El ejército
Un Reino sin ejército permanente que se defiende con hueste, fortalezas y treinta y ocho grifos. Lanza corta y escudo, y es viejo a propósito. Estas son las fichas de quién pelea, cómo, con qué y bajo quién.
Cómo pelea, y con qué
1 · La doctrina sale de los cuarenta días
Un ejército dagatense se deshace solo al día cuarenta y uno. Todo lo demás es consecuencia.
Un asedio dura meses. Rivelan guarda grano para trescientos días y no es una rareza: es lo que se espera de una plaza. Así que un ejército que sólo existe seis semanas no puede tomar una ciudad. y en ochocientos cincuenta años Dágata no ha tomado ninguna. Ha levantado tres asedios y ha resistido once.
De ahí la doctrina entera, y no hace falta que nadie la escriba porque nadie sabe hacer otra cosa. ver pronto, aguantar en la plaza y dejar que al otro se le acabe la comida. Las seis Torres Vigía y la obligación del humo —diecinueve baronías que no deben lanzas, deben encender — son el primer tercio de esa doctrina. Las cuatro Ciudades Fortaleza son el segundo. El tercero es el Registro de Cosecha, que no parece militar y lo es.
Lo que Dágata no sabe hacer, dicho sin adornos: maniobrar en campo abierto con más de tres mil hombres, tomar una plaza, y sostener una campaña a más de veinte jornadas de casa. Las tres cosas se notaron en el Río Inverso y ninguna se ha corregido, porque corregirlas cuesta tener tropa permanente y tropa permanente cuesta dinero que el Rey no tiene.
2 · La formación, que es vieja a propósito
En la línea dagatense hay lanza corta y escudo, hombro con hombro, tres filas. Es lo que se hacía hace doscientos años y es lo que se sigue haciendo.
En Norvia y en Galendria ya no. Allí se ha empezado a formar en cuadros de pica larga, cinco metros de fresno, y un cuadro bien apretado se lleva por delante una línea de escudos. En Bisak hay un tratado traducido que lo explica y en la Torre del Horizonte se enseña.
Y en Dágata no se hace, y la razón no es que sean cortos: una pica exige instrucción y en Dágata no hay tiempo de instruir a nadie. El cuadro se sostiene porque quinientos hombres mueven cinco metros de madera a la vez, y eso son meses de plaza de armas. La hueste llega el día de la muestra, marcha veinticuatro jornadas y se licencia. Con lanza corta y escudo un hombre sirve en tres días. Con pica no sirve nunca.
La constitución del Reino le está eligiendo las armas al ejército, y es la clase de cosa que en Dágata explica más que cualquier plan de campaña.
El tiro
El arco. Un arco cuesta una rueda, que es lo mismo que una capa buena, y el que caza ya sabe tirar. Las compañías del campo llevan arqueros porque el arma la trae el hombre puesta, y en las romerías y en las ferias hay concurso de tiro con premio de gremio — de ahí salió Cron Grill antes de que le prendiera un grifo.
3 · Lo que lleva cada uno
| Casco | Cuerpo | Mano | Tiro | Lo paga | |
|---|---|---|---|---|---|
| Hueste | la mitad, no | jubón y nada más | lanza del arca del concejo, cuchillo | su propio arco si lo trae | él |
| Compañía ducal | sí | cuero hervido con placas | lanza y cuchillo, escudo | ballesta el que la lleva | el condado |
| Legión Escarlata | sí | cuero con placas, y malla el que se la pague | lanza, cuchillo, escudo | ballesta, una de cada seis | la Corona |
| Orden de caballería | yelmo | arnés de placas, el que puede | lanza de caballo y espada | — | él, y arruina a su casa |
| Guardia Real | sí | malla completa | espada y escudo | — | la Corona |
La malla es el techo, y el techo es de acero. Dágata funde noventa toneladas de acero bueno al año, casi todo de Méleni, y una cota decente se lleva ocho kilos. La producción entera del Reino, gastada sólo en eso, vestiría a once mil hombres y tardaría un año en hacerlo. No se gasta. porque de esas noventa toneladas salen antes las rejas de arado, los ejes y las herraduras. Lo que llega a la tropa es lo que sobra, y lo que sobra son los oficiales.
El arnés de placas completo lo tienen menos de mil personas en todo el Reino, y de esas mil. setecientas son caballeros de orden que se lo han pagado. Un arnés cuesta lo que una baronía pequeña renta en dos años. Ésa es la razón material de que el caballero siga mandando en el campo aunque el Auto de los Grados diga lo que diga: no es el título, es que es el único que no se muere de la primera.
4 · La pólvora, y el dictamen que la sostiene

Aquí está el nudo que el registro dejó abierto, y se resuelve por donde se resuelve todo en este mundo: por un precepto.
Murnos prohíbe a los suyos las armas de fuego y los explosivos. Y Murnos es. precisamente, el dios del soldado y del herrero: dominios de Fuerza, Protección y Tierra, catedral en Llágata y en Rivelan, el Gran Templo de Méleni, y los enanos, que hacen el acero del Reino. Es decir: todo el que forja y casi todo el que pelea en Dágata responde a un dios que no le deja tocar pólvora.
Ese solo hecho explica por qué en un continente que ya conoce el cañón la infantería dagatense va con lanza y escudo.
El Dictamen de la Muralla · 776
Y sin embargo Vento tiene batería y dispara.
En 776, cuando el conde de Vento montó las primeras piezas sobre la roca, el cabildo de Murnos de Llágata tuvo que decidir si excomulgaba a media Sálama. Lo que dictaminó, en una frase que en Dágata sabe recitar cualquier artillero, fue: lo que no se puede llevar en la mano no es arma, es obra.
Un cañón empernado a una plataforma es parte de la muralla. Una muralla no es un arma. Y como Murnos es el dios de las murallas, la pieza no sólo es lícita: es piadosa. La casuística es descarada y todo el mundo lo sabe, incluido el cabildo que la firmó.
De ahí salen las tres cosas que en 850 son verdad y parecían incompatibles.
Hay artillería y sólo en emplazamiento fijo. Vento en tierra firme, y nada más.
No hay artillería embarcada. Una nave se mueve, así que un cañón a bordo se lleva en la mano, dicho en teología. La Marina del Rey pelea abordando.
Y no hay arma de fuego portátil en todo el continente dagatense. No porque no se sepa hacer —en Bisak hay dos, desmontadas, en una vitrina de la Torre del Horizonte— sino porque el día que un armero venda la primera, el Dictamen se cae y hay que volver a preguntarle al cabildo de Murnos.
Isla Horizonte, que sí
Las tres islas están bajo Eminta y no bajo Murnos, y los preceptos de Eminta no dicen una palabra de la pólvora. Los Consejos Insulares tienen jurisdicción propia y cabildos propios. Así que en Isla Horizonte hay cañón, hay fundición y no hay pleito.
El choque no es de ley: es de geografía religiosa. Dentro del Reino, la misma pieza es obra en un sitio y pecado a cuarenta kilómetros de allí, y el mar en medio es la única razón. Un capitán insular que fondea en Vento tiene que responder de eso en cuanto abre la boca en una taberna, y responde siempre lo mismo: que ellos rezan a otro.
Y el salitre
El único yacimiento del Reino está a doce kilómetros de Vento, con guardia de la Corona. La pólvora es licencia personal del Rey, la segunda después de la hoja y antes de la botica. Cuarenta y una licencias vivas en 850, y treinta y cuatro son de fundidores y artilleros de Vento, que además entran en la Guardia Tempestad con el mismo juramento que un caballero — la única orden del Reino que arma caballeros que no son soldados. Alguien, hace ochenta años, entendió que la manera de que un oficio incómodo fuera respetable era hacerlo noble.
El ducado más pobre de Dágata guarda el ingrediente de la pólvora del Reino entero, y sigue sin decirse en voz alta en el Salón.
5 · La magia en el campo, que es casi ninguna
Doscientas cuarenta cédulas vivas en todo el Reino, y los hechiceros con cédula no van a la hueste: son demasiado caros para gastarlos en una linde. Los que sirven lo hacen en la Guardia de Cristal de Bisak, dos mil hombres y la única orden donde un hechicero sirve como hechicero y no como soldado.
6 · Lo que costaría cambiarlo
Porque alguien lo va a preguntar en el Salón antes de 853.
Instruir cuadros de pica exige tropa permanente. Tres mil hombres más de asiento son ocho mil marcos al año sobre los cuarenta y nueve que ya cuesta el ejército, y el Rey tiene una caja de ochenta y ocho mil de la que ya no le sobra. Sólo puede pagarlo un Duque, y el Duque que lo pague tendrá lo único que hoy no tiene nadie: una fuerza que gana en campo abierto.
Armar de fuego a la infantería exige que el cabildo de Murnos revise el Dictamen, y el cabildo no va a revisarlo por gusto. Va a revisarlo el día que alguien le ponga delante un hecho consumado.
