VI · Dágata

La economía

Ocho granos son un ochavo, dos ochavos un cuarto, cuatro cuartos una rueda y veinticuatro ruedas un marco. Aquí está la moneda y quién la acuña, lo que se saca de la tierra, quién lo vende, dónde y cuánto se paga por pasar.

La moneda

La balanza del cambista. En Dágata se pesa antes de contar.
La balanza del cambista. En Dágata se pesa antes de contar.

1. La idea, en una frase

En Dágata el oro se pesa, la plata se rompe y el bronce se mide. Tres metales y tres verbos distintos, y cada verbo lleva detrás una manera distinta de tratar con el dinero.

Eso es lo que lo separa de la escalera de siempre. En cobre-plata-oro las tres monedas son la misma cosa en tres tamaños. Aquí no: un marco de oro no es una moneda grande, es un lingote sellado que nadie ha visto en un mercado; una rueda de plata se parte para pagar; y los granos de bronce no se cuentan uno a uno, se llenan con un cazo.

2. El oro se pesa · el marco

No hay moneda de oro en Dágata. La ceca de Llágata —la única del Reino que toca el oro, y es de la Corona, no del ducado que la aloja— no acuña una pieza de oro desde 812, el año en que se hundió la techumbre del Palacio de Justicia y hubo que rehacer la ceca con dinero de Bisak. Desde entonces solo hace una cosa: fundir, pesar y sellar.

El resultado es el marco: una barra plana de dos dedos de ancho con el sello de la ceca en las dos caras y el año en el canto. No circula. Sirve para tres cosas y para nada más: pagar a la Corona, saldar entre casas nobles, y dotar. Un labriego puede vivir setenta años sin ver uno.

Y quedan las viejas. Las monedas de oro acuñadas antes de 812 siguen existiendo, en arcones y en collares, y valen más que su peso precisamente porque no se hacen más. Un mercader que acepta una vieja al peso está haciendo un mal negocio y lo sabe; se aceptan al peso y un tercio.

3. La plata se rompe · la rueda

La moneda de verdad. La rueda es un disco de plata del tamaño de la palma de un niño, con un agujero en el centro y cuatro surcos fundidos en la pieza que van del agujero al borde.

Los surcos están ahí para lo que parece: la rueda se rompe. Se apoya en el canto de una mesa y se parte por el surco, y lo que sale son cuatro cuartos, cuñas curvas que se ensartan en un cordel. Cada cuarto se vuelve a partir en dos y salen ochavos, que es la pieza de plata más pequeña que existe y la que de verdad lleva la gente encima.

Ocho ochavos hacen una rueda, y todo baja partiendo por la mitad. Esa es toda la aritmética del sistema y no hace falta más.

La rueda ciega

Con una excepción que en la mesa da mucho juego: la Corona bate su plata sin agujero y sin surcos. Se llama rueda ciega, es más pesada, es de mejor ley y no se puede romper.

Es una moneda para pagar cantidades enteras, no para hacer cambio, y por eso cobrar en ruedas ciegas es medio insulto: te han pagado bien y te han dejado sin poder gastarlo hasta que encuentres a alguien que te la cambie con descuento. A los soldados de la Legión se les paga así. Llevan ochenta años quejándose.

Y la plata tiene acento

Aquí está lo que hace dagatense a este sistema. Siete cecas ducales baten ruedas, y no tienen la misma ley. La de Méleni es la mejor y la de Parls la peor, y todo el mundo lo sabe: un tendero de Ságata mira de quién es la rueda antes de mirar cuánta plata hay.

La Casa del Cómputo publica cada primavera la Cuenta del Año, que es una hoja con siete líneas. cuántos granos vale la rueda de cada ceca en ese ejercicio. En 850.

Ceca Vale
Méleni 66 granos
Corona ⟨rueda ciega⟩ 66
Bisak 64
Llágata · Sálama · Cands 64
Ságata 62
Parls 58

La rueda de referencia son 64 granos, y cuando alguien dice «una rueda» sin más, eso es lo que quiere decir.

De ahí salen tres cosas gratis. Que cambiar dinero es un oficio y hay quien vive de él en cada ciudad. Que pagar en plata de Parls es un gesto, y en Parls lo saben y se lo tragan. Y que falsificar no es hacer plata falsa —eso es difícil— sino poner el cuño de Méleni sobre plata de Parls, que es fácil, rentable y se castiga como falsedad en documento del Reino.

4. El bronce se mide · el grano y la medida

Debajo del ochavo está el grano: una pieza de bronce del tamaño de una uña, sin cara, con una espiga por un lado y nada por el otro. Ocho granos hacen un ochavo.

Los granos no los controla nadie. Los baten los concejos, están gastados, hay galendrios entre ellos y algunos tienen trescientos años. Pasan por costumbre, y por debajo del ochavo en Dágata no se pesa nada.

Y no se cuentan. En cualquier mercado del Reino el vendedor tiene la medida: un cazo de bronce con mango, rasero incluido, que contiene exactamente ocho granos — o sea, un ochavo. Se llena, se rasa con el canto y se vuelca. Nadie cuenta ocho monedas pudiendo llenar un cazo.

La medida la sella el concejo y se revisa dos veces al año. Tener la medida picada por dentro — con el fondo abollado hacia arriba, para que quepan siete granos donde deberían caber ocho— es el fraude más común del Reino y tiene nombre propio: medida sorda. Se castiga con la pérdida del puesto en el mercado durante un año, que arruina a más gente que una multa.

5. Méleni no juega

Los enanos no aceptan el cuño de nadie. Cobran y pagan en plata sin batir, al peso, con su propia balanza, y a un mercader humano que llega con una bolsa de ruedas le hacen exactamente lo que le haría un cambista: pesarlas y descontarle la diferencia.

No es desprecio, es método: para Méleni una moneda es un trozo de metal con la mentira de alguien encima. Es también la única frontera comercial de verdad que tiene Dágata por dentro, y la razón de que en el Yunque Frío haya siempre alguien que cobra por traducir un trato.

6. La tabla, para no volver a pensarla

8 granos = 1 ochavo · 2 ochavos = 1 cuarto · 4 cuartos = 1 rueda = 64 granos · 24 ruedas = 1 marco de oro.

Un marco son 1.536 granos. Es todo lo que hay que saber.

Lo que gana la gente, al día:

Peón de campo 3 granos
Soldado de leva 4 granos y la comida
Marinero 5 granos
Soldado de la Legión 6 granos, comida y armas
Postillón de posta 10 granos y casa
Artesano oficial de gremio 12 granos ⟨ochavo y medio⟩
Escribano de concejo 16 granos
Maestro de posta 20 granos y casa
Maestro de taller 24 granos ⟨3 ochavos⟩
Capitán 24 granos
Hechicero con licencia, por jornada de trabajo 1 rueda

Lo que cuestan las cosas:

Pan de dos libras · jarra de cerveza 1 grano
Jarra de vino corriente · cena de posta · pienso y cuadra 2 granos
Gallina 3 granos
Jergón en el desván de una posta 4 granos
Cuarto con puerta · hacha de leñador · muda de labriego · entierro con sacerdote 1 ochavo
Botas 2 ochavos
Cerdo 1 cuarto
Arco · capa buena de lana 1 rueda
Pasaje de cubierta a Tor-Réna 2 ruedas
Espada de mano, hechura corriente 3 ruedas
Ballesta 4 ruedas
Mula 5 ruedas
Buey de labor 6 ruedas
Pasaje de camarote a Tor-Réna 8 ruedas
Espada con hoja de licencia 9 ruedas
Caballo de silla 12 ruedas
Cota de malla 20 ruedas
Casa de labranza en un pueblo 30 ruedas
Caballo de guerra 40 ruedas

Con esto se saca cualquier precio que falte: si dudas, ponlo en jornales de peón y divide entre tres. Un objeto que cuesta un mes de trabajo vale unos 90 granos, o sea rueda y media.

7. Qué se rompe y qué no

Se rompe una equivalencia y hay que reescribirla donde salga. La Corona de veinte Platas y doscientos cuarenta Bronces desaparece. La conversión, para los documentos que ya la usaban: 1 bronce viejo = 1 grano, y de ahí todo. La deuda de la Corona con Saecta —ciento cuarenta coronas desde 831— pasa a ser veintidós marcos, que suena a lo que es: poco dinero y mucho tiempo.

Y hay un precio que cambia. El cuarto de una posta costaba una plata; ahora cuesta un ochavo, que es un pelo menos. queda actualizado.

El barrido, hecho

La reescritura se dejó a medias en su día y se ha terminado el 9 de septiembre. El tipo de cambio es el que ya fijó D-214 cuando corrigió el trato de palabra: cinco coronas pasaron a veinte ruedas, o sea una corona = cuatro ruedas. Sale de la aritmética vieja —240 bronces = 240 granos = 3,75 ruedas— redondeada hacia arriba a la cifra que un escribano escribiría, y aplicada igual en todas partes para que las proporciones entre penas se conserven.

Antes Ahora Dónde
2 · 8 · 15 · 40 · 50 · 60 · 200 coronas 8 · 32 · 60 · 160 · 200 · 240 · 800 ruedas la Tabla del Daño
20 coronas 80 ruedas mover mojón; apelación en feria
50 coronas 200 ruedas ⟨multa⟩ · 8 marcos ⟨cuantía de apelación al Gran Tribunal⟩ uso sin cédula; §5
100 coronas 16 marcos portazgo no inscrito
140 coronas 22 marcos la deuda con Saecta
8 · 12 · 25 coronas 3 marcos, iguales las tres matrícula, y aquí manda y no el cambio
1 plata 1 ochavo dormir
1 bronce 1 grano todo

La Tabla del Daño queda escrita en ruedas y todas sus cifras son múltiplos de cuatro, que es lo que le pasa a una tarifa que se redondea cada quince años. Y el delito de falsear el oro real deja de decir «acuñar Coronas de Oro», que era imposible desde 812: lo que se falsea es el sello del marco de la ceca.

