.
Su Don
La marea. Algo que ya ha pasado se cuenta al revés: la moneda cayó del otro lado, el barco zarpó una hora más tarde, la carta llegó. Sólo vale para cosas que nadie vio decidirse, y no dos veces seguidas. Lo que se hizo delante de alguien, se hizo.

Aedith · la luz, lo que obliga a verse

Cada día
Luz donde no la hay, que es la más pedida del Reino. Que una tinta borrada vuelva a leerse. Saber si un sello es el que dice ser. Que a un hombre no se le olvide lo que vio, exacto, durante los días que tarde en llegar al tribunal.
Cuando hace falta
Que una sala entera vea lo que había en un cuarto cerrado. Que a un mentiroso se le seque la boca mientras miente, que no lo condena pero lo enseña. Y la que la hace temida: enseñar una cosa que alguien quería callada, sin elegirla ella y sin poder pararla luego.
Nunca
Callar. No hay bendición de Aedith que oculte, disimule, disfrace ni deje pasar. El sacerdote que la pide para tapar algo descubre que su dios se ha ido, y no lo descubre él: lo descubre el pueblo, tarde.
Su Don
La aurora. A cielo abierto se hace de día donde tú estás, y dura lo que dura. Lo ve todo el mundo desde muy lejos, a lo que huye de la luz le hace daño, y no se puede volver a pedir en el mismo lugar. Nadie que estuviera allí olvida quién eres.

Zehena · lo vivo

Cada día
Que una herida no se pudra. Que un parto salga. Que un animal se deje. Saber qué se come y qué mata en un puñado de hojas. Que el agua de un charco pueda beberse. Que una simiente prenda fuera de su estación, una vez.
Cuando hace falta
Parar una hemorragia que no para. Que un bosque deje pasar a quien no debería pasar, o que no deje. Devolver a un árbol muerto una estación de hoja — y los Siete Robles son la prueba de que eso se pide poco y se concede menos.
Nunca
Nada contra lo vivo que se tiene delante. Ni el veneno, ni la quema, ni la caza que no se come. Y esto en Zehena no es un precepto que se rompe y se repara: es la corriente misma, así que el que lo hace deja de ser sacerdote esa tarde y todo el mundo lo ve.
Su Don
El bosque contesta. Le preguntas a un lugar vivo y responde: quién pasó, cuándo y hacia dónde. No entiende de nombres ni de intenciones, sólo de cuerpos y de rastro. Y donde está muerto —talado, quemado, empedrado— no hay a quién preguntar.

Pernás · lo ardiente

Cada día
Fuego sin yesca. Que arda lo mojado. Que una hoja tenga filo hoy y no mañana. Que una cuerda ceda en la mano del otro.
Cuando hace falta
Que arda un edificio entero desde dentro. Que una tropa rompa filas sin motivo. Que se caiga lo que estaba sano.
Nunca
Nada que conserve, guarde, cure o repare. Un sacerdote de Pernás no puede pedir que algo dure.
Su Don
Lo que arde no se apaga. El fuego que enciendes no cede a nada corriente: ni agua, ni tierra, ni ahogo. Se acaba cuando ha consumido lo que venía a consumir, y tú tampoco puedes pararlo.

Nucro · lo quieto

Cada día
Oscuridad. Silencio de verdad, el que no deja oír ni el propio paso. Saber cuánto le queda a un enfermo, exacto, al día. Que un muerto reciente no se enfríe todavía.
Cuando hace falta
Que alguien no pueda dormir hasta que haga lo que tiene que hacer. Que una cosa enterrada conteste. Y lo que está prohibido en Dágata y no por herejía sino por delito: levantar a un muerto sin su consentimiento en vida.
Nunca
Nada que devuelva. Nucro no cura, no resucita, no deshace. Es el único Mayor despierto y es el único al que un tribunal de Dágata no le admite la palabra.
Su Don
El Velo Quieto. Un rato no haces ruido, ni tú ni nada que toques: ni el hierro, ni la puerta, ni el que llevas a rastras. Y lo que se te acerque en ese silencio tampoco puede gritar.