Las dos cosas se pueden hacer en tres años. Las dos las puede hacer Parls, que tiene el hierro. el carbón, diecisiete mil hombres y un Duque al que la Tasa Cierta le acaba de quitar tres puntos de cosecha.
Cómo se entra en el ejército, y cómo se sale

1 · El dato que lo ordena todo
Sesenta y ocho mil efectivos, y el Rey manda directamente sobre tres mil ochocientos.
| Quién | Cuántos | De quién |
|---|---|---|
| Parls | 17.000 | del Duque |
| Ságata | 12.000 | del Duque |
| Sálama | 9.000 | del Duque |
| Bisak | 8.500 | del Duque |
| Llágata | 7.000 | del Duque |
| Las tres islas | 5.000 | de los Consejos Insulares |
| Méleni | 3.500 | de las casas enanas |
| Cands | 2.200 | del Duque |
| La Marina del Rey | 1.800 | del Rey |
| La Legión Escarlata | 1.470 | del Rey |
| La Guardia de Caminos | 330 | del Rey |
| La Guardia Real | 200 | del Rey |
| 68.000 | lo que dice la tabla del Reino | |
| Los Corsarios de Cands | 3.000 | bajo patente, de sus armadores |
| 71.000 | lo que hay |
Los tres mil Corsarios cuentan, y contarlos cambia el dibujo. Estaban escritos en y no aparecían en ninguna tabla, de modo que el Reino se contaba a sí mismo en sesenta y ocho mil cuando son setenta y uno. No son del Duque: van bajo patente y no bajo juramento, así que el que los paga es el armador y el que los manda es el capitán del barco, y por eso Cands es el único ducado cuyos hombres de armas no pueden ser armados caballeros en su propia tierra.
Y de ahí sale lo que de verdad importa, que nadie había dicho en voz alta: la Marina del Rey son mil ochocientos hombres y veintiuna naves; los Corsarios son tres mil y no se sabe cuántas. El cuerpo que existe para vigilar la costa occidental está en inferioridad de casi dos a uno frente a la flota privada del Duque al que tiene que vigilar, y encima sus naves se construyen en los astilleros de ese Duque. Nadie lo ha llevado al Salón. Se sabe.
Uno de cada dieciocho soldados de Dágata obedece al Rey — tres mil ochocientos treinta y uno con los treinta y un jinetes del Vuelo, que no caben en una tabla de efectivos y pesan más que cualquier fila de ella. Todo lo que sigue es la mecánica de cómo se llenan esas casillas, y casi todo pasa por la mano de un Duque o de un conde antes que por la de nadie más.
2 · Las tres puertas
La hueste — cuarenta días
Es la obligación, no el reclutamiento. Cada baronía debe a su conde un número de hombres asentado en el Libro de la Tierra, y los debe cuarenta días al año. Ni uno más: al día cuarenta y uno el Duque tiene que pagarlos como soldados o mandarlos a casa, y esa es la razón física de que las guerras de Dágata sean cortas. Una campaña que no se resuelve en seis semanas se convierte en un problema de tesorería antes que en un problema militar.
Van hombres de dieciséis a cuarenta y cinco, uno por hogar de más de cierto tamaño. Quién va lo decide la aldea, y lo decide a suertes — salvo que alguien se ofrezca, y entonces el que se ofrece cobra: los demás hogares le pagan entre todos, en grano o en jornales, por librarles de la papeleta. En un pueblo pobre eso es un negocio, y hay hombres que llevan quince años yendo por otros.
En los Claros del Margen la hueste es obligatoria si es defensiva y voluntaria si es ofensiva, y son los únicos con esa distinción escrita.
No van: el hijo único de viuda, los quince de cada posta, los del lacre, los sacerdotes ordenados, y los hechiceros con cédula — doscientos cuarenta en todo el Reino, demasiado caros para gastarlos en una linde.
El asiento — siete años
El voluntariado, y es un contrato con nombre. Siete años en una compañía ducal o en la Legión, seis granos al día y la comida, equipo de la casa descontado del primer año, y al cumplirse la licencia: un papel, dos marcos de mano y una cosa que vale mucho más.
Servir siete años hace vecino a un obligado. Sin reclamación, sin año y un día, sin discusión.
Ésa es la razón real por la que hay voluntarios en un reino donde nadie sueña con la gloria. Un obligado de veinte años que sobrevive sale con veintisiete, con dos marcos, con oficio de manos y libre. Y por eso los condes odian a los sargentos de asiento más que a los recaudadores: el alguacil de una aldea de Kórnik puede echar a pedradas al que llega con la caja y el tambor, y lo hace, y no es delito porque tampoco es delito reclutar.
Siete años. Los mismos siete de la deuda y los mismos de la marca partida del quebrado: en Dágata siete años es lo que tarda un hombre en volver a ser otro.
La orden — el hijo segundo
Para los nobles no hay asiento: hay espaldarazo, y entrar en una orden y ser armado caballero son el mismo acto. Las diez órdenes son los cuerpos con nombre de los ducados. No se cobra soldada, se lleva caballo propio y se paga el equipo, así que es un gasto y no un empleo — que es exactamente lo que se espera de un segundón con catorce años y sin baronía a la vista.
3 · Quién cabe
La Ley de Vecindad no tiene puerta trasera: un vecino es un vecino y todos los oficios están abiertos, y el de soldado también.
Sirven mujeres, y no es una rareza ni una hazaña: alrededor de una de cada seis en las compañías ducales, más en Cands y en Méleni, muchas menos en la hueste, porque la hueste la decide la aldea y la aldea manda al que le sobra. En la Legión Escarlata la proporción es de una de cada cuatro y llevan así desde que existe, veintisiete años.
Sirven no humanos con la misma regla. Los enanos de Méleni forman en sus propias compañías y no salen del ducado salvo por tratado, lo cual no es desprecio sino cómo funciona una casa enana: el que sale, sale por su casa y con su casa respondiendo. Los silvanos de los Claros van cuando toca y vuelven en cuanto acaban los cuarenta días, y nadie ha conseguido nunca que se queden.
4 · Cómo se sale
Cumplido el asiento, con la licencia y la vecindad.
Roto, si el hombre queda inútil. Entonces le corresponde la ración: una medida de grano al día del ducado, de por vida. Es una obligación escrita y es también la primera línea que un tesorero ducal recorta cuando le aprietan, así que en Sálama la ración lleva dos años pagándose tarde y en Parls no se ha retrasado nunca, porque Brénac sabe lo que cuesta que se sepa.
Muerto, y entonces la ración va a la viuda cinco años, o hasta que se case.
Desertando, y aquí Dágata vuelve a no hacer lo que hacen sus vecinos: no se cuelga a un desertor. Se le pone en obligación de trabajo siete años y pierde la vecindad que llevaba ganada, que para un obligado que había hecho cuatro años de asiento es la peor pena que se le puede poner sin tocarlo. Ahorcar se ahorca por traición, por homicidio y por forzamiento, y por nada más.
5 · Los cuerpos del Rey
La Legión Escarlata, mil cuatrocientos setenta hombres, no es una orden sino un ejército y es la única fuerza de tierra permanente que obedece al Rey y no a un Duque. Se levantó en 823 con lo que quedaba de las compañías que los del Cruce habían reunido sin licencia de nadie para el Otoño Negro: es, literalmente, un ejército privado legalizado, y de ahí viene todo lo raro que tiene. Se asienta por siete años como cualquiera, paga un tercio más, y se recluta a propósito de los siete ducados a partes iguales para que no sea de nadie. Está acuartelada en Ságata, que es donde se cruzan las tres calzadas largas, y desde ahí llega a cualquier frontera en dieciocho jornadas.
La Guardia Real, doscientos, con su propia entrada y su propio juramento. Son los únicos hombres de Dágata que son hombres del Rey y no de una Casa.
La Guardia de Caminos, cuatro por posta, trescientos treinta en total, pagados por la Corona y suministrados por el condado — el reparto que hace que nunca se sepa del todo a quién obedecen.
El Vuelo del Rey, treinta y un jinetes de grifo, que no es una compañía sino un conjunto de cartas personales del Rey, la cuarta licencia después de la hoja, la pólvora y la botica. En.
Y la Marina del Rey, mil ochocientos, en.
6 · Lo que esto significa en una ficha de personaje
Un exsoldado dagatense de nivel bajo casi siempre es una de tres cosas, y conviene elegir cuál porque cambian su vida entera.
Fue de hueste: cuarenta días al año durante unos cuantos, sabe formar y sabe marchar, no sabe pelear. Sigue siendo obligado y sigue debiendo días.
Cumplió asiento: siete años, licencia en el bolsillo, vecino. Tiene oficio, tiene papel y no tiene tierra. Es el perfil más útil y el más común entre aventureros.