Quedan limpios.. y las filas de. no tenía ninguna: el reglamento publicado nunca llevó la moneda vieja.

La ceca de Llágata

1 · Está en Llágata y no es de Llágata

La ceca ocupa un patio con dos naves y un torreón pegado al muro sur de la capital, y es de la Corona. Los Llyneth ponen el suelo y cobran por él un canon fijo que no se ha revisado desde 812. lo cual, con lo que ha subido todo en cuarenta años, es hoy una limosna. Es una de las cuatro cosas que Thesalia querría renegociar y no puede, porque pedirlo abriría la conversación entera sobre qué le debe la Corona a la ciudad que la aloja.

Es el único edificio de Llágata donde no manda la Duquesa. La guarda la Guardia Real, que son doscientos hombres en todo el Reino y de los cuales veinticuatro están ahí. La guardia ducal no entra ni en el patio.

2 · Quién manda dentro

Del Maestre de la Moneda del Gabinete Real, y de nadie más. Bajo él, tres oficios.

El Ensayador, que dice cuánta plata lleva el metal antes de batirlo y responde con su cuello si miente. El Tallador, que hace y guarda las matrices, y que es el único hombre del Reino que sabe por qué el cuño de la rueda ciega no se puede copiar bien. Y los dieciocho Contrastes, que no trabajan aquí: están repartidos por el Reino pesando la moneda ducal ajena y mandando el resultado a la Casa del Cómputo, que es de donde sale la Cuenta del Año.

Debajo, ochenta personas entre fundidores, acuñadores, pesadores y mozos, y ninguno sale del recinto con las manos vacías: se registran al entrar y se registran al salir, y llevan cuarenta años sin un solo caso.

3 · El arca de tres llaves

El oro y las matrices viven en el sótano del torreón, detrás de una puerta con tres cerraduras distintas, copiando la regla del arca de cualquier Casa del Concejo pero un escalón más arriba. Las llaves las tienen el Maestre de la Moneda, un juez del Gran Tribunal sorteado cada año y el Canciller Real. Ninguna abre sola y no hay maestra.

Los tres tienen que estar delante, y por eso el sótano se abre once o doce veces al año y no más. cuadrar el arca es una ceremonia con calendario, y todo el mundo en la corte sabe cuándo toca. Que todo el mundo lo sepa es a propósito: una ceca que abre a escondidas es una ceca de la que se sospecha.

4 · Lo que sale de ahí

Oro no. Desde 812 la ceca no acuña una sola pieza de oro: funde, pesa y sella marcos. barras planas con el león y el peso grabados. Un marco no es una moneda, es un lingote certificado, y se usa como se usa un lingote — se pesa otra vez, y quien no lo pesa es tonto.

Plata sí, y solo la de la Corona: la rueda ciega, sin agujero central y sin los cuatro surcos fundidos que llevan las ruedas ducales. Una rueda ciega no se puede partir en cuartos, y por eso pagar a la Legión en ruedas ciegas es medio insulto: se les paga con dinero que no se puede gastar en trozos.

Bronce también, y de eso sale la mitad del trabajo del año: el grano de bronce se gasta, se desgasta y se pierde, y hay que reponerlo constantemente.

Al año salen del patio unos setecientos mil ruedas entre las siete cecas, de los cuales la de Llágata bate poco más de un tercio.

5 · La moneda no lleva cara

Y aquí está lo que hace dagatense a la ceca. En Dágata el Rey no sale en la moneda.

En cualquier otro reino la cara del soberano es lo que hay en el anverso, y cambiar de soberano obliga a rehacer las matrices y a retirar lo viejo. Aquí no: la rueda lleva el león de oro con la bordura componada de las siete piezas, que es el escudo del Reino, o sea un dibujo de la constitución. Y en el reverso, el año de la Luz.

Así que cuando muere un Rey no hay que reacuñar nada. Ni una matriz, ni una pieza. La moneda de Galren el desterrado sigue circulando doscientos sesenta y tres años después y vale exactamente lo mismo, porque no era suya. En el reino donde nadie hereda, el dinero tampoco lleva apellido.

Lo que sí cambia con el Rey es la Cuenta del Año, que se publica en primavera y que un Rey nuevo puede querer estrenar con una revisión de la ley de alguna ceca. Ahí sí hay política.

Y lo que cambia todos los años, sin excepción, es el millar del reverso: por eso una rueda se puede fechar de un vistazo, por eso se sabe qué años se batió poco, y por eso los cambistas saben, sin tener que preguntar, que el año 812 salió un tercio menos de plata que el anterior.

6 · Falsificar

Es alta traición y una de las tres cosas que se pagan con la cabeza. Pero en Dágata falsificar no significa lo que significa en otros sitios.

Hacer plata falsa —peltre plateado, moneda de plomo— es hurto y va por §1.3: hay que engañar a alguien y el alguien acaba dándose cuenta. Lo que es alta traición es poner el cuño de Méleni sobre plata de Parls: la plata es de verdad, la pieza es de verdad, y lo falso es la ley. Ocho granos de diferencia por rueda, invisible al ojo, detectable solo con balanza y ensayo, y multiplicado por cien mil piezas es una fortuna.

De ahí que los dieciocho Contrastes existan, de ahí que la Cuenta del Año se publique, y de ahí que el delito lo persigan los del lacre y no la guardia: no se caza en la calle, se caza en un libro.

Pesos y medidas

1 · La decisión: métrico, y se acabó

2 · Las cuatro palabras que sí se dicen

Nadie en una taberna dice «cuarenta y siete kilómetros». Así que hay cuatro unidades de boca, y las cuatro son múltiplos exactos de las de arriba, para que no haya que convertir nunca.

Se dice Es Se usa para
la legua 5 km distancias de camino
la jornada 25 km — cinco leguas lo que anda un carro cargado en un día
el quintal 100 kg carga, grano, mineral
la cántara 16 litros vino, aceite, agua

Un carro de cuatro ruedas lleva ocho quintales. La Ruta del Oeste, de Llágata a Cands, son 1.509 km de firme: trescientas dos leguas, sesenta jornadas, y así es como lo dice un arriero — nunca en kilómetros y casi nunca en leguas, sino en días.

Y la quinta, que ya estaba escrita y no se toca: la medida, el cazo de bronce que contiene exactamente un ochavo de granos. Es de volumen y de dinero a la vez, y es la única unidad de Dágata que puede ser sorda.

3 · Quién las guarda

El almotacén de cada concejo tiene el patrón: una vara de hierro de un metro, un juego de pesas de un quintal a cien gramos y la medida. Contrasta cuando le da la gana y falla en el sitio lo que no pase de una rueda.

Los patrones de los patrones están en la ceca de Llágata, junto a las matrices, detrás de la puerta de tres llaves. Se copian una vez cada diez años y los llevan los Contrastes en sus rondas.

Méleni mide igual y pesa distinto: los enanos usan las mismas unidades y su propia balanza, y no aceptan la de nadie, igual que no aceptan cuño ajeno. Un trato en Méleni se pesa dos veces y se discute una.

Recursos, minas y cifras de producción

0 · Antes de nada: la capa de recursos del mapa no vale

Repartidos por los siete ducados hay ahora mismo doscientos y pico camellos, doscientos elefantes, incienso. dátiles y caña de azúcar en un reino templado con nieve en la sierra. No es un ajuste fino: es ruido.

Lo de este documento la sustituye. El §7 dice cómo llevarlo al mapa. Y lo que sí es bueno del fichero y se ha usado aquí son los biomas, el relieve y las provincias, que están corregidos a mano y son canon.

1 · El reino, de un vistazo

Dágata es un reino templado: la mitad bosque caducifolio, un tercio pradera, sierra baja en los bordes, dos mil kilómetros de costa y una cicatriz al norte. No tiene desierto, no tiene trópico y no tiene montaña alta salvo La Muralla y el macizo del sur. Eso decide todo lo demás.

De los siete ducados, cuatro producen comida, dos producen metal y uno produce barcos. Ninguno se basta solo, y esa es la razón de que la Ley de Portes importe tanto.

2 · Ducado por ducado

Parls · el hierro y la frontera

Pradera al sur, Erial al norte, la sierra del Humo en medio. Es el ducado del hierro y del carbón. y por eso puede mantener diecisiete mil hombres sin ser rico: no compra el acero, lo hace.

Hierro de vena en las lomas de Trenac, carbón de piedra en la cuenca de Bramar, sal de marisma en el delta, arcilla, caballo de tiro y trigo de secano en la llanura del sur. Ganado vacuno en Garador. Lo que no es suyo y pasa por sus manos: las pieles, la cera y el ámbar que baja Norvia por el Erial cada invierno, y que es lo único que hace de Garador algo.

Ságata · madera, caballo y piedra de moler

El ducado central, el más grande y el más equilibrado. Robledal en el norte de Kórnik —la madera de construcción del Reino sale de ahí, y con ella el carbón vegetal, que no es lo mismo que el de piedra y vale el triple—, pradera de yeguada en Neviv, y en la comarca de Rivelan la única minería del ducado: Peña Herrada, cobre con algo de plata, cuyos mineros no tienen gremio que los ampare porque la fundición sí lo tiene y ellos no.