Arcazet · el Tejedor

Cada día
Saber si una cosa tiene arte dentro y de qué hilo. Leer una lengua que no se sabe, mientras dure la página. Que una tinta no se corra. Que un hilo mal separado se deje separar.
Cuando hace falta
Deshacer un encantamiento ajeno sin saber quién lo puso. Que una Obra conteste lo que es, que no es lo mismo que decir para qué sirve. Guardar una cosa dicha en una piedra durante años.
Nunca
Nada sencillo. Y ésta es su particularidad y la razón de que en juicio no valga: su arte engaña también al que lo usa, así que un sacerdote de Arcazet no puede jurar que lo que ha visto es lo que ha visto.
Su Don
La palabra debajo. Miras algo hecho con magia —un hechizo aún en el aire, una runa, un objeto, un pacto— y lees quién lo hizo, cuándo y con qué intención. Sin discusión. No dice cómo deshacerlo.

Los catorce Hijos

Los Hijos contestan en el momento, y por eso es lo que más se pide en una aldea. Van por estirpe.

Estirpe plateada

Kalindra

Cada día
Que un escudo aguante el primer golpe, que un preso pueda andar, que a nadie se le duerman las manos en guardia.
Cuando hace falta
Que una línea que iba a romperse no se rompa, hasta que ella diga.
Nunca
Nada contra un prisionero, y nada mientras el que lo pide lleve armadura pesada.
Su Don
El escudo prestado. Tu escudo cubre a alguien a quien puedas ver, esté donde esté, y a ti no. Dura lo que dure la pelea, y no se puede repartir: uno solo.

Tirian

Cada día
Que una fiebre baje, que un hueso suelde derecho, que a un viejo no le duela hoy, que una masa suba.
Cuando hace falta
Que en una casa de las que no tienen a nadie no muera nadie esa noche.
Nunca
Negar auxilio a quien lo pide, ni tocar un arma de filo, ni cobrar por curar.
Su Don
La mano que arregla. Algo roto vuelve a estar entero, y se ve la costura: la grieta se queda dorada, el hueso queda con un nudo. Sirve para una vasija, una espada o una pierna. No sirve para lo que estaba vivo y ya no lo está.

Estirpe azul

Vandar

Cada día
Que una soldadura agarre, que una puerta no ceda, que el metal diga si está frío por dentro.
Cuando hace falta
Que una plaza aguante un día más del que podía.
Nunca
Huir, dejar una obra sin terminar, ni empuñar lo que no sea metal.
Su Don
La línea que no se cruza. Trazas una raya en el suelo y mientras dura el trance nada la pasa sin pelear contigo antes. Tú tampoco la pasas.

Zelthar

Cada día
Viento de popa, que una escala no gire, que se oiga de lejos.
Cuando hace falta
Que un rayo caiga donde él quiere y no donde tocaba.
Nunca
Nada que fortifique, nada que ate a alguien a un sitio, y nada si lleva ocho días en el mismo pueblo.
Su Don
El viento que empuja. El viento se pone de tu parte un rato: la vela, la flecha, el salto, la caída. Y de la de nadie más, ni de los tuyos.

Estirpe dorada

Therad

Cada día
Leer lo ilegible, recordar lo leído, que una cuenta salga a la primera.
Cuando hace falta
Que un libro perdido diga dónde está su copia.
Nunca
Rechazar a un estudiante, ni mentir sobre un hecho, ni destruir un texto, aunque el texto sea de Nucro.
Su Don
La página que falta. Un texto que tienes delante te dice lo que le falta: la línea arrancada, el nombre tachado, lo que decía antes de que lo corrigieran. No inventa lo que nunca estuvo escrito.

Quarion

Cada día
Que a uno no le tiemble la mano, que un caballo no se espante, que un juramento se oiga en toda la plaza.
Cuando hace falta
Que el que va solo contra muchos aguante lo que dure.
Nunca
Nada por la espalda, nada contra el que se ha rendido, nada a cambio de dinero.
Su Don
La balanza. Señalas a dos y se sabe cuál de los dos tiene razón en lo que se está discutiendo. No dice quién miente ni quién es mejor: dice quién tiene razón, y a veces es el que miente.

Estirpe verde

Sylvara

Cada día
Cerrar una herida, calmar un dolor, dormir a quien no puede, que dos que se odian se oigan una vez.
Cuando hace falta
Traer de vuelta a uno que se estaba yendo, y siempre a costa de algo del que lo pide.
Nunca
Negar curación a quien la busca, ni causar daño a propósito, ni preguntar de qué lado está el herido.
Su Don
La hoja. La herida cierra y deja una cicatriz con forma de hoja. Quien la lleva no puede recibirla otra vez hasta la primavera siguiente, y se le nota.