Rompió el asiento: desertó, y lleva encima siete años de obligación de trabajo esperándole si alguien lo reconoce. No lo cuelgan. Lo devuelven, que para él es peor.
Cómo se viste y cómo se mueve un ejército

1 · Dágata no viste a sus soldados: los marca
De los sesenta y ocho mil efectivos sólo catorce mil están pagados. A los otros cincuenta y cuatro mil se les llama cuarenta días al año y vienen con lo que tienen puesto. Vestir de uniforme a un ejército así es imposible y nadie lo ha intentado nunca.
Lo que hay son tres alturas, y se distinguen a simple vista.
La hueste · la banda
Un hombre de hueste llega con su ropa, su cuchillo y, si su baronía es de las que cumplen, una lanza del arca del concejo. Lo único que se le da es la banda: una tira de paño del color de su condado que se ata en el brazo izquierdo, se entrega en la muestra y se devuelve al licenciarse.
Y se le pinta el escudo si trae escudo: la señal, una marca de brea y cal, condado por condado. Se pinta el día de la muestra, se borra sola en dos meses de lluvia, y no está pensada para que la distinga el enemigo sino para que el sargento cuente.
Llevar banda de un condado que no es el tuyo es fraude a la muestra y se paga como fraude, no como delito militar: dos marcos o el trabajo equivalente.
El resultado de todo esto es que un ejército dagatense es de color pardo. La lana sin teñir es lo que viste el reino, porque el tinte cuesta, y lo único de color en una formación de cinco mil hombres son las bandas del brazo, los estandartes y los oficiales.
Las compañías ducales · la librea
Los que cobran sí van vestidos, y los viste el condado, no la Corona. De ahí una cosa que en una batalla se ve desde lejos y que nadie ha dicho en voz alta en el Salón: se distingue a simple vista qué ducado es rico. Los de Parls llevan capote de invierno y los de Sálama no, y los dos están en la misma línea.
Y la regla que ordena la heráldica en la tropa: el emblema va en el estandarte y no en el hombre. La librea lleva los colores de la Casa; el roble de los Escudos de Hierro o la carmesí de los Lanceros van en el paño que se levanta, no bordados en cada pecho. Para saber a qué cuerpo te enfrentas hay que ver la bandera, y por eso en Dágata tomar un estandarte no es un trofeo, es información.
Los cuerpos del Rey · el escarlata y el león
Los tres mil ochocientos del Rey son los únicos con uniforme de verdad, cortado igual y pagado por la Corona.
La Legión Escarlata, casaca escarlata sobre pardo. La Guardia Real, gules y el león de oro con la bordura de siete piezas — el escudo del Reino puesto en un hombre, cosa que en Dágata no lleva nadie más. La Marina, azul sin adorno y sin casaca, porque en una galera estorba. La Guardia de Caminos, pardo con banda blanca, que es la más vista del Reino y la que menos respeto inspira. Y el Vuelo, que no tiene uniforme: cada jinete se viste como quiere y todos acaban vistiéndose igual, con cuero y sin nada suelto.
Y lo que se lleva encima
Un legionario tiene casco, cota de cuero hervido con placas, lanza, cuchillo y escudo. La malla la lleva quien se la paga, y con noventa toneladas de acero bueno al año eso son los oficiales y poco más. Un hombre de hueste con casco ya es un hombre bien equipado, y la mitad no lo lleva.
2 · Quién paga
Dentro de su ducado, paga el Duque. Fuera, paga el que llama.
Ésa es toda la regla y es lo que frena cualquier guerra antes de empezarla. La hueste se debe al conde y el conde al Duque, y esos cuarenta días son gratis mientras el hombre no cruce la raya de su ducado. Desde el día en que la cruza, come a cuenta de quien convocó, que si la convocatoria es del Reino es la Corona.
Y la caja del Rey son ochenta y ocho mil marcos al año.
Cinco mil hombres fuera de su ducado cuestan en comida unos cuarenta marcos al día. Un mes son mil doscientos, tres meses son tres mil seiscientos, y con el bagaje y las bestias eso se va al doble. Una campaña de un verano con veinte mil hombres se lleva la reserva entera de la Corona.
Por eso Dágata no invade a nadie, y no es virtud.
3 · Qué come
La ración de marcha, por hombre y día: un kilo de pan, doscientos gramos de tocino o queso y medio litro de vino aguado. En invierno se añade sebo. Es poco y todo el mundo lo sabe; lo que compensa es que las marchas son cortas.
| Al día | |
|---|---|
| 1.000 hombres | 12 quintales ⟨1,2 t⟩ |
| 5.000 hombres | 60 quintales |
| Más las bestias | 5 kg de grano y forraje por caballo |
Un carro de cuatro ruedas lleva ocho quintales. Así que una columna de cinco mil hombres gasta siete carros y medio de comida al día, y como los carros también comen y tienen que volver. nadie lleva más de diez jornadas de pan.
De ahí sale la única regla logística que importa: una columna dagatense lleva diez días y compra el resto. Y comprar exige saber dónde hay grano, que es exactamente lo que hace el Registro de Cosecha. La reforma que las quince Casas Condales más odian es la que hace posible mover un ejército, y ninguno de los quince lo ha dicho nunca en voz alta.
Lo que había antes era la requisa a ojo: entrar en un condado, calcular a bulto y llevarse lo que pareciera sobrar. En Dágata está mal visto y se sigue haciendo.
3 bis · Prisioneros, rescate y botín
El corpus lo daba por sabido y no lo decía en ninguna parte, y es donde acaba la mitad de las escenas de frontera del sur.
A un piel verde no se le hace prisionero
Y hay que decirlo como es, sin adornarlo: en Dágata la vida de un piel verde cogido en armas no tiene precio tasado. No entra en la Tabla del Daño, que vale para toda especie y condición dentro del Reino, porque un clan del Bosque del Sur no es del Reino y nunca ha pedido serlo. No hay rescate porque no hay quien pague; no hay canje porque los clanes no canjean; y no hay composición porque no hay con quién asentarla.
Lo que dice la ordenanza es que el que se coge vivo va a la Cadena, al presidio de Yanal, y trabaja el muro. Lo que pasa de verdad es que de cada diez que se cogen vivos en la raya llegan dos, y los ocho que faltan no aparecen en ningún libro porque no hay libro donde falten. Los oficiales de Rivelan no lo escriben y los de Yanal no lo preguntan.
Es la línea más fea del Reino que se dice no hay siervos de cuerpo y la tabla es la misma para todos, y está aquí precisamente porque conviene que se vea.
Entre gente que sí tiene precio
Con Galendria, con Norvia y en un pleito entre ducados, el rescate existe y va por costumbre vieja.
El arnés y el caballo son del que lo tomó, siempre, y no entran en el botín. Eso es lo que hace que a un caballero se le prenda en vez de matarlo, y también lo que arruina a las órdenes, que van a campaña de su bolsillo con un arnés que vale lo que renta una baronía en dos años.
El cuerpo se tasa aparte. Un caballero de orden, cuarenta marcos; un capitán, cien; un Comandante o un Conde, lo que pida su Casa, que en la práctica es la renta de un año — quinientos marcos para un condado mediano. Lo paga la orden, no la Casa: la Casa no responde por él en rescate, y ésa es la regla que hace de las diez órdenes una caja común y no un adorno.
Dágata no ha pagado un rescate grande desde 827, y no por virtud: por no invadir a nadie. Los que paga son los de sus propios hombres cogidos en la mar durante las Guerras Piratas, y ésos los paga el armador si el hombre iba bajo patente y nadie si iba por su cuenta.
El botín, en tercios
Lo tomado en tierra enemiga se parte en tres: un tercio para quien lo tomó, un tercio para la compañía, que lo reparte el capitán y del que sale la viuda del que no volvió, y un tercio para quien pagó la campaña, que es el Duque o el Rey. El tercio del capitán se cuenta delante de la compañía y se anota; el que no lo anota pierde el despacho.
Y lo tomado en tierra dagatense no es botín: es hurto, se juzgue quien se juzgue y esté la hueste donde esté. Ahí está el pequeño gran detalle de este Reino: la ordenanza no distingue entre saquear a un enemigo y saquear a un vecino porque nunca ha hecho falta —Dágata no ha invadido a nadie—, así que lo único que sus soldados saben de saqueo es que con los suyos se cuelga. Se ha colgado a nueve en ochocientos cincuenta años, ocho de ellos en 820.
4 · Cómo se mueve
| Al día | |
|---|---|
| Infantería en calzada real | 20 km |
| Infantería forzando | 30 km, y tres días seguidos como mucho |
| Carro cargado | 25 km ⟨una jornada⟩ |
| Caballería | 40 km |
| Correo de posta | 135 km ⟨tres tramos con relevo⟩ |
| Grifo | 300 km, y no se hace |
El bagaje. Por cada cien hombres que pelean van unos veinte que no: carreteros, herradores. cocineros, un cirujano si hay suerte y las mujeres de la tropa, que no son un adorno sino quien cose. cura y cocina. Cinco mil hombres son mil de tren, ciento veinte carros y cuatrocientas bestias de tiro.