Y viña. Las laderas interiores del sur del ducado, más frías que las de Cands, dan el tinto de guarda de Ságata, que aguanta ocho o diez años y que en un año bueno da algo serio: la cosecha de 828 se sigue nombrando. Es poco volumen y caro.

Turil pone la piedra de sillería y las muelas de molino, que es un artículo aburrido y caro: una muela de Turil dura veinte años y cuesta lo que un caballo.

Llágata · lo que se come y lo que se bebe

El ducado más pequeño y el más denso. Íbeca es el trigo del Reino y por eso la Era de Íbeca fija el precio del pan. Saecta es la piedra: sillería buena y una veta de mármol blanco que es la única del continente y con la que están hechas las tres universidades. Lakme es la sal y el pescado de lago. La vega de la capital da el vino, y Utum la arcilla y la alfarería.

Y aquí está la ironía que ya estaba escrita: el ducado que produce todo eso tiene la Casa Ducal más pobre, porque el trigo es del conde de Íbeca, la sal del de Lakme y la piedra del de Saecta.

Méleni · el metal bueno

Cuatrocientas setenta y ocho celdas en superficie y siete niveles hacia abajo. Arriba, pradera y poco. Abajo, el Filón Mayor: hierro de calidad muy superior al de Parls, plata, y gemas en la Veta Roja. Carbón de coque en el Paso del Yunque, que es lo que permite fundir bien.

Los enanos no canalizan magia: tallan la veta, y uno de cada mil nace con oído de veta, lo que en términos de economía significa que Méleni encuentra filones que nadie más encontraría. Ésa es toda la ventaja, y basta.

Méleni produce el mejor acero del Reino y no lo vende barato a nadie.

Cands · el mar

Bosque hasta la costa y costa hasta el horizonte. Madera de ribera en los pinares de Medimar —diferente de la de Kórnik: la de ribera se curva y la de Kórnik aguanta—, pez y brea en Fáladi. cáñamo en Algés para jarcia y velamen, pescado salado en toda la costa y ballena en los bancos de Ondara tres meses al año.

Y la viña de la costa, en las laderas que caen al mar detrás de los pinares: blanco seco y salino, joven, y el vino que más se bebe en Dágata y el que más se exporta — por la misma razón que todo lo demás aquí, porque Cands tiene los cascos para moverlo.

Cands no tiene minas y no las necesita. Lo que tiene es lo único que Dágata no puede hacer en otro sitio: cascos.

Bisak · papel, tinta y hierro de guerra

El ducado académico, y eso también es una industria. Trapo, papel, tinta de agalla y encuadernación para la Torre del Horizonte, y de ahí los libros, que son la exportación cara de Bisak y la razón de que un libro en Dágata cueste lo que cuesta y no más.

Y en el sur, Yanal: hierro de la frontera del bosque, fundido en la ciudad fortaleza y consumido en la ciudad fortaleza. La Compra de Yanal es donde sale lo que sobra.

Sálama · pobre, y con lo que todos necesitan

El ducado más pobre de los siete, y con razón: tundra en un cuarto de su territorio, sierra en otro y el bosque hostil al oeste. Vive de la lana del alto Mafil, la miel y la cera de Verimeth —la cera importa: los templos y las escribanías queman una barbaridad—, y el paño basto que se vende en la Feria del Paño.

Y del salitre de Vento, que es lo único de esta lista que no tiene sustituto. Es el único yacimiento de salitre del Reino, la pólvora es licencia personal del Rey y no gremio, y Vento tiene artillería costera. Es decir: el ducado más pobre de Dágata guarda el ingrediente de la pólvora del Reino entero, y hasta hoy a nadie se le ha ocurrido decirlo en voz alta en el Salón de los Siete Tronos.

3 · Las explotaciones con nombre

Coordenadas listas para poner marcador en. La escala es 1 px = 2,01 km, así que la distancia de la referencia está en kilómetros de verdad.

Explotación Ducado Qué saca x · y Gente Nota
Las Herrerías de Trenac Parls hierro de vena 632 · 452 900 Cuatro bocas y doce fraguas. Del Duque, no del conde
La Cuenca de Bramar Parls carbón de piedra 712 · 452 600 A pie de la Ruta del Litoral, que es por lo que existe
Las Marismas de Delta Parls sal 752 · 448 400 Estacional, y medio contrabando
Los Robledales de Kórnik Ságata madera y carbón vegetal 720 · 690 1.100 Corta reglada por el concejo; talar de más es delito de vecindad
Las Carboneras de Hulla Parls carbón de leña 902 · 576 1.200 9.000 t al año. Es lo que funde el hierro de Trenac
La Yeguada de Neviv Ságata caballos 752 · 771 350 Compra la Corona: postas y Guardia Real
Peña Herrada Ságata cobre y plata 888 · 780 700 Sin gremio propio. La mina más resentida del Reino
Las Canteras de Turil Ságata sillería y muelas 866 · 722 300 Una muela dura veinte años y cuesta un caballo
La Era de Íbeca Llágata trigo 984 · 657 — No es una finca: es un condado entero
Las Canteras de Saecta Llágata sillería y mármol 1050 · 760 1.400 El único mármol del continente. Contrata en feria
Las Salinas de Lakme Llágata sal de lago 1080 · 565 500 Quince días de feria al año sin derecho de barca
Las Arcillas de Utum Llágata arcilla, alfarería, teja 1011 · 722 250 Único pueblo silvano de Llágata
El Filón Mayor Méleni hierro y plata 690 · 584 3.000 Bajo la ciudad. No se enseña
El Paso del Yunque Méleni carbón de coque 700 · 570 400 Lo que hace posible el acero enano
La Veta Roja Méleni gemas 695 · 590 200 Nadie de fuera ha entrado nunca
Los Pinares de Medimar Cands madera de ribera 630 · 700 800 Curva por naturaleza; sin ella no hay cuadernas
Las Pegueras de Fáladi Cands pez y brea 604 · 768 300 Huele desde media legua. Nadie vive al este del arroyo
Los Cañamares de Algés Cands cáñamo, jarcia, velamen 525 · 815 450 A doscientos pasos del Peaje Viejo
Los Bancos de Ondara Cands pescado y ballena 560 · 596 700 Tres meses al año y se pierden barcos todos
Los Trapales de Bisak Bisak papel y tinta 545 · 855 400 Papel de trapo. La Torre se lo come entero
El Hierro de Yanal Bisak hierro y armas 610 · 950 900 Se funde y se gasta en la misma ciudad
La Lana del Alto Mafil Sálama oveja y lana 958 · 879 — Comarca entera, trashumante
Los Colmenares de Verimeth Sálama miel y cera 1033 · 833 600 La cera importa más que la miel
El Salitre de Vento Sálama salitre 1028 · 782 350 Único del Reino. Guardia de la Corona, no del Duque

4 · Las cifras

Sobre cinco millones novecientas mil almas ⟨registro⟩, con ocho de cada diez viviendo del campo. Todo lo de abajo es producción anual y hay que leerlo con la mano suelta: son órdenes de magnitud para que la mesa no diga tonterías, no una contabilidad.

La cifra del grano es bruta y hay que restarle dos cosas antes de comérsela: un quinto vuelve al suelo como simiente y una parte pequeña se malta. Quedan del orden de 1,9 millones de toneladas para la boca, que repartidos entre 5,9 millones de personas dan 325 kilos por cabeza y año — exactamente el kilo de pan diario del adulto con los niños a media ración que describe. Dágata se alimenta sola y le sobra poco: un mal año no la mata. dos seguidos sí, y eso es lo que pasó en 733.

Qué Cuánto al año Quién
Grano 2.400.000 toneladas Íbeca un sexto; el resto repartido
Hierro en bruto 1.400 toneladas Parls 600 · Méleni 400 · Yanal 250 · resto 150
Acero de calidad 90 toneladas Méleni casi todo
Carbón de piedra 12.000 toneladas Bramar y el Yunque
Sal 9.000 toneladas Lakme la mitad
Vino 40.000 hectolitros la vega de Llágata
Lana 900 toneladas Sálama dos tercios
Cera 60 toneladas Verimeth
Madera de obra 55.000 toneladas Kórnik y Medimar
Cascos grandes 22 Cands. Más unos 90 de cabotaje
Plata amonedada 3 toneladas las siete cecas juntas
Papel 9.000 resmas Bisak
Salitre 40 toneladas Vento, y solo Vento

Las tres toneladas de plata son la cifra que más duele. Salen unos setecientos mil ruedas nuevos al año para un reino de seis millones: no llega a un ochavo por cabeza y por año. Por eso en Dágata la moneda es escasa, por eso el bronce se mide en vez de contarse, por eso el trato de palabra llega hasta veinte ruedas y por eso la Callada tiene el negocio que tiene. en un reino sin plata suficiente, mover una cifra vale más que mover el metal.

5 · Lo que Dágata no tiene

Estaño. No hay una sola vena en el Reino, y sin estaño no hay bronce. Viene de Tyrondir por la Ruta Subterránea, y pasa por Méleni. Eso, y no la simpatía, es la mitad de por qué el primer trono es de Durnok: el Reino le compra el bronce a un ducado que compra el estaño fuera.

Oro. No se saca oro en Dágata. El que hay entró como tributo, botín o comercio, y desde 812 no se acuña: se funde, se pesa y se sella en marcos.

Ámbar, pieles y cera fina de Norvia, por el Erial en invierno. Seda, especia y tinte caro por mar, vía Cands. Papel de lino bueno de Galendria, que es mejor que el de trapo de Bisak y todo el mundo lo sabe menos Bisak.

