Lo que pasa cuando alguien muere

Nadie sabe qué hay al otro lado, y el mundo lleva nueve mil años construido encima de eso. Lo que hay es un hecho que se puede comprobar, un rito que casi todos respetan y once explicaciones que no se parecen. El hecho es que un muerto reciente contesta, y que lo que contesta no describe ningún sitio.
Tres días de camino · un solo don que pregunta · ninguna respuesta con paisaje Los ordenados de Zarthax con el Don pueden interrogar a un muerto reciente. Se hace en juicios graves y en herencias dudosas, no por curiosidad.Lo único que se sabe
El Don de Zarthax devuelve la palabra a un muerto durante un rato corto y sólo los tres primeros días. Sirve para lo que sirve: quién le hizo esto, dónde está el testamento, si la deuda estaba pagada. Y hay una cosa que pasa siempre, la misma en Llágata, en Norvia y en Umbrosia, y que nadie ha conseguido explicar. El muerto tiene prisa. Contesta lo que se le pregunta, con frases más cortas de las que usaba en vida, y cuando se le pregunta dónde está dice que está de camino y no dice de camino adónde. Al cuarto día ya no contesta nadie.
Ocho mil años de archivo y ni una descripción. No hay un solo interrogatorio en los registros de la casa de Zarthax en el que un muerto cuente un lugar, una luz, una puerta o un juicio. Los teólogos de Arcazet lo llaman la brevedad y se dividen en dos bandos: los que creen que el muerto no puede contarlo y los que creen que no quiere. Los de Zarthax no discuten esto en público, y cuando se les aprieta dicen que el trabajo del dios no es explicar el camino sino que se pueda andar.
Lo que sí está probado es al revés: lo que no se acuesta bien, vuelve. Los muertos que se levantan tienen sección propia en lo que no se queda quieto, y la regla de oficio es la misma en todas partes: el que vuelve no trae noticias del otro lado. Vuelve con lo que dejó aquí.
Lo que enseña cada clero
De los veintiuno, seis tienen doctrina propia sobre esto y la sostienen contra las otras cinco. No hay concilio que las haya reconciliado, y el Acuerdo Doloroso no entró en ello.
| Quién | Qué enseña | Qué exige |
|---|---|---|
| Zarthax · ónix | Hay camino y hay quien recibe. Del final no se habla porque no se sabe, y el que dice saberlo miente o vende algo | Cuerpo acostado, nombre dicho y deudas leídas en voz alta junto al hoyo |
| Zehena · verde | Vuelve al ciclo: lo que fue carne es hierba y lo que fue nombre se pierde, y eso no es una desgracia | Que el cuerpo toque tierra viva. Nada de plomo, nada de piedra sellada |
| Aedith · dorada | Se pesa lo hecho. No hay castigo eterno: hay cuenta, y la cuenta se cierra | Que el muerto no deje una injusticia abierta que pudiera cerrar |
| Arcazet · blanco | Lo que se pierde es la persona, no lo que supo. El saber sigue en el mundo si alguien lo escribió | Que lo aprendido quede dicho antes. Un maestro que muere sin contar es un desperdicio |
| Murnos · plateado | Los muertos pesan hacia abajo y se quedan en la piedra que los recibe. Un enano muerto es parte de la montaña | Nicho tallado y sellado. La runa del nombre rellena de plomo |
| Nucro · negro | La ausencia es una cosa, no un vacío. El muerto deja un hueco con forma y ese hueco hace fuerza sobre los vivos | Que no se marque el sitio. Un nombre en una piedra ata lo que debería soltarse |
Las dos que más chocan son Zehena y Murnos, y chocan en algo práctico: si un enano de Méleni muere en tierra de arboleda, ¿se sella o se entierra? Lleva cuatrocientos años resolviéndose caso por caso, casi siempre a favor del clan, y los guardas del bosque lo anotan y no lo discuten.