Vormoth

Cada día
Que un ingenio funcione la primera vez, que una mezcla no reviente, que se vea el fallo de un plano.
Cuando hace falta
Que una cosa sea otra cosa el tiempo que dure el apuro.
Nunca
Repetir lo que ya se hizo igual, y nada que sostenga algo sólo porque siempre fue así.
Su Don
La vuelta. Algo tarda en pasar lo que tú digas, hasta un día: la herida en infectarse, la fruta en pudrirse, el veneno en obrar, la nieve en llegar. Y cuando llega, llega entero y de golpe.

Estirpe negra

Orphos

Cada día
Que una cerradura ceda, que una cara no se recuerde, que un agua se corrompa despacio.
Cuando hace falta
Que un pueblo entero enferme sin que se sepa por dónde entró.
Nunca
Nada abierto, nada declarado, nada que ayude de frente.
Su Don
Lo que se guarda. Dices una mentira y esa mentira no se puede descubrir hasta que la reveles tú. Una sola a la vez: la siguiente suelta la anterior, y la suelta entera.

Zarthax

Cada día
Que un cuerpo no se corrompa hasta el rito, que una fosa se cave en tierra helada, saber de qué murió alguien con mirarlo.
Cuando hace falta
Que un muerto quede quieto para siempre, que en Dágata es lo que más se le pide.
Nunca
Levantar a un muerto, ni impedir una muerte que toca, ni cobrar por enterrar a un pobre.
Su Don
La última palabra. Un muerto reciente contesta una pregunta, y contesta la verdad, porque a él no se le miente. No se le puede preguntar por los vivos.

Estirpe roja

Cynara

Cada día
Que un hilo se deje tomar sin cédula, que una cosa oculta pique en la nuca, que un trato salga a favor del que lo pide.
Cuando hace falta
Enseñar dónde está lo que se busca, y cobrarlo.
Nunca
Nada gratis y nada que cierre una puerta.
Su Don
El trueque. Le cuentas un secreto que no sabía nadie y ella te da otro de valor parecido, de quien tú digas. Ella elige cuál. Y el tuyo deja de ser tuyo.

Fyrar

Cada día
Que una quemadura no deje marca, que una semilla nazca de ceniza, que el cielo avise con tiempo.
Cuando hace falta
Que de lo quemado salga algo.
Nunca
Nada que impida un cambio que tiene que pasar. Fyrar se exilió para no participar y no concede nada de guerra a nadie.
Su Don
Lo que sale del fuego. Algo destruido delante de ti vuelve, cambiado en otra cosa de su misma naturaleza y su mismo tamaño. La casa quemada vuelve como un árbol. Qué es, lo elige él.

Estirpe blanca

Lodrah

Cada día
Dormir sin soñar, soñar a propósito, saber qué hora es sin sol —que en Dágata vale más de lo que parece—, que una cara parezca otra un rato.
Cuando hace falta
Que alguien vea en sueños lo que hizo.
Nunca
Ignorar un sueño profético, ni usar una ilusión para dañar sin necesidad.
Su Don
El recado. Le dices una frase a alguien que esté durmiendo, esté donde esté, si alguna vez le has visto la cara. La oye en sueños y sabe de quién es. No puede contestar.

Brumath

Cada día
Que una riña no llegue a hierro, que a uno se le pase el miedo, que un cuarto quede en silencio.
Cuando hace falta
Parar una pelea entera con la voz.
Nunca
Iniciar nada, tomar partido cuando los dos lados tienen razón, ni consentir que la injusticia rompa el equilibrio — que es el único caso en que Brumath sí interviene.
Su Don
El peso de la intención. Miras a alguien y sabes a qué venía aquí. No lo que ha hecho, ni lo que va a decir: a lo que venía. Si él mismo no lo sabe, tú tampoco.

Lo que no se sabe

Si hay más de un Don por dios. Cada clero sostiene que el suyo es el único, y ninguno ha visto a otro sacerdote de su dios recibir un Don distinto. Pero los cleros son pequeños y los dioses viejos, y nueve mil años de nadie mirando dan para mucho.

Qué da Cynara desde la urna. Sus sacerdotes reciben el trueque, y sus sacerdotes mienten, así que la única prueba es que las Casas de Sornavar y Khel'Zorad saben cosas que no deberían saber.

Y por qué los Mayores dormidos contestan. Un dios que duerme no debería oír un rito. Los enanos dicen que Murnos no oye, que el rito le llega como le llega a uno el ruido de la casa mientras duerme, y que por eso lo que da es tan grande y tan poco preciso.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
↑