6 · Dónde se rompe

El salitre. Un yacimiento, en el ducado más pobre, con licencia real y guardia de la Corona.

El estaño. Una ruta, bajo tierra, a través de un ducado que no depende del Reino para nada.

El mármol y la muela. Saecta y Turil no tienen competencia, y una huelga de canteros en la Feria de la Piedra para todas las obras del Reino durante un año, porque las cuadrillas se contratan una vez y no hay segunda.

7 · Cómo llevarlo al mapa

poner a cero el array de recursos por celda del ⟨la línea 210 del fichero⟩. Dejarla como está y añadir encima solo hace que convivan elefantes con salitre.

Después, marcadores, no recursos: cada explotación de la tabla del §3 con su x · y, grupo nuevo mina con icono de pico, y el nombre en la etiqueta. Es más trabajo que la capa automática y es lo único que queda coherente con el canon, porque una mina de Dágata no es un icono: es un pueblo, un gremio y un pleito.

Las coordenadas de la tabla están tomadas desde las poblaciones reales del fichero y caen todas en

el relieve manda.

Los gremios

1. El Reino no reconoce oficios: reconoce libros

En el derecho dagatense hay una línea vieja que nadie había desarrollado y que resulta ser toda la definición: el libro del gremio hace prueba en juicio.

Así que un gremio no es un colegio de artesanos ni una hermandad. Es una corporación cuyo libro cree un tribunal, y eso es lo único que legalmente lo distingue de cuatro herreros que se llevan bien. Todo lo demás —el santo, la cena, el estandarte, el pleito con el gremio de al lado— es costumbre encima.

De ahí salen dos consecuencias que hay que tener presentes antes de seguir.

Que expulsar a alguien no le impide trabajar. Le deja sin poder demostrar nada. El expulsado sigue teniendo su fragua, su destreza y sus clientes; lo que pierde es que su palabra vuelva a valer más de veinte ruedas. En un reino que lleva ochocientos años discutiendo qué cuenta como prueba —la piedra de Méleni, la Tabla de los Preceptos, el aparecido, el sello de dos mitades de los Investigadores—, ésa es la peor condena civil que existe y no la escribió ninguna ley.

Y que hay dos alturas de libro. La cédula la da el Duque, y con ella el libro hace prueba dentro de su ducado. El asiento en el Registro del Reino lo da el Canciller, y con él la hace en los siete. Solo tres gremios tienen asiento, y es exactamente el mismo reparto de poder que hay en la magia: la escuela examina y la catedral registra. Un Duque puede crear un gremio. No puede hacerlo valer fuera de casa.

2. Lo que un gremio puede, y lo que no

No controla quién trabaja. Cualquiera puede forjar, tejer o curtir en Dágata, y de hecho lo hace. cinco millones y medio de personas viven en el campo y allí no hay gremio ninguno. Un herrero de aldea es un herrero, y nadie le pide papeles.

Controla quién vende. Tres cosas, y solo tres.

Puesto fijo en mercado. El de un día lo pone cualquiera; el que se queda, no.

Contrato por encima de veinte ruedas. Por debajo basta el trato de palabra; por encima hace falta escritura, y la escritura de un oficio se asienta en el libro del gremio. Sin gremio se puede hacer la obra; no se puede pactar la obra grande.

Tomar aprendices. Es lo que de verdad reproduce el oficio, y es lo que el gremio guarda con más celo. Cuatro años de aprendiz, tres de oficial, y la maestría se compra o se hereda.

Y no tiene voz ante el Duque. Ni voz ni voto, ni en el Consejo ni en la Asamblea. Los Condes tienen voz y no voto; los gremios no tienen ni eso. Lo único que tienen los tres interducales es puerta: derecho a ser recibidos por el Canciller dos veces al año. Los Duques lo llevan mal y no han conseguido quitarlo, porque quitarlo sería decir en voz alta que la Corona no puede hablar con quien quiera.

Cerrar el libro

Como no votan, cuando quieren doler hacen otra cosa, y tiene nombre: cerrar el libro.

No es dejar de trabajar. Es dejar de asentar: durante el tiempo que dure, ningún agremiado registra un solo contrato. Se sigue forjando, se sigue acarreando, se sigue vendiendo pan. Lo que se para en seco es todo trato por encima de veinte ruedas en ese oficio, en todo el territorio donde el libro valga.

Es brutal y es caro para los dos lados, porque durante el cierre el gremio tampoco puede cobrarle a nadie: sus propias deudas quedan sin prueba igual que las ajenas. Por eso ha pasado tres veces en ochocientos cincuenta años. La última, en 806, la cerraron los arrieros por un portazgo nuevo en Sálama; duró nueve días, y el que parpadeó fue la Corona.

Los tres oficios que sí son licencia personal

Hay tres cosas que no las da un gremio, las da el Reino y a una persona con nombre: hoja, pólvora y botica mayor —el veneno y la droga fuerte—.

La licencia de hoja es una por condado y es de quien la tiene, no de su oficio: por eso maese Brogan Kellid la tiene y los mineros de Peña Herrada llevan quince años esperando, y por eso el gremio de fundidores no puede ayudarles aunque quiera. No es suya.

3. Los diez

Gremio hay donde el oficio puede parar algo. Por eso son diez y no cuarenta.

Los tres del asiento del Reino

Los Arrieros. El mayor y el más temido. Preside el Cabo, elegido cada tres años y —esto es lo suyo— los votos se cuentan por animales: quien pone más mulas, pesa más. De ahí que una viuda con recua vote y un maestro sin bestias no. Casa mayor en Ságata, por el cruce; en Rivelan mandan sobre los otros cuatro gremios de la Casa de los Oficios. Ganan con las Postas Abiertas y lo saben, y es la primera vez que un gremio es parte en una pelea entre Duques.

Los Barqueros. Río, lago y delta. Preside el Patrón Mayor, con casa en Kórnik, sobre el Sagaria ⟨: estaba en Ciudad Delta, que es el delta del Erradia y no el de su río⟩. Pagan a medias con el conde la Casa de las Fiebres, que es lo único que esos dos han firmado juntos. Y tienen enfrente un problema que no pueden resolver: los junqueros hacen su trabajo y no son gremio, meten carga por canales que nadie ha cartografiado, y el gremio lleva cuarenta años pidiendo que se les prohíba a gente que no se puede ni encontrar.

Los Cambistas. Existen porque existe la moneda: siete cecas de distinta ley y una Cuenta del Año. Preside el Fiel, y tiene casa pegada a la Casa del Cómputo en Llágata. Aquí está el detalle que a nadie le gusta mirar de frente: la Cuenta la publica la Corona, pero la miden ellos. Las balanzas son suyas.

Los siete de cédula ducal

Los Canteros, con casa en Saecta. Preside el Maestro de Traza. El Palacio de Justicia, la ceca y dos tercios de la muralla de la capital son piedra suya, y la Corona les debe dinero desde 831.

Los Fundidores, entre Parls y Vento, y en el peor sitio posible: los dos templos de Vandar pleitean por cuál de ellos ordena a los fundidores. El gremio ha aprendido a cobrar por dejarse ordenar y va alternando, un año cada uno, con una cara de resignación muy trabajada.

Los Curtidores. Siempre extramuros, siempre aguas abajo y siempre en pleito por el agua. Es el gremio con más causas abiertas del Reino y el que menos gana.

Los Tejedores, lana de Ságata y lino de Kórnik. El más numeroso de todos y el más repartido: mil doscientos telares, casi ninguno en ciudad.

Los Carpinteros de Ribera, Cands y Yanal. Bendicen los cascos en la catedral de Eminta y botan todos el mismo día. El que bota sin estar listo paga la cena, y eso no es una broma: está en el libro.

Los Panaderos, y solo en las cuatro ciudades grandes. Parece el gremio menor de la lista y es el más peligroso: Íbeca tiene el trigo y ellos tienen el precio. Un mal año de Amaira Meleth y el hambre aparece en la puerta del Consejo a tres calles del Salón de los Tronos.

Los Físicos y Boticarios. Compran sanguijuela a los junqueros, llevan la Casa de las Fiebres con las sacerdotisas de Sylvara y son los únicos que pueden decir en un juicio cuánto tiempo lleva muerto un cuerpo — salvo en el delta, donde ya han renunciado.

4. Lo que cuesta

El canon, al año. Cédula ducal, veinte ruedas, que paga el gremio al Duque por San Vandar. Asiento del Reino, dos marcos, que cobra el Canciller aparte y no perdona.

La entrada, para el que quiere ser de dentro. Diez ruedas en un gremio local, que son diez meses de jornal de oficial: se paga en tres plazos y se debe media vida. En los Arrieros no se paga en dinero — hacen falta seis mulas propias, y esa es toda la puerta.

Y el libro. Cada asiento cuesta un ochavo, lo cobra el escribano del gremio y de ahí sale la mitad de lo que come la casa. Un gremio grande vive de anotar.

5. Las cinco peleas que ya están servidas

Los fundidores y los dos Vandar. El día que uno de los dos templos gane el pleito, el gremio deja de cobrar por elegir.

El barquero y el junquero. El mismo trabajo, y uno tiene libro y el otro conoce el camino.

La Cuenta del Año. Un gremio privado mide y la Corona publica. Alguien va a preguntar quién pesa las pesas, y probablemente sea Bisak, que es a quien más le duele la ley de la plata.

El pan de la capital. Amaira Meleth no ha amenazado nunca con nada y todo el mundo cuenta con la amenaza. Los panaderos son el sitio por donde eso se convierte en calle.