Las postas, en guerra, cambian de oficio. Las ochenta y tres paradas dejan de llevar órdenes y se abren a la remonta: novecientos noventa y seis caballos de refresco repartidos cada cuarenta kilómetros sobre las cinco calzadas. Ése es el activo estratégico real de la Corona y no lo sabe casi nadie, porque en tiempo de paz parece un servicio de correo.
Lo que se rompe primero son los pies. Un par de botas aguanta unos quinientos kilómetros de firme. Una columna que hace mil kilómetros necesita reponer botas a la mitad del camino o llega descalza, y no hay depósito: se compran en el sitio.
La cuenta que lo explica todo
¿Cuánto tarda Parls en poner cinco mil hombres en Ságata?
Nueve días en convocar y juntar la hueste. Cuatrocientos ochenta kilómetros por la Ruta Real Norte-Sur, a veinte por día, veinticuatro días de marcha. Cinco de holgura entre lluvias, ejes rotos y un vado crecido.
Treinta y ocho días. La hueste dura cuarenta.
Eso significa que un ejército ducal llega a la otra punta del Reino justo a tiempo de tener que volverse, y de ahí salen dos cosas que ya estaban escritas y ahora tienen causa: que las guerras de Dágata sean cortas, y que la Legión Escarlata esté acuartelada en Ságata, donde se cruzan las tres calzadas y desde donde se alcanza cualquier frontera en dieciocho jornadas.
Lo único que se mueve rápido en este reino son las órdenes y los grifos.
Los grados y los comandantes
1 · El problema es que no hay un ejército
Sesenta y ocho mil efectivos y siete ejércitos, más cuatro cuerpos del Rey y diez órdenes de caballería que no son ni una cosa ni otra. Un capitán de Parls y un capitán de Sálama cobran distinto, visten distinto y hasta hace siete años no tenían por qué obedecerse.
Durante ochocientos años eso se resolvió como se resuelve todo aquí: por la cuna. Puestos dos hombres delante del mismo vado, mandaba el que tenía mejor sangre, y si los dos eran hijos segundos se miraba el título del padre. Funcionó mientras las guerras las hacían Casas contra Casas. Dejó de funcionar el día que hubo que meter en el mismo campo a una compañía pagada, a una hueste de leva y a quinientos caballeros que no cobran.
Lo que hay hoy es una escala de ocho grados escrita en tres papeles distintos, aplicada bien en los cuerpos del Rey, regular en los ducados y nada en la hueste. Esto es cómo funciona, y también dónde no funciona.
2 · De dónde salió, que no es de un Rey
De la Legión Escarlata. En 823 hubo que legalizar lo que los del Cruce habían reunido sin permiso de nadie para el Otoño Negro: mil y pico hombres sin Casa, sin título y sin manera de decir quién mandaba sobre quién. No se les podía ordenar por sangre porque casi ninguno tenía. Así que un escribano de la Cancillería se sentó a inventar una jerarquía que funcionase con gente sin apellido. y salió la Ordenanza de la Escarlata.
Es un texto feo y corto —once artículos— y es el documento militar más copiado del Reino. En 828 la Ordenanza de la Mar lo repitió para las galeras con otras palabras. Los ducados fueron adoptando los nombres a lo largo de treinta años, cada uno a su ritmo y sin adoptar del todo lo que significaban.
El vado de Ombra
Y en 842, entre Yanal y Rivelan, se vio para qué servía tenerlo escrito y qué pasa cuando no lo está.
Una partida de pieles verdes quemó tres aldeas en la raya del bosque. Salieron las dos guarniciones. se encontraron en el vado de Ombra, y estuvieron día y medio discutiendo cuál de los dos mandaba. el de Rivelan era barón y el de Yanal no, el de Yanal tenía veinte años de plaza y el otro cuatro, y la ordenanza no decía nada porque la ordenanza era de la Legión y ellos no eran de la Legión. Mientras discutían ardió la cuarta aldea. Cuarenta y un muertos, y de los cuarenta y uno nadie mató a ninguno.
Valdrik fue elegido Rey al año siguiente. En los primeros seis meses firmó dos papeles cortos: el Auto de los Grados, que puso a los cuatro Comandantes al mismo nivel y decidió que la precedencia la fija la fecha del despacho y ninguna otra cosa, y la carta mayor del Vuelo. Los dos tratan del mismo asunto, que es que alguien pueda decidir deprisa sin preguntarle a un padre quién fue.
3 · La escala
Ocho grados. Debajo de todos hay dos condiciones que no son grado: el hombre de hueste, que no tiene ninguno y no puede tenerlo, y el escudero, que es un noble aprendiendo.
| Grado | Manda | Soldada al día | |
|---|---|---|---|
| 1 | Soldado | a nadie | 4 granos y la comida ⟨6 en la Legión⟩ |
| 2 | Cabo | una escuadra, diez | 6 granos |
| 3 | Sargento | una centena | 10 granos |
| 4 | Sargento mayor | a los sargentos de una plaza | 16 granos |
| 5 | Alférez | a nadie, y lleva la seña | 12 granos |
| 6 | Teniente | media compañía | 16 granos |
| 7 | Capitán | la compañía, doscientos | 24 granos |
| 8 | Comandante | una plaza o un cuerpo | un marco al mes |
Sí: el alférez cobra menos que el sargento mayor al que manda. No es un error de copia, es la ordenanza. El alférez es el primer grado que se da por papel y no por servicio, se le da a chicos de catorce a dieciocho años de casa noble, y se da por entendido que ese chico tiene renta. El sargento mayor tiene cuarenta años, veinte de servicio y ninguna. Los dos lo saben, y en la Legión Escarlata el alférez que se lo recuerda a un sargento mayor dura poco.
Los tres umbrales
Los ocho grados importan menos que las tres líneas que los cortan, porque lo que cambia al cruzar cada línea no es el mando: es lo que vale tu firma.
De soldado a cabo se cruza la primera, y lo que se gana es poder mandar castigar. Un cabo puede ordenar palos, ocho como mucho, y responde de ellos. Se nombra de palabra y se quita de palabra.
De sargento mayor a alférez se cruza la segunda, y es la única que de verdad separa a la gente. Del alférez arriba se tiene despacho: un papel firmado por un Duque o por el Rey, con fecha. asentado en el Libro de las Vidas. Con despacho se puede firmar por bastimentos —pan, forraje. herrajes— y el condado tiene que servirlos y cobrar después. Sin despacho no. Por eso a los tres primeros grados se les llama los de cuenta, porque cuentan hombres, y a los cuatro siguientes los de firma, porque comprometen dinero de otro.
Y de capitán a comandante se cruza la tercera, que es poder gastar lo que el ducado tendrá que pagar aunque no le parezca bien. Un Comandante puede vaciar un granero real y responder ante el Tribunal Superior después. Eso, y no el número de hombres, es lo que hace del octavo grado otra cosa.
4 · Por encima de Comandante no hay grado: hay título
Ésta es la pieza que ordena todo lo demás y es la respuesta a por qué los cuatro son iguales.
La escala se acaba en el octavo peldaño. No hay un noveno. Un ejército de campaña dagatense —diez mil, veinte mil hombres— lo manda un Duque, o el hombre al que un Duque señala con el dedo, y ese hombre no recibe un grado por ello: recibe una comisión que se extingue el día que se licencia la hueste. Manda porque es el ejército de su señor, no porque tenga papel.
De ahí salen dos cosas.
La primera es que los cuatro Comandantes de las Ciudades Fortaleza son exactamente iguales entre sí, porque están arriba del todo y arriba del todo no hay peldaños que repartir. Lo que los distingue —y los distingue mucho— es la plaza que tienen, la antigüedad del despacho, el apellido y a quién le deben el puesto. Nada de eso es graduación.
La segunda es más incómoda. Como por encima del octavo grado sólo hay títulos, el ejército de Dágata no tiene mando propio en tiempo de guerra grande: tiene siete señores que se reparten el campo y un Maestre de Guerra que coordina y no manda tropa. Es un reino que ha resuelto quién obedece a quién dentro de una compañía y no lo ha resuelto entre dos ducados. En el vado de Ombra murieron cuarenta y uno por eso, y aquello eran dos guarniciones. Nadie ha querido pensar en voz alta qué pasaría con veinte mil.
5 · Las otras escalas, y cómo se cruzan
La Marina
Escala propia y más corta, porque una galera de veinticuatro bancos lleva ciento cuarenta hombres y no hay nada que subdividir. Marinero, cabo de mar, contramaestre, patrón, capitán de nave, y encima el Comandante de la Mar. Seis peldaños contra ocho, sin alférez y sin sargento mayor.