Lo que hace cada pueblo
La doctrina es una cosa y el entierro es otra, y el entierro lo decide el pueblo, no el templo. Cada ficha de Los Pueblos lo trae entero; esto es el mapa, para ver de un vistazo en qué se parecen y en qué no.
| Pueblo | Qué se hace con el cuerpo | Qué queda del muerto |
|---|---|---|
| Humanos | Lo acuestan los ordenados de Zarthax, con la última voluntad leída en el hoyo | La deuda cobrada o perdonada allí mismo |
| Altos Elfos | Nicho en el cimiento de su Torre, tres días desdiciéndole el nombre | El nombre, que se sigue recitando |
| Silvanos | El Retorno: el cuerpo se deshace en savia al pie de un roble marcado | El roble, que ya no es de nadie |
| Enanos | Nicho sellado. Si no hay cuerpo, se sella la galería | La runa del nombre, rellena de plomo |
| Medianos | El huerto de la casa, a dos palas, y algo comestible plantado encima | Su sitio en la mesa, servido hasta la novena sobrecena |
| Semielfos | El Soto si se puede, y un enterrador de Zarthax si no | La rama de tres marcas y la Cuenta cumplida |
| Esfixies | Cuerpo entero al osario imperial, llevado por los suyos | El calco de la espiral, que se entierra solo si el cuerpo no vuelve |
| Elfos Oscuros | Tres noches, el cuerpo a Nucro y el sitio sin marcar | El nombre, con las deudas que arrastra |
| Orcos | Hondo y tapado, donde no se pueda desenterrar | Los colmillos, si murió lejos |
| Ogros | La montaña encima, donde cayó. El esclavo, lo que decida la Casa | La marca en la roca, si era libre |
| Trolls | Nada: casi nunca hay muerto. Sólo el fuego es definitivo | El quemadero, que no se pisa |
Tres pueblos quedan fuera del rito de Zarthax a propósito —orcos, ogros y trolls— y eso no es un descuido de nadie: es que ninguno de los tres tiene trato con el clero de Valdrinia. Un ordenado que se cruce con un entierro orco no interviene. La casa de Zarthax tiene escrito desde hace siglos que lo importante es que al muerto lo acueste alguien, y que quién lo acueste es lo de menos.
Qué cuesta enterrar en Dágata
El rito no se cobra: acostar a un muerto es obligación del dios con los suyos. Lo que se cobra es el camino. Cada parroquia tiene camposanto y alguien ordenado que sabe el rito corto, y eso cubre casi todo. Lo que hay que pedir al ducado —una cripta revuelta, una fosa vieja, un campo de batalla— lleva dos hombres, uno que hace el rito y otro que escribe lo que pasó, y el viaje y la estancia los paga el concejo que llamó. Volver a consagrar un camposanto revuelto le cuesta a un concejo lo que un tramo de muralla, y se paga a lo largo de años.
Y en los Cinco, los días en que la ley se para, se entierra igual pero no se abre el testamento: la casa se sella y se espera a la Estación I. Eso ha hecho ricas a dos familias de Ságata y ha arruinado a una, que es lo que suele pasar con los plazos.
Lo que no se sabe
Si hay algo después. El Don de Zarthax devuelve la palabra y no devuelve la descripción, y eso admite las dos lecturas: que el muerto ya no esté del todo donde se le pregunta, o que no haya nada que contar y la prisa sea de la propia boca prestada.
Por qué los muertos tienen prisa. Es el único rasgo común a los ocho mil años de archivo, y nadie ha propuesto una explicación que no sea teología. Los de Arcazet tienen dos bandos; los de Zarthax no tienen ninguno, porque no lo discuten.
Y si a Zarthax le falta alguno. Si recibe a todos los muertos, un muerto que anda por un camino sin llegar es un fallo suyo, y entonces la muerte no es un orden sino un trabajo que a veces sale mal. Su clero acepta la pregunta y no la contesta. Es, probablemente, la pregunta más incómoda que tiene una religión en este mundo.