Y las Postas Abiertas. Los arrieros están con el Rey y contra Cands, y son la primera corporación del Reino que ha tomado partido en una reforma. Halric Garthain lo sabe. Todavía no ha hecho nada.

Mercados, ferias y la vuelta

1 · Tres alturas que la gente confunde en una

El mercado es diario, está en toda población desde pueblo arriba y se paga por poner tabla. El obrador de extramuros es la nave del maestro grande fuera del muro, donde se fabrica y se puede comprar. La feria no es un mercado más grande: es un sitio donde durante unos días la ley de vender se suspende.

La regla de mesa: lo que se vende todos los días se vende en la plaza; lo que se fabrica se ve en el obrador; lo que solo se puede comprar una vez al año está en una feria.

2 · El mercado

Abre todos los días menos el séptimo. Revienta el día de Eminta, que es la víspera, y en las ciudades grandes ese día la plaza no cabe en la plaza y se derrama por tres calles.

Lo gobierna el almotacén, nombrado por el concejo por un año y no reelegible, con tres trabajos. cobrar el suelo, contrastar pesos y medidas —tiene copia patrón de la medida del bronce y la compara con la del vendedor cuando le da la gana — y fallar en el sitio las quejas del día. sin escribano y sin apelación, siempre que no pasen de una rueda. Por encima de una rueda, al juez.

El suelo lo cobra el concejo, pero quién puede poner tabla lo dice el gremio: forastero con cédula de otro ducado paga doble, con asiento del Reino sencillo.

3 · El obrador de extramuros, y vender fuera de tabla

En las cinco ciudades grandes los maestros de verdad no caben dentro del muro. Un herrero que funde. un tejedor con doce telares o un carpintero de ribera necesitan fuego, agua o largo, y todo eso está fuera. Así que tienen obrador de extramuros: nave, patio, aprendices y almacén, a media legua de la puerta y casi siempre junto al camino.

Se puede ir a verlo, se puede encargar allí y se puede pagar allí. Lo que no se puede es vender solo allí.

La regla del gremio es corta: quien tiene obrador está obligado a mantener tabla en el mercado los días que le toquen —dos o tres a la semana, siempre uno de ellos el de Eminta—, y el precio de la tabla y el del obrador tienen que ser el mismo. Saltárselo se llama vender fuera de tabla y es de las tres o cuatro cosas por las que un gremio cierra el libro de un maestro de verdad, porque es exactamente el movimiento que dejaría el mercado vacío y a los pequeños sin sitio donde vender.

4 · Qué es una feria, en derecho

Una feria es una carta del Rey —solo del Rey, ni el Duque ni el conde pueden darla— que suspende durante unos días señalados cuatro cosas dentro de un recinto marcado.

La paz de feria. No se ejecuta deuda contra quien acude, no se toma prenda y no se prende por causa civil. El que va a la feria a cobrar, cobra hablando.

El tribunal de los pies polvorientos. Tres mercaderes sorteados esa mañana que fallan antes del ocaso y sin escribano. Lo que falla vale, y no se apela.

El forastero vende. Durante la feria no hace falta cédula del ducado ni asiento de gremio para poner tabla. Es lo que de verdad la hace valiosa, y lo que hace que los gremios locales la odien y manden a los suyos igualmente.

El portazgo se suspende en la raya del condado que la acoge, y solo esos días. Por eso una feria mueve carga que en cualquier otra fecha no se movería, y por eso las cartas de feria son la merced más barata que puede dar un Rey y la que más agradece un conde.

Catorce cartas vivas. Valdrik ha dado tres desde 845 —Neviv, Ciudad Delta y Garador— y las tres están en condados de Duques que no le votan. Nadie lo ha dicho en voz alta en el Salón y todo el mundo lo ha contado.

5 · El año, feria por feria

La Abierta

Día de las Manos · día 1, todo el Reino. Año nuevo y ninguna sentencia ejecutada.

La Feria de la Yunta · Kórnik · seis días. La feria de tiro del Reino: mulas, bueyes, arreos. collerones y carros de segunda mano. La paga el conde Almenar a medias con los arrieros, y el Cabo va en persona porque aquí se renueva media cabaña del gremio. Si en tu partida alguien necesita una mula que no haga preguntas, es aquí.

La Muestra de Bródega · Méleni · cuatro días. Los enanos no dejan subir carros a Méleni, así que bajan ellos: herramienta, clavazón, muelles, hoja de sierra y fundición fina, al por mayor y a precio de casa. Es la única feria del Reino donde se compra acero enano sin pisar Méleni, y la única en la que se paga al peso y con balanza propia, porque Thorgrin Durnok no acepta el cuño de nadie.

La Botadura · Cands y Yanal · un día ⟨ya escrita⟩.

La Siega

La Feria de Potros · Neviv · cinco días. Caballo de silla, y aquí compra la Corona: las postas reponen su remonta y la Guardia Real elige. Un caballo bueno en Neviv vale un tercio menos que en Llágata, y por eso hay quien hace ochocientos kilómetros a por dos.

La Feria del Paño · Verimeth · ocho días. Lana del sur y paño ya batanado. Es la feria más pobre y la más concurrida, porque paño lo compra todo el mundo. Sálama la mantiene con dientes apretados. es de lo poco que produce el ducado más pobre de los siete.

El Camino de los Vados · siete días de romería ⟨ya escrito⟩.

La Cosecha · fin de la Siega, en todo el campo ⟨ya escrita⟩. Esos quince días no hay feria en ninguna parte y el que la convoque se queda solo.

La Seca

La Era de Íbeca · doce días, y la feria que más importa aunque no lo parezca. Se vende el trigo del año en grande, y el precio que sale de Íbeca es el precio del pan en Dágata hasta la Siega siguiente. El gremio de panaderos manda a sus cuatro hombres y no compra: mira. Un mal cierre en Íbeca es un motín en Llágata en la Cerrada, y ha pasado dos veces.

La Mostranza · Rivelan · un día y feria de tarde ⟨ya escrita⟩.

La Feria de la Piedra · Saecta · diez días, y no se vende género: se vende trabajo. Las cuadrillas de canteros se contratan aquí para el año entero, con el gremio delante y el contrato asentado. Quien no cierra en Saecta no come hasta la Abierta.

La Feria del Delta · Ciudad Delta · seis días. Junco, cestería, anguila, sanguijuela para los templos de Sylvara y sal de marisma. Los junqueros venden aquí sin ser gremio y sin que nadie pregunte, y es donde entra en Dágata la mitad de lo que no paga aduana.

La Recogida

La Feria de la Sal · Lakme · quince días ⟨ya escrita⟩. La más grande del Reino.

La Feria del Vino Nuevo · Llágata · cinco días, a propósito en la semana de la Asamblea de otoño. La corte entera está en la ciudad, así que aquí no se vende vino: se vende influencia con una copa en la mano. La paga la Casa Llyneth y le sale carísima, y es de las pocas cosas que Thesalia hace sin discutir el precio.

La Compra de Yanal · Bisak · cuatro días. Hierro y armamento para la frontera del bosque. Es la única feria donde se vende hoja en cantidad, y como la hoja es licencia personal del Reino y no gremio, la Corona manda un inspector y una lista. Lo que se vende queda escrito con nombre del comprador. Todo el mundo lo sabe y aun así se vende.

La Feria de Algés · Cands · cinco días de cabotaje y paso. Y la broma del Reino: se celebra a doscientos pasos del Peaje Viejo, que sigue cobrando por una cadena suprimida hace sesenta años, salvo esos cinco días, en que la carta de feria lo suspende. Cinco días al año, Algés es honrada.

El Silencio · Ságata · tres días ⟨ya escrito⟩. Y la gracia es dónde cae: la ciudad donde se cruzan las tres calzadas largas cierra la boca en plena Recogida. Los arrieros la rodean esa semana.

La Larga

La Feria de Garador · Parls · cuatro días. Baja la caravana de invierno de Norvia por el Erial con pieles, ámbar y cera, y sube de vuelta con hierro y sal. Es la única feria del Reino con extranjeros armados dentro del recinto, y el conde Torgal lo consiente porque sin ella Garador no es nada.

La Noche de los Hitos · última noche de la Larga, todo el Reino ⟨ya escrita⟩.

La Cerrada

La Feria de los Brazos · Sálama · tres días, y es la más triste. Se contratan las soldadas del año que viene: pastor, gañán, criada, mozo de cuadra. El que llega a la Cerrada sin contrato pasa el año de jornal suelto. Los concejos la toleran porque es donde el campo se recoloca solo.

La Cuenta · Méleni · cada siete años, cuatro días ⟨ya escrita⟩. Toca en 852.

Los Cinco

Ninguna feria y ningún mercado con derecho. Es cuando la gente de la Vuelta se casa entre ella.

6 · La Vuelta

Hay quien no vive en ninguna parte: vive de feria en feria y da la vuelta entera al Reino cada año. La llaman la Vuelta, y a los que la hacen, gente de la Vuelta. Son doscientas o trescientas personas en total, se conocen todas, y sus hijos nacen en el camino y se apuntan en el Libro de las Vidas del concejo que pillen.

El circuito, en días de camino de carro cargado, unos veinticinco kilómetros al día.