La equivalencia en tierra la fijó la Ordenanza de la Mar y no se ha tocado: contramaestre vale por sargento, patrón por teniente, capitán de nave por capitán. Lo que escuece es el otro extremo de la tabla: un contramaestre con veinte años de mar cobra ocho granos menos que un alférez de dieciséis años que no ha salido de la dársena, y en Vento eso se dice en voz alta desde 828.
Las órdenes de caballería
Un caballero no tiene grado. Tiene orden, y dentro de la orden tiene puesto: escudero, caballero. comendador, alférez de la orden, maestre. Ninguno de esos cinco aparece en la Ordenanza, porque un caballero no cobra soldada, se paga el caballo y entra por espaldarazo y no por despacho.
Y sin embargo hay que meterlos en la misma línea de batalla que a los que sí cobran. La solución es un remiendo y se nota: el despacho de campaña, un papel que el Duque extiende al empezar la convocatoria y que caduca con ella. Mientras dura, un maestre vale por comandante, un comendador por capitán y un caballero por teniente.
Esa última línea es la más odiada de todo el texto. Un caballero de diecinueve años recién armado. que no ha visto un asedio, entra por encima de un sargento mayor de cincuenta que lleva la mitad de su vida en la muralla de Parls. Está escrito así a propósito y todo el mundo sabe por qué: si no estuviera, las órdenes no vendrían. Cinco de las diez órdenes se lo tragan sin más. Los Custodios del Trono llevan veinte años negándose a firmar despacho de campaña ninguno, con el argumento de que aceptar un grado es aceptar un pagador, y como guardan el Salón nadie les ha obligado todavía.
La caballería que sí cobra
Aparte de las órdenes, cada compañía ducal grande lleva sus jinetes: batidores, correos, treinta o cuarenta caballos ligeros. Mismos grados con la coletilla de a caballo, misma soldada más dos granos por el animal. Por costumbre y no por ordenanza, un cabo de a caballo se sienta antes que uno de a pie cuando comparten alojamiento, y de ahí salen la mitad de las peleas de cuartel del Reino.
La hueste
Ningún grado, y no se puede dar. Los cuarenta días de leva se cumplen bajo el alguacil de la baronía o bajo quien mande el conde, y cuando una hueste se mezcla con compañías pagadas manda el capitán pagado, diga lo que diga el escudo del otro. Es el artículo que más se incumple de los once y el que más quejas de barón le llega al Maestre de Guerra cada año.
El Vuelo del Rey
El Vuelo no tiene rangos y no se le van a poner: son treinta y una cartas personales del Rey. no un cuerpo. Pero un jinete come, se aloja, entra en un consejo de guerra y tiene que ir delante o detrás de alguien en una puerta, y para todo eso hacía falta un número.
Lo que hizo el Auto de los Grados fue no darles grado y darles equivalencia. La carta de vuelo vale por capitán en todo lo que la ordenanza necesita: ración, alojamiento, precedencia, y quién lo juzga si hace algo mal. La carta mayor vale por comandante. Y eso es todo lo que hay escrito.
Tiene una consecuencia que a los sargentos mayores del Reino les revuelve el estómago y que es exactamente lo que Valdrik quería. El día que un pollo prende con la hija de un obligado de catorce años y el Rey firma la carta —porque la alternativa es perder el animal —, esa chica es capitán a efectos de todo y no ha mandado a nadie en su vida. No hay recurso, porque no es un grado que se le haya dado mal: es una licencia, como la de la hoja o la de la botica, y las licencias no se discuten.
Y el Peñero Mayor no tiene equivalencia ninguna. Márena Ilvath no manda en el aire y en la ordenanza no figura: es oficial de la casa del Rey, como un maestro de posta, y lo que firma son cuentas. Los treinta y un jinetes hacen lo que dice de todas formas, porque ella tiene la carne, los nidales y el Vedado. Es el único mando de Dágata que funciona entero sin un papel detrás.
Las Torres Vigía las manda un capitán
Y conviene decirlo porque la cuenta de arriba lo pide: una Torre Vigía no es una plaza y no tiene Comandante. La manda un capitán, séptimo grado, bajo el Comandante de la Ciudad Fortaleza más cercana, que es de quien recibe el despacho y a quien rinde el parte. Un capitán de torre puede firmar por bastimentos hasta el mes y no más; para todo lo que pase de ahí manda un jinete a su fortaleza y espera.
Las seis, con su fortaleza.
| Torre | Ducado | Guarnición | Depende de |
|---|---|---|---|
| Vigía del Humo | Parls | 1.000 | Parls · 70 km |
| Vigía Esperanza | Parls | 600 | Parls · 245 km |
| Vigía Espina | Ságata | 1.200 | Rivelan · 47 km |
| Vigía Sur | Sálama | 800 | Rivelan · 137 km |
| Vigía Poniente | Méleni | 700 | Yanal · 680 km |
| Vigía Naciente | Llágata | 500 | Rivelan · 527 km |
Dos de las seis están mal colgadas y todo el mundo lo sabe. La Vigía Naciente está a la puerta de la capital y depende de Rivelan, porque Llágata no es Ciudad Fortaleza y no tiene Comandante; el parte de la torre que guarda la casa del Rey pasa por un ducado ajeno antes de llegar al Salón, y a Thesalia Llyneth eso le escuece desde que tiene el trono. Y la Vigía Poniente está a seiscientos ochenta kilómetros de Yanal, que es la fortaleza más próxima porque no hay ninguna en el oeste: en la práctica su capitán despacha con el Duque Thorgrin y con nadie más, y nadie lo ha puesto por escrito.
Los del octavo grado siguen siendo seis, no doce.
Seis hombres y mujeres tienen el octavo grado en 850. Cuatro tienen plaza, uno tiene la mar y uno tiene la Legión.
Se nombran por el Rey y sólo por el Rey, con el despacho leído en el Salón. No tienen término: el despacho no caduca y sólo se quita con los siete Duques presentes, cosa que ha pasado dos veces en ochenta años. Y aquí está el detalle que hace frágil todo lo anterior: un Comandante manda una guarnición que no es suya y que no paga. Los mil doscientos de Parls salen de los diecisiete mil de Garen Brénac; los de Rivelan, de los doce mil de Ságata. El Rey pone el hombre y el Duque pone el pan.
Un Duque no puede destituir a un Comandante. Lo que puede hacer es que la harina llegue tarde.
| Plaza | Comandante | Despacho | Guarnición | Paga |
|---|---|---|---|---|
| Parls | Ruvén Tressal, 61 | 831 | 1.200 | Parls |
| Vento | Ordas Karth, 57 | 834 | 600 | Sálama |
| Rivelan | Reval Nervast, 48 | 839 | 1.200 | Ságata |
| La Mar | Vaelin Orrek, 53 | 841 | 1.800 | la Corona |
| Yanal | Doreta Anseva, 44 | 846 | 900 | Bisak |
| La Escarlata | Sildo Ferrán, 52 | 844 | 1.470 | la Corona |
Reval Nervast, Rivelan. Tiene los muros y no tiene los templos, despacha directamente con el Maestre de Guerra sin pasar por el conde Selvar Karneth, y es el único Comandante cuya plaza mira a una frontera donde pasa algo todas las semanas. Grano para trescientos días bajo los pies y seis jinetes del Vuelo en el risco de encima.
Vaelin Orrek, la Mar. Y aquí la ordenanza se muerde la cola. El Auto de los Grados dice que la precedencia entre Comandantes la fija la fecha del despacho; el de Orrek es de 841 y el de Anseva de 846. Por su propia regla, el hijo del calafate entra antes que la Comandante de Yanal, y en el protocolo del Salón sigue entrando el último desde hace nueve años. Nadie ha escrito nunca por qué. Preguntarlo en voz alta delante de los cuatro es una de las cosas que un personaje puede hacer en una sala y que le cambiará la tarde.
Sildo Ferrán, la Escarlata. No se sienta con los otros y no es un desaire: la Legión es del Rey y responde al Rey, no al Maestre de Guerra, y por eso cuando D-71 dice que el Maestre coordina a cuatro Comandantes está diciendo la verdad. En 828 se le hizo sitio en esa mesa al de la Mar y a la Escarlata no se le hizo nunca, que es la mitad de la razón por la que los cuatro llevan veintidós años sin tragar a Orrek: no les molesta el hombre, les molesta que se creara una silla.
Ferrán entró en la Legión de soldado de asiento en 824, con veintiséis años. Es el único hombre de Dágata que ha tenido los ocho grados, y la Legión lo lleva pintado en el tambor de reclutamiento desde hace seis años. También es el único, en veintisiete años, y todos los sargentos mayores del Reino saben ese segundo número tan bien como el primero.
