Lo que se monta
Diez monturas de raza documentadas en SEL 1650, y ninguna se compra con dinero: se heredan, se ganan, se ceden o se vinculan. El acceso lo pone el origen o un contrato, y ésa es la regla entera. Un humano del orden no monta un huargo, y un elfo oscuro no monta un águila plateada. Y volar, sea en lo que sea, es el mayor lujo de Eleina.
4 por tierra · 6 por el aire · 2 para quien no tiene derecho a ninguna Una montura no es una pieza de equipo: es una criatura que se cansa, se espanta, come, y a la que se le puede atacar.Por tierra




- El huargo
- Lobo gigante de la Cordillera de Khel-Drun, de un metro y medio a la cruz. De orcos y goblins, y desde cachorro. Rara vez tolera otro jinete: constan diecisiete huargos vendidos a humanos, y los diecisiete se comieron al comprador en menos de dos semanas.
- El jabalí de guerra
- De los orcos. Cuatrocientos a seiscientos kilos, y preferido al huargo precisamente porque no calcula el riesgo: sólo carga, y no puede negarse a cargar si hay algo delante.
- El raptor de sombras
- Vrakhir. Bípedo de dos metros y medio, criado desde hace tres mil años en los criaderos de Sornuvor. De los elfos oscuros de casa marcada: reconoce a su jinete por el olor de la sangre de la marca, y a quien no la lleva lo ataca. Ver uno al oeste es señal de incursión profunda.
- El carnero de las cumbres
- De los enanos: hasta dos metros a la cruz y cuernos de metro y medio. En la sierra hace la jornada entera donde un caballo hace media. Sus jinetes los llaman compañeras, no bestias, y desprecian el llano, y se les nota en el llano.
Por el aire






| Montura | De quién | Lo que la hace ella |
|---|---|---|
| El grifo | Del Rey de Dágata, y de nadie más | Treinta y ocho vivos. Lleva jinete y armadura. Un grifo en el aire es una alarma diplomática: nadie lo confunde con un pájaro y todo el mundo sabe contar hasta treinta y ocho |
| El águila plateada · Imrendor | Los Altos Elfos, por un pacto callado con los picos de Elvandor, no por doma | El ave más grande que vuela, de doce a quince metros de ala, y la más rápida. Capturada por un humano o un orco se deja morir de hambre en menos de un mes |
| El hipogrifo | Los Silvanos, por la Mirada del Vínculo, y sólo si él quiere | Nunca se cría en jaula: vive salvaje en los Claros de Eldoria. Si su jinete muere, se vuelve al bosque y casi nunca acepta otro |
| El pegaso | Quien él elija, y suele elegir semielfos | Tenerlo se lee como aprobación del linaje, no como compra. Nadie sabe si es un caballo élfico tocado por la magia o una raza bendecida por un dragón |
| El buitre de guerra · Karrok | Las hordas orcas, que lo han seleccionado seis siglos | Torpe en tierra y bueno en el aire. Come lo que sea, y eso es media intendencia de una horda |
| El murciélago gigante · Drakhul | La Casa Ulgharin, por marca de sangre | Vuela de noche sin ver, porque no le hace falta. Bajo sol pleno se niega a volar, y no hay marca que lo obligue |
El Vuelo del Rey
El grifo no es de las Casas ni de un clan: es del Rey de Dágata, uno a uno. Hay treinta y ocho vivos y treinta y un jinetes; los siete que sobran son viudos que no vuelan y comen igual. Se sabe cuántos hay y de quién es cada uno, y cuando muere un grifo se entera Ságata antes que el condado.
Lo que existe es un papel, la carta de vuelo: la firma el Rey y sólo el Rey, va con la persona y no con el puesto, no da título ni tierra y muere con el jinete. Fuera de Dágata el grifo está en blasones de enanos y de humanos desde SEL 312, cuando la Alianza de Khazadorn y Valandor; dentro, las Casas no tienen ni eso: el animal es del Rey.
No se crían. En cautividad sale un animal manso e inútil, así que los pollos se toman de la colonia salvaje de La Muralla, y prenden dos al año, en un momento concreto de su vida, con una persona y para siempre. Ésa es la única puerta. La otra es que uno de los siete viudos acepte a alguien años después, y ha pasado dos veces.
Sostener uno cuesta lo que gasta una casa señorial entera —quince kilos de carne al día, cetrero, cuadra alta, quien le cure el ala—, y por eso lo pagan la Corona y tres Casas juntas. Los pollos que no prenden vuelven al aire: son las ciento veinte parejas salvajes de La Muralla, que comen del Vedado, doscientas leguas cuadradas donde no se caza, no se tala y no se pasta.
Y el correo sigue yendo a caballo, porque treinta y ocho grifos no son una red de postas y volar sobre tierra ajena es un acto político que se contesta por escrito.
Para quien no tiene derecho a ninguna
Las diez de arriba piden origen o contrato. Hay dos que no piden nada, y por eso existen: son lo que consigue quien no tiene derecho a un grifo, ni a un águila, ni a que un hipogrifo lo mire.
- El draco menor amansado
- Vuela, no tiene aliento ni presencia, y se amansa como un animal. Come carne cada día, y en eso no se distingue de un grifo.
- El wyvern quebrado
- Lleva dos, sin equipaje. No está amansado: está quebrado, y cada vez que huele sangre puede irse a lo suyo con el jinete encima.
Ninguna de las dos da prestigio: dan miedo. Aparecer en un condado montando un wyvern no abre puertas, las cierra, y en Dágata es la clase de cosa por la que un conde manda arqueros antes que un mensajero.
Lo que no hace ninguna: llevar carga más allá del jinete, volar dos jornadas seguidas sin un día en tierra, o entrar bajo techo o en bosque cerrado. Y todas se ven. Un bicho volando sobre una comarca se cuenta en la venta esa misma noche.








Lo que no se sabe
De dónde sale el pegaso. Caballo élfico tocado por la magia, o raza aparte bendecida por algún dragón: las dos cosas se dicen y ninguna se ha probado. Que elija semielfos casi siempre es lo único claro.
Cuántas águilas plateadas quedan. Anidan en los picos prohibidos de Elvandor, y los Altos Elfos no dejan subir a contarlas.
Y qué pasaría si alguien criara grifos de verdad. Lo han intentado, y sale un animal manso e inútil. Si alguien encontrara la manera, treinta y ocho dejaría de ser un número que todo el mundo sabe, y el Reino tendría un problema que no ha tenido nunca.