Estación Dónde Días de feria Camino a la siguiente
I Kórnik · la Yunta 6 11 días a Bródega
I Bródega · la Muestra 4 14 días a Neviv
II Neviv · Potros 5 12 días a Verimeth
II Verimeth · el Paño 8 16 días a Íbeca
III Íbeca · la Era 12 5 días a Rivelan
III Rivelan · la Mostranza 1 7 días a Saecta
III Saecta · la Piedra 10 9 días a Lakme
IV Lakme · la Sal 15 3 días a Llágata
IV Llágata · el Vino Nuevo 5 13 días a Algés
IV Algés 5 18 días a Garador
V Garador 4 21 días a Sálama
VI Sálama · los Brazos 3 inviernan ahí

Son unos dos mil novecientos kilómetros y ciento treinta días de camino al año. Nadie hace las doce: el Delta y Yanal caen fuera del anillo y se hacen en vez de otra cosa.

Quiénes son. Dos compañías de titiriteros que se odian y se evitan por meses. Un físico con cédula que solo pasa una vez al año por los pueblos del sur, así que en Verimeth te mueres en la Estación equivocada. Tratantes de mulas que compran en Kórnik y venden en Sálama. Una familia que lleva ciento treinta años vendiendo el mismo remedio y ya nadie recuerda si funciona. Un predicador de Aedith que no está ordenado y al que el cabildo no ha querido desmentir. Y un hombre de la Callada, todos los años, que no vende nada y toma nota.

Lo que se paga por pasar

El registro preguntaba si hay peajes entre ducados. Los hay, y estaban escritos desde que se cerraron las reformas de Valdrik: cada calzada real cobra al cruzar un límite ducal, un carro de grano que sale de Kórnik y llega al puerto de Cands paga tres veces por el mismo grano, y la carga se encarece un tercio sin que nadie le haya añadido nada. Lo que faltaba era la forma. De la forma depende que la Ley de Portes sea una cuenta que se paga o una pelea que no se cierra con dinero, y en Dágata es lo segundo.

1 · Cuatro cobros, cuatro dueños

Lo que la gente llama «el porte» son cuatro cosas distintas y nadie las distingue salvo cuando le toca reclamar.

El portazgo es del Duque y se cobra por pasar la raya de su ducado por calzada real. La puerta es de la ciudad y se cobra en la muralla, sobre lo que entra a venderse dentro. El suelo es del mercado y se paga por poner tabla y vender; ese es terreno de gremio. Y el barcaje es del río, lo cobran los barqueros en presas, vados y esclusas.

La regla de mesa cabe en una línea. Si la mercancía sigue viaje, portazgo. Si se queda, puerta o suelo. Si va por agua, barcaje. Y si un carro entra en Llágata a vender, paga puerta y suelo pero no portazgo, que es exactamente el pleito que llena el Tribunal Superior tres tardes al mes.

2 · El portazgo

Diecinueve casetas en las cinco calzadas, una por cada raya ducal, más las tres de frontera —Vigía Naciente, el paso de la muralla y los puertos— que no son portazgo sino aduana del Reino y que la Ley de Portes no toca.

La tarifa se cobra por lo que ocupa el firme y no por lo que vale la carga, porque un guarda de caseta no sabe tasar un fardo de paño.

Qué pasa Qué paga
Hombre a pie, sin carga nada
Hombre a pie con fardo 1 grano
Bestia de carga 2 granos
Carro de dos ruedas 1 ochavo ⟨8 granos⟩
Carro de cuatro ruedas 2 ochavos
Res de ganado, por cabeza 1 grano
Rebaño, por veintena 1 ochavo

La caseta es una casa de una planta con establo, un cepo, un libro y tres hombres: el arrendatario o su hombre, que cobra y anota; un guarda con lanza; y un mozo. En las rayas grandes —la de Ságata norte, la del Ramal de Méleni en Bródega— hay seis y un cabo. No son tropa: no pueden detener, solo tomar prenda, quedarse una bestia o una rueda hasta que se pague. Prenda sobre persona no, y prenda sobre el grano de la Corona tampoco, y el que se equivoca en eso acaba declarando.

3 · El arriendo, que es lo que de verdad importa

El Duque no cobra el portazgo. Lo arrienda. Cada caseta se saca a plazo de nueve años por un tanto fijo al año, pagadero en dos veces, y el que la toma se queda con todo lo que saque por encima. Un mal año lo pierde él. Un año de guerra en el norte, con la Legión moviéndose y el grano subiendo, lo gana él.

El arriendo se asienta en el libro de los cambistas, y el libro de un gremio hace prueba en juicio. Ahí está el nudo entero.

Suprimir un portazgo no es bajar una barrera, es romper un contrato registrado. El arrendatario va al Tribunal Superior con el asiento en la mano y gana, porque le quedan seis años de plazo que pagó por adelantado. La Ley de Portes no puede limitarse a abolir: tiene que comprar los arriendos vivos al precio del contrato, y esa compra hay que votarla también, y cuesta más que lo que la reforma ahorra en los tres primeros años.

Y de ahí sale la salida que Thesalia Llyneth lleva tres años buscando sin encontrarle nombre. No necesita una guarnición ni un asiento más en el Gabinete. Necesita que el Reino le compre los arriendos de sus rayas, en plata, antes de la votación. Es la única compensación que no la humilla. porque no es una merced: es el precio de una cosa que ella tiene y el Rey quiere.

El Peaje Viejo de Algés es el reverso de esto. Cobra por una cadena suprimida hace sesenta años porque el conde no ha querido enterarse: cuando un arriendo vence y nadie lo saca de nuevo. la caseta no se cae sola. Se queda cobrando hasta que a alguien le compensa el pleito.

4 · La puerta y el suelo

La puerta la cobra la ciudad, no el Duque, y no sobre todo el que entra sino sobre lo que entra a venderse. Un grano por carga a hombro, un ochavo por carro, y en Llágata y Rivelan hay cinco puertas cada una porque cinco son las que tienen guarda; las poternas no cobran porque por ellas no cabe un carro. Los portazgos de las cinco puertas son, con los censos del suelo y la vega, de lo poco que le queda a la Casa Llyneth, y por eso «los posaderos del Reino» es un mote más literal de lo que parece: cobran por dejar entrar.

El suelo es la tabla del mercado y lo cobra el concejo, pero el que dice quién puede poner tabla es el gremio. Un forastero con cédula de otro ducado paga suelo doble; con asiento del Reino, sencillo. Esa diferencia es la mitad de la razón por la que un asiento cuesta dos marcos al año.

5 · El agujero: el río

La Ley de Portes no dice una palabra del agua.

Está escrita sobre las calzadas porque Valdrik la pensó desde los libros de graneros de Ságata, y en Ságata el problema es el firme. Pero el Sagaria baja desde el Paso del Humo hasta el delta. y por él se mueve el grano de la vega, la piedra de Saecta y media Llágata sin tocar una caseta. Ahora no compensa: el barcaje de los barqueros está calculado justo por debajo del porte de tierra. que es donde da más dinero sin quedarse sin carga.

Si la Ley se aprueba y el camino queda libre, ese cálculo se invierte solo. Y si no se aprueba, el Patrón Mayor puede subir el barcaje hasta el techo que le deja el portazgo. El único de los siete Duques al que la Ley de Portes le da algo que nadie le ha ofrecido es el que no es Duque: los barqueros ganan si sale y ganan si no sale, con la casa en Ciudad Delta y asiento del Reino. Cands lo ha visto. Thesalia todavía no.

6 · Quién no paga

Pasa franco el grano de la Corona, la Legión en marcha con orden escrita, la posta, el correo del Consejo, el romero con bordón en las dos romerías, el enfermo que va a Bisak con carta de físico, y el muerto.

Y pasa franca la carga que lleva sello de casa noble, porque se supone que un noble no comercia: lo que mueve es suyo y va de una de sus casas a otra. En la práctica se le paga a un segundón sin renta entre uno y dos marcos por temporada para que ponga el sello en carros que no son suyos, sale más barato que el porte, y por ahí se cuela una parte de Dágata que nadie ha contado nunca. Es delito —mentir por escrito con sello— y no se persigue, porque perseguirlo obliga a sentar a un noble delante del Tribunal a explicar de quién era el trigo. Los del lacre lo saben. Han abierto cuatro causas en veinte años y las cuatro fueron contra segundones de casas que ya estaban en desgracia.

7 · Las cuentas de un carro

Un carro de cuatro ruedas con trigo, de Kórnik al puerto de Cands por la Ruta del Oeste. La carga vale tres ruedas en origen.

Concepto Coste
Tres rayas ducales, a 2 ochavos 48 granos
Barcaje de dos vados, a 4 8 granos
Puerta de Cands, que ahí sí entra a venderse 8 granos
Suelo del mercado, un día de tabla 4 granos
Total 68 granos, más de una rueda

Sobre una carga de ciento noventa y dos granos, eso es el tercio del que habla la Ley de Portes, y cuadra sin forzarlo. Traducido a lo que se entiende: veintitrés días de jornal de peón por llevar un carro de trigo de un lado a otro del Reino sin que nadie le haya añadido nada al trigo.

El cuarentavo, que es de donde sale el dinero

El portazgo tiene dos renglones y no uno, y quien mira sólo el primero no entiende de qué viven los arrendatarios. El primero es el eje: dos ochavos el carro de cuatro ruedas, uno el de dos, un grano la caballería cargada. Eso es lo que paga el labriego que baja leña o el arriero que vuelve de vacío, es calderilla, y es lo único que la gente llama «el porte».

El segundo es el cuarentavo: un cuarentavo del valor declarado de lo que cruza la raya para venderse fuera del ducado. Un carro de paño de treinta marcos paga tres cuartos de marco, que son setenta y dos veces lo que paga por el eje. De ahí sale el noventa y cinco por ciento de lo que recaudan las diecinueve casetas, y por eso una caseta de tres hombres puede rendir mil doscientos marcos al año sin tener que ver pasar cuatrocientos carros al día: le bastan nueve buenos.