Y el que no es Comandante a propósito
La Guardia Real la manda un capitán. Doscientos hombres, la mejor tropa del Reino, el escudo del Reino en el pecho, y el que los manda tiene el séptimo grado y no el octavo. Dentro de la Guardia hay tres escalones y nada más —guardia, sargento, capitán—, y la razón es la que se lee: cuantos menos peldaños haya entre el Rey y un guardia cualquiera, menos gente hay a la que comprar. La orden del León Dorado tiene maestre, y su maestre es el Rey. Por eso el juramento es al hombre y no podía ser de otra manera.
7 · La tarja, o por qué el sargento tiene que leer
De catorce mil hombres pagados salen unos setenta capitanes, setenta tenientes, setenta alféreces. ciento cuarenta sargentos, quince sargentos mayores y mil cuatrocientos cabos. Doscientos veintiséis despachos en todo el Reino: uno de cada sesenta hombres pagados firma algo.
Y hay un cuello de botella que no se ve en la tabla. El sargento lleva el libro de su centena — altas, bajas, quién cobró, quién no vino a la muestra— y para eso hay que leer y sumar. En la Legión Escarlata se enseña, dos horas al día, y por eso los sargentos de la Escarlata valen lo que valen. En las compañías ducales no se enseña, así que la mitad de los sargentos del Reino firman con una marca y llevan la cuenta en una tarja: un palo de avellano hendido, con las muescas de los días y de las raciones, media para el sargento y media para el furriel del condado.
8 · Lo que se dice y no está escrito
General no existe. Ni coronel, ni maestre de campo, ni capitán general. Son palabras que se usan en Norvia y en Galendria, que entran por los puertos con los mercaderes y que la gente de Dágata repite porque suenan a algo.
En la calle se llama general al que manda un ejército: al Duque en campaña, al hombre que señaló con el dedo, y a Cron Grill, que no manda ni un ejército ni una compañía y sólo tiene un papel que dice que habla por el Rey. La canción de Eldwin le llama general dos veces y por eso lo llama todo el mundo.
La guardia real

1 · Doscientos, y lo raro no es el número
En Dágata nadie es hombre del Rey. Los Duques no juran homenaje: prestan el Juramento del Salón, que es un juramento a la mesa y no a una persona, y esa idea es lo que salió de la Guerra de las Siete Espadas.
Nadie salvo doscientos.
La Guardia Real es la única excepción de la constitución dagatense, y por eso es pequeña y por eso está tan mirada. Doscientos hombres y mujeres que sí son de alguien.
Veinticinco por ducado, que son ciento setenta y cinco, y veinticinco que elige el Rey de donde le parece. Esos últimos veinticinco son la única parte de los sesenta y ocho mil efectivos del Reino que un Rey escoge sin pedirle permiso a nadie, y cada Rey los ha usado para otra cosa: Valdrik tiene ahí a nueve hijos de familias sin baronía, tres de los Claros del Margen y una enana de Méleni — los trece armados caballeros antes, cada uno en la orden de su ducado, porque sin eso no habrían podido entrar. Que Valdrik haya tenido que hacer armar a trece para poder escogerlos es exactamente la clase de rodeo que define sus diez años.
2 · La prueba, que no es de armas
Antes de las dos puertas hay un requisito y no se salta: hay que ser ya caballero de otra orden. La Guardia Real es la única orden de segundo grado del Reino y se entra desde otra, no desde la calle. Un hombre que no ha recibido el espaldarazo en los Lanceros, en la Guardia de Cristal, en los Custodios o en la Guardia de la Roca no se presenta.
Y eso no la hace noble, la hace élite, que no es lo mismo y en Dágata menos que en ninguna parte: el espaldarazo no pregunta por la sangre, se entra en una orden por lo que se hace y no por quién se es. De modo que la cadena para un hijo de nadie son dos puertas y no una — primero que su ducado lo arme, después que el Rey lo escoja—, y por eso los veinticinco del Rey tardan años en llenarse. La enana de Méleni sirvió cinco años bajo tierra para entrar en la Guardia de la Roca, que es lo que se le pide a quien no es enano, y sólo después pudo mirar a Llágata.
Se entra por dos puertas más, y la primera no tiene nada que ver con pelear.
Desnaturarse
Hay que dejar de ser el hombre de alguien. El candidato comparece ante el Tribunal Superior de su ducado y se desnatura: renuncia al homenaje que debe a su Casa, y con él a la protección de esa Casa. Es el mismo acto por el que pasan los del lacre antes de tomar la matriz, y por la misma razón.
Tiene tres consecuencias y las tres duelen. No puede heredar mientras sirva — la línea salta por encima de él y su hermano menor pasa delante. Su Casa no responde por él en pleito ni en rescate. Y si lo expulsan de la Guardia no vuelve automáticamente a su Casa: hay que readmitirlo, y la readmisión la vota el Cónclave.
Por eso la Guardia se llena de segundones sin baronía a la vista, de caballeros de origen plebeyo y de gente de familias que ya no tienen nada que perder. Un primogénito de casa condal no entra: le costaría el condado. Todos son caballeros y casi la mitad no tiene una vara de tierra. y ésas son las dos cosas a la vez.
Las tres noches
La prueba física existe y es deliberadamente aburrida, porque el oficio también lo es. Tres noches de pie, en el patio del Salón, con relevos de agua y nada más: no se come, no se sienta y no se habla. Aguantar las tres es lo único que se mide.
No se prueba fuerza ni esgrima. Eso se enseña después y se enseña bien —los doscientos son, hombre por hombre, la mejor tropa del Reino— pero entrar depende de lo que aguantas quieto, que es lo que de verdad se le va a pedir once mil días seguidos.
3 · El juramento
Y aquí está la inversión que define al cuerpo.
Los Duques juran al Salón. La Guardia jura al hombre.
Es el único juramento personal que se presta en Dágata, se hace en el Salón de los Siete Tronos con los siete presentes, y la fórmula no menciona ni al Reino ni a la Corona: menciona el nombre del Rey y el año en que empieza su mandato.
Eso significa que el juramento tiene fecha de caducidad escrita dentro.
4 · Qué pasa cuando el Rey cesa
Lo que se deduce de lo anterior, y es lo más interesante del cuerpo.
El mandato es de diez años. El día que termina, los doscientos quedan sueltos: sin juramento. sin Casa —porque se desnaturaron— y sin señor. Durante unas horas, doscientos de los mejores soldados del Reino no le deben nada a nadie.
En la práctica el Rey reelegido los vuelve a jurar el mismo día y no pasa nada. Cuando cambia el Rey. el nuevo suele jurar a la mayoría, pero no a todos: cada relevo suelta a treinta o cuarenta. A esos se les llama los sueltos, y son un tipo de persona que existe en este mundo y no en otros — hombres de cincuenta años, sin familia que los reciba, con el mejor entrenamiento del Reino y ningún sitio donde ir. Acaban de venteros, de guardias de un mercader rico, de instructores, y algunos acaban donde no se debe.
Y luego está el caso feo. Si el Rey muere en el cargo, el juramento muere con él en el acto. Hay cuarenta días de interinidad del Canciller Real con poderes tasados hasta que se elige, y durante esos cuarenta días la Guardia Real no obedece a nadie, porque legalmente no tiene a quién obedecer.
La costumbre que se inventaron para eso es lo más dagatense que hay: cierran el Salón. Las puertas del Salón de los Siete Tronos se cierran por dentro, no entra nadie —tampoco el Canciller—, y los doscientos se quedan ahí de guardia sobre una sala vacía hasta que hay Rey nuevo a quien jurar.
Ha pasado tres veces. La primera fue en 341, y aquellos cuarenta días duraron diecinueve meses.
5 · Lo demás
Qué hacen. El Salón, la persona del Rey, la Asamblea, y veinticuatro de ellos guardan la ceca — el único edificio de Llágata donde no manda la Duquesa.
Qué cobran. Ciento veinte ruedas al año, el doble que un legionario, más casa y mesa. Y al licenciarse con veinte años cumplidos, una renta vitalicia de tres marcos que paga la Corona y que es la única pensión decente del Reino.
Cómo van vestidos. De gules, con el león de oro y la bordura componada de siete piezas: el escudo del Reino puesto en un hombre, cosa que en Dágata no lleva nadie más. Un guardia real de permiso en una taberna de Kórnik es la cosa más mirada de la sala.
La marina del rey
1 · Existe, es joven y está mal puesta
Hasta hoy Dágata tenía dos mil kilómetros de costa y ninguna nave que fuera del Rey. Los corsarios son de Cands y van con patente, la flota de Isla Horizonte es de la isla y la artillería de Vento es del conde. Ninguna de las tres obedece al Salón de los Siete Tronos.
La Marina del Rey se creó por ordenanza en 828, veintidós años atrás, saliendo de las Guerras Piratas, y por eso no aparece en el lore viejo: no existía. Son veintiuna naves y mil ochocientos hombres, y cuesta al año unos cuatro mil marcos, que es la mitad de todo lo que la Corona gasta en armas.