Y ahí está lo que hace odioso el asunto. El valor lo declara el mercader y el arrendatario puede no creérselo, y si no se lo cree tiene un derecho escrito: quedarse la carga pagando lo declarado y una décima parte más. Nadie declara a la baja dos veces. Eso es lo que de verdad quieren que muera los gremios de arrieros y de cambistas, y no los dos ochavos del eje.

Y lo que valen los arriendos, que es donde muere la reforma. Diecinueve casetas a plazo de nueve años, escalonadas, dejan en 850 doce contratos sin vencer con seis años de plazo medio. El arriendo medio va por mil doscientos marcos al año —los Duques ingresan por los diecinueve unos veintitrés mil, y los arrendatarios sacan del camino alrededor de vez y media eso—, así que comprar lo vivo cuesta ochenta y seis mil marcos.

La caja entera de la Corona son ochenta y ocho mil marcos al año. La indemnización de la Ley de Portes cuesta el presupuesto real de un año completo, o cuatro años de toda la reserva. La reforma no muere votada: muere en una suma, y ésa es la suma.

8 · Lo que pasa en otoño

La Ley de Portes va al orden del día de la Asamblea de otoño de 850 y la Mesa de los Quince la tiene empantanada con cuatro días de tribuna reglamentaria. Tres cosas pueden salir de ahí y las tres sirven.

Sale adelante con indemnización. Llágata cobra sus arriendos, Sálama no —es el más pobre y no tiene con qué negociar—, y el sur se queda sin la mitad de su renta a cambio de nada. Sálama pasa de aliada de Parls a algo peor.

Se cae. Y entonces el Cabo tiene delante el cuarto cierre del libro en ochocientos cincuenta años, contra exactamente lo mismo que el tercero: los arrieros cerraron nueve días en 806 contra un portazgo de Sálama y parpadeó la Corona. Ahora tienen asiento del Reino y la red es mucho más grande. Nueve días de 806 pararon un ducado; nueve días de 850 paran el Reino.

Se aplaza otra vez. Es lo más probable y lo peor para Valdrik, porque le quedan tres años y esta es la reforma que no puede llevarse a 853.

9 · Para la mesa

Cinco cosas que ya están armadas y se pueden usar tal cual.

La medida sorda. Un guarda que cobra nueve donde dice ocho, en una raya por la que los personajes van a pasar cuatro veces. Denunciarlo es fácil y no sirve de nada: el arrendatario responde que la medida es la que le dieron. Lo que sirve es enseñársela al Fiel de los cambistas.

El sello prestado. A un personaje de casa noble sin renta le ofrecen marco y medio por temporada por poner su sello en carros ajenos. Es dinero limpio, no hace daño a nadie, y lo convierte en la persona a la que se acude cuando la carga que lleva el sello no es trigo.

El arriendo que vence. Una caseta sale a subasta en un condado donde los personajes tienen intereses. El que la toma manda en un tramo de calzada durante nueve años.

Los nueve días. Si la Ley se cae, los arrieros cierran, y todo contrato por encima de veinte ruedas en el transporte se para. Lo que un grupo puede hacer en esos nueve días vale una campaña.

El Peaje Viejo. Alguien por fin pleitea contra la cadena que no existe, y el conde de Algés tiene que explicar por qué llevaba sesenta años sin enterarse.

El contrabando

1 · Qué es contrabando aquí, que no es lo de siempre

En Dágata casi nada está prohibido. La usura es legal, el vino es legal, con quién te acuestes no le importa a nadie y la magia con cédula es legal por negra que parezca. Un reino que prohíbe poco tiene poco que pasar de matute, así que el contrabando dagatense no vive de lo prohibido: vive de lo tasado y de lo licenciado.

Cuatro cosas mueven el noventa por ciento del negocio, y las cuatro salen de decisiones que ya estaban tomadas.

Hoja, pólvora y botica mayor. Los tres oficios que no son gremio sino licencia personal del Rey. Como la licencia va con la persona y no con el taller, todo lo que sale de un taller sin nombre encima no existe legalmente, y por eso es lo más caro que se mueve. Una espada de guerra sin lista vale tres veces la de la lista.

La plata sin cuño de Méleni. Los enanos cobran y pagan al peso, sin batir. Plata sin cuño es plata sin ley declarada, y con ella se hace lo único que en Dágata es alta traición: poner el cuño de una ceca sobre la plata de otra. El material del delito más grave del Reino sale legalmente por el Paso del Yunque todas las semanas.

Lo que evita el portazgo. Una carga que cruza tres rayas se encarece un tercio. Un tercio es margen suficiente para pagar guías, sobornos y riesgo, y sigue saliendo a cuenta.

Y gente. Esto no lo llama nadie contrabando y es el que más volumen mueve: pasar obligados. Sacar a un hombre de su condado y meterlo en una villa donde nadie lo reclame durante un año y un día. Se cobra por cabeza, se paga a plazos con el jornal del primer año, y quien lo organiza no se considera delincuente sino todo lo contrario.

2 · Los corredores

El Delta

El mejor sitio para contrabandear del continente, y no por casualidad. La jurisdicción del puerto llega hasta donde el agua es salada y la línea del salobre se mueve con la marea y la estación: dos autoridades que no saben dónde acaba cada una son, en la práctica, ninguna. Y el trenzado de canales cambia todos los años, no se aprende y se hereda, así que la Corona no puede cerrar el delta porque no puede cartografiarlo.

Ochenta kilómetros de laberinto entre Parls y el mar, con casas de balsa, un censo que no cuadra nunca y un fango que conserva los cuerpos enteros y sin fecha.

El Erial, en invierno

La caravana de Norvia baja una vez al año a Garador con pieles, ámbar y cera. Es la única entrada terrestre por el norte, cruza una desolación sin autoridad ninguna y nadie inspecciona nada en medio del Erial. Lo que llega a Garador se declara en Garador, y lo que se desvía cuarenta kilómetros antes no se declara en ningún sitio.

Sube pólvora y hoja, baja ámbar sin registrar. Y sube gente: un obligado que cruza con la caravana no vuelve.

El bajo Sagaria, y la Balsa

Y el corredor que no está en ningún parte y que se come a los otros tres: el otro delta. El Sagaria muere en el suroeste, junto a Yanal, con cuatro veces el caudal del Erradia, y en sus canales lleva años creciendo la Balsa — cuatro o seis mil almas, el único puerto del continente donde no se pregunta nada. Ahí se refita lo que no puede entrar en Cands y se vende lo que no puede declararse ante un tribunal de presas. La Cofradía lleva tres generaciones sin decirlo y Optima banca la mitad. En.

La costa de Cands, y Optima detrás

Aquí no hay piratas escondidos: hay patentes. Un corsario de Cands con patente toma un barco y tiene que llevarlo a puerto de presa y esperar a que el tribunal de presas lo declare buena presa antes de vender nada. El fraude no está en el mar, está en el tribunal: una presa mala declarada buena es robo con armas convertido en comercio legal por tres firmas.

Y detrás, Optima, que no entrega a nadie y cuyas familias son la mitad del mercado del préstamo del casco — y que, como está escrito, no siempre esperan a que el barco se pierda solo.

3 · Las tres casas

La Cofradía del Junco · el delta

No es una banda: es un apellido. Los junqueros hacen su trabajo sin ser gremio, y ahí está todo: un gremio lleva libro y el libro hace prueba en juicio; ellos no llevan ninguno, así que nada de lo que hacen se puede probar contra nadie. No es que oculten los papeles: es que la ley nunca les exigió tener.

La lleva Ánsera Quilve, sesenta y cuatro años, que no ha salido del delta en su vida y a la que cuatro condes han mandado emisarios. Su patrimonio real no es dinero: es el trenzado, el mapa mental de los canales de este año, que se transmite en la familia y caduca solo. Cobra por pasar carga, por pasar personas y por decir dónde no se debe entrar.

Su debilidad: cuando ella muera, el trenzado se parte entre tres sobrinos que no se hablan.

Los de la Patente · Cands y el tribunal

La casa más rica y la que menos parece una casa. Son cuatro familias armadoras de Cands con patente en regla, dos jueces de presas y un escribano, y su negocio consiste en que la línea entre presa buena y presa mala la dibujan ellos. En veinte años han declarado buenas cuatrocientas once presas y malas nueve.

No matan, no esconden y no huyen. Pagan impuestos. Y como la patente es inválida contra Dágata. las Islas y los reinos con tratado, lo único que hacen es asegurarse de que el barco tomado nunca era de ninguno de ésos, lo cual depende del papel que lleve, y el papel se puede perder en el mar.

Su debilidad: el registro del tribunal existe y está en Cands, y cuatrocientas once contra nueve es un número que salta a la vista de cualquiera que lo lea.

La única que se parece a lo que la gente imagina. Treinta o cuarenta hombres entre la Vigía del Humo y el borde del Erial, con relevos, escondrijos y dos ventas compradas. Suben hoja y pólvora al norte y bajan ámbar y personas.

Su debilidad: son treinta y cobran a jornal. Se compran.

4 · Y el que va a su aire

Lo que sí importa de él en términos de mundo: los de la Patente lo quieren muerto más que nadie. porque un corsario sin patente robando en la misma costa es la única cosa capaz de hacer que alguien en Llágata pida ver el registro del tribunal de presas.