Y tiene dos defectos de nacimiento. El primero, y es el que nadie había puesto por escrito. los Corsarios de Cands son tres mil. El cuerpo que existe para vigilar la costa occidental está en inferioridad de casi dos a uno frente a la flota privada del Duque al que tiene que vigilar, y encima sus veintiuna naves salen de los astilleros de ese mismo Duque. Nadie lo ha llevado al Salón. Se sabe.
El segundo es el de siempre: la Corona no tiene puerto en la costa que importa. La costa occidental es el paso más movido entre los continentes poblados —de ahí entran los enanos de Khazadorn, los altos elfos y la mercancía de ultramar —, y esa costa es de Cands. Los tres puertos reales están en el norte y en el sureste.
2 · Los tres puertos del Rey
El Arsenal de Vento · Sálama
La base principal, y la única que puede carenar un casco grande. Vento es Ciudad Fortaleza y ya tenía artillería costera antes de que hubiera Marina; lo que se añadió en 831 fue la dársena cubierta. las gradas y los almacenes de jarcia. Nueve naves de las veintiuna están aquí, y de ellas cuatro armadas todo el año.
El pleito de siempre: la artillería de la muralla es del conde Brienn y las naves son del Rey, y las dos comparten el mismo agua. Cuando hay que disparar, alguien tiene que preguntar.
La dársena de Sálama
Cinco naves, todas ligeras. El puerto de la capital ducal no da para más calado, pero da para lo que de verdad hace falta ahí abajo: la gente. Sálama es el ducado más pobre de los siete y el que sobra brazos, así que más de la mitad de la marinería del Rey es salamesa.
Esa es la pieza política que hay que entender. Sálama pierde con la Ley de Portes, pierde con la Tasa Cierta y no tiene con qué negociar. Lo que sí tiene es que le vende a la Corona el salitre de Vento y los marineros, y eso, en dinero contante, es lo único que la mantiene a flote. Un Rey que prescindiera de la Marina arruinaría Sálama en dos años, y Faelar Iltherin lo sabe perfectamente cuando vota.
El Muelle del Rey · Parls
Siete naves en el norte, y es un puerto de guerra sin comercio: está ahí porque la frontera de Norvia, el Erial y la desembocadura del delta están ahí. Es también la única fuerza real capaz de entrar en el Delta del Erradia, y por eso los junqueros y la Cofradía del Junco saben perfectamente cuántas naves hay amarradas cada semana.
Y es también donde se ve mejor el error de nacimiento de la Marina: el delta que importa es el otro, el del Sagaria en el suroeste, y el puerto real más cercano a esa boca está a media Dágata de distancia.
Brénac tolera el muelle porque le sale gratis una escuadra en su costa. Lo que le molesta, y lo dice. es que los mil doscientos de guarnición de Parls no cuentan como suyos.
3 · Qué son las naves
No hay flota de línea ni batallas de cañones. Los devotos de Murnos no pueden tocar pólvora ni explosivos por precepto, y en el continente eso pesa lo suficiente como para que la artillería embarcada no exista en Dágata: la hay en tierra, en Vento, y la hay en Isla Horizonte. que es otra cosa y otra jurisdicción.
Las naves reales son de remo y vela, con soldados a bordo. Se pelea abordando.
| Clase | Cuántas | Remos | Gente | Para qué |
|---|---|---|---|---|
| Galera de guardia | 6 | 24 bancos | 140 | La nave seria. Vento y Parls |
| Galeota | 9 | 16 bancos | 70 | Patrulla y correo de costa |
| Barca de aviso | 6 | vela | 20 | Llevar papeles deprisa |
Y los remos los mueven hombres pagados, no condenados. En Dágata no hay galeotes: la pena de remo no existe porque los presidios son de muro y de cadena en tierra, y por eso una galera real cuesta lo que cuesta.
4 · Para qué sirve de verdad
Tres cosas, y solo la tercera importa políticamente.
Mover soldados. Llevar a la Legión Escarlata de una costa a otra en doce días en vez de en cuarenta jornadas de calzada.
Escoltar. El tributo real de las islas y de Cands sube por mar, y sube con galera al lado.
Y abrir papeles en el mar. El Comandante de la Mar es el único oficial de Dágata que puede detener a un corsario con patente en alta mar, subir a bordo y leer la carta de presa antes de que el barco llegue a puerto. Cuando el tribunal de presas de Cands falla, falla sobre lo que le llevan; la Marina es lo único que puede ver lo que había antes de que llegue.
Cuatrocientas once presas declaradas buenas y nueve malas en veinte años. Ese número lo tiene el Comandante de la Mar en un papel, y por eso los de la Patente llevan cinco años pagando lo que haga falta para que la Marina no ponga una galera al norte de Algés.
5 · Quién manda
El Comandante de la Mar, y el detalle está en el título: el Maestre de Guerra del Gabinete coordina a los cuatro Comandantes de las Ciudades Fortaleza, y desde 828 hay un quinto que no tiene ciudad. Los cuatro llevan veintidós años sin admitir del todo que sea uno de ellos, y en el protocolo el de la Mar entra el último.
Hoy lo es Vaelin Orrek, cincuenta y tres años, de Vento, hijo de un maestro calafate, el único Comandante de Dágata que no es noble. Llegó por la ordenanza de 828, que dejó el mando de la Marina fuera de las órdenes de caballería porque no había ninguna de mar y no se quiso crear una. Nadie previó lo que significaba, y ahora significa que un hijo de calafate se sienta con cuatro señores.
No se casa, no tiene tierra y no le debe nada a ningún Duque. Es, con diferencia, el hombre más difícil de comprar del Reino, y en 850 eso ya no es una virtud abstracta.
6 · Por qué no crece
Porque las naves del Rey se construyen en Cands.
En Dágata solo hay una industria capaz de poner una quilla grande: los pinares de Medimar, las pegueras de Fáladi y los carpinteros de ribera, que son gremio de cédula ducal. Vento carena y repara; Vento no construye de cero por encima de galeota.
Así que cada vez que la Corona quiere una galera nueva, la encarga en el astillero del Duque cuyos corsarios querría vigilar, al precio que ponga ese Duque. Halric Garthain nunca ha dicho que no. Simplemente el plazo se alarga, la madera está comprometida y el precio subió el año pasado.
La Marina del Rey es la flota que Cands consiente que exista. Y ésa es la línea que hay que tener en la cabeza cada vez que en la mesa alguien pregunte por qué el Rey no manda un barco.
El Vuelo del Rey · los jinetes de grifo
1 · Treinta y uno, y no puede haber muchos más
En todo el Reino hay treinta y un jinetes y treinta y ocho grifos vivos. No es un arma: es un cuerpo diminuto, carísimo y raro, y todo lo que sigue explica por qué no puede crecer.
No se llaman a sí mismos nada. La ordenanza dice el Vuelo del Rey y la gente dice los del Vuelo.
2 · La cuarta licencia
Aquí está la pieza que lo ordena todo, y es la misma forma que ya tiene el Reino en otros tres sitios. Un grifo no se enrola, no se hereda y no se compra: se une a una persona. Así que el Vuelo no es una compañía, es un conjunto de licencias personales del Rey, como la hoja, la pólvora y la botica mayor. Es la cuarta.
Se llama carta de vuelo. La da el Rey y solo el Rey, va con la persona y no con el puesto, no lleva título ni tierra, y muere con el jinete. Un Duque no puede tener jinetes de grifo: puede tener, a lo sumo, un vasallo suyo al que el Rey ha licenciado, que no es lo mismo y todo el mundo lo sabe.
3 · Por qué no se crían
Porque no se crían. Ése es el nudo.
Un grifo nacido y criado en cautividad no vuela bien, no caza y no se une a nadie: sale un animal grande, manso e inútil. Los pollos hay que tomarlos del nido, de una colonia salvaje, y devolver al aire lo que no se toma. Así que el Vuelo no es una cuadra: es la administración de una colonia silvestre.
Una hembra pone cada tres años, uno o dos huevos, y de cada dos pollos sobrevive uno. La colonia de La Muralla ronda las ciento veinte parejas. De ahí salen, en un año bueno, cuatro o cinco pollos tomables, y de esos cuatro o cinco prenden dos.
El prendimiento. Entre el día cuarenta y el setenta de vida, el pollo se une a una persona y a una sola, para siempre. No hay segunda oportunidad, no se puede forzar y no se sabe de antemano si va a ocurrir. Se pone al candidato con el pollo y se espera.
Un grifo vive cincuenta años y un jinete no. Cuando el jinete muere, el grifo casi nunca acepta a otro: de los treinta y ocho vivos, siete son viudos — no vuelan, no sirven, comen igual y se quedan en la peña hasta que se mueren. Dos de ellos han aceptado un segundo jinete después de años, y las dos veces fue con alguien que ya conocían.
4 · El Vedado, que es lo que de verdad cuesta
Ciento veinte parejas de grifos comen. Un adulto necesita unos quince kilos de carne al día, y una colonia que no encuentra caza se dispersa o baja a los rebaños.
Por eso existe el Vedado de la Muralla: cerca de doscientas leguas cuadradas en la falda oriental de la sierra, del Paso Naciente al sur, donde no se caza, no se tala y no se pasta. Lo guardan doce guardas del Rey. Un ciervo del Vedado es un ciervo del Rey, y matarlo es una multa de dos marcos, que es medio año de jornal de peón.
Y ahí está el conflicto que hace interesante todo esto en una mesa: el Vedado es tierra buena y no produce nada. Cuatro baronías de Llágata lindan con él, llevan tres generaciones pidiendo que se reduzca, y todos los inviernos se les mueren cabras porque un grifo hambriento no distingue.
5 · Las tres peñas
La Peña de Llágata · 1078 · 660
La que cría, y la madre de las otras dos. Está en la falda de La Muralla, a cuatro leguas al este de la capital, sobre el camino de Vigía Naciente, con la colonia salvaje encima y el Vedado detrás. Aquí están los nidales, los pollos, los viudos y el archivo.
Está en tierra de la Casa Llyneth y es del Rey, exactamente igual que la ceca. Thesalia pone el suelo y cobra un canon, y encima paga de su bolsillo el Vedado y las peñas. Es la tercera cosa que la Casa Llyneth mantiene para el Reino sin mandar en ninguna, después del Salón de los Tronos y el Tribunal, y es la que más le duele porque es la que come tierra.
La Peña de Ságata · 905 · 640
La escuela y el mando. En el macizo del Paso del Rey, encima mismo de la calzada. Aquí se instruye a los prendidos y aquí vive el Peñero Mayor, y desde aquí se alcanza cualquier frontera del Reino en dos días de vuelo.
Detalle que se juega solo: la romería de la Subida al Paso del Rey pasa justo por debajo dos veces al año, y cuatro o cinco mil personas suben andando mirando hacia arriba.
La Peña de Rivelan · 886 · 806
La que trabaja. En el borde de la hoya, sobre el risco de la Vigía Espina. Seis jinetes permanentes vigilando el Bosque del Sur, que es la única frontera de Dágata donde hay algo que ver todas las semanas. Es el destino duro y es el único donde un jinete del Vuelo aprende de verdad.
6 · Para qué sirven
No para la batalla. Un grifo en una línea de batalla es un blanco de doce pies que se pierde a la primera andanada de arcos, y en ochenta años se han perdido así cuatro. Sirven para tres cosas y una cuarta que no se dice.
El ojo. Un jinete cubre cuarenta leguas y vuelve el mismo día. Es la única manera que tiene Dágata de saber qué hay al otro lado de la sierra sin mandar a nadie a que no vuelva.
La palabra. Un despacho de Llágata a Rivelan tarda seis horas por aire y once jornadas por calzada. Se usa para cuatro o cinco mensajes al año y no más, porque cada vuelo largo desgasta al animal — y porque la posta es del Estado y el Vuelo es del Rey, y no es lo mismo.
El hombre. Poner a una persona en un sitio donde no se puede llegar: un risco, una isla, el otro lado del Erial. Es lo que un grupo de personajes puede pedir y casi nunca conseguir.
Y lo que vuela. Cuatro veces en ochenta años el Vuelo ha tenido que salir contra algo que también volaba, y las cuatro perdió grifos. Tres fueron dragones bestia del suroeste. La primera fue el Otoño Negro de 820, y fue la que casi acaba con el cuerpo: de los treinta y ocho jinetes de entonces volvieron once, y se ha tardado treinta años en llegar otra vez a treinta y uno. Es lo único que tiene el Reino para eso, y todo el mundo en la peña sabe que no basta.
7 · Quién puede ser jinete
Cualquiera, y ése es el problema.
El prendimiento no distingue cuna: se une a quien está delante. Se prueba con chicos y chicas de doce a quince años, porque en los mayores prende mucho peor, y de los treinta y un jinetes de 850, nueve no son nobles. Cuando un pollo prende con la hija de un obligado, el Rey firma la carta igual, porque la alternativa es perder el animal.
El Peñero Mayor no manda sobre los jinetes: manda sobre las peñas, los pollos, el Vedado y las cuentas. Hoy es Márena Ilvath, sesenta y un años, jinete retirada, con el grifo vivo y viejo durmiendo en la peña de Llágata: es una de los once que volvieron del Otoño Negro, o sea que lleva en el Vuelo trece años más que el hombre que le da órdenes en el aire. Eso explica bastante.
Porque los jinetes tienen carta personal del Rey y responden al Rey de uno en uno, lo cual sobre el papel es magnífico y durante ochenta años significó que el Vuelo no tenía quien lo ordenase cuando había que decidir deprisa. Eso se arregló una vez, con un solo papel.
7 bis · Cron Grill, y la carta mayor
En 843 Valdrik firmó una segunda clase de carta de vuelo, y solo hay una: la carta mayor. No crea un rango ni un cuerpo, porque el Vuelo no tiene ni una cosa ni otra. Lo que dice, en cuatro líneas, es que quien la tiene habla por el Rey delante de los demás jinetes, y por eso los treinta le obedecen: no hay jerarquía, hay un papel.
La tiene Cron Grill, de Ságata, cincuenta y cuatro años. No empezó volando: empezó siendo arquero, y de los buenos —ganó concursos de tiro por medio continente antes de los veinticinco—, y en el Cruce de 820 peleó a pie, con veinticuatro años. Entró en el ejército después de la guerra y prendió tarde, a los treinta y uno, en 827, que es algo que no pasa: el prendimiento funciona con chicos de doce a quince y en los mayores prende mucho peor. Que un hombre hecho prendiera con un pollo es la mitad de la razón de que se hable de él. La otra mitad es 838.
En la calle le dicen general, y en la ordenanza no existe ese cargo.
Aquella fue la última de las cuatro salidas contra algo que volaba: tres dragones bestia sobre el canal del suroeste, siete jinetes arriba y cuatro abajo. Volvieron tres, y de los tres solo Cron seguía teniendo grifo. Lo que se cuenta en la peña de Ságata no es la pelea, sino lo que hizo después. se negó a volver a subir hasta que le dijeron cuántos grifos estaba dispuesto a perder el Reino por adelantado. Nadie supo contestarle, y de esa pregunta salió la carta mayor cinco años más tarde.
Su grifo se llama Arnaz y tiene cuarenta y un años, que para un grifo es viejo y para un grifo de guerra es demasiado. Vuela menos cada temporada y los dos lo saben.
Lo que hace con la carta, y es lo que lo convierte en un problema para su propio Rey: Cron Grill no manda jinetes a llevar recados. Es suya la regla de los cuatro o cinco despachos al año, y no está escrita en ninguna ordenanza — está escrita en que él dice que no. «El Vuelo no es un correo» es la frase que le han oído decir cuatro Duques y el Canciller, y ninguno ha conseguido moverla. Valdrik le dio el papel para que hubiera alguien capaz de decidir deprisa, y ahora hay alguien capaz de decirle que no deprisa.
No manda sobre las peñas ni sobre el dinero: eso es de Márena Ilvath, y los dos llevan siete años sin estar de acuerdo en casi nada, lo cual, mirado con frialdad, es exactamente el reparto que le conviene a la Corona.
8 · Lo que cuesta
Dos mil cuatrocientos marcos al año para treinta y un hombres y mujeres. Un jinete del Vuelo cuesta al Reino lo que cincuenta legionarios.
| Quién paga | Marcos | Qué |
|---|---|---|
| La Corona | 900 | Soldadas, cartas de vuelo y los doce guardas del Vedado |
| Llágata | 900 | La Peña de Llágata, los nidales y el sostenimiento del Vedado |
| Ságata | 400 | La Peña del Paso del Rey y la escuela |
| Rivelan ⟨condado⟩ | 200 | El destacamento de la Espina |
De los cuarenta y nueve mil marcos que cuesta el ejército entero de Dágata, esto es el cinco por ciento, para menos de la milésima parte de los efectivos. Nadie lo ha discutido nunca en el Salón. y la razón por la que nadie lo discute es que cada Duque prefiere que el Vuelo sea pequeño a que desaparezca: pequeño no le sirve al Rey para gran cosa, y desaparecido dejaría al Reino ciego.
Lo que no se sabe
Qué haría la hueste contra una pica. Norvia y Galendria forman cuadros de pica larga, y la línea dagatense no ha tenido que probarse contra uno.
Cuánto tarda en juntarse el Reino. Nunca se ha llamado a la hueste entera, y las cuentas del papel no son las del camino.
Y qué pasa si muere un grifo sin que lo sepa Ságata. No ha pasado nunca. Hay treinta y ocho.