5 · Quién lo persigue, y por qué no puede

Los del lacre. Setenta y siete en todo el Reino, pagados del tributo real, desnaturados y sin poder detener: retienen tres días y no prenden. Son buenos, son pocos y nunca llegan a tiempo.

El almotacén, que en el mercado puede más que un juez pero no sale del mercado.

La Guardia de Caminos, cuatro por posta, pagada por la Corona y suministrada por el condado — y ahí está el problema, porque el que te da de comer no es el que te paga.

Y el tribunal de presas, que es a la vez la autoridad y el negocio.

La razón de fondo por la que Dágata no cierra el contrabando no es la corrupción: es que el Estado dagatense no tiene un cuerpo con jurisdicción en todo el Reino y poder de detener. La Corona lo quiso resolver dos veces y las dos veces salió otra cosa: los del lacre, que investigan y no prenden. y las Postas Abiertas, que se quedaron empantanadas.

La cuenta de los tres años

1. La apuesta

En 853 caen tres cosas el mismo año, y ninguna es casualidad.

Termina el mandato de Valdrik y el Consejo elige Rey. Sela Valraen cumple dieciséis y pasa a ser elegible para la Regencia de Ságata. Y al año siguiente, en 854, termina el mandato del Gran Juez Supremo.

Quien controle esas tres decisiones controla la década siguiente: la corona, el ducado del centro y la justicia. Faltan tres años, y todo lo que se mueva desde ahora se mueve por eso.

2. El amigo: por qué manda Méleni

Thorgrin Durnok es el voto libre del Reino, y lo es por dos motivos que no tienen nada que ver con su carácter.

No debe nada a nadie. Los enanos no casan fuera de Méleni, así que Casa Durnok no tiene un solo lazo de sangre con las otras seis. Ni una deuda, ni un primo, ni una prenda.

Y gana con las cuatro reformas. La Tasa Cierta le sube lo que recauda porque su impuesto era de los bajos; el Registro de Cosecha no le cuesta nada porque en Bródega ya lo aplica; la Ley de Portes le abarata el hierro que saca por Bródega; y las Postas Abiertas le acortan el correo con Khazadorn. Méleni es el único ducado que no pierde en nada.

Un segundo condado. Méleni tiene 478 celdas de tierra, tres localidades y un solo condado —Bródega—, y es el ducado más pequeño de los siete por mucho. Thorgrin quiere que se reconozca la Ruta Subterránea como término propio y se erija en condado, con su Casa y su asiento en la Asamblea.

Eso significa un Conde más con derecho de tribuna, un asiento más en la Mesa de los Quince, y —lo que de verdad importa— reconocer por escrito que hay territorio dagatense bajo tierra, con todo lo que arrastra sobre la jurisdicción de la Cámara Grabada y sobre la frontera con Tyrondir.

Valdrik no se lo ha concedido. Tampoco se lo ha negado. Lleva cuatro años sin decir que no, que es exactamente el precio que está pagando por el voto.

Y hay un problema que nadie ha puesto encima de la mesa: Méleni derribó a Galren en 587, y la rama que hoy tiene el trono existe porque lo derribó. El día que Thorgrin lo mencione en voz alta —una sola vez, delante de testigos— la conversación cambia de naturaleza.

3. Las tres jugadas en marcha

La del norte · Parls compra tiempo

Garen Brénac no quiere derribar al Rey. Quiere que le devuelvan el margen que le quitó la Tasa Cierta, y sabe que una censura por unanimidad de seis no va a salir.

Su palanca es la que ha tenido siempre: la frontera. Un norte amenazado justifica exenciones. levas y trigo, y un norte tranquilo no justifica nada. Y resulta que los partes de actividad en el borde del Erial han subido en los dos últimos años — los firma la Vigía del Humo, los cursa el Conde de Erradia y los recibe el Maestre de Guerra, que es sobrino de Garen.

Tres lecturas, y las tres dan campaña.

Que sean ciertos. Algo se mueve en el Erial después de ochocientos años quieto, y el Reino se ha acostumbrado tanto a esa quietud que va a tardar un año en creérselo.

Que estén inflados. Alguien en la cadena —la torre, el Conde, el Maestre— exagera lo que hay. No inventa: exagera. Es más difícil de probar y más fácil de perdonar.

Que sean falsos, y que quien los escribe no lo sepa. Alguien está poniendo cosas en el Erial para que se vean desde la torre. Esa es la peor de las tres y la que mejor se juega.

El que puede saberlo es Ilvar Nervast, Conde de Erradia, que lleva diez años sin dormir de un tirón y firma todos los partes. O es cómplice, o es el hombre más engañado del Reino, y no hay una tercera posibilidad.

La del centro · la segunda oportunidad de Maldric

Maldric Valraen perdió la Regencia por tres votos en 843 y sabe la fecha de la revancha: en 853. con Sela cumpliendo dieciséis, el Cónclave puede sustituir a Rennia por la hija del Rey — y una muchacha de dieciséis criada en la corte de Llágata va a necesitar quien le lleve el ducado. Ese alguien tiene los bosques de Neviv, un condado propio y un hijo capitán.

Lleva siete años trabajándoselo con una corrección impecable: favores medidos, dos matrimonios apañados entre parientes con voto, y mucha carta al norte. Su mujer es Brénac. Su hijo manda una compañía en la capital del ducado.

Y hay algo que lo puede parar en seco. Rennia fue veedora de graneros seis años y contó, entre otros, los de Neviv. Sabe lo que Maldric declaró de menos. No lo ha usado nunca, y los libros están en la Casa del Cómputo, en un edificio que guarda una mujer sin una sola espada a su nombre.

La del sur · la Ley de Portes y las tres firmas

Parls, Sálama y Cands son tres firmas: pueden convocar Asamblea extraordinaria y meter un punto en el orden del día. No pueden censurar solas, pero pueden hacer que el Reino se pare a escucharlas cuando quieran.

Y enfrente tienen a la Mesa de los Quince, que tiene empantanada la Ley de Portes desde hace dos Asambleas con cuatro días de tribuna perfectamente reglamentaria. Los Condes no están con el Rey: están contra el Registro de Cosecha, que es la reforma que les toca a ellos, y de momento les conviene que nada se vote.

Si la Ley de Portes llega a votarse, todo se mueve. Pierden Llágata y Sálama; Llágata no puede votar contra Bisak por la deuda de 812; y las tres firmas pasarían a cuatro. Es el punto donde la aritmética actual se rompe.

4. Los cuatro detonantes

Cosas que, si pasan, sacan la cuenta de los tres años de su cauce.

Valdrik muere antes de 853. El Canciller asume la interinidad y el Canciller es Helvis Valraen, primo del Rey: la interinidad del Reino y la sucesión de la Casa caen a la vez en las mismas manos. Está a la vista de todos y lleva siete años sin que nadie lo toque, porque tocarlo obliga a decir en voz alta que el Rey se puede morir.

Thorgrin cobra su condado. El día que Méleni tenga dos condados, el voto libre deja de estar libre y los otros cinco tendrán que buscar otra cosa.

Se prueba lo del Erial, en cualquiera de las tres direcciones.

Cands reclama. Medio Reino debe a las casas de Cands por préstamos a la gruesa. Tres reclamaciones simultáneas y dos casas de Bisak no pagan. Nadie está mirando hacia ahí, y es el único sitio del tablero donde un ducado puede hacer daño a otro sin votar nada.

5. Seis semillas de aventura

El invierno del Humo. Subir a la torre con el relevo y pasar allí seis semanas para saber qué se ve de verdad desde el borde del Erial. Los Vigilantes del Humo entran así, de modo que el grupo puede ir como candidatos y no como espías.

Los libros de la veedora. Alguien quiere seis años de cuentas de graneros que están en la Casa del Cómputo de Ságata. Robarlos, protegerlos o copiarlos — y las tres versiones tienen cliente.

Una boda en Neviv. Maldric casa a una sobrina con un pariente con voto en el Cónclave. Cuatro días de fiesta, medio ducado bajo el mismo techo, y alguien que no quiere que esa boda se celebre.

El correo de Méleni. Llevar una respuesta que Valdrik no ha querido poner por escrito hasta el Duque Thorgrin, por la Ruta Subterránea, en invierno. Lo que dice la carta importa menos que quién más la quiere leer.

El parte que no cuadra. Un parte de la Vigía Esperanza describe algo que, según el Libro de los Días de un pueblo del condado de Hulla, pasó dos semanas antes y en otro sitio. Alguien tiene que ir a mirar.

La cuenta de Cands. Un capitán con patente lleva un pagaré a Bisak y va a cobrarlo con o sin tribunal. Escoltarle, impedírselo o aparecer justo cuando el tribunal de presas se pronuncia.

6. Y lo que la mesa no debe saber todavía

  • Que Thorgrin sabe exactamente lo que vale su voto, y que lleva cuatro años cobrándolo en silencios y no en promesas.
  • Que Rennia no ha usado los libros de Neviv, y que no los ha usado por decisión y no por descuido.
  • Que la posición de Helvis Valraen es el fallo estructural del Estado, y que hay al menos un Duque que ya lo ha contado con los dedos.

Lo que no se sabe

Qué pasa el día que Tyrondir suba el estaño. El Reino cobra en bronce, y el bronce lleva estaño que no hay en Dágata.

Cuánto oro queda. Desde 812 no se acuña, y lo que circula es lo que había.

Y quién gana con la Ley de Portes. Todo el mundo cree saberlo, y el único ducado que ha votado sin hablar es Méleni.

El Libro de Eleina 2026-09-25 Aviso legal El reglamento vive aparte, en Umbral
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